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Ciencia

Por los ríos de Brasil

Biólogos registran 2.122 especies de peces de agua dulce existentes en el país

El movimiento en los puestos de venta de pescado del Mercado Municipal de São Paulo es escaso al comenzar la tarde de un caluroso y soleado jueves. Quienes se detienen en el box 33, calle B, en uno de los últimos pasillos de la lateral izquierda del mercado, pueden elegir entre corvinas, sardinas, lisas y salmones – todas especies de mar, algunas de las cuales llegan a medir un metro de longitud. El único pez de agua dulce, el surubí, que llega a medir dos metros, es una estrella solitaria en las góndolas llenas de hielo picado. Más adelante, otro puesto ubicado en el box 29 de la calle C exhibe algunos róbalos pavo real o pavones, típicos de la Amazonia, rodeados de sardinas, meros, merluzas y otros ejemplares de mar, más apreciados por los clientes.

En un país surcado por miles de ríos, podría extrañar la escasez de peces de agua dulce en el Mercado Municipal paulistano, si no fuera por una explicación dada por alguien que estudia el tema desde hace más de 20 años. “La diversidad de peces de agua dulce en Brasil es elevada, pero la mayoría de éstos corresponde a especies pequeñas y frágiles, con importancia principalmente científica y ecológica, pero de bajo valor comercial”, comenta Naercio Aquino Menezes, del Museo de Zoología de la Universidad de São Paulo (USP). El Catálogo de peixes de água doce no Brasil, que Aquino Menezes coordinó, muestra 2.122 especies halladas en los ríos del país – casi el doble de las que había listado en 1948 el biólogo estadounidense Henry Fowler, en un estudio pionero.

Entre el 10% y el 15% de las especies era desconocido, y éstas están siendo científicamente descritas. Es el caso de una mojarra azulada de unos 4 centímetros pescada en el alto Xingú y alto Tapajós, estado de Mato Grosso, dotada de una glándula en la aleta anal que produce feromona, una sustancia que atrae a las hembras durante la época de apareamiento. O del dragonichtys, algo así como dragón chino, un bagre largo y rollizo que lleva ese nombre debido a sus largos bigotes y morro protuberante – tiene unos de 15 centímetros y vive en los ríos del Brasil Central escondido entre las piedras de los rápidos.

Más que en el mar
Para complementar los estudios anteriores y darle sustento a la formulación de políticas públicas para la explotación pesquera de manera sostenible, los expertos que prepararon el Catálogo recorrieron 20 estados, de Paraíba a Río Grande do Sul, durante cinco años. Pese al esfuerzo, reconocen que es probable que el trabajo no esté aún completo. Pueden existir al menos otras dos mil especies que deben describirse, estima Ricardo Macedo Correa e Castro, coordinador del Laboratorio de Ictiología de la USP de Ribeirão Preto y uno de los autores del catálogo, trabajo del cual participaron también equipos del Museo Nacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y del Museo de Ciencias y Tecnología de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do Sul (PUC-RS). Con todo, el total actual ya supera al número de peces marinos: a lo largo de la costa brasileña viven 1.297 especies, presentadas el año pasado en el Catálogo das espécies de peixes marinhos do Brasil, editado por estos mismos equipos del Museo de Zoología de la USP y del Museo Nacional de la UFRJ (lea en Pesquisa FAPESP nº 94).

Se estima que existen 25 mil especies de peces marinos y fluviales en todo el planeta. De acuerdo con un estudio publicado en 2003 por la PUC de Río Grande do Sul, en América Central y del Sur viven alrededor de 4.400 especies de peces de ríos ya identificadas, al margen de otras 1.600 que todavía deben describirse. Con las 2.122 especies del nuevo inventario, Brasil responde por alrededor del 30% de esta diversidad, como consecuencia de la variedad de ambientes acuáticos – ríos, arroyos, riachos, lagos y lagunas. “La evolución geomorfológica de América del Sur impulsó la formación de una elevada diversidad de ecosistemas acuáticos que favorecieron el desarrollo de una fauna de peces que no encuentra parangón en otras partes del mundo”, comenta Menezes.

La región de mayor variedad de peces – casi mil – es previsiblemente la cuenca amazónica, como resultado en primer lugar de sus propias dimensiones: es la mayor cuenca hidrográfica del mundo, con un drenaje de 5,8 millones de kilómetros cuadrados, el equivalente a casi media Europa, de los cuales 3,9 millones se encuentran en territorio brasileño. En segundo lugar, por la propia diversidad de ambientes: hay ríos de tres categorías, de acuerdo con su coloración: de aguas blancas como el Amazonas, el Madeira y el Jamarí; de aguas claras, como el Tapajós y el Tocantins, y de aguas negras, como los ríos Negro y Uatumã. Asimismo, el volumen de agua es gigantesco: de los 20 mayores ríos del mundo, diez se encuentran en la Amazonia. El más grande de éstos, el Amazonas, con sus 6,5 mil kilómetros y una distancia entre sus orillas que varía de 4 a 50 kilómetros, es responsable del 20% del agua dulce arrojada anualmente a los océanos.

Tres grandes peces son los símbolos de la Amazonia. El primero es el pirarucu o paiche (Arapaima gigas), uno de los más grandes peces de agua dulce del mundo, de hasta 3 metros de longitud y 150 kilos, de aspecto primitivo, con una cabeza larga y el cuerpo que se afina hasta llegar a la cola redondeada. El otro, que también forma parte de la cocina de la región norte, igualmente servido en guiso, es la cachama negra (Colossoma macropomum), frugívoro, de hasta un metro y 30 kilos. El tercero es el pavón (Cichla ocellaris), carnívoro, de hasta 80 centímetros y 15 kilos, reconocido por la mancha negra redondeada – el ocelo – en la cola. Servido generalmente asado o cocido con vegetales, es el más asiduo de los tres en el Mercado Municipal de São Paulo. Pero, aun así, se vende poco. “Cuanto mucho unos diez por semana”, observa Reginaldo Gomes de Souza, empleado del puesto del box 29. “Solo la gente del norte lo conoce.”

Limón y cilantro
La segunda región en lo que atañe a diversidad de peces, con casi 500 especies, es la zona surcada por tres ríos: el Paraná, de 4 mil kilómetros de extensión, el Paraguay, con sus 2.621 kilómetros, y el Uruguay, de 1.770. Por su tamaño y, para ser justos, por su sabor, se destaca el surubí (Pseudoplatystoma corruscans), bastante apreciado cuando se lo asa a las brasas en cubos, y condimentado solamente con algunas gotas de limón. “El limón le quita el gusto a la carne”, previene João Gualberto, empleado del puesto 29 del mercado paulista. João explica que el surubí se puede hacer también en chupín [‘moqueca’], con leche de coco, perejil, cebolla y – allí radica el secreto – una buena pizca de cilantro.

Es un pescado que, como se dice el mercado, tiene salida: se venden alrededor de 50 por semana. En los ríos de esta región también se encuentra el dorado (Salminus maxillosus), predador voraz de hasta 25 kilos. En la cuenca del São Francisco existen alrededor de 150 especies, entre ellas el ‘curimatá’ (Prochilodus vimboides), de piel gris, boca en forma de ventosa y labios carnosos, y el sabalo (Salminus hilarii), conocido por su morro puntiagudo y sus aletas de la cola rojizas.

Todos estos son peces que se explotan comercialmente. En 2002, Brasil produjo, mediante la práctica de la pesca extractiva, 680 mil toneladas de pescado. De dicho total, 455 mil toneladas (un 67%) provinieron de los mares, y 225 mil (un 33%) de los ríos. Brasil, país donde la actividad pesquera genera alrededor de 800 mil empleos directos, ocupa la 27ª colocación en el mercado mundial, con exportaciones crecientes: 120 millones de dólares en 1998 y 330 millones de dólares en 2002.

Sin embargo, para los científicos el panorama está lejos de ser alentador. “La pesca extractiva ha ido más allá de los límites de su sostenibilidad”, se lamenta Paulo Andreas Buckup, de la UFRJ. Una nómina publicada por el Ministerio de Medio Ambiente a finales de mayo enumera 160 especies de peces amenazadas de extinción – y 135 son de agua dulce. Esta constatación refuerza la necesidad de redoblar los cuidados, especialmente con las especies pequeñas y frágiles, calificadas como de relevancia científica y ecológica, que en general viven en los arroyos. Como se alimentan de pequeños invertebrados, frutos y hojas que caen de los árboles, se convierten en víctimas fáciles, producto de la deforestación de las orillas de los ríos, de la contaminación y de las grandes obras, como las centrales hidroeléctricas.

La variedad de peces de riachos y arroyos brasileños, hasta ahora muy poco conocida quizá debido a su bajo valor comercial, solamente quedó algo más clara a medida que los investigadores arrojaban el mediomundo. En ríos como el Mogí-Guaçú, el Piracicaba y el Tiete, en la región del alto Paraná, el grupo de la USP de Ribeirão Preto juntó 17 mil ejemplares de peces, detectando 15 especies nuevas – una de éstas es el minúsculo Corydoras difluviatilis, que se alimenta de insectos enterrados en la arena del lecho de los ríos Pardo y Mogí-Guaçú.

En un arroyo del Bosque Atlántico, en el límite de São Paulo con Río de Janeiro, el equipo del Museo de Zoología reencontró al Trichogenes longipinnis, con su larga aleta de cola y un cuerpo color castaño claro, con manchas oscuras y otros rasgos relativamente primitivos con relación a los otros bagres – y que por tal razón tiene importancia evolutiva. “El hecho de tener una distribución restringida en el Bosque Atlántico y ser una especie relativamente primitiva denota la importancia de los ecosistemas acuáticos de la región en el contexto de la historia evolutiva de los peces de agua dulce de América del Sur”, comenta Menezes.

La expedición al Brasil Central, priorizada por contener afluentes importantes de la cuenca amazónica en zonas poco exploradas, fue la única que reunió a los cuatro equipos. Los 16 investigadores desembarcaron en Cuiabá, capital de Mato Grosso, el día 15 de enero de 2002, bajo un sol abrasador, y listos para enfrentar la época de lluvias. Cuando volvieron a casa, 15 días después, habían recorrido 5 mil kilómetros de carreteras agujereadas y barrosas. Habían capturado alrededor de 50 mil peces de unas de cien especies, incluidas siete nuevas de la familia de los loricáridos, que incluye a una vieja de agua – de menos de 5 centímetros, boca en forma de ventosa y cuerpo revestido por una coraza ósea, que viven escondidos bajo las hojas y troncos de árboles ubicados a orillas de los ríos.

Los Proyectos
Conocimiento, conservación y utilización racional de la diversidad de la fauna de peces en Brasil
Coordinador
Naércio Aquino Menezes – Museo de Zoología/ USP
Inversión
R$ 1.051.000,00 – Pronex (CNPq)

Diversidad de peces de la cuenca del alto río Paraná
Modalidad
Proyecto Temático
Coordinador
Ricardo Macedo Correa e Castro – USP de Ribeirão Preto
Inversión
R$ 486.037,11 (FAPESP)

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