
Acervo MASTEl investigador en su última visita al Mast, en Río de Janeiro, en abril de 2024Acervo MAST
Cuando declinó de estudiar ingeniería y comenzó su trayectoria académica cursando la carrera de grado en física y, posteriormente, su maestría y su doctorado en física atómica, el carioca Henrique Gomes de Paiva Lins de Barros no se imaginaba que sus investigaciones lo llevarían a hurgar en las aguas barrosas de las lagunas de Río de Janeiro en busca de bacterias que pudiesen suministrarle pistas sobre el comienzo de la vida. Ni mucho menos que redactaría guiones de películas o que se lo consideraría como uno de los grandes especialistas en la vida y la obra del brasileño Alberto Santos-Dumont (1873-1932). Reconocido por sus realizaciones en todos esos campos y en algunos más, Lins de Barros, como se lo conocía, falleció el 27 de septiembre, a los 78 años.
“Su trayectoria refleja en la práctica la interdisciplinariedad de la historia de la técnica y la ciencia”, remarca el físico Geraldo Cernicchiaro, del Centro Brasileño de Investigaciones Físicas (CBPF, en portugués), con sede en Río de Janeiro, institución a la cual Lins de Barros estuvo vinculado desde 1976. “Se preocupaba por los procesos de orientación y movimiento de las bacterias, pero también de las aeronaves. Podía hablar de literatura o de historia y transitaba por diversas áreas del saber. Era un polímata, tal como solía decir”.
Por el departamento en Copacabana en donde creció pasaban físicos como César Lattes (1924-2005). Su padre, Henry British (1917-2000), graduado en electroelectrónica y oficial de la Marina de Brasil, fue uno de los fundadores del CBPF, en 1949, en el marco de una iniciativa liderada por los físicos José Leite Lopes (1918-2006) y Lattes.
Antes de presentarse al examen de ingreso para seguir física, llegó a pensar en ser músico, siguiendo los pasos de su tío Nelson. La física surgió como una alternativa más factible, pese a la tentativa de disuasión jocosa de Lattes, quien le dijo al joven que todo lo que él –Lattes– había hecho no valía una sinfonía de Mozart (lea en Pesquisa FAPESP, edición no 138).
Cursó su carrera de grado y su maestría en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro (PUC-Río), y su doctorado, culminado en el año 1978, en el CBPF. Una peliculita granulada en la cual aparecían bacterias que “nadaban” siguiendo el campo magnético fue lo que bastó para desviar su trayectoria hacia el campo de la biología.
Con la científica Darci Motta (1944-2022), del CBPF, formó un grupo que se abocó a la búsqueda de dichas bacterias magnéticas en las lagunas fluminenses. Y encontraron más que eso. “Descubrieron un organismo magnetotáctico multicelular, el Magnetoglobus, algo que nunca antes había sido observado. No era una colonia ni un grupo de bacterias, sino un organismo”, recuerda Daniel Acosta-Avalos, físico de la misma institución. El término magnetotáctico indica que las bacterias no son únicamente magnéticas, sino que también se mueven siguiendo el campo magnético.
Por la relevancia de esos descubrimientos, en un artículo publicado en PLOS Biology en el año 2024 se le hizo honor al grupo brasileño con los nombres de esos consorcios de bacterias. El de Lins de Barros, Candidatus Magnetoglobus debarrosii, vive en Estados Unidos.
Fernanda Abreu, microbióloga de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) e integrante del grupo, recuerda que Lins de Barros se refería al Magnetoglobus como “el eslabón perdido de la multicelularidad”, es decir, elementos de la transición de los organismos procariontes (unicelulares) a los eucariontes (multicelulares). “Son bacterias que pueden tener gran importancia para entender la evolución de la vida”, explica.
Y no solamente de la vida en la Tierra. Vestigios de greigita, uno de los minerales que Lins de Barros ayudó a identificar como el cristal de sulfuro de hierro producido por esas bacterias, se hallaron recientemente en Marte. Ya se habían encontrado estructuras similares a los nanocristales de magnetita y sulfuro de hierro de las bacterias magnéticas en el meteorito ALH 84001, en 1985, lo que llevó a Lins de Barros, mencionado junto a su grupo en el artículo publicado en Science en el que se describía el descubrimiento, a bromear que había “marcianos en las lagunas”, recuerda Acosta-Avalos.
El interés por el brasileño pionero de la aviación surgió cuando Lins de Barros tuvo que ponerle un poco de pimienta a sus clases de física. Para ello pensó en usar el equilibrio de fuerzas de un avión, al recordar la fascinación que sentía por esas aeronaves cuando las observaba de niño, desde la ventana de su departamento. Al cruzarse con la ineludible disputa entre Santos-Dumont y los hermanos estadounidenses Orville (1871-1948) y Wilbur (1867-1912) Wright por la paternidad de la aviación, resolvió investigar el tema más a fondo.
La investigación avanzó al entrar en contacto con la familia del brasileño. “Cuando abrí el primer álbum, empecé a ver el tesoro que tenía en mis manos. Más de 10.000 recortes de los más diversos periódicos de todo el mundo con noticias sobre la vida de Alberto Santos-Dumont”, escribió en un testimonio preservado por el físico Ricardo Magalhães, actual director del Instituto Cultural Santos=Dumont (ICS=D), del cual Lins de Barros fue miembro fundador.
“Henrique Lins de Barros utilizó su capacidad como físico para darle un enfoque científico a lo que hizo Santos-Dumont”, afirma Magalhães. En las incontables conferencias que dictaba y en los libros que escribió sostenía que el brasileño había inaugurado el siglo XX y la aeronáutica al circunvolar la Torre Eiffel con su dirigible, en 1901.
El físico tuvo la oportunidad de experimentar las dificultades que enfrentó Santos-Dumont cuando ayudó al piloto Alan Calassa a construir con éxito una réplica del 14-Bis, en 2005. “Cuando vio que recurrí a la ingeniería inversa para construir la réplica con base en las fotos de su libro, me dijo: ‘¡Me había imaginado que alguien podría querer desmenuzar lo que escribí, pero nunca que iba a medir las fotos con un calibre!’”, recuerda Calassa.
La preocupación con la preservación de los registros históricos de la ciencia llevó a Lins de Barros a dedicarse también a la divulgación científica. Llegó a ser director del Museo de Astronomía y Ciencias Afines (Mast, de 1992 a 2000), pasó por el Museo del Medio Ambiente del Jardín Botánico (2014 y 2015) y colaboró para formar una nueva generación de museólogos e historiadores de la ciencia.
“Tuvo una participación importante en la formación de los fondos archivísticos de científicos brasileños en el Mast. Actualmente tenemos más de 70 científicos representados”, dice Marcio Rangel, actual director del museo. “Era brillante. Quedábamos embelesados escuchándolo explicar las cosas”, recuerda Rangel, quien fue dirigido por Lins de Barros en su iniciación a la investigación científica en 1993.
Jubilado del CBPF desde la pandemia de covid-19, el físico seguía trabajando en su casa junto a la antropóloga Myriam Moraes Lins de Barros, con quien estaba casado hacía 54 años. Dibujaba, pintaba, hacía música y escribía ficción con la misma inquietud que lo había llevado a redactar el guion de la película O homem pode voar, dirigida por Nelson Hoineff en 2006.
En su internación durante 40 días en julio de este año a causa de una neumonía y un aneurisma, les daba copias de su libro de cuentos Minto, logo existo (Dialética, 2023) a quienes entrasen en su habitación. Tras recibir el alta, se estaba recuperando bien en su casa cuando sufrió un infarto fulminante.
Además de su esposa Myriam, deja a sus hijas Monica, que es bióloga, y Flavia, que es geógrafa, y a sus cuatro nietos. Su hijo Daniel había fallecido en 2011. Gemelo de Roberto, quien vivió solamente cuatro días tras su parto prematuro en 1972, Daniel padecía discapacidades debido a una lesión cerebral. Era motivo de orgullo para Lins de Barros y una presencia frecuente en los auditorios de las conferencias de su padre.
Este artículo salió publicado con el título “El físico polímata” en la edición impresa n° 357 de Noviembre de 2025.
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