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Entrevista

Iván Izquierdo: Recuerdos y omisiones

Neurocientífico se refiere a la importancia de las memorias, y también a la del olvido

Con un fuerte acento que evoca todavía su tierra natal, la rioplatense Buenos Aires, el médico y neurocientífico Iván Izquierdo (66 años), de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS), es uno de los mayores especialistas en fisiología de la memoria a nivel mundial. Productivo como pocos, dueño de un currículum con más de 500 artículos científicos publicados, que han sido citados casi 8 mil veces en trabajos de otros investigadores, Izquierdo ha llevado adelante estudios que, durante las últimas tres décadas, han ayudado a entender el papel que desempeñan ciertas sustancias químicas y estructuras cerebrales en la formación, la preservación y la pérdida de los recuerdos y rememoraciones.

Una de sus contribuciones más importantes ha sido la demostración de que existen dos divisiones en la memoria: la memoria de corta duración y la memoria de larga duración, que se forman en paralelo, pero de manera diferente. “Somos exactamente aquello de lo cual nos acordamos y también somos aquello que no queremos recordar”, dice ese asiduo lector de su compatriota Jorge Luis Borges.

Casado con una gaúcha y con amigos de este lado de la frontera, Izquierdo dejó Argentina en 1973, “cuando la situación política allá era muy amenazadora”, y partió rumbo a la patria de su mujer. Vivió tres años en São Paulo, donde trabajó en la Escuela Paulista de Medicina (la actual Universidad Federal de São Paulo), antes de radicarse en Porto Alegre. Creía que Brasil era tan solo una escala en su vida, pero se engañaba.

Terminó quedándose en el país, entre otras razones porque acá la dictadura militar daba señales de una perspectiva de apertura lenta y gradual del régimen. “En Argentina se produjo un cierre súbito y total”, afirma. En 1981, cuando se sintió “uno más, en casa” en su nuevo país, se naturalizó brasileño.

Hoy en día se define como un “Meligeni de la ciencia”, en una referencia al tenista Fernando Meligeni, nacido en Argentina y también naturalizado brasileño. Y a propósito: Izquierdo recurre a menudo a los ídolos del deporte y de la literatura para explicar conceptos de las neurociencias, como los lectores podrán observar en esta entrevista. Formalmente jubilado desde el año pasado, continúa en actividad al frente del Centro de Memoria del Instituto de Biociencias de la UFRGS.

¿Por qué decidió estudiar los mecanismos de la memoria?
Porque consideré y aún lo considero así que es un mecanismo que tiene siempre algo de misterioso en su seno, algo que evoca quiénes somos. Somos individuos porque tenemos memoria. Somos exactamente aquello que recordamos. Cada uno de nosotros tiene un cierto acervo de memoria que es peculiarmente nuestro, que no compartimos con nadie Todo eso me pareció lo suficientemente interesante como para dedicarme a ese tema por el resto de mi vida.

Y actualmente, ¿cuánto hay aún de misterio para la ciencia con relación a la cuestión de la memoria?
Bueno, siempre quedará un misterio, que es el hecho de que la memoria implica en cierta forma transformaciones de la realidad que uno ve, o que uno siente, en un código neuronal. Y luego, eventualmente, ese código neuronal que es eléctrico y es químico, las dos cosas se transforma nuevamente en expresiones de aquello de lo que nos acordamos, que se transforma en recordaciones, en reminiscencias. Siempre habrá algo que hará que esto sea eternamente misterioso.

¿Cuáles son las principales contribuciones que ha brindado su grupo de investigación para el mejor entendimiento acerca de cómo se forma la memoria?
Nuestra primera gran contribución, junto con otros grupos, fue la determinación de los grandes mecanismos cerebrales que modulan la memoria, de los diversos mecanismos mediados por neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina, o por hormonas, como a adrenalina, la beta-endorfina, la vasopresina y los corticoides. Esto fue en los años 1970. En esa línea de trabajo, yo destacaría el descubrimiento de los mecanismos de acción de la nicotina y de la anfetamina sobre la memoria, y posteriormente los de la beta-endorfina. La modulación de la memoria a cargo de todas estas sustancias hace que tanto la formación como la evocación de la memoria sean tan sensibles a las emociones y a los estados de ánimo. Más recientemente detectamos sobre qué sustratos moleculares de las áreas cerebrales que producen y evocan memorias actúan estas sustancias, y de qué manera éstas actúan. La segunda contribución importante fue el estudio de los mecanismos moleculares reales de la memoria, sobre todo en el hipocampo. Eso empezó a mediados de los años 1980, cuando comenzaron a aparecer modelos útiles sobre los cuáles se podía trabajar. Esta línea de investigación nos permitió conocer en detalle la secuencia molecular de los procesos de formación de las memorias en el hipocampo y en otras regiones cerebrales.
La tercera gran contribución fue la división de la memoria en memoria de curta y de larga duración. Al contrario de lo que se pensaba, demostramos que las divisiones de la memoria son dos procesos paralelos y diferenciados. Demostramos que la memoria de corto plazo no era la parte inicial de la otra, que es la memoria de largo plazo. Esto es de suma importancia en la patología de la memoria. Nuestras contribuciones más recientes consistieron en identificar los mecanismos implicados en la evocación en varias regiones cerebrales, los mecanismos moleculares de la extinción de las memorias y, por último, los mecanismos que resultaron ser una forma diferente de memoria: la memoria de aprender nuevamente. Es distinta de la memoria de aprender más y diferente también de la evocación.

¿Podría explicar con mayores detalles el funcionamiento de esas dos divisiones de la memoria, la memoria de corta duración y la de larga duración?
Son dos memorias que se disparan al mismo tiempo, que se forman en las mismas células nerviosas, pero que utilizan mecanismos moleculares separados. Usted aprende algo y la memoria definitiva de eso que usted (o cualquier animal) aprendió tarda varias horas para formarse. De cualquier modo, mientras esa memoria de larga duración no está construida, usted logra responder (a una cuestión que implique ese aprendizaje). Para poder conversar durante esta entrevista,usted no precisa esperar que se consolide la memoria de la frase anterior, cosa que demorará varias horas. No se necesita hacer eso. Al momento usted responde a lo que yo digo y yo respondo a lo que usted dice. Para ello utilizamos un sistema paralelo a la memoria de larga duración, un sistema más sencillo, un poco más elemental y menos estable, que se denomina memoria de corta duración. Esa memoria es parecida a la memoria de trabajo (RAM) de las computadoras.

¿Y esa memoria de corta duración subsiste por cuánto tiempo?
Entre tres y seis horas, más o menos. La mejor analogía que conozco para diferenciar a esas dos memorias es la situación de cuando nos vamos a vivir en un hotel mientras construyen nuestra casa. El hotel es la memoria de corta duración, provisoria, y la casa será la de larga duración.

En la actualidad, ¿cuál es su principal línea de investigación?
A partir de la década de 1990 más o menos, empezamos a trabajar en colaboración con el grupo de Jorge Medina, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en los mecanismos que efectivamente participan en la memoria. En esa época empezó a quedar claro en el mundo que el principal neurotransmisor no es ninguno de los que mencioné antes, sino el ácido glutámico. La gran transmisión excitatoria del cerebro es glutamatérgica, y la gran transmisión inhibitoria es por el aminoácido gama amino butírico. Entonces empezamos a estudiar los mecanismos impulsados o puestos en acción por esos compuestos. Mientras Eric Kandel (premio Nobel de Medicina de 2000), por ejemplo, demostraba los mecanismos moleculares de la plasticidad neuronal en los moluscos, pasamos a estudiar los mismos procesos u otros parecidos en la memoria de los mamíferos.

Más específicamente, ¿cuál es el tema de sus trabajos más recientes?
Todavía no hemos terminado de redactar el trabajo, pero estamos demostrando que, cuando uno aprende dos veces, utiliza mecanismos diferentes de los que usa para aprender algo una sola vez. Es diferente aprender en una o en dos clases. Se utilizan lugares diferentes del cerebro. Para aprender dos veces uno utiliza el mismo mecanismo ligado a los hábitos, ubicado en el cuerpo caudato. Para aprender de una sola vez, ya sea para aprender mucho o para aprender poco, se utiliza más el hipocampo. Esto es quizá muy importante, porque la mayoría de las cosas no las aprendemos de una sola vez, sino en varias sesiones.

¿Esta distinción vale para el aprendizaje de conceptos?
No lo sé. Por ahora lo que sabemos es que esa diferencia aparece en el ratón, cuando aprende que no debe bajar de una plataforma pues si lo hace recibirá una descarga eléctrica. Es el aprendizaje de un comportamiento inducido, de un reflejo condicionado. Pero fíjese: todos los aprendizajes pueden reducirse a comportamientos o a secuencias de comportamientos. Todos.

¿Podría explicar los dos grandes tipos de memoria, la memoria declarativa y la memoria de procedimientos?
En general, las memorias declarativas son aquellas que el ser humano puede expresar, puede declarar que existen. Es la memoria de la medicina, por ejemplo. Yo puedo decir y demostrar que me acuerdo de las cosas de la medicina. En los animales es más difícil detectar este tipo de memoria. En ellos nos valemos de memorias que se asemejan a aquéllas que el ser humano puede declarar. Las memorias declarativas pueden ser semánticas o episódicas. Nos acordamos de episodios de la propia vida, y el animal también. Nosotros nos acordamos de conceptos de grandes cosas, como la medicina, y los animales también. En tanto, las memorias de procedimientos son aquellas que comprenden hábitos: saber tocar un teclado, saber nadar o andar en bicicleta, por ejemplo. Esos son procedimientos. Es difícil explicar ese tipo de memoria, decir que existe. Eso solamente puede demostrarse a través de la práctica de un procedimiento: tocando un teclado, nadando efectivamente, andando en bicicleta de veras.

¿Por qué con el tiempo vamos perdiendo las memorias, incluso las de larga duración?
Existen varias formas de perder las memorias. Una es la pérdida efectiva, que sucede cuando una sinapsis se atrofia por falta de uso, o desaparece por daño o por muerte celular. Es el olvido propiamente dicho. Las memorias efectivamente desaparecen, pues desaparecen las células que las (con)tenían. Pero existen otras formas de perder las memorias, al menos de perderlas en apariencia. Una de ellas es la extinción, cuando las memorias no se pierden, sino que son arrinconadas en un lugar menos accesible del cerebro. En algún rincón ellas están. Su representación existe, pero es anulada por la imposición de un aprendizaje nuevo arriba del anterior. El animal aprende literalmente a no responder como respondía, a no pensar como pensaba, a no hacer lo que hacía.

¿Eso quiere decir que las memorias extinguidas pueden recuperarse?
En teoría sí. Muchas veces pueden recuperarse, pero no siempre. Supóngase que usted está acostumbrado a ir todos los días a una ventanilla para a retirar dinero, por ejemplo. Pero un día se presenta en la ventanilla y está no hay nadie. Entonces usted cambia de comportamiento. En lugar de retirar el dinero, pega media vuelta, cuando ve que nadie lo va a atender. Y vuelve a hacer eso durante tres o cuatro días. Cuando finalmente se da cuenta de que nadie lo va a atender más, deja de ir a la ventanilla. Extingue ese comportamiento. Pero, si algún día acaso usted pasa por ahí y se da cuenta de que está abierto, entonces va y retira su dinero. La extinción es una de las formas de barre abajo de la alfombra una memoria. Es útil, y es necesaria. Sin ella no tendríamos espacio físico en el cerebro para pensar. No sería posible comparar cosas, pues estaríamos siempre acordándonos de que son parecidas y nunca podríamos notar las diferencias. O de que son diferentes y nunca notaríamos las semejanzas.

¿Cuáles son las otras formas de perder las memorias?
Otra forma interesante es la represión freudiana, de la cual nadie habló durante 70 u 80 años, excepto los freudianos. Pero ahora volvió a escena como un proceso fundamental. Un grupo norteamericano encontró el mecanismo de la represión freudiana, que es diferente de la extinción. El grupo de John Gabrieli (de la Universidad Stanford) descubrió que el área prefrontal del cerebro, más precisamente en la puerta del lóbulo frontal, ordena inhibir al hipocampo, que es la región más involucrada en la evocación de la memoria. Ordena frenar la evocación de una cierta palabra, por ejemplo. Eso puede hacerse hasta que el hipocampo finalmente aprenda a no responder más. En la práctica, es como si la memoria reprimida estuviera ausente, aunque no lo esté y siempre pueda retornar. La represión freudiana y la extinción de la memoria son dos armas fundamentales para nuestra supervivencia. He terminado de escribir un libro chamadoA arte de esquecer [El arte de olvidar ], donde sostengo que el olvido es algo bueno y necesario. Somos aquello que recordamos, pero también aquello que no queremos recordar.

Pero no controlamos completamente ese proceso. Es decir, muchas veces nos acordamos de cosas que querríamos olvidar y nos olvidamos de otras que querríamos acordarnos.
Es que no somos perfectos. A medida que pasan los años, el número de memorias que tenemos se vuelve cada vez mayor. Por eso algunas de ellas las extinguimos o las reprimimos. La depresión es la causa más frecuente, pero menos grave de amnesia, que es la falla o la falta en general de la memoria declarativa. En el olvido real; como hemos vistos, las bases de las memorias se pierden debido a la inactividad de los circuitos nerviosos involucrados en una u otra memoria o debido a la pérdida real de neuronas que aparece con la edad, con las enfermedades degenerativas etc. En el mal de Alzheimer, por ejemplo, mueren neuronas, sinapsis y mueren las memorias que allí estaban alojadas.

¿Existe hoy en día algún tratamiento eficaz para los problemas de la memoria? ¿Contra el mal de Alzheimer, por ejemplo?
No existe un tratamiento para el Alzheimer. En esa situación se produce una muerte neuronal, y las neuronas perdidas no pueden ser reponerse con la información original.

¿La salida sería entonces la reposición de esas neuronas?
Para recuperar la función general sí; pero no así para recuperar cada memoria, lógicamente. En los últimos años se ha descubierto que algunos lugares del cerebro tienen una cierta capacidad de reposición neuronal, entre ellos el hipocampo. Pero, por lo que se ha visto hasta ahora, esta capacidad nunca va a reintegrar una memoria desaparecida. Podrá permitir que la máquina se reinstale para poder hacer una nueva memoria.

¿Y para las pérdidas de memoria más leves, y en personas más jóvenes, existe tratamiento?
Sí, pero lo que no hay son medicamentos. Lo que hay son formas de entrenamiento de la memoria, basadas generalmente en la lectura. Los remedios no ayudan porque el cerebro, en cada momento peculiar, hace todo lo que puede, dadas las circunstancias de sentimientos y de emociones inherentes a cada momento. Y dadas las memorias que haya aprendido o evocado en los momentos anteriores.

¿Por qué motivo usted suele decir que el olvido es para el hombre necesario?
Es fundamental, porque sino literalmente no habría lugar en el cerebro (para tanta información). Hay varios estudios recientes a los cuales se les ha dado poca importancia, pero que son fundamentales para entender esto. Un grupo noruego, en colaboración con un investigador inglés, demostró que el hipocampo es la principal región del cerebro que produce y evoca memorias declarativas. Un animal utiliza el 40% de la estructura total del hipocampo para aprender una determinada noción espacial. Para evocar ese aprendizaje usa el 60% del hipocampo. Durante el tiempo que está aprendiendo, o evocando ese aprendizaje espacial, el animal no puede hacer otra cosa.
No puede concretar una buena potencialización de larga duración o reconocer una novedad, por ejemplo, que son otras cosas que el hipocampo hace. Esto quiere decir entonces que la capacidad instalada en el cerebro no es infinita, no es precisamente tan grande. Es rápidamente saturada en el ratón y también en el ser humano. Tenemos incluso la experiencia física de tal saturación. Vamos a un congreso, presenciamos dos o tres conferencias seguidas y tenemos luego la impresión de que no cabe más nada en el cerebro. Y es cierto, en aquel momento no cabe más nada enel cerebro. Entonces salimos (de la sala de conferencias), damos una aireada, tomamos un cafecito. Después que se asienta un poco la polvareda, que el hipocampo vuelve a ser un poco menos utilizado, podemos entrar nuevamente a la sala y escuchar otra ponencia.

¿No tiene sentido por lo tanto aquel dicho popular que sostiene que el saber no ocupa lugar?
Por supuesto que ocupa lugar. La adquisición de conocimiento o su evocación ocupa mucho espacio. Generalmente el cerebro tiende a usar todos los recursos disponibles para esa tarea.

¿Eso quiere decir que aquella historia de que el ser humano solamente usa un pequeño porcentaje del cerebro es una soberana tontería?
A decir verdad, no se puede saber si eso es cierto o no. Esto porque no sabemos cuántas neuronas y sinapsis tenemos. Hasta hace veinte años, se pensaba que teníamos creo que 10 mil millones de neuronas. Actualmente sabemos que son al menos 200 mil millones, o quizás 300 mil millones. Y entre esas dos estimaciones hay una diferencia de 100 mil millones de neuronas.

¿Es posible entrenar al cerebro para olvidar traumas o momentos de la vida que no querríamos evocar más?
A veces el cerebro hace eso automáticamente. Cuando falla tenemos aquello que se llama precisamente estrés post traumático, o las fobias. Pero existen terapias en las cuales se utiliza precisamente la extinción y que se aplican para que un individuo extinga el estrés. El país donde esto ha sido más estudiado, por increíble que parezca, es Turquía.

¿Turquía?
Sí, Turquía. Es que ellos tuvieron en los últimos años dos terremotos tremendos allá. En uno de ellos murieron decenas de miles de personas, lo que es una cifra muy elevada. Tras esas catástrofes, los neurólogos y los psiquiatras turcos vieron que había un montón de pacientes con estrés post traumático, de personas que habían estado en los lugares de los terremotos, sobrevivientes. Entonces ellos procuraron poner práctica algo que se pudiera hacer para tratarlos, y vieron que se podía utilizar la extinción descubierta por Pavlov y prescrita por Freud. Algunos complementan las sesiones de extinción con drogas ansiolíticas, pero generalmente esto no es necesario. Luego del (atentado del) 11 de septiembre de 2001, un poco por influencia de los turcos, los norteamericanos empezaron a utilizar más la técnica de la extinción, que estaba incluso un poco olvidada en Estados Unidos.

¿Cuál es la explicación para la así llamada “laguna de memoria” Por ejemplo: el olvido del teléfono de casa?
Pueden ser muchas cosas, pero generalmente es por distracción. Cuando se trata de un olvido más serio, como el del alumno que estudió para el examen de ingreso a la universidad y llegado el día de la prueba no se acuerda de nada, esa laguna es causada por el estrés. En el estrés se liberan grandes cantidades de corticoides secretados por la glándula suprarrenal; éstos inhiben la evocación, actuando en el hipocampo y en la amígdala. A mí y esto les pasa también a otras personas, que de vez en cuando son rodeadas por alumnos o por reporteros me pasa eso cuando muchas personas me hacen varias preguntas al mismo tiempo. Entonces me da una laguna. Es un acto defensivo.

¿Por qué algunas personas tienen o dicen tener una memoria mejor para los rostros y otras para nombres o números?
Eso en general se debe a la práctica. Los bancarios son buenos para números, los literatos son buenos para las palabras, los médicos son buenos para recordar rostros, o nombres. Los músicos son buenos para la música. Y eso sin pensar en la situación de gente que presenta algunos defectos congénitos. Quienes nacen con una visión no muy buena serán inferiores para adquirir memorias visuales con relación a la gente que no presenta esa limitación. Pero existe un cierto sistema de compensación para esos casos, que desarrolla más la memoria olfativa de quien no tiene vista, por ejemplo.

Querría que se refiriese un poco a la cuestión de las personas mayores, que evocan sus memorias en forma de novela y, muchas veces, centradas en los mejores años de su juventud.
Hay varios puntos en esta cuestión. Los ancianos van perdiendo sus memorias porque con el paso de los años mueren neuronas y mueren las memorias que éstas cargaban. Pero, al mismo tiempo, van formando muchas memorias más. Cada día que una persona permanece viva, más memorias intentará tener. Entonces ésta perderá muchas memorias, pero adquirirá otras. Puede ocurrir una confusión que es propia de quien tiene mucha información para manejar, en algunos casos mayor y en otros menor. Ése es un aspecto de la cuestión. El otro es que uno, en el decurso de los años comienza a cambiar las memorias, comienza a falsificarlas. Hay un libro fantástico escrito por un gran psicólogo norteamericano que es Daniel Schacter, que se llamaLos siete pecados de la memoria , que cuenta cómo se falsifica la memoria. Nosotros hacemos mucho eso.

Pero casi siempre de manera inconsciente.
Sí, sí; generalmente de manera inconsciente. Mi madre me confundía con su hermano, que era vagamente parecido a mí. Ambos éramos varones de la familia, uno era su hermano, el otro su hijo… Entonces ella me atribuía a mí cosas que mi tío había hecho. Eso es muy común en las personas en general, y muy común en las personas mayores en particular. En realidad todo el mundo hace eso.

¿Usted dijo en una entrevista que la propia evocación de la memoria acaba llevando a una cierta pérdida de detalles?
Quizás eso se deba al hecho de que la forma de extinguir las memorias es a través de la evocación. Evocando sin reforzar la evocación. Vuelvo a aquella historia de la ventanilla y del dinero. Usted evoca la situación y se dirige a la ventanilla. Ahora bien, cuando uno va y no le entregan el dinero, pues nadie lo atiende, ése es el momento cuando uno empieza a extinguir esa memoria. Para extinguirla, necesita evocarla.

¿Es ésa una paradoja?
Exactamente, es una paradoja. Uno necesita evocar y ver que la información que tenía ya no le sirve. Sin hacer esa experiencia es difícil extinguir la memoria.

¿La lectura es la mejor forma de preservar la memoria?
Es efectivamente y lejos la mejor forma. No hay nada que se le aproxime. Al leer uno ejercita su memoria visual, su memoria verbal, la memoria de otros idiomas que usted acaso conozca, la memoria de los sinónimos, la memoria de imágenes. Uno lee la palabra árbol y pasan por su cabeza infinitas imágenes de árboles. La lectura es la forma que evoca más tipos de memoria, más formas de memoria. Leer mucho y tener buenos niveles de escolaridad también ayudan a prevenir o mitigar los síntomas del mal de Alzheimer. Para aquéllos que no tienen vista para leer, elescuchar a alguien contando una historia es excelente para la memoria. Famosos escritores ciegos hicieron eso y les funcionó muy bien, como (el argentino Jorge Luis) Borges y el inglés John Milton.

Usted debe ser un gran lector de Borges, pues siempre lo cita en sus entrevistas .
Leo mucho a Borges. Él llamaba mucho la atención con relación a la memoria. Borges escribió un cuento que es definitivo sobre la cuestión referente a que necesitamos olvidar para poder aprender. Ese cuento de llamaFunes, el memorioso . Funes era un individuo que tenía una memoria perfecta, probablemente producto de un accidente. Funes podía acordarse de un día entero de su vida. Pero, para hacerlo, necesitaba nuevamente un día entero de su vida, durante el cual no podía hacer más nada. Esa situación, claro, era una imposibilidad, una demostración por el absurdo de que el cerebro se satura.

¿Qué evaluación hace de los estudios sobre la memoria hechos en Brasil y en el exterior?
Acá hay pocos grupos, pero los que existen son buenos, de nivel internacional. Fuera de mi grupo, que estudia la memoria, y que es el mayor de Brasil en este campo de trabajo, hay varios otros grupos en Curitiba, São Paulo, Ribeirão Preto, Río de Janeiro, Fortaleza etc. Y ahora hay un nuevo núcleo instalándose en Natal. Ese grupo va a ser dirigido en parte por el investigador Sidarta Ribeiro (de la Universidad de Duke), que en este momento se encuentra en Estados Unidos, pero que va a volver.

Recientemente Ribeiro publicó un artículo científico en donde se refería a la importancia del sueño en la formación de la memoria .
Si existe alguien que haya formulado una hipótesis realmente interesante sobre ese tema, ese alguien es Sidarta. Hay también varias personas y muchos grupos nacionales en las áreas de psiquiatría o neuropsicología que estudian muy bien la memoria. Hace 15 ó 20 años, dicha área prácticamente no existía en Brasil. Ahora aparecen grupos nuevos siempre. La cantidad y la calidad de estos grupos me sorprenden.

¿Las otras áreas de las neurociencias también van bien en Brasil?
Están muy bien. Creo que en campo de las ciencias en Brasil las neurociencias son uno de los sectores que se han salido mejor. En São Paulo hay un grupo interesantíssimo en el Instituto Ludwig de Investigaciones sobre el Cáncer, con el cual nosotros colaboramos. Ellos estudian neuroquímica. Nosotros hacemos (con ellos) muchas cosas en común sobre la memoria. Este grupo empezó con sus trabajos mucho después que los demás, pero es actualmente uno de los grupos de punta. Hay varios grandes grupos de neuroquímica de primerísimo nivel en Río de Janeiro. Hasta mi propio grupo se está diversificando. Hay varias personas que son investigadores independientes. Está Frederico Graeff, de la USP de Ribeirão Preto, que tiene un grupo grande trabajando con ahínco. Existen muchos grupos, no quiero hacer nombres pues la lista es grande y correría peligro de olvidarme de algunos, ya que son tantos…

¿Por qué las neurociencias se han salido bien?
Porque… quizá porque (los neurocientíficos) éramos muchos y estábamos muy entusiasmados, y nos dimos cuerda los unos a los otros (risas). Esper Cavalheiro, Cícero Coimbra (ambos de la Universidad Federal de São Paulo), Roberto Lent, Rafael Linden (ambos de la Universidad Federal de Río de Janeiro), Luiz Roberto Giorgetti de Britto, Menna Barreto (de la Universidad de São Paulo) y yo siempre nos relacionamos muy bien.

Usted mencionó a Natal. ¿Es favorable al proyecto de construcción del Instituto Internacional de Neurociencias con sede en la capital de Río Grande do Norte?
Si logran que el instituto se materialice, puede ser una magnífica iniciativa. Va a atraer a gente de excelente nivel y van a estar todos juntos, y eso sería muy bueno. Ahora bien, yo tengo un cierto recelo, porque Brasil es el país de los grandes proyectos que después no tienen continuidad. Suelo decir que la ciencia en Brasil es más o menos como Ayrton Senna al comienzo de su carrera: salía en la punta y dejaba a todos atrás, pero no terminaba la carrera. Hemos tenido grandes proyectos en Brasil. El más grande, pero que no tuvo continuidad, es el Pronex. El Programa Nacional de Núcleos de Excelencia duró dos llamados. E iba a ser anual. Hubo dos llamados durante el primero año, y después, nunca más. Ahora el Pronex está de vuelta, pero de una forma extraordinariamente reducida. Volvió con una décima parte del valor inicial. Y algunos estados están afuera del llamado, como es el caso de Río Grande do Sul. El proyecto del instituto de Natal es un desafío. Yo confio en que van a lograr algo de lo que se proponen. Pero no sé si todo. Cualquier cosa que ellos consigan hacer será más que bienvenida, será un aporte importante. Ellos plantean integrar a la iniciativa privada en apoyo a las ciencias. La iniciativa privada en Brasil no tiene el hábito de contribuir para con la ciencia.

¿Por qué usted se nacionalizó?
¿Por qué me nacionalicé? Porque me sentí uno más, me sentí en casa. Eso fue en 1981.

¿Pero se siente más argentino o más brasileño?
Es difícil definirlo porque las raíces nunca se pierden, pero se transforman mucho tiempo después como consecuencia de lo que ha crecido arriba. Debo ser una mezcla, una especie de (dice riéndose) Meligeni de la ciencia (en referencia al ex tenista Fernando Meligeni, que nació en Argentina y se naturalizó brasileño).

Volviendo al tema de la memoria, pero en otro sentido: suele decirse que Brasil es un país sin memoria, con amnesia social. ¿Usted está de acuerdo con esa afirmación?
Ésa es una enorme característica brasileña, y un defecto grave. Nadie se acuerda del candidato al que votó como diputado estadual en las últimas elecciones. Nadie. Eso fue hace menos de dos años, pero ya nadie se acuerda. Es un rasgo que, creo yo, permite llevar una vida más leve, aparentemente más fácil. Pero, a decir verdad, es más difícil, porque se tiende a incurrir en los mismos errores y a no darles importancia a las cosas como es debido. El brasileño tiende a llevar todo con un aire de superficialidad, lo que a veces es bueno. Durante una fiesta es bueno. Pero en la vida real… Vea: tenemos un 33% de miserables en el país, según datos que acabaron de hacerse públicos. Gente que gana menos de 79 reales por mes. Pregúntele a esa gente qué tiene de superficial o de divertido eso. Nada. Nada es alegre ni divertido en la vida de esas personas, porque no comen lo suficiente, no tienen lo suficiente para vestirse. Entonces ese aire de levedad es muy bueno para algunas cosas, pero no para todas. Y, cuando llega al nivel de las cosas serias, como el hacer ciencia y darle de comer al pueblo, yo creo que es mejor tener seriedad que tener levedad. La levedad del ser, como dijo (el escritor) Milan Kundera, acaba siendo insoportable.

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