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Estrategias

Los osos de la discordia

En el afán de evitar el incremento de la caza de osos polares, ambientalistas del hemisferio norte entraron en colisión con un antiguo aliado: el pueblo inuit, una etnia aborigen que habita el Ártico. Hasta hace poco eran socios, tanto es así que los inuits hicieron una acusación formal contra Estados Unidos por violación a los derechos humanos, con la alegación de que la contaminación industrial sería la causa de los cambios climáticos que derriten el hielo y ponen en riesgo su ancestral estilo de vida. Pero ahora los aborígenes se han convertido en los villanos. Sucede que han solicitado que el gobierno de Canadá amplíe el número de licencias de caza de osos, con el argumento de que la población de los animales está creciendo enormemente. Las autoridades coincidieron y ampliaron el límite de 403 osos muertos a 518 en Nunayut, región del Ártico canadiense. Desde entonces, ecologistas insinúan que los inuits se rindieron a los intereses de los cazadores a cambio de dinero –una licencia para matar a un oso, la fuente de renta local, cuesta 28 mil dólares. “Sospecho que los inuits se mueven por intereses económicos, sin tener en cuenta la sostenibilidad de la caza”, dice Naomi Rose, de la entidad norteamericana Humane Society. En tanto, otras voces dicen que la alegada proliferación de los osos es un espejismo. “Es posible que los animales sencillamente estén agrupándose en esa región de Canadá debido al deshielo, que dejó a muchos osos sin territorio”, dice Oystein Wiig, zoólogo de la Universidad de Oslo y de la Unión de Conservación Mundial. Las autoridades canadienses aseguran que se tuvieron en cuenta estudios científicos. “Y los conocimientos tradicionales de los inuits son dignos de confianza”, dice el biólogo Mitch Taylor. Se estima que existen 25 mil osos en el Ártico. Y no están en la lista de especies amenazadas de extinción.

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