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CIENCIOMETRÍA

Solitarios en extinción

Un estudio muestra que ha disminuido la cantidad de artículos publicados por un solo autor en algunas áreas de la biología

ilu 2NEGREIROSCuando el zoólogo Célio Haddad, de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) de Rio Claro, inició su trayectoria científica, a comienzos de los años 1980, la mayoría de los investigadores de su área preferían publicar sus artículos solos. Los trabajos de taxonomía y de botánica exigían poco diálogo con otros campos de la biología y se hacían en forma casi individual. “La labor de identificación y clasificación de especies podía hacerse en soledad, con escasa interacción entre investigadores”, relata Haddad. Esa situación comenzó a modificarse a partir de la década siguiente, cuando las técnicas de descripción de las características externas de los animales y plantas ya no eran suficientes para distinguir nuevas especies y debieron incorporarse métodos de otras subáreas de la biología, tal como el análisis molecular, por ejemplo. Ahora, investigadores de la Universidad Estadual de Goiás (UEG), publicaron un estudio en la edición de enero de la revista Scientometrics presentando datos sobre las alteraciones en el estándar de publicación en cuatro subáreas de la biología ‒genética, ecología, zoología y botánica‒ en los últimos 40 años.

La investigación sugiere que, en efecto, se registra una disminución en la cantidad de artículos publicados por autores solitarios en todas las especialidades. Sin embargo, el criterio de publicación con varios autores es más frecuente en áreas interdisciplinarias, tales como genética y ecología. En zoología y botánica, que no revisten tanto carácter interdisciplinario y en donde son más comunes los artículos que describen especies, la cantidad de papers de autor único aún es significativa y disminuye más lentamente (vea el cuadro). Según João Carlos Nabout, biólogo de la UEG y principal autor del estudio, esto ocurre porque ambas áreas poseen lo que él denomina como problema de origen. “La clasificación científica moderna, propuesta por el sueco Carl Von Linné, en el siglo XVIII, comenzó con estudios independientes. Ese método fue el que se empleó durante cientos de años”, explica Nabout. En tanto, la genética y la ecología son de naturaleza multidisciplinaria, pues surgieron del trabajo colectivo de diversas áreas, tales como bioquímica, matemática y física.

Para arribar a esas conclusiones, en el estudio se seleccionaron artículos científicos publicados entre 1966 y 2012 en periódicos anexos a la base de datos del Institute for Scientific Information (ISI), de la Thomson Reuters. Los investigadores consultaron 16 revistas científicas (cuatro por cada especialidad), con alto factor de impacto, entre las que figuran Nature Genetics, Botanical Journal of the Linnean Society y Zootaxa, que fue creada en 2004 y es la responsable del aumento en las publicaciones de zoología a partir de aquel año. Al analizar los datos recogidos, uno de los planteos de Nabout y su equipo fue intentar prever cuándo el modelo de autoría única comenzaría a extinguirse en cada una de las subáreas. Con base en cálculos matemáticos, el grupo estimó las fechas en que las especialidades alcanzarían un índice de tan sólo un 0,1% de los artículos publicados por una persona. En el área de la genética, eso ocurriría en 2036; en ecología, en 2054; en botánica, en 2063; y en zoología, alrededor de 2090. “Se trata de una perspectiva, si bien refleja cuánto menos autónomas se van volviendo esas especialidades”, afirma Nabout.

Una herramienta interdisciplinaria
Según el investigador, uno de los factores que han conducido a la zoología y a la botánica a interactuar algo más con otras especialidades de la biología ‒aunque a un ritmo más lento que la genética y la ecología‒ apunta que éstas son más empleadas como herramientas que aportan abordajes teóricos a otras categorías de la biología. Un ejemplo de ello es una investigación que recientemente dirigió el biólogo Carlos Guilherme Becker, de la Unesp de Rio Claro. El estudio revela que una mayor cantidad de especies en una región ayuda a detener la transmisión de una enfermedad fatal causada por hongos (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 226). La investigación, cuyas etapas abarcaron conocimientos de taxonomía, estadística y análisis molecular, contó con la participación de Célio Haddad, cuya responsabilidad principal en el estudio fue la identificación de especies de anfibios adecuadas para los experimentos.

ilu 1.NEGREIROSUna de las evidencias del aumento de la interdisciplinariedad es el incremento del número de revistas científicas que congregan subáreas de la biología, tales como Journal of Animal Ecology y Molecular Ecology. “Las posibilidades de disponer de un trabajo aceptado para publicarlo y también de recibir mayor cantidad de citas se elevan cuando el científico se asocia a redes internacionales de investigación, que pueden aglutinar a cientos de autores en un mismo proyecto”, dice Rogério Meneghini, coordinador científico de la biblioteca virtual SciELO Brasil.

Un ejemplo de un proyecto de tal magnitud es el Large Hadron Collider (LHC), el mayor acelerador de partículas del planeta, instalado en el Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (Cern), en los alrededores de Ginebra, que involucra a casi 10 mil investigadores de varios países. Según Meneghini, la participación de brasileños en artículos multiautorales es más frecuente en las áreas de física de partículas y clínica médica. En esta última, resulta común un reparto de procedimientos para probar nuevos medicamentos en diversos lugares del mundo.

Para Jacqueline Leta, investigadora de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), la tendencia es que todas las subáreas dialoguen más entre sí, y también con otros campos del conocimiento. “En las áreas experimentales, la ciencia es cada vez más técnica”, dice. Por lo tanto, cada vez es más difícil investigar sin aparatos modernos. “Una sola persona no alcanza a dominar por sí misma las técnicas, por ejemplo, de genética, química e informática”, dice Leta, bióloga de carrera que actúa el área de ciencias de la información. Por eso, se buscan colaboraciones, no sólo para cubrir lagunas de la investigación que dependen del conocimiento en otras áreas, sino también para reducir costos, al compartir aparatos y laboratorios, las denominadas facilities, que aglutinan a múltiples usuarios y pueden ayudar a promover colaboraciones prometedoras (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 221).

038-041_artigo unico_228El impacto de esos cambios también se observa a escala reducida. Roberto Lovon, alumno de Leta en el Programa de Posgrado en Ciencias de la Información (Ibict/ UFRJ), elabora un trabajo en el que la figura del autor único parece debilitarse. Datos preliminares del estudio revelan que en el trienio 2001-2003, el porcentaje de artículos de autoría única publicados por la totalidad de los científicos de la UFRJ fue de un 36%. En tanto, entre 2010 y 2013, ese índice disminuyó al 28%. La próxima etapa de la investigación distinguirá entre cada área del conocimiento, pero, a juicio de Leta, todo lleva a creer que el fenómeno ocurre en todas las áreas del conocimiento. Meneghini también pone la mira en las ciencias sociales y humanidades. “En esas áreas, la autoría única aún es fuerte, así como la preferencia por publicar las investigaciones en libros”, dice.

Salvedades
Si bien el estudio de la UEG indica un avance en las colaboraciones en subáreas de la biología, se debe tener precaución al momento de evaluar las conclusiones de la investigación. Una de las salvedades que hace Meneghini indica en que la autoría es tan sólo uno de los criterios a la hora de evaluar los niveles de colaboración científica. Y aun así, puede que no sea una métrica muy confiable. “Cada vez es más difícil saber cuál es la responsabilidad que le cupo a cada autor en un artículo firmado por varias personas”, dice. “Un investigador puede haber contribuido prestando un equipamiento, pero eso no significa una colaboración eminentemente científica”, explica Meneghini. “La redacción conjunta no siempre significa una cooperación”, concuerda Leta. “El investigador puede agregar el nombre de un colega por amistad, para retribuirle un favor o incluso para facilitar la aceptación del artículo en una revista”, dice.

Esa idea se tornó aún más clara entre los estudiosos de la cienciometría, luego de que J. Sylvan Katz y Ben Martin, científicos de la Universidad de Sussex, en Inglaterra, publicaran un artículo en 1995 que muestra que la coautoría es tan sólo un indicador parcial de colaboración. Con base en datos bibliométricos tomados entre 1981 y 1990, extraídos del Science Citation Index, de la Thomson Reuters y en la revisión de la literatura de la época, los investigadores sostienen que la colaboración se mide convencionalmente mediante la multiautoría de papers, pero ese abordaje no es muy eficiente, toda vez que hay varios casos de “colaboración no consumada”. “Frente al supuesto de que la autoría múltiple y la cooperación son sinónimos, se debe reconocer que, en algunos casos, no todos los citados son responsables del trabajo. Estudios de caso muestran que a algunos autores se los cita por razones puramente sociales. Recientemente, la investigación de varios casos de fraude científico reveló que esa práctica es algo común”, refiere el estudio.

En tanto, otro trabajo más reciente, que publicaron investigadores del periódico Journal of the American Association, en 2011, analizó la prevalencia de los denominados autores honorarios y autores fantasmas en seis periódicos del área médica con alto factor de impacto entre 1996 y 2008. Los autores honorarios son aquéllos que el artículo nombra pero no contribuyeron sustancialmente como para asumir la responsabilidad pública del trabajo; los autores fantasmas son los que le aportaron bastante a la investigación y no figuran como autores, sino tan sólo, por ejemplo, en los agradecimientos finales. Los resultados del estudio revelaron que el 21% de los artículos publicados en 2008 en las seis revistas médicas que se evaluaron presentaban esos dos tipos de autoría. En 1996, el índice de artículos con autoría inapropiada era del 29%.

João Carlos Nabout reconoce esas limitaciones. “Por supuesto que existen aquéllos que contribuyeron menos en una investigación. Lo que muestra el estudio es que la tendencia a que el autor único desaparezca en las ciencias biológicas es un dato que surge de la realidad”, dice.

Artículo científico
Nabout, J. C. et al. Publish (in a group) or perish (alone): the trend from single to multi-authorship in biological papers. Scientometrics. v. 102, issue 1, p. 357-64, 2015.

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