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Economía

Riquezas a mano

Estudiosos muestran caminos tendientes a aprovechar mejor los bienes de la selva

FABIO COLOMBINI

El “X-caboquinho”, un sándwich bastante pedido en los cafés y panaderías de Manaos al atardecer, da forma y sabor a los impasses de la región amazónica. Hecho con pan francés, se hace rebanadas de queso de cuajo y trozos de tucumã. Una versión más refinada lleva también lonjas de banana frita. El problema es que el suministro de tucumã – que es el fruto de una palmera llamada cumare, de 20 metros de altura, que es del tamaño de un limón y tiene una pulpa anaranjada – es irregular, como lo es también el de cupuazú, de asaí y de otras frutas de la selva. Cuando falta el tucumã en la ciudad, los comerciantes debe ir a buscarlo cada vez más lejos, y no siempre los frutos que encuentran son ideales para meriendas, jugos y helados.

José Alberto da Costa Machado, docente de la Universidad Federal de Amazonas (Ufam), comenta que un equipo del Centro de Biotecnología de la Amazonia (CBA) desarrolló clones de cumare que producen frutos a partir de los cinco años; en tanto, las variedades actuales solamente producen, en general, después de los 10. Ahora el problema consiste en que el CBA, creado en 2002 con la misión de convertir el conocimiento básico en conocimiento aplicado, aún no tiene identidad jurídica. Por ende, no puede entregar los plantines que ayudarían a regularizar la producción de la materia prima de los sándwiches del atardecer.

“La institucionalización es un gran problema en la Amazonia”, dice Costa Machado, colaborador temporal del CBA. El CBA ocupa un edificio amplio en un área de 12 mil metros cuadrados a la entrada del distrito industrial de Manaos, y funciona bajo la administración de la Superintendencia de la Zona Franca de Manaus (Suframa). “Las instituciones no trabajan armónicamente: a menudo trabajan en oposición.”

La posibilidad de aprovechar los bienes de la selva, como el tucumã, orientó la elaboración del libro Um projeto para a Amazônia no século 21: desafios y contribuições, publicado por el Centro de Gestión de Estudios Estratégicos (CGEE) de Brasilia y cuya autoría es de Bertha Becker, geógrafa política de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), Francisco de Assis Costa, economista del Núcleo de Altos Estudios Amazónicos (Naea) de la Universidad Federal de Pará (UFPA), y Wanderley Messias da Costa, geógrafo político de la Universidad de São Paulo (USP).

El libro nació de dos encargos que los tres autores recibieron en 2007 de parte del entonces ministro de Asuntos Estratégicos, Roberto Mangabeira Unger. El primero consistía en transformar en posibilidades de acción el plan estratégico del gobierno federal para la Amazonia, considerando dos realidades distintas: la del este y la del oeste de la región – a las que Bertha Becker denomina Amazonia sin monte y Amazonia con monte – y el hecho de ser el espacio en donde viven más de 20 millones de personas, no solamente una selva. La segunda tarea consistía en encontrar formas de aproximar la vertiente desarrollista, que promueve el uso sin límites de la tierra y de los recursos naturales, y la ambientalista radical, que considera que la región es un “santuario inviolable”, en la expresión de Messias da Costa.

La respuesta a los retos amazónicos, detallada en el libro, puede estar en la aplicación del concepto de servicios ambientales, en donde la selva preservada es vista como una fuente de riquezas que ha de explotarse con planificación y sin prisa. “Los servicios ambientales no tienen únicamente valor económico, sino también un valor estratégico”, asevera Bertha Becker. El valor estratégico de la naturaleza – califica al capital natural de la Amazonia como un componente de poder -, debido a la “concentración de existencias y de servicios sin equivalentes en el planeta”, según ella. “La defensa del corazón forestal será producto de su utilización innovadora, y no de su aislamiento productivo.”

Extractivismo high tech
Los tres autores del libro consideran la necesidad de ir más allá de la posibilidad de crear renta simplemente con la selva intacta, generando créditos de carbono que compensarían la contaminación de otros países. Bertha ve el mercado de carbono como commodities, de precio bajo y prácticamente fijo, “sin valor agregado, y reproduciendo así el patrón primitivo característico de la historia del país”.

Sin embargo, la explotación de otros servicios ambientales requiere de innovaciones institucionales. “La primera y más urgente consiste en establecer el marco regulatorio claro, consistente y acorde con los intereses nacionales y regionales”, argumenta. Otro desafío consiste en extender los beneficios de los servicios ambientales a la mayor cantidad posible de personas. Messias da Costa reitera que las posibilidades de la actividad económica en la región amazónica van más allá de la ganadería extensiva y de la extracción de madera: “Podemos valorar la selva con el extractivismo high tech y los sistemas agroforestales, que pueden aplicarse tanto en las áreas forestadas como en las devastadas”.

Tres sistemas productivos, según él, expresan esta alternativa de explotación sostenible: alimentos, cosméticos y productos fitoterapéuticos. Desde esta óptica, el sector que ha tenido el mejor desempeño es el de cosméticos: perfumes, jabones, hidratantes y champúes. Para él, el éxito en dicha área se debe al hecho de que los cosméticos no están sometidos a las leyes que regulan el acceso a la biodiversidad y también porque “la Amazonia es una marca de impacto mundial”.

En la cadena de producción de cosméticos de la Amazonia, el CBA es la institución mejor equipada y mejor preparada para hacer estudios completos, que van desde la investigación botánica básica hasta la elaboración del producto final, de acuerdo con un análisis de Alberto Cardoso Arruda, profesor de la UFPA, publicado en la revista Parcerias Estratégicas de julio de 2009. La estatal Embrapa Amazonia Oriental despunta como una institución activa, que produce jabones y champúes de andiroba.

La Agencia de Selvas y Negocios Sostenibles (Afloram), una autarquía del estado de Amazonas actualmente extinguida, incentivó la instalación de nuevas centrales de extracción de aceites vegetales. Los más vendidos son los de copaíba, murumurú, burití y andiroba, empleados en hidratantes, protectores solares y repelentes de insectos. Sin embargo, Arruda sostuvo que los productores se quejan de la irregularidad de las compras de las empresas, que a su vez reclaman debido a la mala calidad de los aceites y a la ausencia de parámetros sanitarios regulatorios.

“Las comunidades locales organizadas en cooperativas se resienten debido a la ausencia de políticas públicas que brinden conocimiento, tecnología y control de calidad de sus productos, además de financiamientos que apoyen el desarrollo de las cadenas productivas”, dice Arruda. Según él, las empresas e instituciones de investigación tienen aún muchas dificultades para establecer colaboraciones, que el gobierno federal ha intentado impulsar, condicionando la concesión de financiamientos a las asociaciones con empresas.

FABIO COLOMBINI“Las principales comunidades productoras de aceite de copaíba se dan cuenta de que el mercado crece, pero tienen dificultades para dar cuenta de esa demanda”, sostiene Gonzalo Enriquez, profesor de la UFPA que hizo otra parte del estudio sobre la cadena de cosméticos. La capacitación tecnológica es un serio cuello de botella. Existen por lo menos siete especies de copaíba, y cada una puede producir aceites distintos, que varían incluso cuando provienen de la misma planta, y no siempre esas diferencias son valoradas. En Acre, los productores cosechan la copaíba diferenciando especies, sin mezclarlas. “Es un avance”, sostuvo.

Por ahora, los programas de ciencia y tecnología se concentran en productos de amplio consumo, como la guaraná y la palma o dendé y frutas como el asaí, el palmito y el cupuazú, pero la producción de conocimiento acumulada desde hace décadas podría llevar a vuelos más altos. Messias saca de la estantería y nos muestra libros de expertos de la región que describen plantas que, para él, podrían explotarse más, y no lo son debido al exceso de restricciones legales y a la frágil integración entre instituciones de investigación, órganos del gobierno y empresas. “En lugar de tomar energéticos importados, la muchachada podría tomar extracto de guaraná”, imagina. “La Amazonia necesita acciones concretas, de corto plazo, que lleven a la conquista de nuevos mercados consumidores y abran espacio a otras empresas interesadas en las oportunidades de la región.”

La palma
Messias da Costa cree que esa situación solamente cambiará cuando tres fuerzas – o grupos – actúen en conjunto. La primera corresponde a las comunidades locales de productores o extractivistas, “organizadas en forma moderna, en cooperativas, y actuando como empresas formales”. La segunda corresponde a los pequeños, medianos o grandes empresarios instalados en las proximidades de los centros consumidores como Manaos o Belém. El tercer grupo, que tendría el papel de conectar a las comunidades con las empresas, lo constituyen los investigadores de instituciones públicas como Embrapa, el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa), el Museo Paraense Emilio Goeldi, las escuelas técnicas federales y las universidades; o incluso el CBA, que Messias da Costa ayudó a crear y que perdió el paso después del malogrado acuerdo con la empresa farmacéutica multinacional Novartis para la bioprospección en la región.

Aun sin todas esas conexiones afinadas, los bienes de la selva están empezando a ser mejor aprovechados. En uno de los capítulos del libro, Messias da Costa comenta que en 2007, por primera vez, la producción mundial de aceite de palma, favorecida por la expansión del cultivo en Malasia, en Indonesia y ahora en la Amazonia, superó a la de aceite de soja, mostrando así el potencial de la alianza entre las instituciones de investigación, las organizaciones comunitarias y las empresas. “Antes las palmeras tardaban cuatro años para empezar a producir y ahora producen en dos años, y con un volumen mayor de aceite por planta”, dice.

En otro capítulo, Francisco Costa muestra que la economía existente vinculada a estos productos naturales de la Amazonia es mucho mayor y más dinámica de lo que se supone. De las seis trayectorias tecnológicas de base rural con que describe la evolución rural de la región amazónica en los últimos 16 años, una de ellas, agroextractiva, basada en las pequeñas propiedades familiares, representa un 21% del valor de la producción y un 26% del empleo del sector rural de la región norte del país. “La trayectoria tecnológica de base rural es casi tan importante económicamente como la basada en la ganadería de corte de hacendados y empresas, que representa no más del 25% del valor y un 10,5% del empleo.”

Costa verificó que la trayectoria agroextractiva responde por un 3,5% del área degradada y por un 2,6% del balance neto de carbono, y la ganadería por el 70% en ambos casos. Ambas tienen un significado estratégico para una política de desarrollo con sostenibilidad. “Todo el análisis de las seis trayectorias, con sus distintos movimientos, relativamente autónomos, indica un llamado enfático a la consideración de las políticas públicas de la diversidad de estructuras y situaciones que conforman actualmente la Amazonia”, afirma. “Valoro la cuantificación para reconocer, con el máximo de precisión posible, la diversidad de los actores resolviendo sus problemas productivos y configurando instituciones en posiciones más o menos fuertes. Quienes deben decidir sobre políticas públicas deberán prestar más atención a estas diferencias, sin tomar decisiones lineales, que nivelan a todos los actores.”

El libro pone de relieve todos los aspectos institucionales de la formulación y la implantación de políticas públicas en la Amazonia, en especial aquéllos ligados a las organizaciones del gobierno. Sucede que los tres autores del libro conocen el gobierno federal por dentro. Bertha Becker ha sido convocada desde hace décadas como consultora de proyectos de diversos ministerios. Los otros dos no fueron solamente consultores. Messias da Costa entra y sale del gobierno federal desde 1991: su último cargo fue el de director de programas y proyectos de la Secretaria de la Amazonia durante cinco años (1995-2000). “Sé cuales son los límites de las acciones de gobierno. Tuve la oportunidad de elaborar y aplicar políticas públicas”, dice. Francisco Costa fue coordinador general de planificación de la Agencia de Desarrollo de la Amazonia (ADA), que sucedió a la Superintendencia de Desarrollo de la Amazonia (Sudam), entre 2003 y 2005.

Frutas
En la ADA, Francisco Costa reunió a productores, distribuidores, vendedores, investigadores y otros participantes del polo – el APL, un arreglo productivo local – de frutas del nordeste de Pará. Ese APL representa la articulación entre productores de frutas y la industria de pulpa, jugos y aceites que viene cobrando significado a punto tal de ser actualmente uno de los principales artículos de comercio con otros estados y países, después de la minería, la ganadería y la madera.

Reunidos todos los meses, los 22 representantes de empresas, ONG’s y organizaciones gubernamentales que aceptaron la invitación de la ADA “se enteraron de que pasaba con los otros, expusieron sus problemas, muchos de ellos comunes, y salieron en busca de soluciones que aportasen beneficios para todos”, informa Costa. A él le cupo la tarea de hacer “que la planificación y las acciones de estado estuvieran lo más cerca posible de los otros actores. Esta experiencia demostró que es posible hacer las cosas de manera diferente, instrumentalizando políticas regionales de desarrollo sin cambiar tanto las estructuras de las operaciones ya existentes”, sostiene.

A finales de marzo, Costa Machado concluía un plan de negocios y el plan director del CBA. Consideraba que era necesario debatir los documentos tan pronto como fuera posible con los funcionarios del gobierno federal que pudiesen ayudar a poner el centro en funcionamiento efectivamente, pero sabía que no sería sencillo. “Existe una especie de rechazo a la industrialización de la Amazonia, a veces medio solapado, otras más explícito”, dice. “Es la idea de que negocios y Amazonia no combinan, cuando es lo contrario: sin negocios, sin generar ingresos, no existe Amazonia”. Él ve señales de agotamiento del polo industrial de Manaos, responsable del 75% de los impuestos federales de la región y de 100 mil empleos, “y aún no hay nada que lo reemplace”. “El único recurso de competitividad del polo industrial es el incentivo fiscal, que el gobierno estadual pretende ampliar y el gobierno federal siempre intenta restringir.”

“La ausencia de una política estratégica para la región me inquieta mucho”, comenta Machado. “Durante los últimos años los esfuerzos en ciencia y tecnología no tuvieron unidad ni sinergia, no estaban comprometidos con un proyecto de desarrollo”. Pero en estos momentos no ve mucho espacio como para debatir las posibilidades de producir otros bienes en escala industrial en la Amazonia. En Manaos, el tránsito actualmente congestionado tiende a empeorar con las obras urbanas requeridas para que la ciudad sea una de las subsedes del Mundial – 2014.

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