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Entrevista

Lex Bouter: Por una ciencia más responsable

El epidemiólogo neerlandés habla del rumbo de los debates sobre la integridad en la investigación científica y de sus expectativas para la conferencia internacional sobre el tema, en el mes de mayo

Archivo personal Bouter se convirtió en uno de los principales expertos en mala conducta científica y prácticas de investigación cuestionablesArchivo personal

El epidemiólogo neerlandés Lex Bouter es uno de los principales referentes mundiales en integridad de la investigación científica. Desde el año 2013 viene desarrollando estudios dedicados al tema a través de los cuales apunta a analizar el involucramiento de investigadores en casos graves de mala conducta científica y prácticas cuestionables. También ejerce la docencia en el área de las conductas responsables alineadas con los preceptos de la denominada ciencia abierta en los marcos de la colaboración científica, el acceso irrestricto al conocimiento y los datos compartidos ampliamente.

Bouter fue rector de la Universidad Libre de Ámsterdam (VU) entre los años 2006 y 2013, y en 2017 asumió la presidencia de la fundación que organiza la Conferencia Mundial sobre Integridad en la Investigación Científica (WCRI), cuya séptima edición se realizará a finales del próximo mes de mayo en Ciudad del Cabo, Sudáfrica: su tema será la promoción de buenas prácticas de investigación científica en un mundo desigual. Es la primera vez que el continente africano será sede de este encuentro.

Bouter dialogó con Pesquisa FAPESP a comienzos del mes de marzo vía Zoom. Y en la entrevista que se lee a continuación, aborda los debates y las iniciativas recientes sobre integridad en la investigación, cómo estos se han visto afectados por la pandemia y sus expectativas para la próxima WCRI, entre otros temas.

Usted empezó su trayectoria en las áreas de biología médica y epidemiología. ¿En qué momento se decidió a trabajar con la integridad en la investigación?
Fui rector de mi universidad durante siete años e integré durante otros 12 el Comité Central Neerlandés de Investigación con Seres Humanos. Tuve que enfrentar varios casos de mala conducta durante ese tiempo y me di cuenta de que diversas prácticas de investigación cuestionables eran producto de fallas metodológicas, de modo tal que, cuando culminó mi mandato como rector, en 2013, decidí dedicarme más a este campo.

¿Cómo analiza la relevancia que ha adquirido la Conferencia Mundial sobre Integridad en la Investigación?
La WCRI logró congregar a distintos actores del medio académico alrededor del debate sobre la integridad en la investigación. Esto ha sido fundamental para que lográsemos elaborar orientaciones acerca de cómo combatir la mala conducta y fomentar buenas prácticas. Un ejemplo de ello es la Declaración de Singapur, redactada en el año 2010, durante la segunda edición de la WCRI, que se convirtió en una referencia para la redacción de códigos de buenas prácticas en todo el mundo. No se la ideó con ese fin, pero me pone contento que haya servido de baliza para la concreción de otras iniciativas locales.

Los debates sobre sobre la integridad científica han evolucionado durante los últimos años, desplazándose desde la responsabilidad individual de los investigadores hacia el rol de las instituciones en la prevención de nuevos casos y, recientemente, hacia la discusión sobre los sistemas de recompensas en la carrera académica. ¿Hacia dónde irán ahora?
La próxima WCRI ofrecerá una nueva perspectiva sobre la integridad en la investigación científica. Pretendemos debatir de qué manera incorporar los conceptos de igualdad, diversidad e inclusión a las discusiones e iniciativas existentes en este campo. También será una oportunidad para analizar las lecciones de la pandemia. La ciencia ha pasado por un momento de fuerte presión, con muchos artículos sobre el covid-19 publicados en formato de preprint y alteraciones importantes en la revisión por pares. Debemos discutir qué podemos aprender de esas experiencias.

¿La prevalencia de la mala conducta científica se vio afectada por la pandemia?
Esperamos obtener algunas respuestas con respecto a esto en Sudáfrica. La pandemia ha generado mucha presión sobre los investigadores y ha suscitado un gran interés de la gente en la ciencia. Me ha sorprendido la cantidad de artículos en modo preprint revisados públicamente en discusiones en las redes sociales. Ese nivel de escrutinio es bienvenido, siempre y cuando los comentarios sean razonables y constructivos. Muchos científicos fueron objeto de ofensas y amenazas en esas plataformas debido a los estudios que estaban haciendo. Fue un fenómeno nuevo para nosotros.

¿Cómo analiza la propagación de las prepublicaciones o preprints?
Ese formato constituye una excelente idea, pero reviste riesgos que aún deben estudiarse mejor. Las primeras evidencias sugieren que los preprints sobre el covid-19 sufrieron pocas alteraciones en las revisiones finales [léase en Pesquisa FAPESP, edición nº 313]. Los niveles de papers retractados también se mantuvieron estables durante la pandemia, lo que es una buena señal.

Los debates sobre la integridad en la investigación cumplen hoy en día un rol importante en la relación científica entre los países desarrollados y en desarrollo. ¿Cómo fomentarlos?
Procuramos incluir a académicos de países de bajos y medianos ingresos en los debates sobre la integridad en la investigación científica al organizar conferencias fuera de Europa y de América del Norte. El caso de la WCRI realizada en 2015 en Río de Janeiro es un ejemplo de ello. Supe por colegas brasileños que ayudó a impulsar las discusiones e iniciativas sobre integridad en la investigación. Y pretendemos hacer lo propio en África. Sabemos que los gobiernos locales están interesados en promover el tema. Entre nuestros principales auspiciantes para la próxima conferencia se encuentran el Departamento de Ciencia e Innovación y la Fundación Nacional de Investigación Científica de Sudáfrica. Estamos empleando esos recursos para costear la participación de investigadores de países de medianos y bajos ingresos. Queremos que presenten sus trabajos en el evento. También estimulamos la participación de científicos de esos países en el comité consultivo y de planificación de las conferencias. Nuestro objetivo es erigirnos como una organización internacional comprometida con la diversidad.

¿Cómo ubica a Brasil en las discusiones sobre la integridad en la investigación?
Brasil es un país desarrollado en términos científicos, aunque ahora esté pasando por un momento difícil. Por lo que he podido notar, el nivel de concientización de los científicos brasileños con relación a la integridad en la investigación es sustancial y está creciendo. Algunos académicos están desarrollando estudios sobre el tema y se han puesto en marcha diversas iniciativas educativas.

El debate sobre la integridad en la investigación se ha centrado en el pasado reciente en la manera en que el sistema de recompensas en la academia estimula la mala conducta. ¿Cómo analiza esta relación?
Las evidencias sugieren que el actual sistema de recompensas, basado fundamentalmente en la multiplicidad de citas y en la publicación de muchos artículos, tiende a incentivar comportamientos dudosos e inadecuados. Se estima que muchos investigadores se involucran en prácticas cuestionables o fraudulentas para que sus estudios lleguen a los periódicos científicos de alto impacto, para obtener la financiación de sus proyectos o para ser efectivizados en determinados cargos en sus universidades; y por desdicha, a menudo les sale bien.

La presión por publicar cada vez más en periódicos científicos de alto impacto constituye un importante inductor de la mala conducta y de prácticas de investigación cuestionables

Algunos expertos critican el empleo de indicadores bibliométricos en la evaluación de los científicos, argumentando que debería reemplazárselos por métricas más abarcadoras. ¿Está de acuerdo con eso?
No me parece demasiado inteligente basar todo un sistema de recompensas únicamente en la cantidad de citas y en los artículos publicados, sobre todo porque no son buenos indicadores para determinar la calidad de la producción académica. Pero esto no significa que debamos abandonar esas métricas. Sería más razonable incorporarlas a un sistema que contemple también otros indicadores asociados a prácticas de investigación responsables.

¿Qué tipo de prácticas?
Si el investigador efectúa el registro previo de sus estudios, si deja sus datos disponibles en repositorios de acceso abierto, si es un buen revisor, director de tesis, mentor, docente, etc. Por supuesto que no debemos sobreestimar el valor de esos y de otros indicadores, pues también tienen sus limitaciones. Por eso deben utilizarse para complementar los indicadores cuantitativos tradicionales.

La Universidad de Utrecht anunció recientemente que abandonaría el uso de indicadores bibliométricos en el proceso de contratación y ascenso de investigadores.
Es una iniciativa interesante, pero que aún no se ha mostrado efectiva.

No parece estar muy convencido.
Fue un cambio bastante radical. Se ha discutido mucho en los Países Bajos acerca de los llamados “currículums narrativos”, en los cuales los investigadores en lugar de destacar sus indicadores bibliométricos, como el índice h, formulan una descripción cualitativa de sus contribuciones, discurriendo sobre sus logros académicos, el impacto de sus investigaciones, de sus direcciones de tesis, etc. Uno llega hasta a emocionarse con esas historias, pero es muy difícil utilizar esos currículums para efectuar una comparación justa y objetiva de los postulantes. Aún son necesarios los indicadores cuantitativos.

¿Cuál es el rol de las agencias de fomento de la investigación científica en la promoción de la integridad en la investigación?
Son importantes inductoras de cambios. Al fin y al cabo, los investigadores necesitan dinero para llevar adelante sus proyectos. Un buen ejemplo de ello fue cuando empezaron a exigir que los científicos remitiesen un plan de gestión y de datos compartidos junto a sus solicitudes de financiación. Todos lo acataron. No obstante, esos cambios deben realizarse con cautela, con base en evidencias y con una sólida planificación. Algunas agencias de los Países Bajos dejaron de emplear indicadores de impacto sin analizar muy bien las consecuencias de tal decisión. Ahora estamos teniendo que vérnoslas con esos currículums narrativos que mencioné antes, que son interesantes, pero difíciles de usar en el proceso de selección.

¿Qué factores suelen generar mala conducta y prácticas de investigación científica cuestionables?
La literatura sugiere que la presión de las universidades y de las agencias de fomento para publicar cada vez más en revistas de alto impacto sería un importante inductor de la mala conducta y las prácticas de investigación cuestionables. Pero sabemos que existen otros factores. Hemos verificado en estudios recientes que los directores de tesis y supervisores cumplen un rol importante en esta cuestión.

¿En qué sentido?
Identificamos dos tipos de mentoría. Una es la de “sobrevivencia”, en la cual el director de tesis o el supervisor les enseñan a los investigadores en comienzo de carrera todos los ardides para salir airosos en el actual sistema de recompensas, es decir, cómo publicar muchos artículos, cómo obtener muchas citas, financiación, etc. Los científicos a quienes se les impartió este tipo de formación parecen involucrarse más en prácticas de investigación cuestionables, a diferencia de sus pares que fueron objeto de un segundo tipo de mentoría, más responsable y basada en las buenas prácticas de investigación.

¿Qué grupo anduvo mejor en términos de producción científica e impacto?
No hemos evaluado la productividad de esos grupos.

La omisión de resultados negativos tiende a enmascarar la realidad y a producir sesgos, con implicaciones en la reproducibilidad de los estudios

¿Las prácticas de ciencia abierta incrementan las probabilidades de detectar la mala conducta?
Así es, porque aumentan la transparencia y la confiabilidad de los estudios. La detección de prácticas cuestionables o fraudulentas suele ser posible únicamente mediante la comparación entre las publicaciones y el registro previo de las investigaciones, con el cual los autores se comprometen a seguir un determinado protocolo antes de comenzar a recabar datos. Es una práctica que la ciencia abierta estimula.

Usted ha puesto de relieve la importancia de valorar la difusión de los resultados nulos o negativos. ¿Por qué eso es relevante?
La omisión de resultados negativos termina generando una sobrevaluación o una sobrerrepresentación de los resultados positivos. Sucede que estos hallazgos serán sintetizados posteriormente en trabajos de revisión, dando a entender que representan a todo el cuerpo de evidencias disponible sobre un determinado fenómeno, y no solamente a una parte de ellos. Esto tiende a enmascarar la realidad y a producir sesgos, con implicaciones importantes en la reproducibilidad de los estudios.

¿La creciente preocupación con la reproducibilidad de la ciencia ha mejorado las discusiones sobre la integridad en la investigación?
Son las dos caras de la misma moneda. Las prácticas de investigación cuestionables se ubican entre los principales factores responsables de la crisis de reproducibilidad, y esto compromete la confianza en la investigación científica. El combate a esas prácticas implica exigir que las investigaciones sean éticamente sólidas y de una rigurosa calidad metodológica. Esto incrementa mucho las posibilidades de que esos trabajos puedan replicarse exitosamente.

Usted ha venido abogando porque en lugar de hacer hincapié en las sanciones por mala conducta, las instituciones deberían apoyar el debate permanente sobre los errores y comportamientos que pueden comprometer la integridad en la investigación científica. ¿Tiene ejemplos exitosos en tal sentido?
Existe una iniciativa interesante, coordinada por un consorcio europeo, que está reuniendo conocimiento y experiencias exitosas en integridad de las investigaciones de universidades y laboratorios. Una parte de los datos recabados se encuentra disponible en el sitio web del proyecto: www.sops4ri.eu, en una sección llamada “caja de herramientas” [toolbox, en lo alto de la página]. Pero es importante destacar que la efectividad de estas acciones aún no ha sido evaluada como es debido. Existen muchas iniciativas de educación orientadas hacia la integridad en la investigación científica, pero no sabemos si funcionan.

¿Cuánto tiempo se tarda para lograr medir la efectividad de esas iniciativas?
Depende de lo que pretendamos saber. Es sencillo estimar el nivel de satisfacción de los participantes en cursos sobre integridad en la investigación científica, pero es difícil medir los efectos de esas iniciativas en lo que hace a la incidencia del problema. Los estudios basados en las respuestas de los propios investigadores tienen sus limitaciones. Es posible escrutar las actitudes y el conocimiento de los científicos sobre esas prácticas mediante cuestionarios, pero estos no son buenos predictores de conductas problemáticas. Es como fumar. La gente sabe que eso hace mal a la salud, pero aun así, fuma.

En el año 2018 usted integró de un comité encargado de redactar un nuevo código de conducta sobre integridad en la investigación científica para las instituciones del área en los Países Bajos. ¿Por qué decidieron reemplazar el código anterior?
Pretendíamos actualizarlo y ampliar la lista de recomendaciones sobre buenas prácticas de investigación, dejar más clara la distinción entre la mala conducta y las faltas de menor importancia y mostrar de qué manera deben proceder las instituciones en cada caso. Fijamos algunos criterios para ayudarlas a determinar la severidad de las sanciones, tales como intencionalidad, réditos personales, si el investigador es reincidente, si está en el comienzo de su carrera, etc. El documento también contiene una lista de deberes que las instituciones deben cumplir en términos de capacitación y supervisión, normas y procedimientos éticos y promoción de la ciencia abierta, fundamentalmente en lo que atañe a la gestión de datos, la publicación y la difusión de resultados.

Usted se ha visto en problemas al intentar estudiar la integridad en la investigación científica en los Países Bajos. De los más de 40 mil investigadores invitados a contestar un cuestionario online el año pasado, respondió tan solo el 21 %. ¿Cuál es la dificultad?
En efecto, pocos académicos respondieron nuestro cuestionario, aunque ese porcentaje de adhesión se alinea con los que se obtuvieron en el marco de otros estudios. Nosotros difundimos nuestro sondeo y pusimos de relieve su importancia en las redes sociales y en boletines informativos, pero no logramos incrementar la cantidad de participantes. Esperamos que en el futuro participen más investigadores, a medida que la comunidad vaya comprometiéndose más en los debates sobre la integridad en la investigación.

¿Por qué los científicos se resisten a participar en esos sondeos?
Algunos no quieren hacerlo o no tienen tiempo, otros no confían en que protegeremos sus identidades y temen que sus respuestas comprometan sus carreras. También es posible que nuestro cuestionario haya ido a parar a la casilla de correo basura de algunos de ellos. Pero en general esos cuestionarios fuerzan a los científicos a confrontarse con sus propias actitudes y sus comportamientos. Se deparan con preguntas tales como: “¿ya ha fraguado o falsificado los resultados de una investigación?”. No resulta agradable admitir ante uno mismo que se ha cometido un fraude.

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