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Antropología

La televisión paulistana entre lo popular y lo erudito

Un estudio investiga qué representaron los musicales para el país

GUILHERME LEPCAEn São Paulo, en 1954, tres emisoras de televisión dirigidas por grupos privados disputaban la preferencia de los telespectadores en los 34 mil aparatos existentes en el país. En la programación de las mismas, una extensa y heterogénea oferta de programas musicales, todos en vivo y con uso de las grandes orquestras que se habían formado en las radios. La pionera TV Tupi (canal 3), inaugurada en 1950 en São Paulo por el empresario Assis Chateaubriand, apostaba por las arias, las óperas, el ballet y las presentaciones de música extranjera con cantantes brasileños, tal como se desprende de una investigación recientemente realizada en la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). “La televisión tenía poquísimo o casi ningún alcance fuera de São Paulo, pero mostraba musicalmente lo que la ciudad era en aquel momento”, afirma la investigadora Rita de Cássia Lahoz Morelli, docente del Departamento de Antropología Social del Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Unicamp. Según la profesora, la exhibición de programas musicales para italianos, españoles y portugueses que vivían en la ciudad funcionaría como una especie de televisión agregadota de grupos. “Para hacerse una idea de la importancia de esto, la Tupi mantenía entre sus cuadros a dos artistas que cantaban en español, Lolita Rodrigues y Triana Romero”, dice la investigadora.

Rita de Cássia, autora de libros tales como Indústria fonográfica: um estudo antropológico (de la editorial de la Unicamp) y Arrogantes, anônimos, subversivos: interpretando o acordo e a discórdia na tradição autoral brasileira (Mercado de Letras), se aboca ahora al análisis de cómo se dio el proceso de difusión musical en Brasil a través de la televisión entre 1954, año en que el presidente Getúlio Vargas se suicidó, y 1969, poco después del AI-5, el decreto cuya primera consecuencia fue el cierre del Congreso Nacional. “Se sabe poco al respecto de la producción de ese período. Los estudios realizados hasta ahora contienen afirmaciones genéricas, como la que sostiene que las programaciones se hacían para un público de elite. Pretendo entender por qué había tanta variedad musical y cuáles eran los intereses de los inversores para difundir al mismo tiempo música erudita y música popular”, afirma Rita de Cássia. La investigación intitulada Músicas y músicos en la televisión de São Paulo: trabajo, distinción e identidad (1954-1969), que contó con el apoyo de la FAPESP, busca las raíces de la televisión en São Paulo. Según Rita de Cássia, existen pocos estudios sobre el tema y ni siquiera el conocido periodista y crítico musical José Ramos Tinhorão, uno de los que más han estudiado el tema, profundizó en sus investigaciones. “Sus estudios tienen el foco más en la producción musical de la televisión carioca”, sostiene la investigadora.

Rita de Cássia investiga dos cuestiones básicas y empíricas. Pretende saber si durante el período seleccionado para la investigación los telespectadores consumían música erudita como signo de status y también si la música se convirtió en objeto de una identidad nacional. En el período analizado, identificó 4.078 programas, y de éstos, 1.068 (el 26,2%) fueron clasificados como “musicales-arte”, muchos más que las novelas, que suman 308 en el tiempo estudiado. El proyecto aún no ha concluido, pero, según ella, después de la Tupí, las emisoras que surgieron en São Paulo también invirtieron fuerte en programaciones musicales. La TV Paulista, canal 5, que salió al aire en 1952, igualmente llegó con una gran inversión en repertorios musicales. Era la menor televisión de São Paulo: su sede funcionaba en un pequeño departamento del edificio Liége en la calle Consolação, cerca de la avenida Paulista. Sus estudios estaban en el garaje y en un área de la planta baja del edificio, comenta Rita de Cássia. Pese a las condiciones improvisadas y precarias –la redacción fue instalada en el living y el laboratorio de revelado en la cocina–, importantes nombres artísticos de la televisión brasileña pasaron por la emisora, tales como Hebe Camargo y el maestro y compositor Guerra Peixe.

Repertorio
“La TV Record, abierta al año siguiente por la familia Machado de Carvalho, también apostó pesadamente por programaciones musicales, pero con el foco más bien en el repertorio nacional y popular, un poco diferente de la Tupí”, dice la investigadora. Entre los artistas de la emisora había nombres como Ary Barroso, Inezita Barroso, Dorival Caymmi, Elizete Cardoso, Ataulfo Alves, Jacob do Bandolim y Aracy de Almeida. “Fue entonces cuando el marketing del canal pasó a ser el de ‘la cadena verde y amarilla’. De cualquier modo, la emisora también fue responsable por el inicio del proceso de ‘internacionalización’. Varios artistas extranjeros se presentaron aquí, como Louis Armstrong, Nat King Cole y muchos otros. Pero no se puede afirmar que la presencia de éstos caracterizaba un extranjerismo”, explica Rita de Cássia. ¿La Record habría sido una emisora visionaria? Para la profesora  no es posible afirmarlo. “Lo que se sabe es que, sin el videotape, era más fácil y económico registrar los shows que producir novelas”, explica.

El rock empezaba a aparecer y expresiones como teenager surgían en comentarios televisivos y publicaciones de periódicos. “Aún  no es conclusivo, pero es posible que esas referencias hayan sido importantes en la construcción de las grillas de programación dirigidas al público joven”, evalúa la autora. A finales de los años 1950, las emisoras de televisión de São Paulo presentaban cuadros musicales aún más heterogéneos: operetas, fados, boleros, samba, rock y música romántica, pues había públicos para todos los gustos. La década de 1950, durante el llamado interregno (el lapso entre dos tipos de gobiernos, el democrático, luego del fin del Estado Novo, y el golpe militar), tiene una singular importancia en la visión de la investigadora. “Fueron años signados por un reflujo del Estado en la cultura nacional. Las emisoras de televisión operan como concesiones públicas, pero los que asumen el mando son grupos privados, con lo cual las programaciones quedan libres de interferencia institucional. Lo propio sucedía en los periódicos”, afirma. La televisión crecía rápidamente. En 1958, el país tenía 344 mil televisores, y se estima que había un millón y medio de telespectadores. Y por eso había muchos programas culturales, y empezaron a surgir los anunciantes. Rita de Cássia recuerda que Maysa, cantante, compositora y actriz, por ejemplo, tuvo un programa llamado Espetáculos Piraquê. Pero hubo otros, dice la profesora, en los mismos moldes de negociación. “Antarctica no mundo do som era patrocinado por la marca de bebidas homónima y reunía a una orquestra enorme, con maestros importantes”, recuerda.

A medida que el final de la década se acercaba, el género llamado samba canción, en las voces de Ângela Maria, Cauby Peixoto, Dalva de Oliveira y Maysa, entre tantos otros, empezaba a dividir el repertorio con la música joven: el iê-iê-iê, de Roberto Carlos, y el rock americano de Elvis Presley. En 1960, la cadena Excelsior, del empresario Mario Wallace Simonsen, salió al aire para competir también con musicales. En el Teatro Cultura Artística, centro de São Paulo, alquilado por la emisora, se organizaron atracciones como Brasil 60, con Bibi Ferreira. El programa recibía a cantores y compositores como João Gilberto, Roberto Carlos, Elis Regina y Dercy Gonçalves. Por otro lado, la TV Paulista producía Bom Tom, presentado nada más ni nada menos que por Tom Jobim. “Empiezan a surgir entonces nuevos programas, con una nueva y gran variedad de estilos. Está la jovem guarda, la bossa nova, el rock. Es un momento rico de la producción musical”, dice Rita de Cássia.

Política
En 1964 el golpe militar cambió radicalmente los rumbos del país e interfirió en ese desarrollo. Pero la nueva situación política, enfatiza la investigadora,  no afectó de inmediato a la programación de las emisoras de TV. En São Paulo, un nuevo tipo de música brasileña empezaba a dominar las reuniones universitarias y los bares y teatros, un sonido contestatario, muy distinto de la bossa nova, que vivía sus tiempos de gloria. Con la mira en esta tendencia, Excelsior organizó en 1965 el primer festival de música que consagró a la cantora Elis Regina. Al año siguiente, Excelsior y Record compitieron en la audiencia por los festivales, llevando a Edu Lobo, Chico Buarque, Nara Leão, Geraldo Vandré, Gilberto Gil y los Mutantes, nombres y bandas hasta ese entonces no tan conocidos. Con el éxito de estos programas, las emisoras invirtieron aún más en programas de valoración de la música brasileña.

Y nuevas emisoras de televisión surgieron en São Paulo: Bandeirantes, en 1967, y Cultura, dos años más tarde, cuando ya tenían alcance casi nacional: la excepción era el estado de Amazonas, que pasó a tener transmisiones a partir de 1970. “Hay estudios que apuntan que los militares fueron los responsables de la divulgación nacional. Era una cuestión política”, afirma Rita de Cássia. Pese a que por un lado la idea era llevar el sentimiento nacionalista a todos los estados, por otro, esto llevó a que los géneros musicales llegasen a todos los rincones del país. ¿Cuál habrá sido el impacto de esto? Rita de Cássia no tiene todavía todas las respuestas. La autora recuerda que la represión del régimen militar, que empezó con el AI-5, llevó a varios artistas a dejar el país y dio inicio a un proceso de censura y control. “Mi investigación va hasta 1969. Lo que realmente me interesa es precisamente ese período que va entre los dos gobiernos, como así también los efectos del golpe y del AI-5 sobre las programaciones musicales”. Para llevar a cabo este estudio antropológico sobre la música erudita y popular difundida en las emisoras de televisión de São Paulo, Rita de Cássia cuenta con las fuentes vivas: la gente que ayudó a cimentar los albores de la televisión paulistana.

El proyecto
Músicas y músicos en la televisión de São Paulo (1954-1969): trabajo e identidad. (nº 2008/55025-0); Modalidad Ayuda Regular a Proyecto de Investigación; Coordinadora Rita de Cássia Morelli – Unicamp; Inversión R$ 40.957,00

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