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Filosofía

Las pensadoras ocultas

Iniciativas que se llevan adelante en Brasil y en el exterior apuntan a recuperar obras de filósofas e investigar la subrepresentación femenina en esa área del conocimiento

Veridiana Scarpelli

La presencia de las mujeres en la historia de la filosofía es tan remota como la propia historia de la filosofía: hay registros de pensadoras desde la Grecia antigua. “Edith Stein [1891-1942], Hannah Arendt [1906-1975] y Simone de Beauvoir [1908-1986], las célebres representantes del siglo XX, no surgieron de la nada: ellas están sobre los hombros de gigantes femeninas que vinieron antes que ellas”, afirma Ruth Hagengruber, directora del Centro de Historia de las Mujeres Filósofas y Científicas de la Universidad de Paderborn, en Alemania, referente mundial en el tema. “Al crear este centro, en 2006, nuestro objetivo era renovar el discurso académico sobre la larga historia de las mujeres filósofas.”

En Brasil, el tema ha venido cobrando fuerza en los últimos años. Sucesivas conferencias académicas han dado frutos como el blog Mulheres na Filosofia y la Red Brasileña de Mujeres en la Filosofía, que surgieron en el II Encuentro Voces: Mujeres en la Filosofía, realizado en la Universidad de Campinas (Unicamp) en 2018, tras la primera edición realizada en la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS) en 2017. “La propuesta consiste en intensificar la conversación entre alumnas, investigadoras y docentes de todas las regiones del país y crear espacios para un debate amplio que cuestione las razones del silenciamiento de las filósofas del canon y de la absurda desigualdad de género en el área de la filosofía”, informa una de las coordinadoras del proyecto, Yara Frateschi, docente del Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de  la Unicamp (IFCH-Unicamp).

Frateschi tiene como aliadas en la Red a docentes e investigadoras de varias universidades brasileñas, que forman el grupo empeñado en crear el blog Mulheres na Filosofia, que integrará el portal de blogs científicos de la Unicamp a partir del mes de septiembre. La investigadora prevé un espacio virtual de contactos que permita producir y mantener actualizado un mapa de género, es decir, de la participación femenina en la enseñanza de la filosofía. Otra pestaña del blog reunirá –a ejemplo de la enciclopedia online mantenida por la Universidad de Paderborn– entradas sobre mujeres filósofas brasileñas y extranjeras y también de las diversas corrientes del feminismo. Estarán además vinculados al blog canales de pódcast y de videos en YouTube.

El intercambio de información y experiencias alcanzó un momento importante durante el mes de junio, cuando Frateschi, Hagengruber y otros 30 investigadores, aproximadamente, se reunieron en la I Conferencia Internacional Mujeres en la Filosofía Moderna, en la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj), organizada por Katarina Peixoto, investigadora de la institución, y Pedro Pricladnitzk, de la Universidad del Estado de Maringá (UEM), quien estudia la obra de la científica y filósofa inglesa Margaret Cavendish (1623-1673).

En la conferencia se puso de manifiesto la multiplicidad de iniciativas y corrientes de investigación sobre el tema existentes en Brasil y en distintas partes del mundo. Uno de los puntos frecuentes de investigación es el origen de la borradura de la presencia femenina en los libros de historia de la filosofía. “Existen muchas mujeres que han producido filosofía, conversando entre sí y con filósofos varones”, subraya Frateschi. “Algunas son recordadas nominalmente en la literatura, como Elizabeth de Bohemia [1596-1662], importante interlocutora de René Descartes [1596-1650], pero no son leídas ni consideradas filósofas. La primera pregunta es: ¿por qué no entraron al canon, que necesita ser repensado?” Una de las pistas apunta a recuperar el ambiente de producción intelectual de un área muy restringida como es la filosofía, lo cual contribuyó para que la participación femenina se haya dado fuera de los espacios de saber tradicionalmente reconocidos.

En parte, la actuación al margen del canon en el transcurso de los siglos reflejó el menor acceso de las mujeres a la educación formal y a las discusiones intelectuales. No es casual que los nombres más conocidos, como Elizabeth da Bohemia, Sophie Charlotte (1678-1749), Anne Conway (1631-1679) y Émilie du Châtelet (1706-1749), pertenecieran a la nobleza europea ilustrada. Ellas dialogaban con filósofos y científicos de su tiempo por medio de cartas, uno de los pocos formatos de escritura consentidos a las mujeres en ese período, tal como recuerda Tessa Moura Lacerda, docente de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP). “Era una costumbre que las cartas escritas por reinas, princesas y mujeres nobles fueran quemadas tras su muerte, para que pasara a la historia solamente lo que relataban lo varones”, enfatiza Moura Lacerda, al mencionar uno de los motivos que dificultan el justo reconocimiento de la contribución teórica de esas mujeres. Conway y Du Châtelet escribieron tratados, pero aun así su aporte fue minimizado por la historia oficial.

La participación por medios poco comunes en el canon de las obras filosóficas, como es el caso de las cartas, llama la atención hacia necesidad de adopción de criterios y métodos de investigación más amplios que los tradicionales. “Las cartas constituyen un material crudo e inmerso en el contexto histórico”, aclara Katarina Peixoto, quien, al preparar una propuesta de trabajo para un taller en Paderborn, identificó en la correspondencia entre Elizabeth de Bohemia y Descartes y en estudios escritos por mujeres sobre ese diálogo un rol fundamental de la pensadora en la elaboración del Tratado de las pasiones del alma, la última obra publicada por el filósofo, en 1649.

La situación actual refuerza el riesgo de creación de estereotipos, afirma Yara Frateschi

Frateschi –quien dicta cursos sobre filósofas contemporáneas como Arendt, Seyla Benhabib y, más recientemente, Angela Davis y Bell Hooks– señala la importancia de adoptar la “interseccionalidad” para hacer una revisión contemporánea del canon, mencionando la inclusión, por ejemplo, de la filósofa estadounidense Angela Davis, docente de la Universidad de California, cuya trayectoria está signada por estudios sociales sobre la situación de la mujer y del racismo, además de una militancia directa en causas de emancipación. “En Brasil todavía no reconocemos a Davis como un filósofa digna de ser estudiada y leída en las carreras de grado, y es bastante probable que esto se deba no solo al hecho de que es mujer, sino de que se trata de una mujer negra”, enfatiza Frateschi.

De este modo, están en el radar de los estudios brasileños sobre las mujeres en la filosofía nombres como los de la escritora Clarice Lispector (1920-1977), la crítica de arte Gilda de Mello e Souza (1919-2005), la educadora feminista Nísia Floresta (1810-1885) y la pionera novelista negra Maria Firmina dos Reis (1822-1917). “Hay un insalvable elemento etnográfico en la búsqueda de una filosofía de mujeres en Brasil, un trabajo no estrictamente analítico”, asevera Peixoto. “Por otro lado, sin la práctica específica de la filosofía, es decir, sin la capacidad de reconocer el aporte de esas pensadoras a esa área del conocimiento, la identificación del legado de mujeres intelectuales en nuestra historia se vuelve irrelevante o folclórico.”

En esa tarea, Frateschi le asigna un peso específico a la discusión de género y raza, que es, según ella, “un aporte del cual ya no se puede prescindir”. Para la investigadora, la presencia femenina escasa en la filosofía “exige datos empíricos, pero hay una dimensión propiamente filosófica, el modo a través del cual las pensadoras abordan su situación social”. Peixoto subraya que “las mujeres no pasaron sencillamente a reivindicar su presencia o a introducir la lucha feminista en la filosofía”. “Lo que sucede es que filósofas calificadas han decidido recuperar la verdad fáctica y las feministas, a discutir filosóficamente”. La investigadora esboza, de ese modo, lo que caracteriza como dos vertientes contemporáneas en la discusión sobre la filosofía de las mujeres. Una más dedicada a la recuperación histórica y otra tributaria de la teoría crítica, tal como se conoce a la producción intelectual originaria de la Escuela de Fráncfort, iniciada en la década de 1930.

Los obstáculos en la formación
Pero la cuestión que moviliza más urgentemente a los estudios sobre la presencia femenina en la filosofía se refiere al conjunto de trabas que puede resumirse en la siguiente pregunta: ¿por qué tan pocas mujeres ingresan a las carreras de filosofía y, sobre todo, por qué tan raramente prosiguen en el posgrado y se convierten en docentes universitarias?  Este tema fue abordado en los estudios de la investigadora Carolina Araújo, del Instituto de Filosofía y Ciencias Sociales de la Universidad Federal de Río de Janeiro (IFCS-UFRJ), dados a conocer parcialmente en 2016, con datos del año anterior.

Por primera vez se habían analizado estadísticamente las cifras oficiales sobre la presencia femenina en todas las 58 carreras de posgrado en filosofía de Brasil, revelando, para aquel año, una participación del 27% entre los estudiantes y el 21% entre los docentes. “Como la trayectorias profesionales en la filosofía son prominentemente académicas, estos números retratan los estándares de éxito profesional en el área e indican que las mujeres tenían 2,5 menos oportunidades de llegar al cargo de más alto que sus colegas varones”, explica Araújo. Una evidencia de este fenómeno indica que actualmente, en el Departamento de Filosofía de la FFLCH-USP, la plantilla docente en actividad está compuesta de 33 varones y 2 mujeres.

La investigadora amplió su estudio con el análisis de la serie histórica entre 2004 y 2017. Los resultados se publicaron este año y detectan un aumento de ingresantes a la carrera de grado, del 34,10% al 39,12%, con un promedio de conclusión del 36,44% durante el período. No obstante, para considerar el ciclo de formación completo, con maestría, doctorado y profesorado, Araújo comparó las trayectorias imaginarias de dos alumnos, uno de cada sexo, y arribó a la conclusión de que, para la generación que ingresó a la carrera de grado en filosofía en 2005, cada varón tuvo el doble de la oportunidades que cada mujer de llegar a la cima de la trayectoria profesional. En palabras de Frateschi, “en un área mayoritariamente masculina y en una cultura todavía muy machista”, es visible en el aula que las alumnas tienen más dificultades para hablar en público y articular ideas con seguridad.

Para Araújo, falta entender en detalles las razones que indiquen por qué las mujeres son una minoría entre los postulantes y los alumnos de grado en filosofía y por qué el camino se estrecha rumbo a la profesionalización. Ella propone que el monitoreo constante de los datos relacionados con el tema se tome como una “tarea de la comunidad filosófica en general” y que cada unidad de enseñanza busque las propias explicaciones de ese desequilibrio. La actual situación “no es buena para nadie”, sostiene Frateschi.  “Cuando la mayoría de las personas que produce teorías está compuesta por varones, refiriéndose a una literatura mayoritariamente masculina y forjando hipótesis que también serán puestas a prueba por hombres, existe un riesgo tremendo de reforzar estereotipos y construir un conocimiento parcial”, culmina.

Artículo científico
Araújo, C. Quatorze anos de desigualdade: Mulheres na carreira acadêmica de filosofia no Brasil entre 2004 e 2017. Cadernos de Filosofia Alemã. v. 24, n. 1, p. 13-23. ene.-jun. 2019.

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