
Giselle Beiguelman / Cortesía de la ArtistaMaria Sibylla Merian, a los 70 años, en un retrato creado por Giselle Beiguelman utilizando inteligencia artificialGiselle Beiguelman / Cortesía de la Artista
A los 52 años, la alemana Maria Sibylla Merian (1647-1717) se embarcó en una expedición científica rumbo a Surinam. La naturalista e ilustradora científica financió la travesía con la venta de sus grabados. En 1705, con dificultades económicas producto de los costos del viaje a Sudamérica, publicó un libro ilustrado sobre los insectos de Surinam y otros títulos más. Doce años después moría en Ámsterdam, Países Bajos, empobrecida y con su vista debilitada. Con el tiempo, al ser redescubierta por investigadoras feministas, el valor artístico de su obra creció. En 2011, una edición de su libro intitulado Neues blumenbuch (Nuevo libro de flores), de 1675, fue subastada en el Reino Unido por 570.000 libras esterlinas.
Sibylla Merian es una de las mujeres retratadas por la artista visual Giselle Beiguelman en la exposición Venenosas, nocivas e suspeitas [Venenosas, nocivas y sospechosas], en cartel hasta el 20 de abril en el Centro Cultural Fiesp, de São Paulo. “Se trata de naturalistas, ilustradoras o ambas cosas a la vez, nacidas entre los siglos XVII y XIX, que han sido borradas de la historia del arte y de la ciencia”, dice Beiguelman, docente de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad de São Paulo (FAU-USP). Entre los siete retratos expuestos hay dos brasileñas. Una de ellas es Maria do Carmo Vaughan Bandeira (1902-1992), a quien se considera la primera botánica del Jardín Botánico de Río de Janeiro. La otra es la ilustradora Constança Eufrosina Borba Paca (1844-1920) quien a principios del siglo XX acompañó a su marido, el botánico João Barbosa Rodrigues (1842-1909) en sus expediciones científicas.
“Los retratos fueron creados con inteligencia artificial [IA] generativa y son especulativos, ya que se basan en escasísimas imágenes de ellas en su juventud. A partir de una serie de procesamientos de text-to-image [texto a imagen] y de image-to-image [imagen a imagen], la tecnología enmarca sus rostros a la edad en que fallecieron, fusionándolos con las plantas y ecosistemas que caracterizaron sus obras, tanto estética como científicamente”, explica la artista.
Además de los retratos, la muestra incluye siete videos en los que Beiguelman reinterpreta, también con la ayuda de la IA, plantas como la mandrágora y la belladona. Combinándolas, la artista crea incluso especies híbridas. “Estas plantas fueron prohibidas o demonizadas a lo largo de la historia por diversos motivos, que van desde su empleo en prácticas rituales hasta atribuirles supuestos poderes afrodisíacos o alucinógenos”, prosigue Beiguelman. “Al estudiarlas, noté que algunas de ellas habían sido dibujadas por mujeres de las que nunca había oído hablar, y así surgió la idea de la exposición”.

Mayara Ferrão / Cortesía de la Artista Imagen del ensayo fotográfico Álbum de desesquecimentos (2024), de la artista Mayara FerrãoMayara Ferrão / Cortesía de la Artista
Según la artista, homenajear a estas mujeres, cuyo protagonismo les fue negado en la época en que vivieron, solamente fue posible mediante el uso de la tecnología. “Como existen poquísimas imágenes de ellas, pude producir estos retratos cargando a la máquina la información textual que recogí durante la investigación”, dice Beiguelman.
La artista visual bahiana Mayara Ferrão sacó partido de la misma estrategia para darles visibilidad a las mujeres negras e indígenas del período colonial. En el ensayo fotográfico Álbum de desesquecimentos [Álbum de desolvidos] (2024), imagina escenas de maternidad u homoafectivas a través de imágenes generadas por IA.
No es una novedad que los artistas visuales recurran a la tecnología para producir sus trabajos. En lo que concierne a la IA, un campo del conocimiento que surgió en la década de 1950, uno de los pioneros fue el pintor británico Harold Cohen (1928-2016). “Pintaba al óleo y había adquirido cierto renombre en Europa cuando se trasladó a Estados Unidos, en la década de 1960, para realizar una pasantía posdoctoral en la Universidad Stanford. Allí conoció a un grupo de investigadores que estudiaba la IA”, relata el artista brasileño Fabrizio Poltronieri, de la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido. A finales de la década de 1960, el pintor concibió Aaron, un software de creación artística que siguió desarrollando hasta su muerte, en 2016. “Al principio, la máquina reproducía los dibujos de Cohen”, continúa Poltronieri. “Pero hacia el final de su vida, Cohen empezó a trabajar junto con el programa, que le sugería nuevas formas en un proceso de cocreación”.
Lúcia Santaella, de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP), destaca la evolución que ha tenido la IA en los últimos 20 años a través de los algoritmos de aprendizaje progresivo. Pero en 2018 hubo un punto de inflexión a partir del surgimiento de la IA generativa. En la actualidad, mediante prompts (comandos), las máquinas son capaces de escribir, conversar y producir imágenes en forma similar a como lo hace un humano. “La creatividad se ha reinventado, lo que ha puesto en jaque a la hegemonía de la humanidad a este respecto a lo largo de la historia”, reflexiona la investigadora. “Esto ha suscitado una serie de indagaciones en lo que concierne al rol del artista y al riesgo de que las máquinas reemplacen al ser humano en la creación artística”.

©Refik Anadol Studio / Cortesía del ArtistaUnsupervised (2021), de Refik Anadol©Refik Anadol Studio / Cortesía del Artista
Desde entonces han surgido otros interrogantes. En la obra Anatomy of an AI system (Anatomía de un sistema de IA), de 2018, la artista australiana Kate Crawford y su colega serbio Vladan Joler mapean los engranajes de esta estructura en un diagrama. “Muestran el desarrollo paso a paso de un sistema de IA por parte de una gran empresa tecnológica estadounidense y dejan claro que este tipo de producción tiene impactos ambientales y sociales”, comenta el artista multimedia Cesar Baio, del Instituto de Artes de la Universidad de Campinas (Unicamp).
Uno de los aspectos que aborda la obra es el uso de mano de obra precarizada. “Cuando en 2018 apareció la IA generativa, las big tech recopilaron un enorme volumen de datos de internet para entrenar a sus modelos y enseñarles a las máquinas lo que era, por ejemplo, una manzana o un gato. En los albores de esta tecnología, había que identificar manualmente las imágenes como ‘manzana’ o ‘gato’. Los que hacían y a veces siguen haciendo este trabajo agotador y mal remunerado constituyen una masa de trabajadores procedentes en su mayoría de países en desarrollo”, expone el artista visual brasileño Bruno Moreschi, de la Universidad Leuphana de Lüneburg, en Alemania, quien estudió el tema en una pasantía posdoctoral en la FAU-USP en 2020.
En la actualidad, según Moreschi, la IA generativa suele utilizar modelos preentrenados, que parten de un conjunto de datos organizados en aquella primera fase. “Pero el trabajo humano precarizado en el ámbito de la IA aún subsiste, para corregir y calibrar herramientas o incluso para la creación de nuevas bases de datos. Son cuestiones que los artistas deben tener en cuenta para no hacer un uso ingenuo de los recursos de la IA”, afirma el investigador.
La historiadora del arte Nara Cristina Santos, profesora jubilada de la Universidad Federal de Santa Maria (UFSM), en Rio Grande do Sul, llama la atención sobre otro punto polémico: el tema de los derechos de autor. “Algunos artistas que utilizan recursos de la IA en sus obras son acusados de plagiadores. Por otro lado, los artistas demandan a las empresas tecnológicas porque consideran que sus obras fueron utilizadas para entrenar a las máquinas”, dice Santos, fundadora del Laboratorio de Investigación sobre Arte Contemporáneo, Tecnología y Medios Digitales (Labart) de esa universidad.

Divulgación / Beto Mohr_Tuane EggersInsurreição micorrízica (2022), de Cesar Baio y Lucy SolomonDivulgación / Beto Mohr_Tuane Eggers
El año pasado, la IA fue el eje principal del 19º Simposio de Arte Contemporáneo organizado por el Labart-UFSM. La idea surgió a partir de las discusiones propuestas por el libro Ética de la inteligencia artificial, del filósofo belga Mark Coeckelbergh, publicado en Brasil a principios de 2024 por Ubu Editora. Hay mucho por debatir. “Estamos revisando una serie de cuestiones en nuestro campo”, confirma la investigadora. “Una obra de arte hecha con IA comprende, además de al propio creador, gigantescas bases de datos y programadores de algoritmos. No se trata solamente de una ‘autoría compartida’, tal como se viene sosteniendo en el ámbito jurídico, sino quizá de una ‘autoría incorporada’ basada en la intencionalidad del artista”.
Entre las posibilidades que ha abierto la IA en el campo del arte, Moreschi pone de relieve que este recurso se está utilizando para analizar patrones de imágenes. “La herramienta es capaz, por ejemplo, de crear conexiones en el contenido visual de una obra y entre distintas obras, o también escudriñar la colección de una institución museológica para hallar coincidencias en obras que retratan temáticas similares”, dice.
El hecho de escarbar en las colecciones de los museos puede dar como resultado otras obras de arte, como, por ejemplo, la instalación Unsupervised (Sin supervisión), del artista turco Refik Anadol, que se mantuvo en cartel en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York entre 2021 y 2023. En la producción de la obra, el autor entrenó un modelo de aprendizaje automático para interpretar los datos de la colección del MoMA, basándose en 380.000 imágenes en alta resolución de más de 180.000 objetos de la colección.
Cuando organizaba la exposición Venenosas, nocivas e suspeitas, Beiguelman se topó con la dificultad de tener que retratar a las mujeres en su vejez. “La máquina tardó en entenderlo y solamente producía imágenes de mujeres jóvenes”, recuerda. “Estos modelos se construyen a partir de ingentes conjuntos de datos que reflejan el pensamiento hegemónico blanco, masculino y con sesgo etarista. De ahí las dificultades para entender los comandos que transgredían la norma”, prosigue la investigadora, coordinadora de un proyecto temático de la FAPESP sobre colecciones digitales.
Un grupo integrado por 17 artistas visuales indígenas de Brasil, Argentina, Bolivia y Chile se enfrentó a un reto similar. En 2023, participaron del proyecto intitulado “Indigenia: IA generativa para futuros indígenas y ‘Digital’ Buena Vida”, coordinado por Thea Pitman, de la Universidad de Leeds, en el Reino Unido, y Andreas Rauh, de la Universidad de Dublín, en Irlanda. “La idea era que ellos pudieran generar imágenes a través de un software de IA generativa”, comenta el investigador Alexsandro Cosmo de Mesquita, del pueblo Potiguara, quien realizó un seguimiento del estudio y escribió un artículo publicado el año pasado en un dosier sobre inteligencia artificial y procesos creativos de Sesc São Paulo. “El software proporcionó imágenes futuristas, aunque plagadas de estereotipos, donde los indígenas presentan características descritas en el pasado por los colonizadores”.
En esa ocasión, los artistas redactaron un manifiesto sobre cómo utilizar las tecnologías digitales. En uno de sus párrafos reivindican la existencia de “códigos de ética […] y formas de regulación para salvaguardar el cumplimiento de estos códigos con representación de los pueblos indígenas”. En Brasil, aún no existe una normativa que regule el uso de la IA. El Proyecto de Ley nº 2.338/23, que tiene esta finalidad, fue aprobado en diciembre en el Senado Federal, pero aún debe ser sometido a análisis en la Cámara de Diputados, algo que está previsto que ocurra este año.
Más allá de la regulación de la IA, un tema que le preocupa a Baio, de la Unicamp, es la cuestión ambiental. Desde 2018, él viene realizando una serie de obras en colaboración con la artista estadounidense Lucy Solomon, de la Universidad del Estado de California en San Marcos. Una de ellas se intitula Insurreição micorrízica, una instalación de 2022 presentada en la 13ª Bienal del Mercosur de ese año. “En esta obra, entrenamos una IA con modelos de lenguaje natural que reconocen textos sobre temas vinculados con el cambio climático, como la deforestación”, relata Baio. “La IA también procesa las señales electroquímicas que emiten las células de los hongos que forman parte de la obra para comunicarse entre sí y las transforma en mensajes que combinan texto y signos gráficos. A continuación, este contenido puede enviarse a través de una aplicación de mensajería al celular del espectador”.
En la actualidad, con el apoyo de la FAPESP, Baio y Solomon están desarrollando un experimento con IA generativa para avanzar en la interacción entre humanos, máquinas y microorganismos tales como hongos y protozoos. “Trabajaremos en la generación de imágenes a partir de una base de datos que estamos organizando, que incluye imágenes bidimensionales de microscopios y también datos generados por los propios microorganismos”, dice el investigador. “Lo que pretendemos es crear una IA interespecies”.
Este artículo salió publicado con el título “Reimaginar la creatividad” en la edición impresa n° 348 de febrero de 2025.
Proyectos
1. Colecciones digitales e investigación: arte, arquitectura, diseño y tecnología (nº 22/05946-9); Modalidad Ayuda de investigación – Temático; Investigadora responsable Giselle Beiguelman (USP); Inversión R$ 908.513,91.
2. Poéticas interespecies: biointerfaces inteligentes para redes no humanas (nº 23/10966-1); Modalidad Ayuda de investigación – Regular; Investigador responsable Cesar Augusto Baio Santos (Unicamp); Inversión R$ 132.050,00.
3. Estéticas posantropocéntricas: hacia sistemas biohíbridos (nº 18/24452-1); Modalidad Ayuda de investigación – Regular; Investigador responsable Cesar Augusto Baio Santos (Unicamp); Inversión R$ 99.148,81.
Artículos científicos
BRAGA, A y SANTAELLA, L. A inteligência artificial generativa e os desconcertos no contexto artístico. Revista Geminis. 2023.
BEIGUELMAN, G. Inteligência artificial como phármakon: A arte algorítmica entre o remédio e o veneno. Rapsódia. 2023.
BEIGUELMAN, G. Eugenia maquínica do olhar: Visão computacional, etarismo e gênero. Virus. 2024.
MORESCHI, B. Five experimentations in computer vision: Seeing (through) images from large scale vision datasets. BJHS Themes. 2023.
MORESCHI, B. et al. Trabalhadores brasileiros no Amazon Mechanical Turk: Sonhos e realidades de “trabalhadores fantasmas”. Revista Contracampo. 2020.
SANTAELLA, L. A IA generativa e a emergência de novas questões estéticas. Semeiosis. 2023.
Libros
BEIGUELMAN, G. et al. Boundary images. Minnesota University Press, 2023.
POLTRONIERI, F. y VEAR, C. (comp.). The language of creative AI – Practices, aesthetics and structures. Springer: 2022.