¿Qué son los espacios públicos y privados? ¿Cómo serían las calles sin coches? ¿Es cómodo caminar por la ciudad? ¿Hay ríos debajo de las calles? ¿Qué son las viviendas sociales? Estas son algunas de las preguntas orientativas de Agentes urbanos e a cidade participativa [Los agentes urbanos y la ciudad participativa], un juego interactivo creado por el Grupo de Extensión e Investigación Cartilla de la Ciudad, del Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo (IAU-USP), con sede en la localidad de São Carlos. La iniciativa, pensada para niños en educación infantil y estudiantes desde la enseñanza fundamental al posgrado, traslada las demandas y conflictos urbanos a la ciudad ficticia de Rios Perenes, representada mediante una combinación de tablero y maqueta. “El juego pretende instigar el diálogo, la empatía y el pensamiento crítico para la construcción colectiva de propuestas que repercutan en la vida cotidiana de los ciudadanos”, explica el arquitecto Miguel Buzzar, docente del IAU-USP y fundador del grupo.
La idea surgió hace 10 años, cuando Buzzar comenzó a impulsar una serie de talleres sobre temas urbanos en las escuelas públicas de São Carlos. Agentes urbanos e a cidade participativa fue lanzado en 2018 y, a la fecha, ya cuenta con cinco versiones, divididas según los distintos rangos etarios de los participantes, todas disponibles para su descarga gratuita en el sitio web de Cartilla de la Ciudad. Durante el transcurso del juego, que se desarrolla en dos etapas de unos 50 minutos de duración cada una, los participantes se dividen en grupos de “agentes urbanos”, tales como la asociación de residentes o la secretaría de vivienda. A ellos les corresponde decidir, por ejemplo, si un terreno municipal cobijará un centro comercial o un centro cultural con biblioteca. “Las partidas son de carácter colaborativo: no hay ganadores o perdedores”, dice Buzzar.
La estructura del juego se inspiró en The world peace game (El juego de la paz mundial), desarrollado en 1978 por el profesor de educación básica estadounidense John Hunter. Pero su referencia principal es el concepto del derecho a la ciudad, formulado por el filósofo y sociólogo francés Henri Lefebvre (1901-1991) en la década de 1960, que propone pensar la producción de los espacios urbanos en forma compartida. Y esto es lo que anhelan los niños y adolescentes entrevistados en el marco de un estudio del Núcleo de Estudios e Investigaciones sobre las Infancias y la Educación Infantil de la Universidad Federal de Minas Gerais (Nepei-UFMG), cuyos resultados fueron dados a conocer a finales del año pasado en el informe intitulado “Los derechos de los niños y adolescentes: diagnóstico del municipio de Belo Horizonte”, elaborado en forma conjunta con la alcaldía de dicha ciudad.
En total, los investigadores escucharon a 234 niños y jóvenes de hasta 18 años de distintos barrios de la capital de Minas Gerais, procedentes de diversos contextos socioeconómicos. Entre otros temas, la encuesta indagó en la relación de los entrevistados con los espacios públicos de la ciudad. Las respuestas revelan su preocupación por aspectos tales como la calidad de las vías públicas, los lugares para jugar, el alumbrado público y la movilidad. Esto también se hizo patente en una carta redactada en 2023 por los niños residentes en una okupación, reproducida en el estudio y enviada al alcalde de Belo Horizonte. Entre otras cosas, reclaman mejoras en la frecuencia de los ómnibus que prestan servicios en la zona y en las paradas del transporte público.
“Los niños son capaces de identificar los problemas urbanos y proponer soluciones para afrontarlos”, dice la pedagoga Maria Cristina Soares de Gouvêa, profesora jubilada de la Facultad de Educación (FaE) de la UFMG, quien participó en la investigación. “Pueden percibir, por ejemplo, que las dificultades en la movilidad urbana generadas por un sistema de transporte público precario y caro, así como la mala calidad de las calzadas, les complican la vida a ellos, a sus familiares y a sus vecinos”.

Grupo de Extensión e Investigación Cartilha da Cidade / IAU-USP, campus de São Carlos Una partida de Agentes urbanos e a cidade participativa, juego desarrollado por investigadores de la USPGrupo de Extensión e Investigación Cartilha da Cidade / IAU-USP, campus de São Carlos
Según advierte la investigadora, la forma en que la sociedad ve a los niños ha evolucionado en las últimas cuatro décadas en todo el mundo. “Los niños no pueden ser solamente objetos de las políticas públicas; son sujetos y ciudadanos, con derecho a pronunciarse al respecto de estas iniciativas”, dice Soares Gouvêa. Este cambio de paradigma comenzó con la adopción de la Convención sobre los Derechos del Niño por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1989, ratificada por 196 países. Este tratado define a los niños como individuos con derechos y responsabilidades.
En Brasil, la convención fue aprobada en 1990 y sentó las bases para la formulación del Estatuto del Niño y el Adolescente (ECA, por sus siglas en portugués), que reglamenta el artículo 227 de la Constitución Federal de 1988. La nueva legislación reemplazó al Código del Menor de la época de la dictadura militar (1964-1985), y estableció como un deber del Estado, de la familia y de la sociedad garantizar los derechos y el desarrollo pleno de los niños como prioridad absoluta. Estos instrumentos completan este andamiaje, tales como el Marco Civil Regulatorio de la Primera Infancia, el Plan Nacional para la Primera Infancia y los Planes Municipales para la Primera Infancia.
La Convención sobre los Derechos del Niño asegura el derecho a la participación, pero su implementación aún es limitada. “No basta con decir que los niños participan. Es necesario establecer condiciones reales para que sus voces sean escuchadas y sus ideas sean tenidas en cuenta a la hora de decidir políticas”, subraya la socióloga Marcia Aparecida Gobbi, de la Facultad de Educación (FE) de la USP, una de las organizadoras del libro O direito da criança à cidade – Perspectivas desde o Brasil e Portugal [El derecho del niño a la ciudad. Perspectivas desde Brasil y Portugal] (FEUSP, 2022), con artículos de investigadores de ambos países.
Según Gobbi, una de las experiencias de Brasil en este sentido fue el Presupuesto Participativo Infantil, adoptado en la ciudad de São Paulo a principios de la década de 2000. Este proyecto, inspirado en las ideas de Paulo Freire (1921-1997), educador que sostenía que la educación infantil debería formar parte de un proceso de desarrollo de la ciudadanía, promovió la realización de asambleas en las escuelas paulistanas entre 2003 y 2004, en las que los niños debatían temas relacionados con la escuela y la ciudad. Aunque la experiencia se interrumpió, sirvió de inspiración para otros proyectos de esta índole en Brasil. “Es un tipo de iniciativa que promueve el diálogo, la formulación de propuestas colectivas y la conformación de organizaciones estudiantiles”, dice la investigadora. “El pedagogo y diseñador italiano Francesco Tonucci sostiene que, si una ciudad es buena para los niños, será justa para todos”.
Uno de los municipios brasileños que vienen dando lugar a la participación infantil es Jundiaí (en São Paulo). En 2017, esta ciudad instituyó la Política Municipal de la Infancia, cuyo objetivo es mejorar la calidad de los espacios públicos, crear vías más seguras y proporcionar un mayor contacto con la naturaleza. Al año siguiente, en el marco de una revisión de su Plan Director, se incorporó la perspectiva de niños y cuidadores en el documento orientativo para el desarrollo y la expansión de la ciudad. En esa ocasión, por ejemplo, se conformó una comisión, actualmente compuesta por 24 niños, que propone sugerencias para la planificación urbana.

Divulgación / Gobierno Municipal de Boa Vista “Caminos de la primera infancia”, un proyecto de la alcaldía de Boa Vista, en el estado RoraimaDivulgación / Gobierno Municipal de Boa Vista
También en 2018, el municipio pasó a formar parte de la red internacional del proyecto “La ciudad de los niños”, creado por Tonucci en 1991 en Italia, con la premisa de prestar oídos a lo que los niños tienen para decir en lo que concierne a la formulación de políticas públicas. El año pasado, el pedagogo italiano participó del Primer Seminario Internacional de Políticas Públicas para la Infancia, realizado por la Prorrectoría de Extensión, Deportes y Cultura y el Núcleo de Estudios de Políticas Públicas (Nepp), ambos de la Universidad de Campinas (Unicamp). En esa oportunidad, se suscribió un convenio entre esa institución educativa, la Municipalidad de Jundiaí y el proyecto “La ciudad de los niños”, que se pondrá en práctica a partir de este año.
Según la pedagoga Roberta Rocha Borges, coordinadora del Programa de Educación Infantil del Nepp-Unicamp, el objetivo del acuerdo es fortalecer la Red Brasileña Ciudad de los Niños. En la actualidad, esta red creada en 2023 está integrada, además de Jundiaí, por 16 ciudades de seis estados brasileños, entre ellas Pelotas (Rio Grande do Sul), Recife (Pernambuco), Boa Vista (Roraima) y Mocca (São Paulo), por ejemplo. “Uno de nuestros retos es hacer que estos proyectos tengan continuidad incluso cuando cambien las administraciones municipales”, dice Rocha Borges, profesora de la carrera de posgrado de la Facultad de Educación de la Unicamp.
Entre las iniciativas previstas está la formación de grupos de estudio con investigadores de esa universidad y representantes de los municipios. “La escucha es un paso decisivo cualquiera sea la metodología que pretenda tomar en serio a los niños como ciudadanos con derechos, pero debe estar a cargo de personal calificado”, sostiene Rocha Borges. “Esta escucha requiere cierto grado de reflexión, para entender qué demandas de los niños son factibles y qué generarán para el bien común”.
El libro Desenhando ruas para crianças [Diseño de calles para niños] (editorial Senac), presentado el año pasado en Brasil, comparte estrategias con la mira puesta en hacer más acogedoras las ciudades para este público. La obra fue coordinada por Global Designing Cities Initiative (GDCI), una organización de Estados Unidos que reúne a arquitectos, urbanistas y diseñadores. A su vez, forma parte de la National Association of City Transportation Officials (Nacto), una asociación integrada por 81 ciudades e instituciones estadounidenses centradas en el tema de la movilidad. Entre sus propuestas se cuentan, por ejemplo, la sincronización de los semáforos para ofrecer cruces seguros y cómodos, la creación de espacios para sentarse y descansar a lo largo del camino y la implementación de vías y zonas prioritarias para los peatones (véase la infografía).

