Un inusitado escalafón de universidades presentó un listado con 1.500 instituciones a las que no las clasifica según su excelencia educativa y su producción académica, sino por su desempeño en relación con sus indicadores de desvíos éticos. El Índice de Riesgo de la Integridad en la Investigación Científica, descrito en un artículo aún no revisado por pares publicado en el repositorio de preprints ArXiv, toma en cuenta dos parámetros negativos de la producción de los investigadores de una universidad: el porcentaje de artículos científicos retractados, es decir, aquellos que han sido cancelados por contener errores o indicios de mala conducta, y la cantidad de papers publicados en revistas que han sido excluidas de las bases de datos Scopus y Web of Science por adoptar prácticas de publicación anómalas o incurrir en irregularidades éticas en sus procesos editoriales.
“Las universidades ansían ser vistas como estrellas en ascenso, pero no siempre queda claro si están prosperando en un terreno sólido o en una arena movediza estadística”, le explicó a la revista Nature el creador del índice mencionado, el científico de la información libanés Lokman Meho, bibliotecario en jefe de la Universidad Americana de Beirut, quien destaca que su clasificación, aunque se basa en datos objetivos, no sirve para estimar el alcance de los desvíos éticos cometidos en las casas de altos estudios, pero puede ser útil para revelar cuáles son las instituciones con vulnerabilidades estructurales que no captan los escalafones tradicionales, tales como aquéllas que presionan a sus propios investigadores para que inflen artificialmente sus métricas de desempeño o las que adoptan una actitud laxa frente a prácticas de publicación controvertidas.
El índice clasifica a las instituciones en cinco categorías: 1) señal de alarma; 2) riesgo alto; 3) en observación; 4) variación normal; 5) riesgo bajo. La inclusión de una universidad en cada una de ellas depende del porcentaje de artículos publicados en 2022 y 2023 que acabaron siendo retractados y de la proporción de su producción científica publicada en estos mismos años en revistas que posteriormente han sido excluidas de las bases de datos Scopus y Web of Science. En la categoría “señal de alarma”, que agrupa a unas 124 instituciones con “anomalías extremas y riesgo de integridad sistémico”, un 25 % de las universidades corresponde a la India, un 17 % a Arabia Saudita y un 15 % a China. Las universidades indias ocupan los primeros nueve puestos de la lista.
Una de las más destacadas es la Universidad Anna, con sede en Chennai (India). Se trata de una institución pública centrada en las áreas de ingeniería, tecnología y arquitectura, que acumuló 372 artículos retractados entre los publicados por sus investigadores en 2022 y 2023. En los primeros puestos también aparecen instituciones que han protagonizado escándalos recientes, como la Facultad de Odontología del Instituto Saveetha de Ciencias Médicas y Técnicas, de Chennai, que recurría a un truco para abultar sus indicadores de impacto científico: alentaba a sus estudiantes a redactar ensayos de 1.500 palabras describiendo actividades científicas que habían realizado el año anterior (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 329) y a presentar esos textos para su publicación en revistas y actas de conferencias. Varios de esos trabajos acababan siendo aceptados para su publicación en secciones de resúmenes como short communications o como corresponsalía y, dado que en sus referencias citaban muchos artículos de docentes de la propia facultad, conseguían inflar artificialmente los índices de impacto de la institución. Del total de artículos publicados en 2022 y 2023, 177 fueron retractados por infringir las normas éticas.
Las universidades brasileñas aparecen en su mayoría en los estratos más bajos del escalafón (variación normal y riesgo bajo), como es el caso de las tres universidades estaduales paulistas: la Universidad de São Paulo (USP), la Universidad de Campinas (Unicamp) y la Universidade Estadual Paulista (Unesp). Pero dos universidades federales se destacaron en las dos peores categorías del ranking: la Universidad Federal de Uberlândia (UFU), en Minas Gerais, en el 115º puesto, y la Universidad Federal de Goiás (UFG), en el 151º puesto, cada una con 27 artículos retractados. Los papers anulados atribuidos a estas dos instituciones están relacionados con un caso controvertido protagonizado por el biólogo Guilherme Malafaia Pinto, del Instituto Federal de Goiás (IF-Goiano), autor corresponsal de 45 artículos retractados por manipulación de la revisión por pares publicados en la revista Science of the Total Environment (Stoten). Al enviar los papers para su publicación, Malafaia sugirió a Stoten los nombres de investigadores idóneos para evaluarlos, pero proporcionó direcciones de correo electrónico falsas, que no pertenecían a tres de los científicos indicados. Los editores de Stoten enviaron decenas de artículos presentados por el biólogo a esos e-mails falsos y recibieron como respuesta dictámenes bien argumentados, pero no se sabe quién los redactó (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 349).
“Los artículos retractados en buena medida tenían entre sus coautores a investigadores de las universidades federales de Goiás y Uberlândia, lo que explica la inclusión de estas instituciones en la lista”, analiza Edilson Damasio, bibliotecario de la Universidad Estadual de Maringá y estudioso de las retractaciones de artículos de autores nacionales. Como en la clasificación solamente se evaluaron instituciones con una amplia producción científica, el IF-Goiano no fue incluido, a diferencia de lo que ocurrió con las grandes universidades en donde trabajan los coautores.
El director de investigación de la Universidad Federal de Uberlândia, Carlos Ueira Vieira, informó que no reconoce el número de artículos retractados atribuidos a la institución y, por tal motivo, le ha pedido explicaciones a Meho. Según Ueira Vieira, tres investigadores de la UFU colaboraron con Malafaia pero, de acuerdo con sus registros, solamente firmaron uno de los artículos retractados por Stoten. En algunos casos, el autor vinculado a la UFU en los artículos retractados era el propio Malafaia, quien también declaraba su filiación con el Programa de Posgrado en Ecología, Conservación y Biodiversidad de la institución. Según Ueira Vieira, se le retiró la acreditación del programa y ya no tiene ningún vínculo con la universidad.
La docente y directora de investigación de la Prorrectoría de Investigación e Innovación de la Universidad Federal de Goiás, Fabiola Souza Fiaccadori, explica que Malafaia hizo su doctorado en la institución y, por esa razón, mantuvo colaboraciones con algunos investigadores de la universidad con quienes publicó artículos. Cabe destacar, según ella, que los coautores de los artículos cancelados no tuvieron ninguna participación en las irregularidades y que las retractaciones no pusieron en entredicho el contenido de los trabajos, sino únicamente la honestidad del proceso de evaluación. “Nuestra posición en ese escalafón es producto de una instantánea puntual del momento, ya que históricamente, el volumen de retractaciones de nuestros investigadores siempre ha sido muy bajo”, argumenta. Fiaccadori dice que la UFG ha puesto empeño en promover una cultura de la integridad: por ejemplo, ha creado una guía de buenas prácticas académicas para su comunidad y ofrece una asignatura de integridad para sus estudiantes de posgrado.
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