Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESPDurante la pandemia de covid-19, la médica Maria Amélia de Sousa Mascena Veras (Pernambuco, Brasil) y su grupo salieron en busca de recursos. No para sus investigaciones, sino para la compra y distribución de alimentos básicos, agua y mascarillas faciales entre quienes participaban en las mismas: mujeres trans y trabajadoras sexuales de São Paulo y otras ciudades. Sabía que, sin ayuda, estas personas corrían mayor riesgo de contraer el coronavirus al salir a la calle para ganarse la vida.
Desde que se trasladó de Recife a São Paulo, en 1983, Maria Amélia, como es más conocida, ha cultivado una amplia mirada sobre las conductas, las condiciones de vida y las vulnerabilidades de las personas trans: un grupo que comprende a unos 3 millones de personas, el 2 % de la población adulta de Brasil (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 312). Docente de la Facultad de Ciencias Médicas del Hospital Santa Casa de São Paulo (FCM-SCSP), ella coordina el Núcleo de Estudios en Derechos Humanos y Salud de la Población LGBTQIA+ (Nudhes), creado hace 10 años. Entre sus miembros se cuentan antropólogos, nutricionistas, trabajadores sociales, biólogos y psicólogos, además de médicos, que han documentado las consecuencias de los prejuicios y la discriminación: los índices de ideaciones suicidas y de suicidios entre travestis y mujeres trans, en comparación con los de la población de São Paulo en general, son mucho más elevados.
Epidemiología de las enfermedades de transmisión sexual
Institución
Facultad de Ciencias Médicas del Hospital Santa Casa de Misericordia de São Paulo
Estudios
Título de grado en medicina en la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE, 1983), magíster en medicina preventiva por la Universidad de São Paulo (USP, 1996) y en salud pública por la Universidad de California en Berkeley (UCB, EE. UU., 2001), doctorado en medicina preventiva (USP, 2005)
Maria Amélia, de 66 años, ha puesto en práctica nuevas metodologías y procedimientos de investigación: los investigadores del Nudhes dan a conocer sus resultados en primera instancia a las comunidades con las que trabajaron. Divorciada y con dos hijos, ha realizado investigaciones con los grupos más afectados por el VIH y no ha dejado de salir a hacer investigación de campo para aprender más sobre los contextos de vida de las poblaciones con las que trabaja. En su última salida visitó Itaituba, un municipio del sudoeste del estado de Pará, en el norte de Brasil. Junto a otros investigadores, escuchó muchas historias y extrajo muestras de sangre de casi 600 garimpeiros y prostitutas.
Háblenos de su viaje reciente a los territorios de acción de los garimpeiros del interior de Pará.
El trabajo realizado allá forma parte de una investigación que lleva adelante el infectólogo Paulo Abati, doctorando de la Facultad de Medicina de la USP [Universidad de São Paulo] y médico de la Unicamp [Universidad de Campinas], quien ha venido trabajando desde hace años en el interior de Pará y siempre quiso estudiar las ITS [infecciones de transmisión sexual] en esas explotaciones mineras. Con conocimiento de mi experiencia en el diseño de estudios para poblaciones de difícil acceso, él y su director de doctorado, Aluisio Segurado, me invitaron a unirme al equipo. El municipio en donde trabajan es Itaituba, en la cuenca del río Tapajós. Es la región aurífera más amplia de Brasil. Salimos desde São Paulo y tardamos tres días en llegar. En agosto de 2024, me reuní allí con Abati, Márcia Couto, antropóloga médica de la USP, Mariana Aschar, posdoctorando del Instituto de Medicina Tropical, Renan Viana, estudiante de medicina y Criss de Paulo, arquitecta e ilustradora, quien se ofreció voluntariamente a documentar el estudio. Recibimos apoyo local de Cezar Castro, Jadielson Vilela y Adeuza Oliveira, agentes municipales de control de la malaria. Fue el lugar más desolador que he visto en toda mi vida.
¿Por qué?
En 2023, Abati, Couto, Vilmar Gomes, un antropólogo de Santarém, y yo, guiados por Cezar Castro, habíamos visitado seis garimpos [esas explotaciones mineras] de la zona. Conocimos a la gente, realizamos entrevistas, pensamos en la logística y diseñamos una encuesta que luego implementamos en 2024. Desde esa primera vez ya nos preocupaba nuestra seguridad. En un momento dado, Couto me miró y me dijo: “Si desaparecemos aquí, nunca nadie encontrará nuestros cuerpos”. En 2023 no habíamos visto la selva quemándose tan de cerca, pero en esta oportunidad no hubo día en que no hubiera humo. Preguntamos: “Se hace difícil respirar aquí, ¿no les molesta?”. “Así es, pero no hay otra manera, hay que quemar”, decían. “Quería quemar solo una parte, pero está todo tan seco que ardió todo hasta el borde de mi casa, casi se quema todo”, dijo una de las personas allí presentes. No se dan una idea cabal del alcance del problema ambiental, la información que les llega es parcial y con sesgos ideológicos. Nunca he visto una población que consuma tantas bebidas alcohólicas.
¿Qué hicieron allí?
Les hicimos entrevistas y extracciones de sangre a casi 600 personas, entre garimpeiros, prostitutas y algunos otros que prestan algunos tipos de servicios vinculados a la minería. La idea original era trabajar solo con los mineros, pero en 2023 modificamos toda nuestra estrategia de muestreo y los incluimos a todos. Fue de lo más acertado. Las mujeres forman parte de ese sistema, son fundamentales para su existencia. En alrededor de un 90 % son trabajadoras sexuales. Algunas se integran y prestan otros servicios, como cocinar para los mineros en el bajío, la zona donde buscan oro. Una mujer que cocina para los garimpeiros puede haber sido una prostituta que se relacionó con uno de ellos, se convirtió en su xodó [o su amorcito], como le dicen, y entonces pasan a vivir juntos y en cierta forma ella pasa a ser exclusiva de ese hombre. Les aplicamos pruebas rápidas de ITS a todo el mundo.
¿Detectaron muchas ITS?
Suponíamos que las tasas serían aún más altas. Alrededor de una cuarta parte de las personas tenían sífilis activa, una cifra no mucho mayor que la registrada entre profesionales del sexo o travestis y trans que hemos estudiado recientemente en cinco capitales brasileñas. El problema es que la mayoría de las currutelas, como llaman a los pequeños poblados que se forman, no cuentan con un centro de salud. En uno de ellos hay un edificio para funcionar como puesto sanitario, pero no consiguen profesionales de la salud que quieran ir a trabajar allí. Para acudir al centro médico más cercano a que les apliquen una inyección deben costearse un mototaxi por 400 reales. Como las personas no tienen cómo pagarlo, no se tratan. Detectamos una prevalencia promedio de VIH de un 2,5 %, muy superior a la de la población nacional, que es del 0,5 %. Los últimos estudios nacionales registraron una prevalencia cercana al 5 % entre trabajadoras sexuales, pero allí solo encontramos ese valor en una localidad.
En las facultades de medicina, la transexualidad debería abordarse en sus múltiples dimensiones en todas las especialidades
¿Quiénes están más infectados? ¿Los varones o las mujeres?
Los varones, lo que sugiere que no son ellas las que están propagando las ITS por allí. En los garimpos también encontramos mujeres trans, que allí no parecen ser víctimas de violencia. La líder de una de las currutelas es una mujer trans. Otro hecho interesante fue que constatamos muchas relaciones homosexuales entre mujeres, algo que no hubiéramos imaginado. Como las relaciones con los varones son comerciales, probablemente hallan el placer en otro lugar, con otras personas. Todos tienen una gran necesidad de ser escuchados; oír sus historias y entender cómo han llegado allí nos lleva a recuperar nuestro sentido de humanidad. Algunas trabajadoras sexuales fueron allí porque pueden hacer más dinero que en otros lugares, entonces pasan allí una temporada cada año y ahorran algo de dinero, mientras sus hijos quedan al cuidado de familiares o alguna otra persona en la ciudad. Ellas van por su propia voluntad, pero muchas caen en un esquema que las mantiene atrapadas, porque tienen que pagar para viajar, para utilizar los cuartos de los cabarés, para mantenerse arregladas, lo que incluye la ropa, el cabello, las uñas. Enseguida acumulan deudas difíciles de saldar, entonces su sueño pasa a ser que algún garimpeiro les tome afecto o pague sus deudas.
¿Cuánto hace que usted trabaja con las enfermedades de transmisión sexual?
Trabajo en ello desde que egresé de la universidad, en 1983, con los primeros casos de VIH/sida en la ciudad de Recife, haciendo vigilancia epidemiológica para la Secretaría de Salud del Estado. Constituíamos un equipo pequeño y, en cada caso, teníamos que lidiar con la persona infectada, con sus familiares y con los prejuicios, encontrar un hospital que los atendiera y llamar personalmente a un médico. Decidí venir a São Paulo a hacer un posgrado, ingresé a un programa de maestría en la USP, concursé por un cargo público en la Municipalidad y me nombraron para formar parte de un grupo que estudiaría la posibilidad de traer estudios de vacunas contra el VIH a Brasil. Era un proyecto coordinado por José da Rocha Carvalheiro, de la USP de Ribeirão Preto, y Mary-Jane Spink, de la PUC-SP [Pontificia Universidad Católica de São Paulo]. Terminé siendo coordinadora del trabajo de campo del proyecto, denominado Bela Vista. Fue mi primer contacto real con el contexto de la llamada escena gay, porque en Pernambuco, mis contactos se daban con los pacientes que ya estaban infectados. Yo no sabía nada del mundo gay.
¿Cómo fue ingresar a ese mundo?
Tuve que desprenderme de los prejuicios y aprender a ver a las personas con empatía y respeto. La gente me puso a prueba. En una presentación del proyecto Bela Vista para una organización no gubernamental, uno de los activistas quiso provocarme y me preguntó qué haría si mi hijo me dijera que es gay. Le dije que sabía que él afrontaría dificultades en su vida, pero que se trataría de mi hijo y tendría todo mi apoyo, siempre. Llevaba a mis hijos pequeños a las actividades del proyecto y ellos crecieron llevando una relación muy naturalizada con los grupos con los que trabajo hasta el día de hoy. Es una gran experiencia de aprendizaje. Mis investigaciones me han llevado a frecuentar los ambientes gais y trans. Pese a ser una persona cisgénero y heterosexual, creo que me aceptan porque de alguna manera perciben mi postura respetuosa y empática y mi sentido de la justicia social, los mismos valores humanitarios que me llevaron a querer ser médica.
¿Cómo puede fortalecerse la convivencia o, como usted dijo, una relación naturalizada?
Para ello deben aceptarse las diferencias. Construimos una idea de que los diferentes representan una amenaza, pertenecen a otra categoría de personas, son inferiores. Las raíces de este prejuicio son profundas. En los últimos años, el trabajo de la antropóloga Sonia Corrêa, del Observatorio de Sexualidad y Política, junto al jurista Rogério Junqueira, muestra el rol de la iglesia católica y de las iglesias evangélicas conservadoras en la gestión de lo que ahora se le llama ideología de género. Desde Estados Unidos, la filósofa estadounidense Judith Butler nos muestra en su libro ¿Quién teme al género? [Paidós, 2024], publicado recientemente, cómo la cuestión de género se ha convertido en una de las banderas de la extrema derecha. El propio sistema sanitario que debe brindar acogida, termina siendo un ámbito de discriminación y sufrimiento.

Criss de PauloMaria Amélia, Paulo Abati (de camiseta blanca) y dos garimpeiros de la región de Itaituba (Pará)Criss de Paulo
¿Por qué?
La formación médica no nos prepara para lidiar con los cuerpos trans, con sus necesidades específicas, y los profesionales de los servicios de salud se ven en dificultades cuando tienen que tratar con una persona transgénero. Esto se refleja en la observancia de los cuidados y tratamientos. Si alguien que vive con VIH es discriminado en un servicio de salud, no regresa. En las facultades de medicina, la transexualidad debería abordarse en sus múltiples dimensiones, en todas las especialidades: salud mental, endocrinología, ginecología, obstetricia, otorrinolaringología, cirugía, etc. En el Hospital Santa Casa de São Paulo tenemos algunas clases aisladas en primero, segundo y quinto año, pero no es suficiente. En 2024, una novedad prometedora fue la creación ‒por los propios alumnos‒ de la liga de la salud de la población LGBT del Hospital Santa Casa, para ahondar en los temas que no tienen el espacio necesario en el programa curricular. Los estudiantes realizan reuniones quincenales o mensuales, en su tiempo libre, e invitan a hebiatras, psiquiatras, cirujanos, ginecólogos, gente especializada en la atención de la población trans para conversar con ellos.
Si pudiera darle una o dos sugerencias a alguien que vaya a atender a esta población, ¿qué le diría?
En primer lugar, le diría que se ponga en el lugar del otro, con empatía, que es una habilidad necesaria e importante que debe poseer cualquier médico. Si se tiene empatía y se formulan preguntas sobre cómo proceder, inmediatamente se rompe una primera barrera. No es raro que a estas personas nunca se las examine con detenimiento en los consultorios. Los médicos no les piden que se saquen la ropa y solo les hacen preguntas, sin mirarlos demasiado a los ojos. Las personas trans ya llegan a los servicios de salud cargando todo un historial de discriminación. Cabría esperar que encuentren profesionales capaces de mirarlas a los ojos, respetarlas y preguntarles cómo desean ser llamadas. A mis estudiantes y colegas médicos siempre les digo que existe algo que se llama profesionalismo, que es la manera en que se mantienen los valores y se puede cuidar a otras personas de acuerdo con la ética que exige tu profesión. El segundo consejo que le daría es que tenemos que prestar más atención a la educación en todos los niveles. Tendríamos que estar hablándoles de la salud sexual a los niños y los adolescentes de todas las escuelas, pero éste se está convirtiendo en un tema tabú; casi siempre se habla solamente del sistema reproductivo. Los estudiantes quieren saber más sobre sexo y como en la escuela no encuentran información, se están formando a través de lo que consumen en las redes sociales.
¿Cuáles son los principales problemas de salud de las personas trans que debería atender el sistema público de salud?
Hay problemas generales, como los que afectan a cualquier persona, y otros más específicos, relacionados con la afirmación de género. En el caso de los problemas generales, es necesario tratar a las personas en forma integral, desde la presión arterial hasta la dieta. Los problemas específicos implican un ciclo complejo. Varios estudios, incluidos los de nuestro grupo, muestran que la mayoría de las personas trans, para consumar las transformaciones corporales que se adecuarán mejor a sus necesidades de identidad de género, recurren a la utilización de hormonas por cuenta propia, lo que puede revestir múltiples riesgos. Suelen pensar que una dosis más alta podría acelerar el proceso de transición, pero en realidad esto puede elevar el riesgo de sufrir accidentes cerebrovasculares. Otro problema es el acceso limitado a los procedimientos quirúrgicos. Si se trata de una cirugía genital, la espera es de años, muchos años, y ello solo aumenta el sufrimiento mental. Ahora bien, si vemos el lado positivo, contamos cada vez con más voces en el Parlamento, personas trans bastante poderosas que están hablando de estos temas. Tenemos a Érica Malunguinho, la primera mujer transgénero en la Legislatura de São Paulo [diputada estadual de 2019 a 2023], y en el Congreso Nacional, a Erika Hilton [diputada federal por São Paulo desde 2023] y Duda Salabert [diputada federal por Minas Gerais desde 2023]. Son parlamentarias trans con mucha fortaleza y que inspiran mucho a las poblaciones que representan.
Homosexuales y transexuales representan el 2 % de la población brasileña. ¿Es así?
Es una estimación que sirve para mostrar la necesidad de incluir en el censo preguntas capaces de identificar con precisión la cantidad de personas transexuales. Las necesidades de una persona trans o de una persona no binaria son específicas y deben tenerse en cuenta a la hora de diseñar políticas públicas. Hay estudios, entre ellos el de un exalumno mío de doctorado, José Luis Gomez, sobre la experiencia de estas personas en la escuela durante su adolescencia. El término más apropiado ni siquiera sería deserción escolar, sino expulsión. Son expulsados de las escuelas al ser víctimas de intimidación y acoso por parte de sus compañeros. A menudo, son las propias instituciones las que no quieren a estos niños allí. La segregación se traduce en menos oportunidades de ocupar espacios laborales más calificados. El municipio de São Paulo tiene desde hace algunos años lo que considero la política pública más interesante desde este punto de vista, un programa llamado Transciudadanía. El programa otorga becas de estudio por dos años para que las personas trans puedan completar su educación y las prepara para el mercado laboral. Hay grandes empresas que han abierto oportunidades para la contratación de personas trans. El debate que se abre es hasta qué punto estas empresas en realidad están comprometidas con la permanencia de estas personas, porque en parte las contratan, se presentan como ampliadoras la diversidad y ganan crédito en el mundo corporativo, pero luego no generan las condiciones para su permanencia. Hemos registrado varios testimonios de personas trans contratadas por corporaciones que, a la hora de empezar a trabajar, no les proveen uniformes de sus tallas ni soluciones a la vista.
En todas las escuelas deberíamos hablar con niños y adolescentes de salud sexual, no solamente del sistema reproductor
¿Cuál fuer la motivación que en 2014 la llevó a crear el Nudhes?
La de poder trabajar de una manera orgánica con el VIH y los grupos de la población más afectados. Es un problema complejo, no solamente por las cuestiones biológicas asociadas a esta infección, sino también por la problemática social. El VIH/sida está asociado a la estigmatización de las poblaciones más afectadas. La epidemiología trata de identificar las causas de los problemas, los llamados determinantes y, en el caso del VIH, los determinantes sociales cumplen un papel importante. Es un problema que requiere la mirada de muchas disciplinas científicas y enfoques multi e interdisciplinarios. Fuimos conformando un grupo de personas con diferentes formaciones: antropólogos, psicólogos sociales y otros profesionales de la salud. Hemos estado trabajando juntos al menos desde 2012. Existen otros grupos multidisciplinarios en Brasil, pero en general, se basan en la trayectoria académica. Una de las características del Nudhes, desde el principio, ha sido su diversidad, representada por la participación de personas pertenecientes a las poblaciones que estudiamos. Se trata de un grupo formado mayoritariamente por jóvenes gais, lesbianas, transexuales y mujeres negras. No todos poseen o aspiran a un título académico, pero son investigadores y aportan saberes inestimables a los estudios. En diversos ámbitos de la ciencia se debate sobre las cuestiones de identidad, se plantea si las personas pertenecientes a los grupos estudiados gozarían de la distancia necesaria como para involucrarse en los estudios. Es una perspectiva que indica una comprensión de la ciencia como algo neutro, y todos sabemos que no es así. Creo que deberíamos estar preguntándonos cómo incorporar los saberes que poseen esas comunidades en los estudios que se llevan a cabo sobre ellas mismas.
¿Cómo afrontar esta situación?
Nosotros nos hemos enfocado en seguir produciendo conocimientos que puedan legitimarse dentro de los moldes que exige la ciencia. Pero la perspectiva de las personas implicadas constituye uno de los componentes más importantes en esta producción de conocimientos. Como mujer, heterosexual, cisgénero y blanca, no tengo cómo traducir la experiencia subjetiva de las personas homosexuales o transexuales. Puedo describirla y documentarla, empleando cualquier enfoque científico admisible, pero no tengo forma de sentirla. No puedo decir “sé lo que se siente”. De hecho, no sé cómo es. Es difícil esa separación completa entre las personas, individuos e investigadores en cualquier área. Lo que nos avala es que contamos con estudios, que remitimos a las agencias y sometemos a la revisión por pares, como cualquier científico. Pero procuramos incluir la perspectiva de las poblaciones estudiadas y tenemos el cuidado de no hacer ni decir nada que pueda violentar los cuerpos, a las personas y sus identidades.
Entre las investigaciones, ¿qué pondría de relieve?
El primer gran proyecto del Nudhes que, a propósito, fue financiado por la FAPESP en 2012, fue el SampaCentro. Hasta entonces no contábamos con datos actualizados del alcance de la epidemia de VIH entre la población gay y otros varones que mantienen relaciones sexuales con varones. Utilizamos una metodología bastante innovadora para aquella época, llamada TLS, siglas en inglés de Time Location Sampling [muestreo de tiempo y lugar], para estudiar los espacios de sociabilidad, la llamada escena gay, en los distritos de República y Consolação, del centro de São Paulo. Realizamos un relevamiento físico de todas las calles y observamos cuáles eran los espacios de sociabilidad gay y las barreras a su circulación. Además de este mapeo, realizado con la colaboración de las antropólogas Regina Fachini e Isadora Lins, de la Unicamp, llevamos a cabo un muestreo aleatorio de las personas que frecuentan estos espacios, quienes respondieron un cuestionario y se sometieron a test de VIH. Una de las mayores contribuciones del Nudhes consistió en dar a conocer la prevalencia del VIH en el grupo denominado varones que tienen sexo con varones. En los últimos años hemos realizado diversos estudios con la población trans. Hemos documentado la dimensión, las formas y las consecuencias de la violencia y la discriminación de la que estas personas son víctimas. Uno de nuestros estudios reveló que los índices de ideaciones suicidas y de suicidio entre travestis y mujeres trans son alarmantemente más altos que los de la población de São Paulo en general. Inauguramos la práctica de presentarles los resultados de las investigaciones a las propias comunidades que estudiamos en primer lugar. También hemos incorporado algunos conceptos innovadores, por ejemplo, la navegación de pares, un término muy utilizado en Estados Unidos.
Si miramos el lado positivo, tenemos cada vez más representantes en el Parlamento, personas trans bastante poderosas hablando sobre estos temas
¿Qué es la navegación de pares?
Se trata miembros de la comunidad que ayudan a otras personas de su misma comunidad a desenvolverse dentro del sistema sanitario. Acompañan desde la recepción hasta la consulta con el médico. Probamos primero este concepto con mujeres portadoras de VIH, para evaluar si la navegación de pares ayudaba a la adhesión al tratamiento, en el marco de un proyecto denominado Transamigas, financiado por los NIH [Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos]. Hicimos un ensayo riguroso. Se seleccionaron mujeres en forma aleatoria para recibir o no la compañía de navegadoras de pares. Las Navegadoras de Pares (NP) podían, por ejemplo, acompañar a una persona que incumplía con el tratamiento y se resistía a volver a la consulta. “Vas a volver allí, yo iré contigo y enfrentaremos al médico que te echó”. Las NP contaban con el apoyo de un equipo para brindar ayuda a las participantes bajo su responsabilidad. Realizamos toda una labor formativa, no solo al respecto de la salud y la importancia de seguir el tratamiento, sino también sobre las cuestiones que tienen que ver con los derechos y la comunicación, entre otras. Demostramos que esta estrategia ayudaba a las personas que vivían con VIH y ahora estamos probándola con otro grupo de personas sin VIH para comprobar si mejora la adhesión a la prevención. Al documentar estas posibilidades de acción, vamos revelando estos mecanismos y llamando la atención de los responsables de las políticas públicas para intentar que en una de ésas incorporen lo que funciona y corrijan aquello que se erige como una barrera para el acceso.
¿Ha conseguido que algo cambie?
Hemos documentado muchas situaciones complicadas, pero también hemos observado cambios progresivos. Algunos servicios públicos incorporaron personas trans en la recepción, como profesionales de la salud. Ya tenemos médicas, médicos y enfermeras trans trabajando en el sistema de salud. Este cambio no es fruto solamente del trabajo del Nudhes, por supuesto, es el resultado de muchas luchas, de un cambio a nivel social. Desde 2018, Brasil cuenta con profilaxis preexposición para el VIH, con un protocolo que incluye pruebas de otras ITS, tales como clamidia, gonorrea y sífilis, cada tres o cuatro meses. Esto es algo bueno, porque mejora el diagnóstico de las otras, que están más desatendidas.
¿Cuáles son sus planes?
En 2023 fundamos el Nudhes como una organización de la sociedad civil (OSC), para allanar el camino no solamente a otras posibilidades de financiación, sino fundamentalmente de actuación. No dejaremos de ser un grupo académico, pero la naturaleza de lo que ha venido haciendo el Nudhes dialoga bastante con la de una organización social. Durante la pandemia, recaudamos dinero y distribuimos alimentos básicos, agua, ropa y mascarillas entre unas mil personas con las que trabajábamos. Entre las trabajadoras sexuales, aquellas que contaban con algún apoyo no salieron a la calle durante la pandemia para mantener relaciones sexuales sin mascarillas. Quienes no tenían cómo sobrevivir lo hicieron. No podemos llevar a cabo este tipo de intervenciones solamente con los fondos de los proyectos: necesitamos buscar otras fuentes de financiación. En esta nueva configuración, somos 12 personas. Mi prioridad personal ahora es viajar a Barcelona (España), para acompañar a mi hija en el parto de mi segunda nieta que se llamará Eva y nacerá en enero. La primera, hija de mi hijo, se llama Olívia y tiene 2 años.