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Epidemiología

Riesgo concentrado

Casi un 60% de los portadores asintomáticos del virus del Sida con resistencia a las drogas se encuentran en la ciudad de São Paulo

CDCUn nuevo estudio realizado en el ámbito nacional indica que la presencia de cepas del VIH resistente al menos una de las drogas del cóctel utilizado para el tratamiento del Sida es mayor entre los portadores asintomáticos del virus que residen en la ciudad de São Paulo, que en otros puntos del país. El trabajo analizó el perfil del patógeno en un grupo de 387 pacientes provenientes de 13 ciudades personas recientemente diagnosticadas o infectados crónicos por el virus, pero que no tomaron contacto con los medicamentos porque todavía no presentan síntomas de la enfermedad y encontró 22 individuos con VIH resistente. Trece de estos pacientes (un 59,1%) son habitantes de la capital paulista. Estadísticamente, este dato sobre la ciudad es relevante, dice Marcelo Soares, de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), uno de los coordinadores del estudio, que fue publicado el día 18 del mes pasado en el sitio electrónico de la revista científica AIDS Research and Human Retroviruses. La historia del Sida en la ciudad de São Paulo es de larga data. En la mayor metrópolis del país surgieron los primeros casos confirmados de la enfermedad en Brasil, a comienzos de la década de 1980, y la ciudad cuenta con la mayor cantidad de casos registrados de la epidemia en tres décadas: más de 71 mil enfermos, sin contar los millones de portadores asintomáticos.

En el resto de los municipios no se constató un riesgo mayor de infección por formas de VIH con alteraciones genéticas que disminuyen la eficacia de los antirretrovirales, medicamentos que dificultan la multiplicación del virus en el organismo. Extrañamente, el trabajo científico no encontró VIH resistente a las drogas del cóctel en ninguno de los 20 pacientes analizados en la ciudad de Santos. Desde las primeras apariciones del Sida en Brasil, la ciudad del litoral paulista está asociada con la epidemia de la enfermedad y los investigadores esperaban detectar una presencia considerable de cepas resistentes del virus entre sus portadores asintomáticos, en línea con los resultados obtenidos mediante otros estudios. Es posible que la muestra de pacientes que utilizamos en el trabajo no sea totalmente representativa de la ciudad de Santos, comenta el infectólogo Eduardo Sprinz, de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS), primer autor del estudio.

Los brasileños de la muestra analizada, alrededor de dos tercios varones y un tercio mujeres, todos mayores de 18 años, residen en ocho estados y representan a todas las regiones del país, con excepción de la región norte. Realizado por un consorcio nacional de investigadores de 20 centros de estudio, el trabajo encontró en esa muestra poblacional un índice total de VIH resistente de un 5,7%, prácticamente igual al verificado en un estudio similar dado a conocer en 2003. En países de América del Norte y Europa, estudios similares indican que el porcentaje de individuos contaminados por el virus del Sida con mutaciones asociadas con la resistencia a alguna droga del cóctel es del doble o el triple que la verificada aquí.

Pese a portar el virus en la sangre, todas las personas que participaron en la investigación se encuentran en buen estado de salud y aún no reciben el cóctel contra el Sida. Por ende, en el caso de los 22 participantes del estudio que presentan cepas del virus con algún nivel de resistencia a los medicamentos, puede concluirse que ellos fueron, probablemente, infectados por formas del virus ya resistentes a alguna de las drogas del cóctel. La resistencia no fue desarrollada en su organismo, sino en el de terceros, muy probablemente en individuos enfermos, con síntomas del Sida instalados y usuarios de terapia con antirretrovirales, que les transmitieron una versión mutada del virus.

Política pública
Desde comienzos de la década de 1990, el Ministerio de Salud de Brasil mantiene la política de proveer gratuitamente el tratamiento con antirretrovirales solamente cuando surgen problemas de salud asociados con la enfermedad de los pacientes. Los portadores asintomáticos no reciben las drogas. Se trata de una estrategia que ha sido elogiada internacionalmente. Pero algunos países ricos optan por suministrar la terapia con antirretrovirales incluso a los seropositivos sanos. El problema reside en que el uso prolongado de remedios contra el Sida puede reducir la eficacia de ciertas drogas en algunas personas, al margen de provocar efectos colaterales. Cuando esto ocurre, se cambian uno o más medicamentos del cóctel, compuesto generalmente por drogas de tres clases de antirretrovirales que se recetan en forma combinada: dos inhibidores nucleosídicos de la transcriptasa reversa, junto con un inhibidor no nucleosídico de la transcriptasa reversa o un inhibidor de la proteasa. La transcriptasa reversa y la proteasa son enzimas víricas de fundamental importancia para el proceso de replicación del VIH.

Casi todos los pacientes del estudio que presentaban resistencia a alguna droga del cóctel (19 de los 22 casos) presentaban esa característica en relación con los medicamentos que contaban solamente con una clase de antirretroviral (los inhibidores de la transcriptasa reversa), dos sufrían de esa restricción para medicamentos de dos clases y sólo un individuo presentaba resistencia a drogas de tres clases. Observamos un aumento en la cantidad de mutaciones que provocan resistencia a los inhibidores no nucleosídicos de la transcriptasa reversa, comenta Soares. Sabemos que, en el caso de este tipo de medicamento, basta con que haya una o dos mutaciones para que eso suceda. Como existe poca resistencia constatada a múltiples drogas, y actualmente existen 19 medicamentos disponibles en el sistema público para la composición del cóctel, casi siempre es posible montar una terapia combinada individual eligiendo drogas a las que el organismo de cada paciente responde en forma satisfactoria.

Entre las personas portadoras del virus con alguna mutación, un 91% (20 casos) habían sido contagiados por el subtipo B del virus del Sida, el más común en el país. Sólo un 9% de éstas (2 casos) presentaba el subtipo C, más reciente en Brasil y más restringido a la región sur. De manera indirecta, un dato del trabajo también parece confirmar una sospecha analizada por otros expertos: la de que la adopción del sexo seguro, con empleo de preservativo, no es moneda corriente, incluso entre personas con VIH. Casi la mitad de los pacientes que portaban VIH resistente a algún antirretroviral admitió que su pareja padecía Sida y tomaba las drogas del cóctel. Es muy probable que ellos hayan adquirido el virus ya mutado de su propia pareja.

Artículo científico
SPRINZ, E. et al. Primary antiretroviral drug resistance among HIV Type 1-Infected individuals in Brazil. AIDS Research and Human Retroviruses. Publicado online el 18 de agosto de 2009.

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