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Organización

La esperanza frustrada

El Museo Nacional de Brasil se aprestaba a poner en marcha un proyecto de revitalización cuando fue destruido por el fuego

Instalaciones del museo en el parque de la Quinta da Boa Vista: los fondos para el comienzo de los trabajos de restauración se girarían después de las elecciones

Wilton Júnior/ Estadão Conteúdo/ AE

En la tarde del viernes 31 de agosto, unos 30 miembros del Consejo del Museo Nacional, incluidos investigadores y representantes no docentes y los estudiantes, se reunieron en una sala contigua a los antiguos aposentos del emperador Pedro II, en el tercer piso del Palacio de São Cristóvão, en la Quinta da Boa Vista, Río de Janeiro. El Consejo, que es la más alta instancia de la institución, abordó temas tales como la perspectiva de giro, después de las elecciones de este año, de la primera partida de los 21,7 millones de reales otorgados por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) para las obras restauración y revitalización del palacio, así como una invitación recibida para que el museo exhiba piezas de su colección en otras instituciones. “Esas reuniones se realizan mensualmente y, a veces, son tensas, pero esa en particular fue muy agradable, porque hubo muchas acciones positivas en el horizonte y veníamos de un año interesante, en el que se celebraron los 200 años del museo que incluso se convirtieron en tema de una escola de samba en el Carnaval”, recuerda uno de los participantes, la botánica Vera Lúcia Huszar, en referencia a la presentación de la escola Imperatriz Leopoldinense en el Carnaval de Río de Janeiro este año.

El gran incendio que se produjo dos días después destruyó una parte significativa de la colección de la institución y dejó en ruinas el edificio del siglo XIX que sirvió de residencia a la familia real en Brasil, incluida la sala en donde se reunía el Consejo. “De un momento a otro, el año del bicentenario se convirtió en el año del incendio. Nuestra tarea ahora es mantener las actividades de enseñanza e investigación y hacer de 2019 el año de su recomposición”, dice Huszar, investigadora de la institución desde 1979 y presidenta de la Asociación de Amigos del Museo Nacional.

Fernando Frazão/ Agência Brasil Colección de minerales de la familia real: el dinero de la taquilla se utilizaba para organizar exposicionesFernando Frazão/ Agência Brasil

Vinculado a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), el Museo Nacional vivió durante décadas en una situación económica precaria. Pero empeoró con la reducción del presupuesto de la UFRJ, que se redujo de 450 millones de reales en 2016 a 388 millones de reales este año, según la institución. Diez de sus 30 salas fueron cerradas. El año pasado, una de ellas, donde se exhibía un dinosaurio, se cerró debido a una infestación de termitas. Se llevó a cabo una campaña de financiamiento colectivo y se recaudaron 50 mil reales para refaccionarla: se la reabriría en julio.

Según el museólogo Wagner William Martins, director adnunto de administración de la institución, los fondos para el mantenimiento prometidos por la UFRJ, destinados a gastos de material de consumo, de lámparas a papel higiénico y pequeñas reparaciones, se estacionaron en 520 mil reales en los últimos tres años. “Estos recursos, definidos en el presupuesto de la universidad, se transfirieron en tres cuotas a lo largo del año. Pero en los últimos dos años hubo retenciones de fondos del gobierno federal y solo las dos primeras fueron giradas por un total de poco más de 300 mil reales”. La administración buscó canalizar el dinero escaso para atender emergencias y gastos considerados como prioridades. “Dos meses antes del incendio, logramos mantener la subestación de energía del palacio, que ya no se realiza de forma rutinaria en la UFRJ, por falta de recursos”, dice Martins. Pero la escasez de recursos no fue el único obstáculo. “Solo realizamos pequeñas refacciones porque no tenemos autonomía para sellar contratos que generen nuevos gastos. No podríamos contratar una brigada de incendios, por ejemplo, pues eso no estaba contemplado en el presupuesto. Per con el apoyo de Defensa Civil logramos realizar entrenamientos contra incendios para cinco grupos de un total de 94 empleados, y seguiríamos entrenando a otros dos grupos”. Según él, el dinero de mantenimiento permitió recargar los extintores.

Los recursos para costear exposiciones y actividades pedagógicas provinieron de una fuente distinta: aproximadamente 400 reales de su taquilla. Ese monto fue recaudado por la Fundación José Bonifacio, vinculada a la UFRJ, y girado al museo sin tener que seguir las reglas restrictivas del presupuesto de las universidades públicas federales, según el cual todo el dinero recaudado por las unidades debe depositarse en un solo banco de la institución y, incluso si tiene un destino específico, está sujeto a recortes. El costo de la entrada era de 8 reales. Poco más de un tercio de los 192.000 visitantes en 2017 tenía acceso libre, como los estudiantes de las escuelas públicas. Fue también de forma gratuita quienes llegasen una hora antes del cierre del museo −que abría todos los días de la semana y finalizaba sus actividades a las 17 horas− o lo visitasen el segundo domingo de cada mes. De acuerdo con Martins, el museo necesitaría 8 millones por año para pagar todos los costos de mantenimiento y funcionar correctamente. “Pero estirando los recursos disponibles, ni siquiera nos acercábamos al millón de reales”, dice. Sin embargo, la administración del museo no ve una relación directa entre las crecientes dificultades presupuestarias y la tragedia. “El palacio fue construido para ser una residencia y no era adecuado para albergar un museo de historia natural”, dice el paleontólogo Alexander Kellner, quien asumió la administración seis meses antes del incendio, luego de recibir el 63.7% de los votos en una consulta con docentes, no docentes y estudiantes de la institución en septiembre de 2017. Ganó la disputa por la lista de candidatos encabezada por el geólogo Marcelo de Araújo Carvalho y, como es tradición en la UFRJ, su nombre fue refrendado por el rector Roberto Leher.

Según el director, siempre existía la posibilidad de que ocurriera un incendio. “Acabábamos de crear un sector ingeniería de seguridad y estábamos capacitando al personal para reducir riesgos y usar extintores”. Kellner intentaba ejecutar un plan ambicioso: invertir 300 millones de reales durante los próximos 10 años en un Plan Director que incluía la renovación del edificio, la implementación de un moderno sistema de seguridad y combate contra incendios y la transferencia completa de la colección a un edificio que se construiría, dejando el Palacio de São Cristóvão solo para exposiciones.  “Lo más doloroso es que estuvimos muy pero muy cerca de comenzar”, dice, refiriéndose al acuerdo firmado con el BNDES el 5 de junio, que incluyó, entre otras acciones, la formulación de un proyecto de combate contra incendios y la implementación de un fondo de donaciones capaz de garantizar una financiación sostenible para el museo.

Tânia Rêgo/ Agência Brasil Tras el incendio, parte de la colección educativa quedó abierto al público en la Quinta da Boa VistaTânia Rêgo/ Agência Brasil

Kellner se queja de la dificultad de sensibilizar a las autoridades de Brasilia y Río de Janeiro con respecto a la institución. En 2013, esta fue contemplada una dotación parlamentaria por valor 20 millones de reales. “Ese dinero nunca llegó porque en ese momento había una restricción presupuestaria determinada por el gobierno”.

Es cierto que el gobierno federal se hacía cargo de los gastos fijos vitales para el funcionamiento del Museo Nacional. El costo total de la institución iba mucho más allá del presupuesto de mantenimiento aprobado por la UFRJ y el dinero de la taquilla, y se los estimaba en casi 30 millones de reales por año. La nómina de 89 profesores e investigadores y 215 efectivos técnicos y administrativos, de alrededor de 20 millones al año, es pagada por el gobierno federal, a través de la UFRJ. De manera similar, los servicios de vigilancia y limpieza subcontratados, así como las boletas de gas, electricidad, agua e internet, formaban parte de los contratos firmados para toda la UFRJ; la parte del Museo Nacional en estos contratos estaba estimada en 8 millones de reales por año.

El Plan Director contemplaba la renovación del palacio, un moderno sistema de seguridad y el traslado de las colecciones a un nuevo edificio

Los programas de posgrado
La institución brinda capacitación a aproximadamente 500 estudiantes de maestría y doctorado y recibió recursos de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Educación Superior (Capes) y del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) para mantener sus seis programas de posgrado en las áreas de antropología social, arqueología, botánica, lingüística, geología del Cuaternario y zoología. En 2017, los recursos de estas agencias científicas de fomento ascendieron a 163 mil reales, destinados al pago de becas y al costeo. “Estos fondos fueron sustancialmente más grandes hasta 2015, cuando sufrieron una reducción de más del 50%”, dijo el director administrativo Wagner Martins. No hay información consolidada sobre recursos asignados por agencias de fomento para proyectos de investigación dirigidos por docentes.

El vínculo con la UFRJ imponía dificultades para atraer y utilizar recursos privados, que eran sorteadas con la ayuda de la Asociación de Amigos del Museo, una organización privada sin fines de lucro creada hace 80 años. “Nuestra misión es apoyar los programas y acciones del museo”, explica Vera Huszar. El acuerdo con BNDES, con 21,7 millones de reales para la recuperación del museo, se firmó en junio con la asociación y será ejecutado por esta. La administración del banco ya ha señalado que los recursos que se destinarían a la restauración de ambientes podrían utilizarse para reconstruir el palacio.

Los proyectos vinculados al Programa Nacional de Apoyo a la Cultura (Pronac) fueron gestionados por la asociación, así como los recursos obtenidos en campañas de financiación colectiva y dotaciones parlamentarias. Poco antes del incendio, la asociación había recaudado un millón de reales de la empresa Vale a través de la Ley Rouanet de Incentivo a la Cultura para llevar a cabo una gran exposición de mineralogía. Otro proyecto gestionado por la asociación es Coral Vivo, dedicado al estudio y la conservación de los arrecifes de coral, desarrollado desde 2003 por investigadores del Museo Nacional en Arraial d’Ajuda, estado de Bahía, con el patrocinio de Petrobras. La botánica Vera Huszar desfiló en la escola de samba Emperatriz Leopoldinense con un disfraz de coral, en honor al proyecto. El traje que llevaba puesto estaba expuesto en el museo y sucumbió al fuego.

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