
Prensis / Getty ImagesLa persecución, que satisface el instinto predador de los perros, también puede estresar a las avesPrensis / Getty Images
Los perros y los gatos domésticos ‒con una población de alrededor de 1.000 millones y 500 millones, respectivamente‒, aun domesticados y eventualmente mimados, no han dejado de ser predadores. Cuando pasean sin correa y no van acompañados de sus tutores, pueden causar serios daños a otras especies. Según un estudio de la Universidad Curtin, en Australia, los mininos son los sospechosos principales de la muerte de 500 de los 900 kiwis marrones (el ave nacional de Nueva Zelanda) de una colonia y de la disminución de la población de pingüinos azules [la especie más pequeña de estas aves] en Tasmania. También pueden matar pichones de aves que nidifican en la playa, incluyendo especies en peligro de extinción, como el chorlito encapuchado [Thinornis cucullatus]. Incluso cuando están con correa pueden herir, espantar o matar reptiles y aves. En Estados Unidos, los venados corren más cuando ven a una persona llevando a un perro con correa que a una persona sola. Los excrementos y la orina que dejan cuando pasean pueden transmitir zoonosis a la fauna silvestre y contaminar los cursos de agua (Pacific Conservation Biology, 10 de abril).
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