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Las soluciones basadas en la naturaleza pueden inspirar medidas de adaptación a los cambios del clima

Una guía brasileña que se presentó durante la COP29 pone de relieve intervenciones tendientes a incrementar la resiliencia de las ciudades costeras

En la bahía de Sídney (Australia), un muro vivo com paneles que imitan el relieve de las costas rocosas estimula la proliferación de especies marinas

Alex Goad / Living Seawalls

Cualquiera que pasee por la reserva Sawmillers, al norte de la bahía de Sídney, en Australia, podrá observar un mosaico compuesto por diversos módulos redondeados de hormigón yuxtapuestos e instalados en los muros artificiales levantados para separar la tierra firme del mar. La forma de cada panel se asemeja a la de una galleta gigante, de alrededor de medio metro de alto y largo y poco más de diez centímetros de grosor. Dichos módulos presentan cinco tipos de relieve en sus caras que miran al agua. Pueden tener agujeros, huecos y ranuras de distintos tamaños. El mosaico de paneles, comúnmente denominado muro vivo, pretende imitar la textura compleja de las costas rocosas naturales, en contraste con las líneas rectas y lisas de los malecones artificiales construidos a orillas del mar.

Estudios realizados en esta zona de Sídney apuntan un aumento de más de un tercio en la cantidad de especies marinas, tales como algas, crustáceos y otros invertebrados, en los lugares donde se instalaron muros vivos en comparación con otros sitios que cuentan con muros artificiales convencionales. Según un artículo publicado en 2022 en la revista Philosophical Transactions of the Royal Society, tras un seguimiento de dos años, se observó una mayor proliferación de especies cerca de los paneles con relieve, cuyos orificios y texturas favorecen la formación de pozas de marea, donde las temperaturas eran más apacibles.

Los muros vivos constituyen una de las intervenciones propuestas por la ecoingeniería, que abarca las soluciones basadas en la naturaleza (SbN), es decir, un conjunto de innovaciones, obras o estrategias que pueden aumentar la capacidad adaptativa y la resiliencia de las áreas urbanizadas frente a los riesgos asociados al cambio climático, además de promover, en la mayoría de los casos, beneficios sociales, ambientales o económicos. Durante el desarrollo de la 29ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP29), celebrada entre el 11 y el 22 de noviembre en Bakú, la capital de Azerbaiyán, el biólogo Ronaldo Christofoletti, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), presentó una guía tecnocientífica con SbN que pueden aplicarse en Brasil.

En el documento, intitulado “Ciudades Azules”, se menciona a la ecoingeniería marina como una de las medidas recomendadas para los ambientes costeros, junto con otras dos: la restauración y protección de los hábitats naturales, tales como dunas, manglares y arrecifes de coral, y el realineamiento costero, una técnica que se emplea para redefinir la línea de la costa, normalmente mediante un retroceso planificado, para controlar la erosión y las inundaciones. La guía también destaca otras ocho SbN que pueden implementarse tanto en ciudades costeras como mediterráneas. Este trabajo fue elaborado por la Alianza Brasileña para la Cultura Oceánica, coordinada por la Unifesp, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI) de Brasil y la Unesco, en colaboración con la fundación Grupo Boticário.

Con financiación de la FAPESP, Christofoletti y el ingeniero de materiales Rafael Pileggi, de la Universidad de São Paulo (USP), pondrá a prueba el impacto de los muros vivos creados en Australia en las costas paulistas en el marco de un proyecto conjunto con investigadores de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), de Sídney. Ahora están ultimando los detalles de un convenio con la Autoridad Portuaria de Santos y la alcaldía de esta ciudad para concretar la puesta en marcha de un plan de trabajo a principios de 2025. “Empezaremos a realizar pruebas concretas en el mayor puerto de América Latina y, por consiguiente, en la zona de Santos, cuyas costas están extremadamente endurecidas”, explica Christofoletti.

El endurecimiento costero es como los investigadores denominan al proceso de sustitución del paisaje natural del litoral marítimo por infraestructuras construidas, tales como embarcaderos deportivos, diques, puertos, pilotes y murallones. Estas intervenciones de la llamada ingeniería gris van en detrimento de la complejidad y la riqueza del hábitat marino, al reemplazar ambientes complejos por superficies más lisas y homogéneas.

El biólogo es uno de los autores de un artículo publicado en junio de 2024 en la revista Anthropocene Coasts, en el cual se evaluó la extensión de las estructuras artificiales en las costas paulistas y la ocupación en terrenos de escasa altura, de hasta 5 metros sobre el nivel del mar. Mediante imágenes aéreas, pudo comprobarse que la parte central del estado, principalmente en Santos, Guarujá y São Vicente, es la más afectada por el proceso de urbanización, seguida del litoral norte y, por último, el sur. “Cuanto menor es el endurecimiento, más resiliente es la ciudad a los cambios climáticos”, dice Christofoletti.

Los huecos y recovecos en los muros vivos funcionan como refugios para las especies marinas que viven cerca de la costa, con un clima más benigno. “En estos compartimentos donde se acumula el agua, se forman microhábitats con temperaturas hasta 10 grados Celsius [ºC] más bajas que las registradas en los paredones que carecen de estas soluciones de ecoingeniería”, explica la bióloga brasileña Mariana Mayer-Pinto, de la UNSW de Sídney, una de las líderes del proyecto australiano. “En el contexto actual de cambios climáticos, esto significa que las especies pueden protegerse mejor en los paredones vivos en situaciones de calor extremo”.

Otro punto positivo indica que la implementación de estos paneles con relieve puede adaptarse a un objetivo específico, como permitir la proliferación de plantas marinas que capturan carbono y ayudan a regular el clima. Los paredones vivos, cuya vida útil prevista es de 20 años, comenzaron a ser instalados en Sídney en 2018 y hoy en día ya son una realidad en 11 localidades costeras de Australia, como así también en Singapur y Gales.

Giuliano LocosselliSensores en los árboles del Parque Ibirapuera para medir la absorción de dióxido de carbono que efectúa la vegetaciónGiuliano Locosselli

En la terminología del cambio climático, la resiliencia es la capacidad de un sistema para recuperarse y seguir funcionando luego de una catástrofe o una perturbación. Uno de los caminos con miras a aumentar la resiliencia consiste en implementar medidas de adaptación tendientes a disminuir los impactos del cambio climático. Un artículo de revisión publicado en octubre de 2024 en la revista Science of the Total Environment por investigadores de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj), la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y organizaciones independientes sugiere que las SbN pueden duplicar la resiliencia de las ciudades.

“Pero antes de implementar una SbN hay que tener en cuenta los escenarios climáticos previstos para el futuro por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático [IPCC]”, comenta la oceanógrafa Aline Martinez, una de las coordinadoras de la guía tecnocientífica, quien realiza un posdoctorado en la Unifesp. “Ya lo advierte la nueva Ley nº 14.904, de junio de 2024, que estipula directrices para los planes de adaptación de las ciudades a los cambios climáticos”. Esto significa, por ejemplo, que a la hora de planificar un proyecto de intervención urbana hay que tener en cuenta el aumento del nivel del mar y de la temperatura media de la atmósfera terrestre.

Para la inclusión de las SbN en los planes municipales, primero deben existir estos instrumentos. Según datos de 2023 de la Encuesta de Información Básica de los Municipios del Instituto Brasileño de Geografía y estadística (IBGE), tan solo 370 de los 5.570 municipios brasileños cuentan con una legislación o planes específicos de mitigación o adaptación a los cambios climáticos. La plataforma AdaptaBrasil, del MCTI, señala que unos 3.600 municipios tienen baja o muy baja capacidad de adaptación frente a catástrofes geohidrológicas, tales como aluviones, inundaciones, anegamientos y deslaves.

“La adaptación se produce esencialmente en el territorio local”, dice el agrónomo Jean Ometto, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), miembro del equipo de AdaptaBrasil. Según el investigador, el mapeo de los riesgos y vulnerabilidades de una localidad no es algo trivial y este tipo de preocupación se ha incorporado recientemente en la gestión pública del país, tras la creación, en 2009, de la Política Nacional de Cambio Climático [PNMC].

“Un plan de adaptación debe priorizar dos grandes ejes. El primero consiste en reducir las vulnerabilidades para grupos específicos de la sociedad: mujeres, niños, personas negras y ancianos”, dice Ana Toni, secretaria nacional de Cambios Climáticos del Ministerio de Medio Ambiente y Cambios Climáticos (MMA). “El segundo se refiere a los preparativos para un mundo cada vez más caluroso. En este punto, las SbN son de vital importancia”. Según el MMA, en los próximos meses se procederá al lanzamiento del plan Adapta Ciudades, que durante 2025 proporcionará asistencia a más de 240 municipios para diseñar sus planes de adaptación.

“Hacen falta planes de adaptación en las localidades pequeñas y con menos recursos y, en forma complementaria, deben proyectarse SbN para las ciudades más vulnerables a la emergencia climática, como los municipios costeros”, expone la arquitecta y urbanista Deize Sanches, quien realiza un posdoctorado en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad de São Paulo (FAU-USP).

“La agenda de adaptación en Brasil está muy atrasada”, analiza la ingeniera civil Denise Duarte, también de la FAU-USP. “Tanto en términos de desarrollo científico como de implementación de ideas y soluciones”.

Duarte estudia el tema del confort térmico y ambiental, con foco en la adaptación al calor. “Nada sustituye a un árbol plantado en el suelo”, dice la ingeniera. “Cualquier iniciativa de restauración y gestión de áreas verdes existentes, o incluso la creación de otras nuevas, es bienvenida”. La investigadora participa en el proyecto europeo Conexus, que desde 2020 acerca a municipios latinoamericanos y europeos para promover la implementación y el estudio de SbN. La representante brasileña en la iniciativa es la ciudad de São Paulo.

Uno de estos trabajos se ha llevado a cabo con éxito en dos grandes áreas verdes de la capital paulista: el Parque Ibirapuera y el Parque Estadual Fontes do Ipiranga, más conocido como Parque del Estado. “Hemos instalado sensores en árboles para medir cuánto dióxido de carbono [el principal de los gases de efecto invernadero] absorben estos parques, y en qué medida logran enfriar la atmósfera”, explica el biólogo Giuliano Locosselli, del Centro de Energía Nuclear en la Agricultura (Cena) de la USP, uno de los miembros de la iniciativa. El monitoreo aún no ha finalizado, pero la idea es utilizar los datos recabados para el diseño de políticas públicas con la mira puesta en la implementación de bosques funcionales para la ciudad. Se trataría de espacios optimizados que podrían prestar más servicios ecosistémicos en función de las necesidades locales, tales como, por ejemplo, la captura de carbono y el enfriamiento de las temperaturas.

A pesar de todos los esfuerzos para el avance de las investigaciones y el desarrollo de soluciones, una cosa es cierta: el tiempo para que las ciudades adopten SbN es cada vez menor. Según el último informe del IPCC, a medida que el clima se va caldeando, la efectividad de algunas soluciones puede disminuir. Por ello, el IPCC recomienda que las medidas de adaptación implementadas ahora también incluyan una planificación a largo plazo. Para incrementar las posibilidades de éxito de las SbN, los expertos dejan dos recomendaciones: tener en cuenta desde un principio las necesidades de las comunidades locales e implementar un sistema de evaluación para constatar hasta qué punto la solución basada en la naturaleza dio resultado o no.

Alex RamosParque Orla Piratininga Alfredo Sirkis, en Niterói, con áreas inundadas para filtrar las aguas que alimentan la lagunaAlex Ramos

Escasez de proyectos en el sur global
Las intervenciones urbanas inspiradas en soluciones basadas en la naturaleza se concentran en su mayoría en Europa

El panorama mundial de soluciones basadas en la naturaleza (SbN) presenta un sesgo: el conocimiento generado a partir de las investigaciones y experiencias se concentra en el norte global. Un artículo firmado por investigadores españoles publicado en enero de 2023 en la revista Nature Sustainability registra 216 intervenciones de este tipo en 130 ciudades de 55 países y constató que el 63 % de los proyectos se desarrolla en Europa. El continente americano acapara el 13 % de las intervenciones, que se concentran en Latinoamérica y el Caribe. África alberga el mismo porcentaje de proyectos que América, y le siguen Asia (con un 7 %) y Oceanía (con un 2 %).

Un informe más detallado divulgado en 2013 por el Banco Europeo de Inversiones y la Comisión Europea identificaba una cifra aún mayor de iniciativas de SbN en el continente: 1.300 proyectos. Las soluciones tratan de mitigar problemas relacionados con los deslaves, crecidas, exceso de precipitaciones, olas de calor, sequías y peligros costeros.

En Brasil, un registro del Observatorio de Innovación para Ciudades Sostenibles (Oics), vinculado al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI), apunta un total de 40 soluciones, en su mayoría en el sudeste y el sur del país. Sin embargo, los investigadores indican que la cifra podría estar subestimada.

Una de estas intervenciones es el Parque Orla Piratininga Alfredo Sirkis, en Niterói, en el Área Metropolitana de Río de Janeiro, inaugurado en septiembre de 2024. El emprendimiento, un proyecto de la alcaldía local, abarca una superficie de 680.000 metros cuadrados y demandó una inversión de 100 millones de reales. A lo largo de sus 10,6 kilómetros de extensión, el parque utiliza una conjunción de SbN que incluye humedales construidos para filtrar las aguas que alimentan la laguna de Piratininga. En noviembre, el proyecto fue clasificado como uno de los tres mejores en la categoría Energía y Medio Ambiente por el concurso anual español World Smart City Awards.

Otras SbN mapeadas por el Oics han sido implementadas en Buenos Aires (Argentina), Medellín y Bogotá (Colombia). El jardín vertical del edificio residencial Santalaia, en esta última ciudad, es uno de estos proyectos. Dicha intervención promueve el cultivo de especies vegetales, usualmente enredaderas, en paredes, muros o fachadas de edificios para aumentar el confort térmico y la humedad, y retener el agua de lluvia. En Buenos Aires, sobresale la Reserva Ecológica Costanera Sur, situada en el barrio de Puerto Madero. Con 350 hectáreas, ese espacio reúne la mayor biodiversidad de la urbe, regula el clima y circunscribe las aguas pluviales.

Este artículo se redactó como parte del trabajo en el marco de Climate Change Media Partnership 2024, una beca de periodismo organizada por Earth Journalism Network, de Internews y el Stanley Center for Peace and Security.

Este artículo salió publicado con el título “Intervención sin agredir” en la edición impresa n° 346 de diciembre de 2024.

Proyectos
1.
La ecoingeniería marina como solución para robustecer la resiliencia ecológica urbana en la costa de São Paulo (nº 24/02700-4); ModalidadAyuda de Investigación ‒ Regular; Programa Sprint; Convenio University of New South Wales (UNSW); Investigador responsable Ronaldo Christofoletti (Unifesp); Inversión R$ 94.196,20.
2. La resiliencia y la adaptación al cambio del clima en las ciudades. La hora de actuar mediante soluciones basadas en la naturaleza (nº 22/08401-3); ModalidadAyuda de Investigación ‒ Regular; Programa FAPESP de Investigaciones sobre Cambios Climáticos Globales (PFPMCG); Convenio Fundación Nacional de Ciencias Naturales de China (NSFC); Investigadora responsable Denise Duarte (USP); Inversión R$ 388.254,44.

Artículos científicos
PRADO, H.A. et alDesigning nature to be a solution for climate change in cities: A meta-analysis – ScienceDirectScience of the Total Environment. 8 oct. 2024.
PARDAL, A. et al. Urbanisation on the coastline of the most populous and developed state of Brazil: the extent of coastal hardening and occupations in low-elevation zones. Anthropocene Coasts. 26 jun. 2024.
GOODWIN. S. et alGlobal mapping of urban nature-based solutions for climate change adaptationNature Sustainability. 30 ene. 2023.
BISHOP, M.J. et alComplexity–biodiversity relationships on marine urban structures: reintroducing habitat heterogeneity through eco-engineeringPhilosophical Transactions of the Royal Society B. 27 jun. 2022.

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