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Política C&T

Se exageró al anunciar la extinción de la banana

La noticia tomó a todos por sorpresa: en diez años, la banana puede desaparecer de la faz de la Tierra. Esta profecía era la razón de ser del artículo de portada de la edición del 16 de enero de New Scientist, una importante revista periodística inglesa especializada en reportajes sobre ciencia y tecnología, que había extraído el fúnebre vaticinio de boca del investigador francés Emile Frison, director de la Red Internacional para el Mejoramiento de la Banana y el Plátano.

La popular fruta, estéril, incapaz de producir semillas, decrépita desde el punto de vista genético y sumamente débil, sería actualmente presa fácil de enfermedades y plagas cada vez más virulentas, que no paran de amenazar a los bananales del planeta. Todo eso es verdad -a no ser por el hecho de que no todos los tipos de bananas están con los años contados. En respuesta al tono apocalíptico del artículo, la FAO -el órgano de las Naciones Unidas que monitorea la agricultura- difundió un comunicado en el que se asegura que existen más de 500 variedades de la fruta, y que la misma no va a desaparecer en breve. Así y todo, la entidad también reconoció que el cultivo de la especie afronta serios problemas, debido a su baja diversidad genética y al avance de las afecciones causadas por hongos, especialmente la Sigatoka negra y una nueva raza del antiguo mal de Panamá.

“La amenaza de extinción se restringe básicamente a las bananas de exportación, del subgrupo Cavendish”, pondera Antonio Figueira, del Centro de Energía Nuclear en Agricultura de la Universidad de São Paulo (Cena/ USP) de Piracicaba, que estudia la diversidad genética de la fruta en Brasil. Quizá la banana manzana, cada vez más rara, también corra un riesgo real de desaparecer del mapa; pero ello no implica el fin de todas las variedades de la sabrosa fruta de cáscara amarillla.

Pese a que están presentes en forma masiva en los mercados europeo y norteamericano -grandes importadores de esta fruta tropical-, las variedades pertenecientes al subgrupo Cavendish, entre las cuales se encuentra la banana ‘nanica’ o de agua, representan tan solo un 13% de la producción mundial. Brasil, dueño de una cosecha anual de alrededor de 6,5 millones de toneladas de bananos, es el tercero o el cuarto productor mundial (dependiendo de la estadística). “Debemos resolver algunos problemas, pero el cultivo de bananos en nuestro país, en donde pueden usarse los híbridos del tipo plata, no está amenazado”, afirma el investigador Sebastião de Oliveira e Silva, de Embrapa Mandioca y Fruticultura, de Cruz das Almas, estado de Bahía.

La amenaza de los hongos
De las dos plagas que más preocupan a los productores de bananos, tan solo una ha llegado al territorio brasileño: la Sigatoka negra, que entró en Brasil en 1998. Por ahora, su presencia se restringe a la región norte y al estado Mato Grosso, áreas secundarias en términos de producción de la fruta. La Sigatoka negra, ocasionada por el hongo Mycosphaerella fijiensis, que daña a las hojas de las plantas, desencadena una maduración muy precoz de la fruta y reduce la vida útil de la banano. Arruina el 50% de la cosecha si no es combatida con productos químicos. La manera tradicional de detener el estrago causado por esta enfermedad -más grave que su similar, la Sigatoka amarilla, otra afección fúngica que ataca al banano- es pulverizar unas 40 veces al año la plantación. Es un método caro, trabajoso, no muy ecológico y que, con el tiempo, pierde eficiencia. El otro patógeno que asola a la fruta más consumida en el mundo es la raza 4 del hongo del suelo Fusarium oxysporum, que causa una forma más agresiva del antiguo mal de Panamá. Desde hace décadas, manifestaciones menos virulentas del mal de Panamá se registran en todo Brasil. Con todo, la raza 4 del Fusarium aún no ha llegado a las Américas, y ha sido identificada solamente en plátanos de Sudáfrica, Australia y en gran parte de Asia.

Posiblemente sea solamente una cuestión de tiempo que la variedad más agresiva del mal de Panamá desembarque en Brasil y que la Sigatoka negra se expanda hacia todo el territorio nacional. No obstante, la ciencia no permanece de brazos cruzados ante tal avance. Para detener a esas enfermedades, investigadores de Brasil y de otros países recurren cada vez más al mejoramiento genético de algunas variedades de bananos. Mediante cruzamientos entre formas comestibles de la fruta y tipos salvajes, estos últimos provistos de una mayor diversidad genética, pero impropios para el consumo, los científicos ya han creado y lanzado comercialmente algunas variedades (no transgénicas) resistentes a estos males. La Pacovan Ken, por ejemplo, un híbrido de la banana plata creado en 2001 por Embrapa Mandioca (Yuca) y Fruticultura, es tolerante a las dos Sigatokas y al mal de Panamá. Otro cultivar tolerante a estas tres plagas es la banana plata baby, una variedad lanzada hace dos años por la Empresa Estadual de Investigación de Santa Catarina (Epagri).

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