Un estudio publicado por investigadores brasileños en la revista Science and Public Policy mostró que, desde la segunda mitad de la década de 1990, al menos 20 países han adoptado iniciativas de apoyo a la innovación en pequeñas empresas inspiradas en el programa Small Business Innovation Research (Sbir), instituido en Estados Unidos en 1982 para estimular los emprendimientos de negocios intensivos en tecnología. Hasta 2021, el Sbir, que es operado simultáneamente por 11 agencias de fomento diferentes, ya había destinado 64.000 millones de dólares a 195.000 proyectos, con inversiones recientes de alrededor de 4.000 millones de dólares anuales. Según el artículo, los programas similares desarrollados en China, Alemania y Corea del Sur han financiado, en conjunto, más de 110.000 proyectos en pequeñas empresas. En Brasil, el Programa FAPESP de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe), también basado en el Sbir, desde 1997, el año de su creación, hasta 2023, financió unos 4.000 proyectos de 2.000 empresas diseminadas por 166 municipios de São Paulo, según datos del “Informe de actividades de la FAPESP” de ese último año.
Según el economista Marcelo Pinho, de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), autor principal del artículo, el Sbir significó un cambio en la orientación de las políticas de promoción del avance tecnológico en Estados Unidos, que dejaron de centrar sus inversiones en investigación y desarrollo (I&D) exclusivamente en grandes empresas. “Comenzó a reconocerse la importancia de las pequeñas empresas, ya que las mismas logran innovar con menos recursos y mayor eficiencia”, sostiene.
Para analizar cómo se propagó este modelo adaptándose a las distintas realidades, los autores estudiaron la iniciativa estadounidense y los programas que en ella se inspiraron en siete países: Alemania, Brasil, China, Corea del Sur, India, Japón y el Reino Unido. “Constatamos que los programas de este tipo se convirtieron en una parte importante e ineludible del arsenal de políticas de promoción de la innovación de estos países”, dijo Pinho. Entre las características del Sbir que se repiten en varios de sus homólogos en todo el mundo, se ofrecen fondos no reembolsables a las empresas que invierten en I&D en busca de innovaciones y la ayuda que se otorga se escalona en tres fases. Los proyectos de la etapa I reciben fondos para evaluar la factibilidad de la tecnología, mientras que los de la etapa II se asignan a la ejecución del proyecto y los de la etapa III la completan, llegando idealmente a la aplicación comercial.
Una de las conclusiones que surgen del estudio indica que los países introdujeron adaptaciones para adecuar los programas a las demandas regionales. “Las políticas de innovación no se trasplantan simplemente de un país a otro e incluso si en un principio es así, con el tiempo se van evaluando las características locales e incorporando modificaciones”, explica el economista de la UFSCar. En algunos casos, como en el de Small Business Research Initiative, del Reino Unido, el programa se adecua a las políticas de compras gubernamentales, algo que también se observa en Estados Unidos, en proyectos del Sbir contratados por agencias tales como la Nasa y el Departamento de Defensa, que realizan encargos de tecnologías y productos específicos. Una particularidad de la estrategia británica reside en que las empresas firman contratos en los que se comprometen a desarrollar soluciones referentes a problemas tecnológicos definidos por el gobierno. Otra característica singular es que las empresas de mayor porte del Reino Unido también pueden formar parte del programa y ya han utilizado el 25 % de sus recursos.
En China, Estados Unidos y Brasil, la ejecución de los proyectos es coordinada por instituciones de fomento de la investigación científica, mientras que en Japón y Corea del Sur esta tarea recae sobre los organismos gubernamentales de apoyo a la pequeña y mediana empresa. Alemania es un caso aparte, ya que allí es el sector privado el que administra la iniciativa. El presupuesto disponible es mayor en las grandes economías como China, Alemania y Japón, ascendiendo a asignaciones anuales del orden de cientos de millones de dólares. En el Reino Unido, la India y Brasil, los presupuestos comprenden cifras más modestas. En aquellos países que tienen historial en cuanto a la formulación de políticas industriales, tales como Japón, Corea del Sur y Alemania, existen una amplia variedad de instrumentos de apoyo a las pequeñas empresas innovadoras y los programas inspirados en el Sbir constituyen una pequeña parte de ellos.
Los países introdujeron adaptaciones para adecuar los programas a las demandas regionales
En la India, el Small Business Innovation Research Initiative se puso en marcha en 2005 con foco en las startups de biotecnología. Una de sus características diferenciales radica en que la empresa beneficiaria debe abonarle a la agencia operadora, Biotechnology Industry Research Assistance Council (Birac), vinculada al departamento de Biotecnología del Ministerio de Ciencia y Tecnología, el 5 % de los ingresos netos por ventas del producto desarrollado. El programa también contempla el derecho a la licencia obligatoria en caso de tratarse de “proyectos de importancia nacional”.
En Estados Unidos, el programa pionero Sbir apoyó a empresas que posteriormente se convirtieron en gigantes tecnológicos, entre otras, Apple, Intel y Qualcomm. Empero, mientras se consolidaba, el mismo fue objeto de una serie de cuestionamientos y debieron introducirse adaptaciones. Una de las controversias que suscitó tenía que ver con las llamadas “fábricas de Sbir”, empresas que se especializaron en obtener ayudas sucesivas pero no generaron resultados significativos ni se comprometieron con la comercialización de las tecnologías. “Al menos una de las agencias estadounidenses llegó a establecer límites a la cantidad de proyectos aprobados por empresa, pero entre las demás, la postura predominante fue menos restrictiva. Se hizo hincapié en una fiscalización cuidadosa de las propuestas de empresas que acumularon más de quince proyectos financiados a lo largo de cinco años”, dice Pinho.
En el caso de Alemania, se adoptó otro tipo de restricción para resolver este problema: salvo en el caso de las empresas muy pequeñas o recientemente creadas, con menos de diez años, las firmas no pueden ser beneficiarias de más de una ayuda cada tres años. “Hay un dilema intrínseco en las restricciones más taxativas: pueden impedir prácticas oportunistas, pero también corren el riesgo de excluir proyectos muy prometedores”, dice el investigador.
El artículo de Science and Public Policy se basó en una recopilación de datos de 81 artículos académicos y capítulos de libros, además de la documentación oficial de los programas disponible en internet y en los informes de evaluación. La iniciativa de China ‒Inno Fund‒ fue una de las que logró resultados más palpables: financió a 82 de las 273 empresas que cotizan en la bolsa de valores, que en ese país, se utiliza para elevar el capital de empresas menores.
El paper constituye un despliegue de una investigación encomendada por la FAPESP para comparar los resultados y el alcance del programa paulista y sus homólogos en otros países. “En Brasil, el Pipe, creado en 1997, es el programa más longevo y con mayor continuidad inspirado en el Sbir”, subraya Pinho. En la mayoría de los países, los programas se implementan a nivel nacional. Casos como el del Pipe, emergente en un ámbito regional, son excepcionales. En el estudio no se analizó otra iniciativa brasileña, el Programa de Apoyo a la Investigación en Empresas (Pappe), lanzado por la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), a principios de la década de 2000, que hace tiempo no realiza llamados a la presentación de propuestas.
El Pipe, de la FAPESP, es uno de los programas más longevos inspirados en el Sbir estadounidense
“Existen otras iniciativas en el ámbito nacional, con formatos diferentes, organizadas por la Finep, el BNDES [Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social] y, principalmente, Embrapii [Empresa Brasileña de Investigación e Innovación Industrial], que también apuntan a brindar apoyo a las empresas innovadoras, aunque por otras vías. Históricamente, la falta de continuidad ha sido uno de los problemas principales de los programas destinados a la promoción de la innovación en las empresas”, dice la ingeniera de producción Ana Torkomian, investigadora de la UFSCar y presidenta del Foro Nacional de Gestores de Innovación y Transferencia de Tecnología (Fortec), coautora del artículo publicado en Science and Public Policy.
En la investigación que dio origen al paper, los investigadores rastrearon las buenas prácticas de diferentes programas inspirados en el Sbir. Entre ellas se encuentra la importancia de un seguimiento y la supervisión de la trayectoria de las empresas financiadas, incluso mediante la creación de una base de datos sobre las subvenciones. “Este seguimiento debe mantenerse hasta la conclusión de los proyectos, ya que en muchos casos, los resultados tardan en aparecer”, dice Torkomian. Otro de los puntos es el estímulo a la participación de las universidades en los programas, especialmente a través del apoyo a las startups creadas por sus docentes y alumnos. Una buena práctica que también se observa es la estrecha relación entre las agencias de fomento y las empresas financiadas.
El oftalmólogo Paulo Schor, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), gerente de innovación en la FAPESP, sostiene que los estudios centrados en el Pipe son seguidos y tenidos muy en cuenta por la Fundación. “Basándonos en ellos, hemos podido perfeccionar el programa”, dice. Un ejemplo lo constituye la reciente modificación de los resúmenes curriculares, que impone al investigador que propone un proyecto Pipe la presentación de un informe de su trayectoria empresarial al solicitar una ayuda. Schor explica que a la hora de evaluar los resultados del programa, también realiza una búsqueda exhaustiva de los casos de empresas que, en un determinado tiempo, partieron del prototipo hasta llegar al producto y salieron al mercado. Algunas de ellas han sido presentadas en eventos organizados por la FAPESP en el exterior. “Es una forma de dar a conocer los casos exitosos. También hemos buscado presentar a estas empresas en ferias de emprendimientos científicos”.
El economista Renato de Castro Garcia, de la Universidad de Campinas (Unicamp), quien no participó en el estudio publicado en Science and Public Policy, llevó a cabo recientemente, a pedido de la FAPESP, un análisis del desempeño de las empresas financiadas por el Pipe, en el que una de las variables evaluadas fue el número de depósitos de patentes en el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI). A tal fin, realizó una comparación entre 1.476 startups que formaron parte del programa Pipe entre 1999 y 2020 y otras 64.054 empresas similares que no recibieron subsidios, en una muestra que totalizó 65.530 empresas. La misma abarcó el 1 % de las empresas del estado y el 5 % de las que cuentan con registros de patentes en São Paulo. “En promedio, las compañías subsidiadas duplicaron la cantidad de patentes presentadas”, resalta.
El análisis fue enviado a una revista científica para su publicación y parte de los datos se compartieron en un artículo bajo el formato de preprint (sin revisión por pares), redactado en forma conjunta con colegas de la Unicamp y la Unifesp, publicado en mayo de 2024 en el repositorio Social Science Research Network (SSRN). Conforme destaca Garcia, desde la década de 2000, la complejidad del conocimiento necesario para innovar ha aumentado y las startups emergen como entornos más ágiles para alcanzarlo, a menudo gracias al apoyo de los laboratorios de las universidades y de los estudiantes de carreras de grado y posgrado. “Los programas de apoyo a las pequeñas empresas se han convertido en una parte fundamental del sistema de innovación de cualquier país”, pondera.
Los proyectos y artículos científicos consultados para la elaboración de este reportaje aparecen listados en la versión online.
Este artículo salió publicado con el título “La inspiración para innovar” en la edición impresa n° 353 de julio de 2025.
Proyectos
1. Innovación regional y redes de coinvención en Brasil: un análisis partiendo de las patentes (nº 22/01597-0); Modalidad Ayuda de Investigación – Regular; Investigador responsable Veneziano de Castro Araujo (Unifesp); Inversión R$ 45.684,34.
2. La geografía de la innovación y la formación de sistemas de innovación localizados en Brasil. Fundamentos conceptuales, análisis empírico e implicaciones de las políticas (nº 21/02261-2); Modalidad Ayuda de Investigación – Regular; Investigador responsable Renato de Castro Garcia (Instituto de Economía – Unicamp); InversiónR$ 138.777,50.
Artículos científicos
PINHO, M. et. al. How much alike are Sbir-like programmes? Science and Public Policy. abr. 2025
GARCIA, R. et. al. Unlocking Innovation: Assessing the Long-Term Impact of a SME-Oriented R&D Grants Program using the dose‒response approach. SSRN. mayo 2024.
