Entre 2001 y 2023, las emisiones de carbono generadas por incendios forestales registraron un incremento de un 60 % en todo el planeta. El fuego que consumió bosques extratropicales, situados fuera de los trópicos en zonas de clima templado y boreal, como en el caso de los bosques de coníferas de Canadá, tuvo mayor impacto sobre el aumento de las emisiones que las quemas registradas en los bosques tropicales. Esta conclusión surge de un estudio publicado en octubre en la revista Science, realizado por un grupo de científicos brasileños, europeos y estadounidenses. La combustión de la vegetación es uno de los procesos que liberan a la atmósfera gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO2), que agravan el calentamiento global, el motor de los cambios climáticos.
El equipo de investigadores analizó y agrupó los bosques del planeta en 12 áreas denominadas piromas, término que surge de la fusión de las palabras fuego ‒pyros, en griego‒ y bioma. Los investigadores buscaban entender de qué manera responden los incendios forestales de estas regiones a las presiones ambientales, climáticas y de ocupación humana. Con una cobertura que abarca desde las áreas de taiga (bosques de coníferas) cercanas al Ártico hasta los pinares del sur de Australia, los piromas incluyen todas las grandes zonas boscosas del planeta, no solo las tropicales, como la Amazonia.
Según el estudio, el incremento general de las emisiones procedentes de la quema de biomasa en áreas forestales fue producto de los cambios en la extensión de los incendios, que abarcan territorios cada vez mayores. También tuvo un peso significativo el aumento de la severidad de los mismos. En 2023, las emisiones de carbono por unidad de superficie quemada fueron un 50 % superiores a las de 2001.
Los investigadores se sorprendieron al constatar un aumento significativo de las emisiones de CO2 procedentes de los incendios forestales en bosques boreales de Eurasia y América del Norte. El volumen de carbono liberado a la atmósfera casi se triplicó en estas regiones entre 2001 y 2023.
“En realidad, esperábamos un aumento, sobre todo porque estas áreas vienen soportando cada vez más olas de calor y condiciones de sequía, pero no de esta magnitud”, dice la geógrafa y científica ambiental brasileña Thais Rosan, quien realiza un posdoctorado en la Universidad de Exeter, en el Reino Unido, y es coautora del estudio.
Entre las causas del crecimiento del nivel de incendios en los bosques situados en latitudes más altas, el artículo hace hincapié en la frecuencia de los períodos de tiempo secos como consecuencia del cambio climático, la menor humedad de los suelos y un mayor ritmo de crecimiento de la vegetación. Bajo estas condiciones, las plantas empiezan a producir más biomasa en sus hojas y troncos, proporcionando más material susceptible de quemarse.
El aumento de las emisiones en los bosques boreales no significa que las selvas tropicales se encuentren en una situación cómoda. Aunque en el período analizado las emisiones de carbono por incendios forestales han disminuido en regiones tales como la Amazonia y la cuenca del Congo, en África, el fuego también es un riesgo para la conservación de los bosques de climas cálidos. En las regiones tropicales, según el estudio, los principales factores que impulsaron los incendios son el incremento de la concentración poblacional, la apertura de carreteras y los cambios en el uso de los suelos para la implementación de nuevas áreas agrícolas, aparte, por supuesto, de los cambios climáticos. Hay que tener en cuenta que el estudio no incluye datos de este año, en el que los incendios forestales recrudecieron en biomas sudamericanos como la Amazonia, por ejemplo, y el Pantanal.
Para arribar a los resultados divulgados en el nuevo artículo, el equipo de investigadores recurrió en primer lugar a un algoritmo a los efectos de analizar los datos recabados vía teledetección de 414 ecorregiones forestales del planeta. “Dentro de estas ecorregiones, hemos considerado una serie de variables, tales como la densidad de carreteras y poblacional, la superficie quemada y datos del clima”, explica otro coautor del artículo, el experto en teledetección Guilherme Mataveli, quien realiza un posdoctorado con una beca concedida por la FAPESP, en el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe).
El paso siguiente consistió en el uso de una herramienta de inteligencia artificial para detectar patrones en las variables y así poder agrupar las ecorregiones con características análogas y un régimen de incendios similar. De esta forma, el equipo pudo establecer los 12 piromas, relata Mataveli, quien trabajó en la investigación durante su estancia en la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido. Allí, trabajó con el científico del clima Matthew Jones, quien dirigió el estudio.
“Esta investigación es importante porque es mucho lo que se habla de las emisiones producto del desmonte, pero poco de las que son resultado de los incendios forestales”, dice Celso H. L. Silva-Junior, especialista en el ciclo del carbono del Instituto de Investigaciones Ambientales de la Amazonia (Ipam), quien no participó en el estudio. “No pensábamos que los bosques extratropicales contribuyeran de manera semejante a las emisiones de gases de efecto invernadero. Estos nuevos resultados son realmente una sorpresa mayúscula”.
Para Silva-Junior, estos hallazgos añaden más evidencias a lo que la ciencia ha venido advirtiendo desde hace décadas: los cambios climáticos provocados por las actividades humanas están haciendo que los bosques sean cada vez más vulnerables a los incendios. Un problema lo alimenta y el otro lo retroalimenta. El cambio climático propicia los incendios forestales y las emisiones procedentes de la quema de la vegetación acentúan el calentamiento global. “La inmensa reserva de carbono almacenada en la biomasa de los bosques se libera en la atmósfera cuando un área arde. Como el sistema terrestre está interconectado, esto puede convertirse en una bola de nieve”, advierte el investigador del Ipam.
Este artículo salió publicado con el título “Más leña al calentamiento global” en la edición impresa n° 345 de noviembre de 2024.
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