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Cooperación

Rumbo a Sudáfrica

Un centro de las Naciones Unidas abre un espacio para los investigadores brasileños en las áreas de cáncer y enfermedades infecciosas

Archivo Nacional del TOMBO LA TORRE / DESCUBRIMIENTO DE HOMBRE Y EL MUNDOLuego de entrar en la historia de la ciencia y la tecnología con el primer transplante de corazón, en 1967, y como la tierra natal de tres ganadores del Premio Nobel, Sudáfrica comienza a ocupar más espacios. La más reciente unidad de un instituto solventado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología (ICGEB, su sigla en inglés), que comenzó a operar en 2008 en Ciudad del Cabo, la capital legislativa del país, obtuvo en el mes de marzo el refuerzo de otros tres grupos de investigación, uno de ellos coordinado por un biomédico brasileño, Luiz Zerbini.

Luego de trabajar durante nueve años en la Universidad de Harvard, una de las más ricas y productivas del mundo, Zerbini se dirigió allá a fines de febrero, con su familia y el deseo de intensificar la colaboración científica con investigadores de Brasil y otros países en desarrollo, en el área del cáncer y otras enfermedades de poblaciones olvidadas, tales como el Sida, la tuberculosis y la malaria, que constituyen las prioridades del ICGEB. La unidad de Ciudad del Cabo cuenta con un presupuesto para los próximos cuatro años, cercano a los 3 millones de euros (alrededor de 15 millones de reales), provistos en partes iguales por los gobiernos de Sudáfrica e Italia y por agencias internacionales de financiación de la ciencia.

“Brasil es miembro del ICGEB, pero lo usufructuamos muy poco”, comenta Zerbini. Es uno de los 59 países que integran el ICGEB, creado por las Naciones Unidas en 1987. Desde 1988 hasta el año pasado el ICGEB acogió a 21 brasileños en los laboratorios de su sede, en Trieste, Italia, o en sus otras dos unidades, una en Nueva Delhi, en India y la más reciente, inaugurada en 2007, en Ciudad del Cabo; Cuba y Argentina fueron los países de Latinoamérica que enviaron mayor cantidad de científicos allí. “Ahora estoy seleccionando becarios y conformando mi equipo. Espero recibir más proyectos de brasileños para la evaluación”, dice, advirtiendo que tendrá que otorgar la misma atención a los candidatos de otros países para montar un equipo que contará con entre seis y diez investigadores. Además de becas de doctorado o posdoctorado, el ICGEB ofrece financiación por hasta 25 mil euros (125 mil reales) para proyectos de investigación prometedores de los países miembros que alcancen resultados en un máximo de tres años.

El ICGEB no representa solamente en un espacio para la investigación básica dirigida a las necesidades de los países o regiones menos desarrolladas del mundo -las prioridades del centro en India son la tuberculosis, las enfermedades virales y la biología molecular de las plantas; las de la nueva unidad en Sudáfrica son las enfermedades infecciosas tales como la malaria, el sida y el cáncer. “Existe también un compromiso con la generación de productos y la transferencia de tecnología”, afirma Zerbini, quien realizó un doctorado en la USP becado por la FAPESP entre 1995 y 1999. En 2008 la Fundación Gates anunció que donará 3 millones de dólares para financiar investigaciones y desarrollar cursos y campañas educativas en la unidad africana del instituto que hagan posible mejorar la salud pública en el continente africano. La empresa de biotecnología norteamericana Genzyme también anunció un acuerdo con montos no revelados para acelerar la investigación de una vacuna contra la malaria en los laboratorios del ICGEB en India.

Zerbini pretende expandir en Sudáfrica la búsqueda de genes relevantes que comenzó en Estados Unidos. En 2004, luego de una año en Harvard como profesor, él descubrió que una familia de genes, la GADD45, anteriormente asociada solamente con el control del ciclo celular, podría también, cuando son activados más allá de lo habitual, inducir la muerte celular programada e inhibir la formación de tumores. Ese trabajo, publicado en 2004 en la PNAS, revelaba las posibilidades de nuevos medicamentos e inspiró en otros equipos la búsqueda de detalles al respecto del mecanismo de acción de esos genes. Simultáneamente, trabajó durante tres años con Towia Libermann, profesor asociado de la Universidad de Harvard, en la construcción de dos centros de proteoma y genoma, el de Dana Farber Harvard Cancer Center (DFHCC) y el de la Escuela de Medicina de Harvard. Los centros, dirigidos por Libermann y Zerbini, permitieron también la identificación de moléculas que interactúan con la GADD45 para inducir la muerte celular o la detención del ciclo celular.

Uno de los estudios del centro del genoma, que, tal como el de proteoma, ocupaba a toda la comunidad científica de Harvard, comparó la actividad de 4 mil genes en tres grupos de personas: 19 practicaban meditación diariamente desde hacía mucho tiempo, 20 practicaron meditación durante dos meses y otras 20, el grupo control (donde se omite la característica que se prueba), no la practicaban. Ese estudio, publicado en 2008 en la revista científica on line PLoS ONE, indicó que la relajación, caracterizada por la reducción del consumo de oxígeno y del estrés, había alterado la actividad de 2.209 genes en el grupo de los veteranos, comparado con el grupo control; 1.561 genes, principalmente los que evitan la formación de residuos químicos, fueron activados en el organismo de los que practicaban meditación.

“Próximamente, voy a cambiar un poco”, comenta Zerbini. Su investigación, que antes trataba acerca del rol de los genes GADD45 en el cáncer de próstata, riñones y ovario, más comunes en Estados Unidos, ahora deberá volverse hacia el cáncer de hígado, mama y esófago, con mayor incidencia en África. Al menos en los comienzos, él sabe que la productividad debe mermar y que los reactivos químicos tal vez no se hallen disponibles diariamente, tal como sucedía en Harvard. En el nuevo centro, que funcionará dentro de la Universidad de Ciudad del Cabo hasta que las instalaciones propias tomen forma, todo se halla en construcción: tres equipos (biología celular y molecular del cáncer; citosina y enfermedades; y transferencia y desarrollo de biotecnología) comenzaron a funcionar el año pasado y otras dos (genómica del cáncer, con Zerbini; e inmunología celular, con el norteamericano Jeffrey Dorfman) comienzan a trabajar este año.

Además del desafío profesional de montar un laboratorio y organizar equipos de trabajo, de la oportunidad de ofrecer nuevas experiencias de vida a su mujer, Maria Beatriz, y a sus hijos Luiz Otávio, de 5 años de edad, y Maria Stella, de 2, él confiesa otra razón por la cuál se inscribió para el cargo, en abril del año pasado: “Ciudad del Cabo es muy agradable, con playas de arena blanca y montañas; me recuerda a Río de Janeiro”, dice el paulista de 41 años. “Y aparte: ¡el Mundo en 2010 será allá!”.

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