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Entrevista

Jairton Dupont: Un químico radical

El especialista en líquidos iónicos aboga por una Universidad más abierta, plural y democrática

Liane NevesConsiderado en el 2011 uno de los cien químicos más influyentes del mundo por la empresa Thomson Reuters, Jairton Dupont ha ganado proyección internacional, pero no ha perdido sus raíces. Nacido hace 60 años en Farroupilha, interior de Rio Grande do Sul, en el seno de una familia de descendientes de inmigrantes suizos e italianos, es afecto a los imprevistos y los desafíos. Muchos de ellos simplemente por querer ejercer su derecho a proponer nuevas ideas en la universidad, como en 2012, cuando se postuló al cargo de rector de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS), pese a que sabía que difícilmente ganaría. De hecho, no lo hizo, pero obtuvo tres veces más votos de los que él mismo se imaginaba.

Docente del Departamento de Química Orgánica del Instituto de Química de la UFRGS, Dupont ha venido trabajando desde la década de 1990 con los llamados líquidos iónicos, compuestos dotados de propiedades únicas capaces de disolver incluso aquello que parecía imposible por otros métodos, tal como en el caso de la celulosa. Cuando empezó, su grupo era uno de los cinco en el mundo que adoptó esta línea de investigación, en tanto que en la actualidad ya son más de cien. Con su equipo del Laboratorio de Catálisis Molecular, hoy en día también desarrolla nuevas técnicas para capturar y transformar el anhídrido carbónico (CO2) en compuestos utilizables.

Casado con una profesora de derecho público internacional de la UFRGS, la colombiana Martha, a quien conoció en los años 1980 cuando estaba haciendo un posdoctorado en la Universidad de Oxford, Inglaterra, y también padre de Isabel Cristina, de 10 años, Dupont se enorgullece de haber formado a 50 doctores y 34 magísteres, así como de tener en su grupo más mujeres que varones. “También hay LGBT y todos se llevan bien”, comenta.

A lo largo de su carrera, recibió importantes reconocimientos, incluyendo el Premio Humboldt Young Research Award, otorgado por el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de Alemania (2005), el Premio FINEP de Inventor-Innovador (2008) y el premio de la Fundación Conrado Wessel en la categoría Ciencia (2010). En esta entrevista, realizada en su laboratorio de la UFRGS, habló sobre su trabajo, su visión sobre el rol de la Universidad y su lucha contra la discriminación social y sexual dentro y fuera del ambiente académico.

Edad 60 años
Especialidad
Catálisis química
Institución
Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS)
Estudios
Graduación en Química en la UFRGS (1982) y doctorado en la Universidad Louis Pasteur de Estrasburgo, Francia (1988)
Producción científica
333 artículos y 2 libros

¿Por qué la mayoría de la gente parece tenerle aversión a la química?
La aversión no es sólo por la química, sino por las llamadas ciencias duras en general, incluyendo la física y las matemáticas. Un estudio realizado en el Reino Unido hace unos años mostró algunas posibles causas. El estudiante solo tiene contacto con alguien que entiende y usa matemáticas y ciencias después de nueve años de escuela. Hasta entonces, el contacto es con quienes no entienden en profundidad las matemáticas, que no es una ciencia, sino un lenguaje. Sin conocer este lenguaje, es difícil hacer química o física y entender el mundo lógico. Otra razón es imaginar que el mundo lógico es un espacio de escasa creatividad, donde poco se puede hacer por la humanidad, siendo que es exactamente lo contrario.

¿Por qué?
La Revolución Industrial, por ejemplo, se basó en la química, que no es más que transformar la materia en cosas útiles. La expectativa de vida en el mundo ha pasado de 35 años en el siglo XIX a más de 70 años, debido a la química. Si no fuera por los antibióticos ¿cómo sería la humanidad hoy? Sin el amoníaco, que es la base de los fertilizantes, no tendríamos suficiente comida. También existen muchos prejuicios, como cuando se dice que la química es contaminante. Puede ser, sí, pero no es la química la que lo hace, sino quien la usa, así como los modelos económicos y políticos. La química es una ciencia central, de la que derivan muchas otras. La física explica a la química y la química le da sentido a la física. A su vez, la química explica la biología y la biología le da sentido a la química.

Su grupo fue uno de los primeros en Brasil y en el mundo en trabajar con líquidos iónicos. ¿Cómo anda esa investigación en la actualidad?
Empezamos a trabajar en esta área a principios de los años 90 con Petrobras, que quería saber si las llamadas sales fundidas podían ser utilizadas en el desarrollo de procesos catalíticos más limpios y ambientalmente apropiados: en estos procesos, la velocidad de una reacción química se acelera con la adición de una sustancia, el catalizador. Lo que hoy denominamos líquidos iónicos eran conocidos antes como sales fundidas. La sal de cocina puede ser una de ellas. Calentada a 801°C, no se descompone y se transforma en líquido, con propiedades distintas. Los resultados de nuestro trabajo fueron innovadores. Y lo que es más importante aún, pudimos montar un modelo conceptual que explicaba lo que se observaba, preveía las propiedades de los líquidos iónicos e indicaba dónde podían emplearse. No imaginábamos ni el 10% de las aplicaciones actuales de los líquidos iónicos.

¿Para qué se usan hoy en día?
En un centenar de procesos industriales, desde el tratamiento de la biomasa hasta la lubricación de robots en Marte. Los líquidos iónicos son parte de lo que llamamos alternativas verdes y ambientalmente correctas, porque se pueden utilizar en procesos químicos sustentables. En el área farmacéutica, se utilizan para crear medicamentos con nuevas propiedades fisicoquímicas. Tenemos conocimientos que permiten proyectar procesos químicos más limpios, pero, por supuesto, esta no es la solución para toda la química sustentable.

La química es una ciencia central de la cual derivan otras tantas, pero tiene muchos prejuicios en contra

¿Por qué los líquidos iónicos se relacionan con la química verde?
En primer lugar, porque son soportes y no solventes, por lo tanto, se usan mucho menos. En general, no se evaporan. Podemos ponerlos delante nuestro y no los aspiraremos, pero si usamos etanol, lo vamos a aspirar. Además, buena parte es bactericida y puede reciclarse fácilmente. Y principalmente porque podemos modular sus propiedades fisicoquímicas, produciendo líquidos iónicos con mayor o menor afinidad por el agua o la solubilidad. Al usarlos, pueden disolverse productos que antes resultaba imposible de realizarse sin utilizar ácido, como la celulosa. En 2018 estuve en un congreso en América del Norte y conocí una empresa que había creado una tecnología, basada en líquido iónico, para reciclar el llamado sandoil, un residuo de petróleo extremadamente pesado que contiene arena y se encuentra en algunos lugares del mundo.

¿Hay más gente investigando estos compuestos en otras partes del mundo?
La competencia es feroz. Más de cien grupos en el mundo trabajan con líquidos iónicos. China cuenta con 19 laboratorios y más de 1.200 doctorandos en esta área. En Brasil, hay grupos fuertes en la USP [Universidad de São Paulo], la Unicamp [la Universidad de Campinas] y la UnB [la Universidad de Brasilia], pero son pocos. Recientemente, a partir de los líquidos iónicos, entré en otra área, la de captura de dióxido de carbono, el CO2.

¿De qué se trata?
Hace unos seis años, Petrobras y Braskem nos consultaron para desarrollar procesos de captura de CO2. También querían que este gas se utilizara como materia prima para la fabricación de reactivos, combustibles, commodities químicas, lo que sea. Como ya teníamos experiencia con líquidos iónicos en la absorción de CO2, empezamos a trabajar en la activación de la molécula, que es muy estable. El sueño de todo químico es conseguir la fotosíntesis artificial, produciendo azúcares a partir de CO2, agua y luz. Estamos lejos, pero es uno de los caminos que seguimos, usando la luz para transformar el CO2 en algo utilizable.

¿Qué resultados se han logrado?
Ya hemos obtenido monóxido de carbono [CO] sin usar semiconductores, una molécula altamente reactiva, que puede utilizarse en la cadena industrial. Encontramos seis alternativas con potencial en el laboratorio para capturar CO2. Tenemos que recopilar datos termodinámicos, testar en la planta piloto del Coppe [el Instituto Alberto Luiz Coimbra de Posgrado e Investigación de Ingeniería de la Universidad Federal de Río de Janeiro] y hacer análisis del ciclo de vida para ver si vale la pena. Esperamos que pronto se ponga en funcionamiento en las plataformas Petrobras un proceso industrial de captura de CO2 utilizando líquidos iónicos en lugar de compuestos acuosos basados en aminas, que son volátiles y corrosivas.

¿Cómo está Brasil en el campo de la catálisis?
Ya estuvimos muy bien, pero ahora estamos mal. En la década de 1980, dejamos de recibir catalizadores que fragmentan el petróleo, por decisión de Estados Unidos. En contrapartida, se decidió crear FCC, la Fábrica Carioca de Catalizadores, y Brasil se independizó. Es algo estratégico para el país. Seguimos fabricando, pero ya no somos los poseedores de gran parte de las tecnologías. Este episodio me recuerda una historia que ocurrió en Francia. Una vez, a un ministro de Ciencia y Tecnología francés se le ocurrió que era mejor no financiar más la ciencia y sólo invertir en bibliotecas. Al final de cuentas, otros producían los conocimientos, que ya estaban disponibles y se trataba tan solo de usarlos. El químico Jean-Marie Lehn, quien luego ganaría el premio Nobel de 1987, le dijo al ministro que el problema era que nuestra generación todavía era capaz de entender lo que estaba escrito y tal vez podría reproducirlo; la próxima generación tal vez podría entender, pero no sabría cómo reproducir; y la siguiente ni siquiera iba a entender. Por lo tanto, no podemos olvidarnos de proyectos que son importantes para el país.

Archivo personal Dupont y Martha, recién casados: la unión tuvo lugar en Inglaterra, cuando él estudiaba en OxfordArchivo personal

¿Por ejemplo?
Por ejemplo, el submarino nuclear. En ese proyecto, lo que importa no es sólo el submarino, sino toda la tecnología que el país puede desarrollar, además de la formación del personal para avanzar en esta área. Otras razones de orgullo son el Laboratorio Nacional de Luz Sincrotrón [LNLS] y el CNPEN [el Centro Nacional de Investigaciones en Energía y Materiales], la mayor y mejor infraestructura para quienes trabajan en física, química y materiales. Durante el tiempo que decidimos construir un acelerador y no comprar uno listo, creamos generaciones de técnicos, ingenieros e investigadores, muchos de ellos están trabajando en empresas capaces de producir artículos de alta tecnología.

Usted ha dirigido el centro de nanociencias de la UFRGS. ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue una idea del gobierno reunir los laboratorios, que eran pocos y estaban dispersos por todo el país. Se crearon laboratorios nacionales en las Universidades de São Paulo, Río de Janeiro, Pernambuco, Minas Gerais y Rio Grande do Sul. Son laboratorios virtuales, que concentran las técnicas de uso en nanotecnología. Le correspondió al Ministerio de Ciencia y Tecnología comprar y hacerse cargo de los equipos de uso y acceso general. En la UFRGS tuvimos magníficos resultados, incluyendo productos que ya están en el mercado, como un protector solar 100 hecho con nanotecnología por profesores de química y farmacia que utilizaban esta infraestructura. Lo que no funcionó fueron las políticas de la universidad para contratar docentes e investigadores de esta área, no hubo planificación al respecto.

¿Por qué en la actualidad no se habla más tanto de nanotecnología?
La investigación sobre el tema se ha extendido y hay aplicaciones relevantes, como en la producción de pinturas, pero algunas veces hemos tomado decisiones equivocadas. Cuando Brasil decidió entrar en el área de nanotubos de carbono, dio un paso más grande que la pierna. Y los chinos llegaron y dominaron el mercado. Nuestra estrategia no fue la adecuada. Sólo hemos hecho tecnologías incrementales. Además, tenemos pocos investigadores, la financiación no es continua y las políticas de las universidades, de las empresas y de las agencias gubernamentales a menudo se equivocan, porque se basan en consideraciones poco fundamentadas y no en evidencias palpables.

Desde la década del 1990, su grupo ha recibido financiación de empresas. ¿Cómo funciona esa relación?
El problema de la investigación es cómo financiar el día a día, cómo adquirir equipos, reactivos y mantener los laboratorios en orden. Las Universidades, con raras excepciones, hacen muy poco. Por ese motivo necesitamos pedirles recursos al CNPq [Consejo Nacional para el Desarrollo Científico y Tecnológico], el gran financiador del investigador individual, y a la FINEP [la Financiadora de Estudios y Proyectos], para los proyectos institucionales. Afortunadamente también existe la Capes, que invierte en lo más importante, la gente, y que evalúa los programas de posgrado, la joya de la corona científica, tecnológica e innovadora de Brasil. Podemos tanto enviar proyectos a estas agencias como buscar empresas interesadas en hacer innovación, tecnología y ciencia. El gran problema es que la mayoría de nuestros industriales es inmediatista y pragmático. Quieren resolver un problema por 10 mil reales para ganar 100 millones. Petrobras es una de las excepciones, una empresa rara con proyectos de riesgo que valorizan el conocimiento y no su aplicación.

¿Cómo es trabajar con Petrobras?
Nunca hubo ningún conflicto. Lo mejor de Petrobras, a pesar de todas las trabas, es el cuerpo técnico del Cenpes [el Centro de Investigación y Desarrollo Leopoldo Américo Miguez de Mello]. Petrobras se relaciona muy bien con las Universidades. No por casualidad, Brasil es líder mundial en extracción de petróleo en gran profundidad. A veces surgen tensiones, porque el tiempo universitario difiere del de una empresa. Queremos publicar, porque nos lo exigen, y Petrobras quiere esperar que salga la patente del producto. Pero como ellos comprenden que nuestro trabajo es investigar, las cosas terminan resolviéndose bien.

Archivo personal El investigador durante la inauguración del laboratorio de catálisis molecular de la UFRGS, en 2014Archivo personal

¿De qué manera?
Tenemos que pedir autorización, como se hace en cualquier lugar del mundo, ya que tenemos un contrato con la compañía, pero eso no es un problema. Un cuidado que siempre tomo es involucrar a los estudiantes postdoctorales en los proyectos de empresas, pero no maestros o candidatos a doctorado. Estos últimos tienen un tiempo justo para hacer su trabajo y, si extrapolan, no obtendrán el título, mientras que los postdoctorales están más libres.

¿Cómo evalúa la relación entre las universidades y las empresas?
Todavía no están bien sintonizadas. En mi opinión, la industria no contrata doctores por ciertos motivos. El principal es el prejuicio. La industria cree que la universidad tiene que formar a un profesional que atienda necesidades específicas de ella, pero eso no es así. La universidad forma profesionales que pueden actuar fácilmente en áreas de las más diversas, pero las especificidades serán adquiridas en el propio lugar de trabajo. Si hago un concurso en Petrobras para entrar como ingeniero de petróleo, después de ser contratado tendré que pasar unos seis meses capacitándome para ver qué tengo que hacer. Ya estuve en la Fiesp [la Federación de Industrias del Estado de São Paulo], en la Firjan [la Federación de Industrias del Estado de Río de Janeiro], y ellos me cuestionaron. Yo me pregunto, “¿De qué mundo salieron?” El marco jurídico de la ciencia, la tecnología y la innovación, un avance en la integración entre las empresas y los centros públicos de investigación, sigue siendo cerrado y rígido. No sirve de nada pensar en una mayor interacción con otros grupos sociales si las universidades no cambian su modo de actuar.

¿Qué cambios habría que hacer?
Las universidades tienen una inmensa dificultad para renovarse. A menudo se comportan como una mera oficina pública. Cada vez que me piden que compre reactivos, tengo que explicar que no puedo predecir lo que voy a necesitar en dos meses. Entonces, si no puedo hacer el pedido ¿qué voy a comprar? Además, la mayoría de las universidades brasileñas están orientadas a la educación de grado y le dan poca importancia a la investigación y a los estudios de posgrado. De casi un centenar de universidades públicas en Brasil, ni siquiera la mitad se dedica a investigación. Lo cual no es necesariamente un problema, pero es importante dejar claro que la prioridad es formar estudiantes de grado. En mi generación, cualquiera que no tuviera la escuela secundaria no podía conseguir fácilmente un buen trabajo. Hoy, si no tienes un título, estás en aprietos. Y digo más, en algunos años, sin un doctorado, podrás formar parte de los excluidos.

Usted hizo una pasantía posdoctoral en Inglaterra en los años 80 y regresó en 2014, por un período de tres años. ¿A qué se dedicó cuando estaba allá?
Fui uno de los cuatro profesores contratados para armar un laboratorio de carbono neutro en la Universidad de Nottingham, que se propone tener cero emisiones de carbono en 20 años. El laboratorio genera su propia energía y tiene el menor consumo de agua y energía posibles. Fue financiado por la farmaceútica GSK, que quería tener un laboratorio modelo para armar los suyos en el futuro, bajo los mismos principios. Fue una excelente experiencia, mejor todavía para los candidatos posdoctorales brasileños que fueron para allá –dos de ellos terminaron contratados y se quedaron en el Reino Unido–. Mientras estaba allá, y después de volver a la UFRGS, traté de mostrarles a los estudiantes que lo que hacemos acá es investigación de vanguardia, y podemos establecer una diferencia.

¿Qué significa haber sido elegido uno de los químicos más influyentes del mundo en 2011?
Hoy en día, con una mirada más madura, veo que mi equipo, estudiantes y colegas entendieron que, en esta caminata, los colaboradores que se fueron de aquí, después de completar su trabajo, son los mejores testigos de quién soy. Me emocioné mucho con una fiesta científica que un grupo de exalumnos organizó en diciembre de 2018 para festejar mis 60 años. Fue en Florianópolis porque tengo varios ex alumnos que son profesores allá. Y, además, me encanta la ciudad. Vinieron exalumnos de Portugal, España, Alemania, Pakistán, gente que no veía hacía más de 30 años, como mi director de doctorado, Michel Pfeffer, ya un poco mayor, quien abrió la conferencia. Estoy orgulloso de haber formado a tanta gente, muchas con mayor capacidad que la mía para entender el mundo y probar hipótesis. Una de mis ex estudiantes ganó una beca Humboldt, fue a Alemania, regresó, abandonó la química y ahora trabaja como diseñadora de modas. Ella siguió un camino que la hacía más feliz. No tiene sentido pensar que tenemos que mantenernos en un camino predeterminado.

La universidad tiene una inmensa dificultad para renovarse. A menudo, se comporta como una mera oficina pública

¿Y cómo fue su derrotero hasta convertirse en científico?
En casa, mi único deber era estudiar. Sólo teníamos la Biblia y la Enciclopedia Británica. Mi madre, extremadamente católica, me hizo leer la Biblia; mi padre era anarquista, ateo. A pesar de estas diferencias, convivían en armonía. La lectura de la Biblia, para desgracia de mi madre, me convirtió en ateo. ¿Cómo puede un Dios ser genocida y esclavista? ¿Cómo puede alguien hablar con una serpiente? Mi madre se dio cuenta de que yo ya no iba a la iglesia y me dijo que, por tal motivo, podría ir al infierno. Mi padre se enojó y le dijo que yo era ateo y que tenía que hacer lo que creía que era lo mejor para mi vida. Hoy en día veo que el ateísmo me dio más curiosidad frente a lo desconocido y no me dejó buscar una explicación fácil para los experimentos que no funcionan. Convivimos con el fracaso todos los días, pero un científico no puede simplemente decir que fue obra de Dios y rendirse. A los 14 años empecé la escuela secundaria, por la noche, en la Escuela Técnica de la UFRGS, y trabajaba durante el día. Desde que tenía 9 años, lustraba zapatos y vendía caramelos en el centro de Porto Alegre. Ya enfrenté muchas cosas. Por eso, cuando me amenazan, no me da miedo.

¿Por qué las amenazas?
Por mis posiciones políticas. Siempre fui ambicioso y quería cambiar, ser diferente. A veces entré en proyectos que no eran buenos. Hace 20 años, traté de ser director del Instituto de Química y no pude. Hace siete años fui candidato a rector, para protestar y presentar nuevas ideas. Pensé que nuestra lista tendría como máximo 10% de los votos, pero obtuvimos 31%. Estaba tratando de mostrar que teníamos que salir de la zona de confort, pero el sistema no estaba listo todavía. Las propuestas más osadas no cabían en los proyectos personales. Ahora algunos colegas quieren que sea director del Instituto. Soy un demócrata radical. Para mí tiene que haber elecciones para todo. El voto de los estudiantes vale tanto como el de los docentes. Y la democracia tiene que estar en todas las instituciones, inclusive en las empresas privadas. Me aterroriza cualquier tipo de dictadura. Desde el punto de vista económico, soy capitalista a muerte. Hay que ser muy competitivo, si no el Estado interviene. Desde el punto de vista social, soy un socialista. Algunas cosas pueden no tener competencia, como la salud, el agua y la energía; el Estado tiene que proveerlos, no hay otra solución. En Nottingham, Inglaterra, cuya población siempre votó en políticos laboristas, había cinco compañías de gas y electricidad. La ciudad decidió crear una compañía pública de gas y energía, lo cual provocó aumento de la competencia y una baja del 50% en el precio. No había necesidad de estatizar. Soy militante desde mis épocas de facultad y hasta hoy en día salgo a protestar a la calle siempre que sea necesario para defender los derechos humanos. Estoy en contra de la homofobia, del racismo, de la misoginia y del fundamentalismo religioso.

¿Algún episodio reciente?
El otro día supe que una estudiante estaba siendo acosada por un compañero. Conversé con ella y le recomendé que lo reportara a la oficina del Defensor del Pueblo. “Pero no es eso nomás”, le dije. “Hay una comisaría acá cerca. Tienes que hacer la denuncia, si quieres te acompaño”. Esto no significa que de vez en cuando yo no tenga actitudes homofóbicas, misóginas y racistas. Las tengo. Uso expresiones de las cuales me arrepiento después. Pero siempre trato de ampliar mi visión del mundo. En mi laboratorio tengo más investigadoras que investigadores. También hay LGBT, y todos se llevan bien. El Instituto es el primero de la UFRGS que tiene un profesor negro transexual. La discriminación racial y homofóbica aparentemente ha disminuido con los cupos raciales y la universidad se hizo más alegre, diversa, plural e intelectualmente rica. Vale la pena recordar a Paulo Freire [1921-1997]. Él decía que, si la educación no es liberadora, el sueño de los oprimidos es convertirse en opresor. Este es uno de los mayores desafíos de la educación.

Durante la juventud, le gustaba mucho la matemática, pero la cambió por la química. ¿Por qué?
Porque me encanta lo impredecible. La matemática era mi pasión desde que era niño. Cuando entré en la universidad, en la carrera de ciencias, donde estudiaban los maestros de primaria, la matemática era fácil, pero la química planteaba preguntas que no sabía responder. Además, la química es empírica y permite una veloz formulación de hipótesis. Me gradué rápido y luego hice la licenciatura, centrado en química y, al final de la graduación, hice una especialización en el extranjero en la Universidad Louis Pasteur en Estrasburgo, Francia. E inmediatamente empecé mi doctorado, en Estrasburgo también.

Ya ha declarado que no conoce a un buen químico que no sea un buen gourmet. ¿Le gusta cocinar?
Es mi pasión. El conocimiento de la química ayuda a combinar texturas, sabores y colores, a entender las reacciones, ver qué usar y cuánto tiempo cocinar. Todos los días, cuando llego a casa, voy a cocinar, en general con mi hija de 10 años, Isabel Cristina. Si lo que hago es bueno, es ella quien lo dice. También me apasionan la astrofísica y la filosofía moderna. Y me encanta ver fútbol en la televisión e hinchar por el Inter, cuando tengo tiempo.

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