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Sociología

Instantáneas del conocimiento

Autor muestra que la fotografía es un recurso adicional en las ciencias sociales, a menudo mal usado o menoscabado por los investigadores

Detenção15-cmykJosé de Souza MartinsEl hombre nunca más fue el mismo después de la fotografía. “Esa invención moderna permitió la producción industrial de imágenes reproductibles a partir del final del siglo XIX, lo que no sucedía con la pintura y el retrato. Y propagó una concepción del ser humano como doble, con su imagen divorciada de su persona, la representación fotográfica dotada de múltiples sentidos y también manipulable”, afirma José de Souza Martins, quien presenta el libro Sociologia da fotografia e da imagem, que acaba de llegar a las librerías publicado editorial Contexto. Martins asevera que su estudio aborda la fotografía como un recurso adicional en la sociología, “mal usado y a menudo menoscabado por sociólogos y historiadores”. La originalidad de su análisis está, según él mismo, en considerar que la fotografía es una modalidad de conocimiento, mientras que solamente tiene utilidad en la sociología si se la analiza desde la perspectiva de una sociología del conocimiento visual, una rama de la sociología del conocimiento.

Profesor emérito de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (USP), Martins se dice mucho más preocupado con la fotografía vernácula y casual, la fotografía popular, que con la espectacular, de sucesos supuestamente espectaculares, de dimensiones inmensas. “Una de las grandes mistificaciones en el uso de la fotografía por parte de los sociólogos y por los historiadores está justamente en su empleo, en la espectacularización de los fenómenos de masas para dar a ciertos eventos la monumentalidad que supuestamente tienen”, afirma. Según el profesor y fotógrafo, el espectáculo de la llamada Marcha de la Familia con Dios por la Libertad, recordado por él como ejemplo, impulsada por la Iglesia Católica y por las elites de São Paulo, fue real. “Dio sin dudas legitimidad al golpe en gestación. Pero mucha gente que participó de la marcha fue después víctima de la dictadura, pasó a oponérsele y terminó participando de otras demostraciones de masas, como la de la campaña ¡Elecciones directas ya!”, comenta.

Es en la perspectiva de esa desilusión que aquellas fotografías del episodio de 1964 tienen sentido y puede analizárselas apropiadamente. “En el desenlace y en las consecuencias sociales y políticas de aquel ato que las izquierdas equivocadamente ironizaron y desdeñaron se encuentra la clave de la lectura posible del espectáculo registrado por esas fotografías”. Es evidente, en su opinión, que los responsables del golpe no necesitaban la marcha para legitimarlo. “Pero la marcha ayudó. Los dichos del presidente Lyndon Johnson en la conversación con altos dirigentes del Departamento de Estado, hoy en día disponibles en internet, no dejan ninguna duda con relación a los movimientos del golpe, con apoyo del gobierno estadounidense, que es el que efectivamente podría decidirlo.” Según Martins, para el sociólogo, cualquier fotografía puede ser un riquísimo documento en informaciones sociológicas. “Incluso fotografías de amateurs que casualmente en la calle fotografíen a Thomas Farkas fotografiando. Pero el aprovechamiento sociológico de la fotografía como documento depende de la competencia del sociólogo, de su preparación para ‘leer’ e interpretar apropiadamente una fotografía, un grupo de fotografías o la diversidad de fotografías de un mismo objeto o de un mismo tema”. Como también sucede con los historiadores, la mayoría de los sociólogos no se preocupa con eso, de acuerdo con el especialista. “Por eso, cuando usan fotografía en un texto, lo hacen para ilustrarlo, imaginando de ese modo estar incorporándola a su análisis. Raramente logran incorporarla como parte de la propia narrativa, como lenguaje dotado de legitimidad propia.”

Detenção01-cmykJosé de Souza MartinsEl autor dice también que, en relación con la metodología de uso de la fotografía, la historia y la sociología la han utilizado erróneamente. Por lo tanto, prosigue, el uso de la fotografía por parte de sociólogos e historiadores, y también por parte de los antropólogos, requiere mucho más que un método de lectura de la imagen fotográfica para que la fotografía tenga todas sus informaciones debidamente reconocidas e interpretadas. Los teóricos de la fotografía, cree Martins, hace mucho ya habían advertido sobre el hecho de que la imagen fotográfica es polisémica. “Abarca lo fotografiado, sin duda, pero también al fotógrafo, sea quien sea, profesional o amateur, como productor de imágenes. Abarca también al espectador de la fotografía, quien casi siempre ‘ve’ en ella aquello que el fotógrafo no vio y el fotografiado siquiera sabe, como en las fotos de la Marcha de la Familia”. Por lo tanto, sostiene el profesor, una fotografía es un conjunto de imágenes imaginadas, superpuestas. “Lo que fue fotografiado no es lo ‘real’, sino lo real planteado por sus indicios visuales.”

En ese contexto, Martins explica que la realidad social está constituida de lo que se ve e incluso se sabe y de lo que no se ve y, muchas veces, tampoco se sabe. “Si sociólogos, historiadores y antropólogos no están preparados para conocer la sociedad desde esa perspectiva, en efecto, la fotografía (y también el video y el film) les será completamente inútil”. En tal sentido, afirma, uno de los grandes temas del uso sociológico de la fotografía no es lo que muestra, sino lo que oculta. El retrato fotográfico, al igual que la pintura, tiene la función de enmascarar, ocultar, deformar, destaca el autor. “Por eso a nadie le gusta que le saquen fotos zaparrastroso, ni siquiera a un mendigo, que no tiene alternativa para su presentación personal. Los científicos sociales, en general, se equivocan en el uso de la fotografía, pues la toman como evidencia de lo que la misma supuestamente muestra, cuando lo que muestra solamente tiene sentido en la  mediación de lo que no muestra, de lo que ella es como documento visual de ocultación.”

La llamada fotografía personal o familiar fascina mucho más por la nostalgia, por las remembranzas, por la añoranza que permite visitar el propio pasado. Martins aborda en su libro este tema desde el punto de vista de la sociología. “La propagación del retrato como representación de la persona ha tenido funciones diversas en el transcurso de la historia social”. Para él, no siempre el hombre se vio y se conoció a través del retrato. “Creo que se puede decir que la fotografía constituye un momento de la historia de la representación visual de la persona, en la cultura del retrato en la cual la persona es presentada como un ser separado de las alegorías de naturaleza religiosa. Con el florecimiento del capitalismo, se difundieron los retratos no solamente como figuración de atributos morales, sino también de atributos materiales.” Para el autor, la sociedad empezó a volverse teatral, sobre todo con la difusión del protestantismo y la concepción de que el retrato es lo que la persona quiere que piensen que sea. “La individualidad está constituida tanto por la visibilidad cuanto por la alteridad. La imagen personal en un cierto sentido se liberta de su función de presentación para convertirse precisamente en representación e identidad. Es en ese tipo de imagen que las personas se representan como resultado y artífices de la trama social, lo que la torna por ende en documento sociológico por excelencia.”

Detenção13-cmykJosé de Souza MartinsEn su estudio, Martins propone mejorar el uso de la imagen fotográfica mediante una nueva “sociología del conocimiento visual”. Es decir, según las palabras del autor, la sociología visual, con ese nombre planteado por el reputado sociólogo, fotógrafo y músico estadounidense Howard Becker, traductor de Antonio Candido al inglés, quedó sumamente ligada al objetivismo factual de la antropología visual, desde una perspectiva predominantemente positivista. “Lo que, sorprendentemente, la aleja de la propia sociología de Becker. Incluso para diferenciarla de la antropología visual, muy marcada por el uso de la fotografía como extensión de la descripción etnográfica, pienso que en la sociología solamente es posible incorporar la imagen como documento, particularmente la imagen fotográfica, si la tratamos como modalidad de conocimiento.” En ese sentido, destaca Martins, lo propiamente sociológico está en interrogarla como expresión del imaginario de quien fotografía, de quien es fotografiado y de quien ve la fotografía. “Lo importante entonces no es la imagen como cosa, sino la imagen como interpretación y fabulación”. En este caso, explica, es posible abordar la fotografía tanto como conocimiento visual y como objeto de la sociología del conocimiento, y no meramente como medio de documentación de hechos objetivos. “Tomemos las famosas fotografías de documentos, de documentos de identidad, de registros de conducir y de pasaportes. En esos retratos no somos lo que pensamos ser, sino lo que la policía y el Estado quieren que seamos, sujetos potenciales de la delincuencia, pasibles de identificación se transgredimos el orden.”

La presentación de Sociologia da fotografia e da imagem incluyó la exposición fotográfica Carandirú — La presencia de lo ausente. El investigador explica que el ensayo fotográfico realizado en las edificaciones de la Casa de Detención, que serían demolidas posteriormente, se hizo en 2000 y es uno entre varios ensayos fotográficos que realizó durante los últimos diez años. Tres de ellos constituyen su primer libro de fotografías, que Edusp lanza en noviembre, en la colección Artistas de la USP. Tres fotos de dicho libro están participando en otra exposición, la colectiva Artes en Edusp, en el Instituto de Estudios Brasileños, en la Ciudad Universitaria, que empezó en octubre y va hasta fin de año. El ensayo sobre la cárcel se hizo en el marco dos visitas que el profesor y fotógrafo realizó con sus alumnos para una clase en la calle, en conexión con otra clase en el mismo formato, en Paranapiacaba, un poblado obrero concebido segundo la lógica del panóptico de Benjamin Bentham: “El lugar de trabajo como prisión sin muros, donde el capataz de cada obrero es el propio miedo de ser visto, el miedo interiorizado”. Una segunda visita se hizo con el grupo Phora-de-phoco, formado por fotógrafos amateurs, del cual Martins formó parte, constituido por alumnos, ex alumnos y visitantes de la USP — un grupo que no  existe más. “El ensayo entró en el libro como texto visual y un discurso sociológico por medio de imágenes.”

Martins comenta que saca fotos desde la adolescencia. Sobre todo durante su amplia investigación sobre los conflictos en la Amazonia, cuando fotografió mucho — pero mucho menos de lo que debería y podría. Fue cuando resolvió tomarse la fotografía en serio. “Una fotografía realizada al azar o mal hecha cuesta lo mismo que un buena fotografía”, concluyó. Hizo varios cursos, empezando por el que había en el cursillo del Gremio de la Escuela Politécnica. “Empecé comprando máquinas usadas, pues cada tipo sirve para un tipo de fotografía”. Actualmente  tiene diez. A comienzos de los años de 1980, escribió artículos sobre el tema en el periódico Folha de S. Paulo y en la revista Fotóptica. En diversas ocasiones dictó conferencias y publicó estudios sobre fotografía. Uno de ellos, en forma de ensayo sobre la fotografía de Sebastião Salgado, salió en el libro de Lilia Schwarcz y Lorenzo Mammi, Oito vezes fotografia, publicado por Companhia das Letras.

Martins escribió recientemente otro texto sobre Aurélio Beccherini, que fotografió la transformación del centro de São Paulo entre 1909 y 1929 — el texto forma parte del libro que saldrá publicado en noviembre por Editora Cosac Naify. “Es un estudio sobre las revelaciones históricas y sociológicas del detalle en las fotografías callejeras.” Sociologia da fotografia e da imagem nació como producto de dos conferencias que dictó en   Inglaterra: una en el Ashmolean Museum, en la Universidad de Oxford, sobre la obra de cuatro fotógrafos brasileños; y otra en la Universidad de Cambridge, sobre el imaginario conformista presente en las esculturas de barro de Mestre Vitalino.

*Las fotos de este reportaje aparecen en el libro Sociologia da fotografia e da imagem y forman parte también de la exposición Carandiru, a presença do ausente

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