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CONDUCTA

Las caricias de los bebés humanos y de otros primates

Anup Shah / Getty ImagesUna cría de dos meses explora el rostro de una hembra chimpancé en TanzaniaAnup Shah / Getty Images

Para los bebés humanos y los de chimpancés, el hábito de tocar la cara u otras partes de la cabeza de los adultos de su especie tiene funciones similares: sirve como una forma de crear relaciones afectivas con individuos de mayor edad, jugar o pedir comida. “Este contacto es capaz de comunicar emociones, tranquilizar, fortalecer lazos y regular las relaciones sociales de un grupo en distintas especies de primates e incluso en otros mamíferos”, determinó la psicóloga Beatriz Felício, de la Universidad de São Paulo (USP). Junto con Kim Bard, de la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, examinaron durante 36 horas a 8 bebés de familias urbanas del Reino Unido, 10 de comunidades campesinas de Camerún y 12 de República Centroafricana. También prestaron atención a cuatro crías de chimpancés de un zoológico del Reino Unido, tres de un refugio de animales en Japón y 12 de una reserva ambiental africana en Tanzania. Registraron 222 momentos de contactos faciales y 47 en otras partes de la cabeza. Los bebés de ambas especies tocaban más los rostros de mujeres o de chimpancés hembras que los de varones o chimpancés machos. Los bebés humanos recurrían al tacto con la misma frecuencia en los juegos y a la hora de compartir la comida. Los chimpancés de Tanzania y del Reino Unido tocaron más el rostro de los adultos para jugar que los de Japón. “Esta conducta ya se había detectado en los monos capuchinos durante sus primeros años de vida”, comenta Felício (Animal Cognition, febrero).

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