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CARTA DE LA EDITORA | 345

Singularidades

Piensen en un material del espesor de un átomo y más fuerte que el acero. A la vez denso e impermeable, pero transparente, flexible, resistente, excelente conductor eléctrico y térmico. El grafeno, “descubierto” hace 20 años, parece de ciencia ficción. No por casualidad, está compuesto por átomos de carbono, un elemento químico esencial para la vida en la Tierra debido a su capacidad de establecer asociaciones estables entre sí y con otros elementos.

La historia de cómo se llegó a obtener el grafeno también parece de ficción. El grafito está compuesto por láminas nanoscópicas de átomos de carbono y durante décadas se intentó llegar a esa unidad: una sola lámina, denominada grafeno. Se preveía que tendría notables propiedades. Los intentos por lograrlo comprendieron el empleo de medios mecánicos y químicos y dispositivos sofisticados, pero la solución vino de la mano de un trozo de cinta adhesiva.

Ésta ya se utilizaba para preparar muestras de grafito para la realización de experimentos, retirando la capa superior a los efectos de dejar al descubierto el mineral limpio. El método se les ocurrió a los científicos André Geim y Konstantin Novoselov, de la Universidad de Mánchester, en Inglaterra, en una de las noches de viernes en las que solían reunirse para realizar experimentos no relacionados con sus investigaciones. Valiéndose de cinta adhesiva, extrajeron astillas de un trozo de grafito y notaron que sus espesores eran distintos. Entonces repitieron sucesivamente el procedimiento de exfoliación, y así consiguieron aislar este cristal bidimensional, el grafeno.

Veinte años y un premio Nobel después, el grafeno ha abierto un campo de investigación en materiales de una sola capa. Se lo utiliza como aditivo, aportando propiedades adicionales como durabilidad y resistencia a productos tales como pinturas, materiales de construcción y envases plásticos. Forma parte de la producción de componentes electrónicos, materiales compuestos y baterías, pero aún no se ha desarrollado todo su potencial previsto. El artículo de portada de esta edición aborda este campo de investigación y desarrollo en Brasil. Uno de los retos para extender su uso en productos comerciales pasa por ampliar su producción a una escala industrial.

Octubre es el mes del Nobel, y la cosecha de este año ha encumbrado a la inteligencia artificial, una elección que algunos ven actual, y otros como algo alejado del tipo de investigaciones que el premio acostumbra galardonar. La ciencia impulsada por la curiosidad también se hace presente en el artículo sobre el efecto Mpemba, una paradoja descubierta por un estudiante de Tanzania en la década de 1960.

No existe un límite para la variedad de testimonios que componen la sección Itinerarios de Investigación. La singularidad de cada trayectoria personal, siempre entrelazada con la ciencia, ya sea como punto de partida, de llegada o transcurriendo simultáneamente, hace que cada historia tenga elementos novedosos y, al mismo tiempo, una cierta sensación de familiaridad. El perfil de este mes corresponde al maestro William Coelho, licenciado en biología e investigador en musicología.

En el contexto de nuestro 25º aniversario, hemos introducido cambios en el proyecto gráfico de Pesquisa FAPESP. Entre ellos, hemos adoptado una tipografía más compacta para el logotipo y los títulos de los artículos, así como un nuevo tipo para los textos, en busca de una mayor legibilidad y ahorro de espacio. Esta minirreforma, concebida por nuestra editora de arte, Claudia Warrak, refuerza la identidad gráfica de la revista.

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