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Ciencia

La pequeña patria futbolística

Tan sólo 3 grados de separan a los grandes cracks brasileños de los pataduras

El pata de palo lo llama al crack al celular.
-Hola, ¿Romário? Habla Cláudio Clara-de-Ovo
-¿Cláudio qué?
-Clara-de-Ovo, de Juventude.
-Yo no te conozco. Y estoy apurado. Va a empezar mi futvoley.
-No, no, es un momentito nomás. Soy amigo del Rafa-Três-Em-Um, aquel que jugó en Criciúma con Fritz-Dogue-Alemão, que es amigo del Caiçara, que fue compañero tuyo en el Fluminense.
-¡Ah! ¡El Caiçara! ¡Sí! ¡Mi amigo el Caiçara!

Este diálogo y sus personajes, con excepción de Romário, son ficticios. Pero un trabajo realizado por investigadores del Instituto de Física de São Carlos de la Universidad de São Paulo (IFSC/USP) muestra que el mundo del fútbol profesional en Brasil, donde hay talentos y nulidades reales, es pequeño: un poquito menor que el universo de los actores de Hollywood, por ejemplo. En la red de relaciones interpersonales que conecta a la elite nacional del balón, cualquier atleta, ya sea famoso o desconocido, logra hacer contacto con sus pares de oficio con la sola ayuda de otros tres jugadores o ex jugadores. Estudios similares realizados en la meca del cine norteamericano sugieren que, en promedio, la distancia social entre dos atores es de 3,7 grados, levemente mayor que el nivel de separación entre dos jugadores de la elite del fútbol nacional, calculado en 3,3 grados.

De acuerdo con un trabajo ya clásico, realizado en 1967 por el psicólogo social Stanley Milgram, de la Universidad Harvard, tan sólo 6 grados de separación – no más que eso – se interponen entre todas las personas del mundo. Usted y el papa, Bush y Bin Laden, Brad Pitt y su hermana. Se le denomina “efecto mundo pequeño” a esa cercanía exagerada entre los 6.400 millones de habitantes del planeta. Un tipo de cercanía que deriva más de la red de amigos y conocidos de las personas que de las barreras geográficas. “Creíamos que la distancia entre los jugadores brasileños sería menor que 6 grados, pero siquiera imaginábamos que sería la mitad”, comenta el físico (hincha de Corinthians) Roberto Nicolau Onody, principal autor del estudio, publicado en septiembre en la revista Physical Review E.

Con la ayuda del también físico Paulo Alexandre de Castro, su alumno de doctorado y coautor del artículo científico, Onody recabó y analizó datos de todos los atletas y clubes que entre 1971 y 2002, que participaron al menos una vez del campeonato brasileño de primera división. Para recabar esa montaña de informaciones brutas, los investigadores recurrieron a un CD-ROM editado en 2003 por la revista Placar, con la historia de 32 ediciones del torneo. “Intentamos obtener este material en internet, pero ni siquiera en la página de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF) encontramos lo que buscábamos”, cuenta Castro, hincha de Santos. En el período estudiado, 13.411 jugadores y 127 equipos disputaron el campeonato. El artículo del dúo Onody-Castro enfoca la red de relaciones sociales existentes entre los deportistas y entre ellos y sus (ex)cuadros. Trabajaron el tema desde la óptica de las redes complejas, un campo de estudio de la física estadística que se utiliza para analizar la arquitectura organizativa de sistemas tan dispares como las reacciones bioquímicas implicadas en el metabolismo celular, los contactos sexuales entre personas y las conexiones entre páginas de la web.

Una red es un conjunto de vértices, también llamados nudos o puntos interconectados. Una ley suele regir la conexión entre dichos nudos. Cuando todos los vértices de un sistema presentan siempre el mismo número de conexiones, como en la estructura de un cristal, existe una red homogénea o cristalina. Si algunos vértices de un sistema exhiben muchas conexiones, en tanto que la mayoría de los nudos tiene pocas, existe allí un sistema complejo. Tal es el caso de la red de jugadores profesionales de Brasil. En el mundo del fútbol, los físicos estudiaron las interrelaciones entre dos tipos de vértices: los jugadores y los clubes de la primera división nacional, poniendo énfasis en la primera forma del nudo. ¿Qué es lo que hace que un atleta se conecte con otro deportista? Pues el hecho de haber disputado la división de élite del campeonato brasileño en el mismo cuadro, durante la misma temporada. No es necesario que hayan jugado un mismo partido, pero sí que hayan formado parte del elenco del mismo equipo durante un determinado año.

Ésa fue la norma arbitrariamente utilizada por los investigadores para hallar conexiones entre los jugadores. Según las reglas planteadas por los investigadores, atletas que dejaron clubes de la primera división brasileña por cualquier motivo – porque pasaron a equipos del ascenso, a escuadras del exterior o sencillamente colgaron los botines – continúan formando parte de la red, peor no establecen nuevas conexiones hasta que, eventualmente, retornan a la división de privilegio del fútbol nacional. Trabajos similares realizados en la industria cinematográfica establecieron una conexión entre dos atores cuando ambos actuaron en una misma película. Por lo tanto, los muchachos del balón que disputaron varias ediciones del torneo en un mismo equipo o cambiaron constantemente de club tienden a exhibir muchas conexiones. “Pueden incluso no haberse granjeado amistades entre sus compañeros de equipo, pero seguramente mantuvieron una relación social con ellos el tiempo que jugaron juntos”, pondera Onody.

La red formada por la elite de los jugadores brasileños es compleja, pues muchos (ex)atletas tienen pocas ligazones, en tanto que pocos tienen muchas. En 2002, cada deportista inserto en el sistema había establecido en promedio conexiones con otros 47 jugadores. En otras palabras, había actuado junto a esa cantidad jugadores. Como toda media, este número esconde los extremos. El miembro de la red con más conexiones es el ex centrodelantero Dadá Maravilha, un folclórico goleador que encerró su dilatada carrera a mediados de la década de 1980. Dadá entró a los campos con 305 colegas de oficio. “Fue un nómada del fútbol”, afirma Onody. En sus más de dos décadas de carrera, el atacante se puso la casaca de 11 clubes de primera división, otro récord perteneciente al rey Dadá. En el otro extremo, entre los menos interconectados en la red, aparecen diez ignotos jugadores, cuya trayectoria fue corta, al menos en los equipos de primera división. Uno de ellos es el ex portero Vílson, que disputó un cotejo por el equipo de Colatina [del estado de Espírito Santo] en 1979 y se conectó con otros 14 jugadores.

Una carrera más larga
Un dato del estudio sugiere que el tiempo de duración de la carrera de los jugadores de fútbol aumentó durante las últimas tres décadas. Esto porque en 1975, cada miembro de la red había jugado – es decir, tenía conexiones – con otros 39 colegas profesionales, cantidad un 8% menor que la verificada en 2002. “O la carrera de los jugadores se está volviendo más larga, o ellos están cambiando de equipo con más frecuencia”, comenta Castro. Como la mayoría de los atletas que pasaron por la primera división del fútbol nacional no llegó a actuar en dos equipos, la primera hipótesis parece ser la más razonable. Los físicos se dieron cuenta de que, pese a que los deportistas muestran tener más conexiones actualmente que en el pasado, la red de jugadores de fútbol se está volviendo cada vez más elitista. Atletas muy populares, con un número elevado de conexiones, tienden cada vez más a relacionarse con jugadores de perfil similar, en tanto que los que tienen baja conectividad transitan básicamente entre compañeros igualmente poco conocidos. “Los jugadores de los clubes grandes tienden a pasar a otros equipos grandes, y los de cuadros chicos se van preferentemente a agremiaciones modestas”, resume Onody. En otras palabras, la distancia media entre todos los jugadores es pequeña, de tan sólo 3 grados o pasos, pero tal cercanía no es lo suficientemente grande como para terminar con la existencia de castas, de grupos bien definidos en el mundo de la pelota.

Amén de desmenuzar matemáticamente las relaciones sociales entre los jugadores de fútbol, los físicos produjeron revelaciones sorprendentes en otros campos del mundo que rodea al balón. Descubrieron, por ejemplo, que un jugador profesional se vuelve razonablemente conocido – y así se asegura su empleabilidad en los mejores equipos del país – tras haber participado en un cierto número de juegos. ¿Cuántos partidos son necesarios para que un atleta asegure su futuro en los campos de juego de Brasil? Cuarenta partidos, por cualquier club, ya sea grande o chico. “Si se supera esta cifra, se vuelve más fácil para el atleta seguir jugando en la división de élite”, comenta Onody. El jugador adquiere una cierta estabilidad en la ocupación, lo que le asegurará ofertas de empleo.

Pocos hacen goles
Pero estadísticas curiosas en el estudio de los físicos es lo que no faltan. En el período analizado, el ex atacante Tarciso, que actuó en el Grêmio de Porto Alegre durante las décadas de 1970 y 1980, y llegó a jugar en la selección brasileña, fue el atleta que más entró a la cancha: estuvo en 336 cotejos de 18 certámenes, con la camiseta tricolor “gaúcha” en 13 ediciones. La lista de atletas que disputaron apenas un partido de primera división es enorme, y está compuesta de 2.160 anónimos jugadores, poco más del 16% de los que actuaron en el campeonato entre 1971 y 2002.

Los goles son otro tema que rinde números interesantes. Utilizando este apartado como parámetro de comparación, dos grupos de jugadores despuntan en la red armada por Onody-Castro: los que anotaron menos de diez veces en el tanteador, la inmensa mayoría, y los que balancearon las redes en más ocasiones. De mínima, las dos terceras partes de los atletas de fútbol juegan en la zaga o en el mediocampo. Por lo tanto, tienen menos probabilidades de perforar la valla de los adversarios. De cualquier manera, es sorprendente la escasez de artilleros. En el campeonato brasileño, anotar goles es un privilegio reservado a pocos. Casi el 65% de los jugadores – 8.709, para ser más precisos – nunca anotó goles, y alrededor del 30% – 4.089 -, se hizo presente en el tanteador apenas entre una y diez veces en toda su carrera. El resto, es decir, 618 deportistas, puede considerarse íntimos de la pelota: éstos balancearon la red en 11 ó más ocasiones. “La probabilidad de que un jugador cualquiera, escogido al azar en la red, haya hecho 13 goles es diez veces mayor que la de que haya anotado en 36 ocasiones”, dice Castro. Contabilizando los datos de las 32 ediciones analizadas del campeonato, el ex atacante Roberto Dinamite es el mayor goleador de la competencia. Convirtió en 186 ocasiones en 20 campeonatos disputados por Vasco da Gama, de Río de Janeiro, y una vez por la Portuguesa de São Paulo. Es decir, según el estudio de la USP, los jugadores no están distantes unos de otros, pero el gol está muy lejos de la mayoría de ellos.

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