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Entrevista

Jean-Pierre Bourguignon: La ambición produce innovación

Para el presidente del Consejo Europeo de Investigación, es necesario financiar proyectos de riesgo y ayudar a la sociedad a comprender el potencial transformador de la ciencia

Hasta fin de año, el matemático francés Jean-Pierre Bourguignon seguirá al frente de la iniciativa europea de fomento de la investigación científica de frontera

Léo Ramos Chaves

A pocos meses de terminar su mandato en la presidencia del Consejo Europeo de Investigación (ERC, por sus siglas en inglés), que financia a grupos de investigación científica de excelencia en varias áreas, el matemático francés Jean-Pierre Bourguignon, de 71 años, dice que está convencido de que una de las cosas más importantes en la vida de un investigador científico es preservar su libertad creativa. “De cierta forma, es para eso que el ERC se creó hace 12 años: para asegurar que las ideas más ambiciosas e innovadoras cuenten con apoyo”, afirma Bourguignon, quien será reemplazado por el ingeniero italiano Mauro Ferrari a partir de 2020. El ERC es un organismo vinculado a la Unión Europea creado en 2007 con el objetivo de apoyar a los científicos de sus países miembros y colaboraciones transnacionales de investigación científica en temas de la frontera del conocimiento. La institución invierte 17% de los 77 mil millones de euros del presupuesto del Horizonte 2020, el principal programa científico del bloque. Entre los investigadores apoyados por el ERC, despuntan seis ganadores del Nobel y cuatro de la medalla Fields, uno de los más importantes premios de matemática.

Bourguignon estuvo en São Paulo a principios de mayo en el marco del 8º Encuentro Anual del Global Research Council, el GRC. En la entrevista que se lee a continuación, se refiere a la importancia de financiar proyectos de alto riesgo que engloban innovaciones y a cómo evaluar los impactos sociales y económicos de la investigación orientada por la curiosidad de los científicos.

¿El ERC ya ha financiado aproximadamente 9 mil proyectos de investigación situados en la frontera del conocimiento. ¿Con qué objetivo?
El ERC es fruto del esfuerzo de la comunidad científica europea, que por mucho tiempo peleó por su creación. Existía la percepción de que los programas científicos de los países no ofrecían condiciones como para que los investigadores europeos propusieran grandes ideas. Resultaba necesario que el riesgo implicado en proyectos más ambiciosos fuera compartido por la Unión Europea. El ERC, por lo tanto, nació con la misión de proporcionar el máximo de libertad a los investigadores. Para ello, hizo falta crear un marco jurídico que permitiera financiar a investigadores individuales, lo que fue posible con la firma del Tratado de Lisboa, en 2007, que reformuló la financiación de la Unión Europea. El ERC se convirtió en un instrumento bastante competitivo, al cual se deben presentar propuestas realmente innovadoras, que impliquen riesgo científico y tecnológico. Nuestro presupuesto anual es de 1.800 millones, lo que nos hace ser considerablemente selectivos. Los 9 mil proyectos que usted mencionó se seleccionaron entre un universo de más de 65 mil propuestas enviadas desde la creación del consejo.

¿Cuál es la importancia de financiar investigaciones de alto riesgo?
Existen dos lados implicados en este tema. El primero es que el ERC financia investigaciones con recursos públicos. La responsabilidad es muy grande y no siempre es fácil explicarle a la población que financiamos proyectos que pueden salir mal. Pero creemos que, de esa forma, podemos estimular la producción de conocimiento nuevo y alcanzar resultados inesperados. El otro punto es que la comunidad académica tiende a ser muy conservadora. La forma como las personas evalúan el trabajo de sus pares se basa en aquello que conocen. Es común que nuevas ideas se encaren con desconfianza y, por ende, no encuentren respaldo financiero fácilmente. Mi trabajo consiste en convencer a los miembros de las comisiones de evaluación del ERC de que debemos asumir los riesgos. Si tenemos dos buenos proyectos, pero uno es más ambicioso que el otro, debemos apostar a ese más audaz.

¿El sector privado no tiende también a ser conservador a la hora de asumir riesgos?
Depende mucho del perfil de quienes están al mando de la empresa. De hecho, las decisiones de las compañías generalmente se basan en factores financieros y económicos, no científicos. Les voy a dar el ejemplo de una multinacional que actúa en el sector de la computación. No mencionaré el nombre, pero quizás la reconozcan fácilmente. Investigadores de esa empresa recomendaron a los directores transformar totalmente el sistema operativo que producen desde hace años y que, según ellos, está obsoleto. La respuesta de la dirección fue: tenemos ganancia con ese sistema, ¿para qué cambiarlo? Actitudes de ese tipo, basadas en aspectos financieros, pueden representar un impedimento para promover grandes cambios en términos de innovación. Evidentemente hay empresas más visionarias, como la estadounidense Apple, que asumió riesgos y abrió el camino hacia el mercado de los teléfonos inteligentes.

¿Cómo justificar ante la población la inversión pública de alto riesgo en ciencia básica?
Es fundamental divulgar ampliamente entre la sociedad las investigaciones que han logrado llegar a resultados importantes, más allá de que se haya demorado mucho tiempo. Es el caso de los programas para detectar ondas gravitacionales realizados por el Observatorio Interferométrico de Ondas Gravitacionales, Ligo, en Estados Unidos, y el Observatorio Interferométrico Europeo, Virgo. La idea por detrás de eses proyectos es antigua y se necesitaron varios años para construir los equipamientos apropiados. Ellos exigieron tecnologías muy sofisticadas para identificar y medir las señales de ondas gravitacionales. ¿Cómo justificar ante la sociedad os recursos invertidos en esas máquinas? Mostrando que, gracias a ellas, fue posible recientemente comprobar un fenómeno anticipado por una teoría Albert Einstein.

Los proyectos que abarcan diferentes áreas del conocimiento tienden a ser los más exitosos, incluso desde el punto de vista económico

Pero, en el presente, la población tiene que entender la relevancia del fenómeno, ya que no hay un beneficio inmediato  relacionado con él.
Sí, por eso digo que, para explicar al público el potencial transformador de la investigación, es necesario que este comprenda tanto los conceptos básicos de la ciencia como los más novedosos. La biología, por ejemplo, es un área que, a lo largo de la historia, pasó por un sinnúmero de transformaciones y nuevos conceptos surgieron. La biología enseñada en los colegios en el pasado es muy diferente de la biología practicada actualmente, que presenta un alto grado de interacción con otras disciplinas, como la tecnología de la información y la estadística. Hoy en día se habla de bioinformática, cuyos estudios generan una avalancha de informaciones sobre secuencias de ADN y proteínas. Llevar al público ese conocimiento, que se está produciendo prácticamente en tiempo real, es un gran reto y exige un esfuerzo de largo plazo, hasta que las personas se sientan familiarizadas con esos conceptos.

Una gran preocupación en muchos países, incluido Brasil, atañe al retorno de la investigación en la forma de soluciones para problemas de la sociedad. ¿La investigación orientada por la curiosidad corre el riesgo de quedar en segundo plano?
En ese debate hay dos puntos centrales, en mi opinión. El primero es el plazo disponible para obtener una respuesta. Si se necesita una solución para mañana o pasado mañana, será necesario confiar en el conocimiento existente hoy. Eso vale para los temas urgentes, que exigen tomas de decisión inmediatas. En este caso, no invertiremos en investigaciones de largo plazo, mucho menos en aquellas guiadas por la curiosidad del científico. Pero para desarrollar una nueva vacuna, por ejemplo, tal vez el conocimiento disponible en este momento no sea suficiente y entonces se necesiten investigaciones más básicas. El ERC apoya un proyecto que ofrece un abordaje completamente distinto para el desarrollo de vacunas, al analizar la estructura química de los azúcares, que forman parte de la formulación de varias de ellas. Se trata de un trabajo de investigación básica que puede resultar en una nueva línea de vacunas en el futuro. Muchas vacunas actualmente en fase inicial de desarrollo pueden beneficiarse de ese estudio.

Una de las líneas de financiación del ERC, llamada Consolidator Grant, está orientada a investigadores que apuntan a conquistar la independencia. ¿Qué significa eso?
Las categorías de financiación se organizan de acuerdo con la experiencia profesional de los postulantes. Un investigador que obtuvo su doctorado hace dos años no está en el mismo nivel de alguien que se tituló hace 20 años. En este sentido, no podemos esperar que los investigadores más jóvenes hayan publicado un gran volumen de artículos científicos ni liderado ellos mismos un grupo de investigación. En la categoría Consolidator, dirigida a investigadores con una experiencia de 7 a 12 años desde la conclusión del doctorado, les damos condiciones para que puedan formar su propio equipo, lo que configura cierto nivel de independencia en la trayectoria académica. Pero la independencia es algo relativo y difícil de mensurar. El concepto varía de acuerdo con el área del conocimiento. Un matemático puede volverse independiente cuando concluye el doctorado y prueba a sus pares que logró desarrollar algunas ideas propias. En otras áreas, el investigador es más dependiente de factores externos. Un biomédico que pretende hacer experimentos de laboratorio depende de equipamientos específicos, que no le pertenecen solo a él. También necesita una estructura que incluye técnicos y la participación de pacientes voluntarios. Por lo tanto, es difícil establecer una definición única de qué es un investigador independiente.

Hace tres años, usted anunció que el ERC empezaría a monitorear los resultados de las investigaciones que financia, con el objetivo de mostrarle a la sociedad el valor de la investigación básica. ¿Cómo se hace eso?
Existen distintas formas de medir el impacto de la ciencia en la sociedad. Una de ellas, poco considerada, es el poder que tiene la investigación de capacitar a los profesionales involucrados en un proyecto, independientemente del resultado alcanzado. Todas las etapas de una investigación contribuyen a la cualificación de los participantes. Ese es entonces un valor intrínseco de la ciencia, pues ayuda a formar personas que después actuarán en los sectores público o privado. En el caso del ERC, los proyectos se evalúan en un período de como mínimo dos años después de su conclusión. La evaluación la hacen expertos de alto nivel seleccionados por un consejo científico. Ellos deben analizar los proyectos según criterios tales como el impacto científico, el grado de interdisciplinaridad, la aplicación de nuevos métodos y el impacto social y económico. En 2018, de los 225 proyectos evaluados, el 16% fue considerado disruptivo, con alto grado de novedad, y el 59% resultó en avances científicos importantes. Además, el 70% generó resultados con aplicaciones que no se habían previsto al principio del proyecto y el 60% logró reunir áreas científicas que no tenían mucha interacción. De esa manera, es posible hacer una correlación entre el éxito del proyecto y su grado de interdisciplinaridad. Los proyectos que implican a distintas áreas del conocimiento tienden a se los de mayor éxito, incluso desde punto de vista económico.

Siempre ha sido baja la cantidad de brasileños entre los investigadores principales del ERC, lo cual resulta sorprendente. Hay muchos científicos de calidad en el país

¿Cómo evalúa el ERC el impacto de las investigaciones financiadas en las áreas de las ciencias humanas, como la filosofía y la sociología?
Las ciencias sociales y las humanidades representan una parte sustancial de los proyectos del ERC. Llegamos a invertir alrededor de 460 millones de euros en esas áreas. Recientemente, conversé con una joven investigadora llamada Charlotte Ribeyrol, de la Universidad de La Sorbona, en París, que está estudiando la influencia de los colores en la literatura británica del siglo XIX, algo muy intrigante. Ella reunió un conjunto de evidencias que muestran que en la segunda mitad del siglo XIX la creación de nuevos colores, a partir de la producción industrial de pigmentos y colorantes sintéticos, fue bastante difundida especialmente en el Reino Unido. Ribeyrol demuestra que, en aquel momento, el nombre de esos nuevos colores empieza a despuntar en textos literarios. Uno de los autores abordados en la investigación es el escritor Oscar Wilde [1854-1900], quien en determinada obra menciona el color malva, cercano al violeta y al magenta, sintetizado por un químico inglés en 1856. En aquella época, el color malva fue uno de los más producidos y utilizados en la industria, en la producción de pinturas y colorantes para la tintura textil. Esa investigación demuestra cómo un avance de la química industrial tuvo influencia sobre los movimientos estéticos.

¿La selección de un proyecto debe tener en cuenta su potencial impacto en la sociedad?
El ERC hace un esfuerzo permanente por evitar que el impacto se use como criterio de selección de proyectos. Eso no significa que no estemos interesados en el posible impacto de la investigación. Solo no queremos que el impacto sea el criterio principal. Es grande la cantidad de casos cuyo resultado del trabajo es distinto a aquel esperado en el proyecto inicial. Se empieza con una idea clara de lo que se quiere, pero a mitad de camino se descubre que es posible hacer algo distinto de lo imaginado, muchas veces algo hasta más sorprendente. Es lo que le pasó, por ejemplo a la experta en nanociencia Cinzia Casiraghi, de la Universidad de Manchester, Inglaterra. En una de sus líneas de investigación financiadas por el ERC, ella encontró una forma de desarrollar tintas para impresión a chorro que utilicen el grafeno, un material sumamente resistente y maleable. La investigación despertó el interés de la industria, que puede utilizar el método en la fabricación de empaques inteligentes, de bajo costo y altamente flexibles. Hay otros proyectos de esta misma investigadora que también resultaron en tecnologías a partir del grafeno y que interesaron a grandes compañías, entre ellas Samsung. Y cuando uno conversa con ella se entera de que esas realizaciones, con potencial de aplicación en la industria, no estaban previstas en el proyecto inicial.

¿Cómo ve usted la participación de los brasileños en proyectos financiados por el ERC?
Los científicos brasileños pueden participar en investigaciones apoyadas por el ERC de dos maneras. Una es en carácter de investigador principal. En ese caso, los postulantes deben estar vinculados con alguna institución de Europa durante al menos la mitad de su tiempo de trabajo y deben presentar un proyecto, que será seleccionado en una competencia. Otra manera es por medio de un convenio con el Confap [el Consejo Nacional de Fundaciones de Apoyo a la Investigación Científica de los Estados Brasileños], que permite que los científicos brasileños participen en grupos de investigación financiados por el ERC por períodos de 3 meses a un año. El número de brasileños que son investigadores principales en el ERC siempre ha sido bajo, lo cual resulta sorprendente, ya que Brasil es un país grande con muchos científicos de calidad. Sabemos que el apoyo a la investigación científica en Brasil varía mucho de un estado a otro y que la FAPESP hace un excelente trabajo en el estado de São Paulo. Otra posibilidad que me gustaría destacar es la siguiente: este año, el ERC lanzó una convocatoria denominada Synergy, en la cual hasta cuatro investigadores pueden unir fuerzas para enfrentar un desafío científico verdaderamente ambicioso. Creamos la posibilidad de que uno de los investigadores principales resida fuera de Europa, sin que el país de origen tenga que financiar su participación en el proyecto. De las propuestas que se presentaron este año, por lo menos el 20% tienen no europeos. Espero que los brasileños participen en ese programa y establezcan más alianzas con investigadores europeos, sobre todo teniendo la posibilidad de apoyo por parte del ERC en un momento en que la financiación de la investigación pasa por dificultades en Brasil.

¿Qué áreas del conocimiento usted identifica como las más prometedoras actualmente?
Uno de los campos que han recibido la atención del ERC es la ciencia de la información cuántica, una de las próximas fronteras del conocimiento en el mundo. China invertirá, hasta 2030, cientos de miles de millones de dólares en ese campo, que busca utilizar propiedades cuánticas para mejorar el procesamiento y la transmisión de información. En Europa, las investigaciones sobre información cuántica han asumido una posición destacada. En 2016, la Comisión Europea anunció la creación del European Flagship for Quantum Technologies [EFQT], una iniciativa que promete invertir mil millones de euros en 10 años. El ERC se propuso, en los últimos años, apoyar a los investigadores de esa área, dándoles libertad y autonomía para crear y probar nuevas ideas. El ERC ayuda a Europa a capacitar a los científicos para grandes programas de investigación. Eso ocurre en otras áreas importantes, como nuevos materiales y biotecnología.

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