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Género

Manual de guerrilla contra la desigualdad

Un informe estadounidense recopila iniciativas exitosas con miras a ampliar la participación de las mujeres en las áreas científicas

Patricia Brandstatter

Las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos han lanzado una especie de manual de buenas prácticas para combatir la escasa participación de las mujeres en ciertas áreas científicas. El documento, que consta de 224 páginas, se centra en las áreas STEMM, las siglas en inglés que aluden a los campos de la ciencia, la tecnología, las ingenierías, las matemáticas y la medicina, y es el resultado de la labor de dos comités de especialistas bajo la dirección de la microbióloga Rita Colwell, la primera mujer que dirigió la agencia de promoción de la investigación básica de la National Science Foundation (NSF), entre 1998 y 2004. Las recomendaciones del informe, dirigidas a universidades, organismos y gobiernos, se basan en ejemplos exitosos de instituciones educativas y de investigación que han logrado atraer y retener a más mujeres en las carreras científicas y en cientos de estudios que han probado la eficacia de las estrategias contra el desequilibrio de género. Según Colwell, aún queda mucho por hacerse para mejorar, pero también hay razones para ser optimistas sobre el futuro. “Para ello, es fundamental que todos consideremos las lecciones aprendidas de la investigación académica y las historias de éxito”, dijo al lanzar el informe.

Entre las experiencias presentadas, cabe destacar la del Harvey Mudd College, una escuela superior de ciencias e ingeniería que funciona desde hace 65 años en la ciudad de Claremont, estado de California, que alberga a unos 900 estudiantes universitarios de grado. Entre los graduados en ciencias de la computación en 2018, más del 50% eran mujeres, en comparación con un promedio nacional de menos del 20%. Este resultado se atribuye a un enfoque innovador con los alumnos principiantes. En las materias introductorias de la carrera, había una brecha entre dos tipos de estudiantes: por un lado, un grupo predominantemente masculino que ya tenía mucha experiencia en programación y, por otro, un grupo sin tanta experiencia previa, en el que se concentraban las alumnas. La solución consistió en separar los grupos y ofrecer una carrera a medida para los estudiantes menos experimentados, donde pudieran aprender los conocimientos básicos en un entorno más amigable. “Si se pretende estimular a un estudiante en un curso introductorio, no se le debe poner junto con personas que tengan mucha más experiencia y que no se parezcan a él”, explicó la científica de la computación Maria Klawe, presidenta del Harvey Mudd College desde 2006, a la revista Inc.

Otro caso exitoso es el de la Universidad Estadual de Jackson, en el estado de Misisipi, que ha logrado incrementar la cantidad de mujeres graduadas en física, muchas de ellas de raza negra, gracias a un programa patrocinado por la NSF que organizó cursos de verano sólo para mujeres y proporcionó apoyo de mentores a las alumnas. Por otra parte, la Universidad de Michigan se ha distinguido por asegurar una mayor diversidad en la contratación de recursos humanos, merced a un programa creado en 2002 que aumentó el porcentaje de mujeres admitidas como investigadoras. Entre 2001 y 2002, el 14% del total de contrataciones en las áreas de ciencia e ingenierías correspondió a mujeres. Entre 2003 y 2006, ese índice alcanzó el 34%. La iniciativa introdujo normas y recomendaciones para el funcionamiento de los comités de búsqueda, que incluían la capacitación de sus miembros para prevenir prejuicios y parcialidades, y propuso estrategias tendientes a atraer una mayor cantidad de candidatos pertenecientes a grupos subrepresentados, tales como las mujeres y las minorías raciales, mediante canales de difusión con instituciones educativas y organizaciones profesionales que apoyan a esos grupos.

El informe menciona una extensa lista de trabajos científicos sobre la eficacia de las intervenciones en el ambiente educativo, capaces de atraer y retener a las alumnas de las carreras STEMM. En el documento se hace hincapié en que esas estrategias pueden ser útiles para que esas áreas sean más atractivas también para los grupos masculinos subrepresentados, tales como las minorías étnicas o los pertenecientes a la primera generación de la familia que llega a la universidad. Una de las acciones más eficaces se refiere a la incorporación de lo que se denomina “aprendizaje activo”, aquel en el cual, en lugar de las clases discursivas, se estimula a los estudiantes a construir conocimientos mediante discusiones y ejercicios grupales; al final, el profesor coordina la solución del problema con toda la clase. Un estudio publicado en 2018 por la científica de la computación Celine Latulipe, de la Universidad de Carolina del Norte en Charlotte, evaluó el rendimiento de 698 alumnos principiantes después de tomar un curso de introducción a la informática en el que parte de ellos tuvieron clases en un formato tradicional, con conferencias y actividades de laboratorio, y la otra parte con aprendizaje activo. En la versión que incorporaba el aprendizaje activo, las mujeres, incluidas las de minorías raciales, tenían menos probabilidades de renunciar a su elección por la informática que las que tomaron el curso tradicional. La capacitación adecuada de los docentes o facilitadores de los alumnos es esencial para el éxito de la estrategia y el compromiso de los alumnos es mayor cuando crean una conexión de confianza con el instructor. “Más allá de los beneficios pedagógicos del aprendizaje activo, el trabajo en grupo en una tarea ayuda a promover la conexión social con otros alumnos, el compromiso y el sentido de pertenencia al entorno STEMM”, dice el informe.

Los expertos de las Academias Nacionales no hallaron evidencias que sostengan la idea de que las mujeres tienen escasa representación en ciertas carreras porque carecen de una habilidad innata para poder seguirlas. Pero sí han notado una serie de comportamientos sociales y prejuicios que influyen en la trayectoria educativa y en las carreras profesionales de las mujeres. En áreas tales como física, ingenierías y ciencias de la computación, dice el documento, las disparidades en la participación femenina son significativas ya desde los cursos iniciales de la educación superior. En tanto, en biología, medicina y química, el desequilibrio es mucho menor, pero aún pueden percibirse ciertas trabas para el acceso a los puestos de liderazgo en las universidades. Lo que se observa en la carrera de medicina resume ese problema: en 1973, las mujeres representaban el 18% de los alumnos de grado y hoy en día superan el 50%. A pesar de eso, en 2018 ellas tan solo estaban a cargo de un 18% de las administraciones de hospitales y ostentaban el 16% de las jefaturas de departamento en las facultades de medicina de Estados Unidos. En la carrera de matemática la pauta es algo peculiar, con un índice de deserción que empeora a lo largo de la trayectoria académica. Las mujeres corresponden al 40% de todos los alumnos de grado, pero ese porcentaje disminuye en el posgrado y representa una franca minoría entre los docentes universitarios.

Otra estrategia mencionada en el estudio es la lucha contra el prejuicio aún arraigado que sostiene que ciertas carreras profesionales están destinadas solamente a aquellos que poseen un talento innato para la matemática o para el razonamiento lógico. Un experimento que se llevó a cabo en 2007, a cargo de la psicóloga Lisa Blackwell, de la Universidad Columbia, analizó el rendimiento de estudiantes de enseñanza media que participaron en workshops sobre la ductilidad del cerebro y su capacidad para expandir la inteligencia. Esos alumnos consiguieron mejorar sus calificaciones en matemática, al contrario de lo que pudo observarse con un grupo de control que no participó en los workshops. Según sus autores, esa intervención fue eficaz porque animó a los alumnos a valorar el aprendizaje y el esfuerzo, así como a tener respuestas más positivas cuando se topan con desafíos.

La composición de las comisiones de clase o de los grupos de estudio también cumple un rol importante en el estímulo a la participación de las mujeres en las áreas STEMM. Diversos estudios mencionados en el informe confirman la idea de que las chicas tienen un peor rendimiento cuando estudian en un entorno predominantemente masculino que cuando forman parte de grupos más equilibrados. Pero una de las conclusiones más peculiares hace mención a la importancia de los modelos femeninos para la permanencia de las chicas en las carreras universitarias STEMM. Hay fuertes efectos motivadores cuando las alumnas toman contacto con referentes científicas de su disciplina, lo que apuntala el interés en el área y les ayuda a romper con los estereotipos que aluden a una superioridad masculina. El informe señala como un ejemplo de esa influencia al denominado “efecto Scully”, luego de que un estudio publicado en 2018 por el Centro Geena Davis sobre Género en los medios sugirió que las alumnas de la enseñanza media aficionadas a la serie televisiva Los Expedientes X eran más propensas a manifestar interés por las carreras académicas STEMM en comparación con aquellas que no veían la serie. Una de las explicaciones que sugería sería la identificación de esa platea con la protagonista de la serie, Gillian Anderson, en el papel de Dana Scully, una agente del FBI graduada en patología forense.

En Brasil, algunas de las iniciativas tendientes a combatir el desequilibrio de género en las trayectorias científicas convergen con los ejemplos citados en el informe estadounidense. El año pasado, el Instituto de Matemática Pura y Aplicada (Impa) organizó una olimpíada de matemática exclusiva para participantes del sexo femenino. El propósito era generar un ambiente y una red de intercambio más amena para las alumnas que gustan de la matemática, porque ellas suelen sentirse poco a gusto con el predominio masculino en esas competencias (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 282). En tanto, en el caso de otras estrategias, tales como la convocatoria de mujeres para cubrir cargos académicos, la experiencia brasileña es muy diferente. “La admisión en la carrera de investigador en las universidades públicas de Brasil se hace por concurso, algo que ayuda a prevenir parcialidades, y la estabilidad laboral se logra ni bien se inicia la carrera. Eso les garantiza a las mujeres una posición más cómoda que en Estados Unidos, donde la estabilidad solo se obtiene después de algunos años y los investigadores pasan por un período de prueba en la etapa en que las mujeres se convierten en madres, quedando en desventaja en comparación con los varones”, dice Ana Maria Fonseca de Almeida, de la Facultad de Educación de la Unicamp, que estudia el rol de la escuela en la producción y reproducción de desigualdades.

La docente hace hincapié en otra diferencia entre la lucha contra las desigualdades de género en la universidad en Estados Unidos y en Brasil. “Las iniciativas estadounidenses, así como sucede en otras naciones, se basan en una ley que aboga por la igualdad de género en las universidades del país, mientras que en Brasil ellas nunca tuvieron ese carácter institucional y solamente son impulsadas a partir de la movilización de grupos sociales”, dice. Fonseca se refiere a una ley vigente en Estados Unidos desde 1972, que se conoce como Título IX, según la cual las instituciones educativas deben proporcionar las mismas oportunidades a los varones y a las mujeres. El mayor efecto de esa ley se vio reflejado en el deporte, porque las universidades tuvieron que ofrecer un número equitativo de becas de estudio a deportistas masculinos y femeninos. A dicha ley se le atribuye un estímulo notable en el país a la participación de las mujeres en los deportes, lo que explicaría por qué en las dos últimas olimpíadas ellas superaron a los atletas masculinos en cantidad de medallas de oro. No obstante, tan solo en los últimos años la ley ha sido invocada para denunciar actos relacionados con el desequilibrio de género en algunas carreras académicas y para combatir el acoso sexual en el ámbito académico (lea en Pesquisa FAPESP edición nº 291). “Las universidades estadounidenses apuestan a las iniciativas descritas en los informes porque deben rendir cuentas de lo que están haciendo en ese sentido, caso contrario, pueden perder la financiación federal”, dice Fonseca.

Sin el compromiso de las instituciones, algunas de las iniciativas brasileñas están obteniendo resultados de menor envergadura. Hace unos 10 años se creó en la Facultad de Ingeniería Eléctrica y Computación (Feec) de la Unicamp la rama brasileña del grupo Women in Engineering (WIE), vinculado al Instituto de Ingenieros Electricistas y Electrónicos (Ieee), una prestigiosa asociación mundial de profesionales del área de la tecnología. El grupo fue concebido para bridar ayuda a las alumnas de ingeniería eléctrica de la universidad, que eran una franca minoría: tan solo un 7% del total de los alumnos de grado y un 15% del posgrado en aquella época. Hoy en día, promueve foros de debate y conferencias con ingenieras exitosas, invitadas para exponer ante las alumnas sus trayectorias y los obstáculos que tuvieron que enfrentar. Para Vanessa Testoni, la científica de la computación que ayudó a fundar el grupo cuando era alumna de doctorado en la Feec, en los últimos 10 años ha habido avances en cuanto al debate del tema de la representatividad femenina. “Hoy en día este tema ya no es una novedad y se advierte un interés de las instituciones por debatir las maneras de enfrentarlo”, afirma. Con todo, en la práctica aún no ha habido modificaciones significativas. “La proporción de alumnas de grado en la carrera de ingeniería eléctrica de la Unicamp ha mejorado un poquito, pero de todas maneras actualmente no supera el 10%”, refiere. Al comando de un grupo de investigación en el Samsung Research Institute Brazil, en la ciudad de Campinas, Testoni también vislumbra pocas políticas tendientes a captar y mantener a las mujeres en las empresas de tecnología. “Mientras que en muchas áreas la lucha femenina es para obtener puestos de liderazgo, en la ciencia de la computación todavía se están esforzando para ampliar la representatividad, cuyo nivel sigue siendo muy bajo”.

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