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SALUD MENTAL

Taller Juquery

Esculturas y pinturas rescatan el trabajo del médico Osório Cesar, quien valorizó la producción artística en un hospital psiquiátrico

Museo Osório Cesar/ Colección Juquery/ Reproducción Eduardo Cesar En exposición: obras de autores desconocidos reflejan las emociones de los pacientes del hospital psiquiátricoMuseo Osório Cesar/ Colección Juquery/ Reproducción Eduardo Cesar

Retratos en colores vivos muestran hombres y mujeres con ojos grandes y mirada desconfiada. En una pintura, un cuchillo atraviesa una cabeza. En otra, el rojo intenso brota como sangre del lienzo. Entre los casi 100 trabajos reunidos en una exposición en el Museo de Salud Pública Emílio Ribas, ligado al Instituto Butantan, en São Paulo, pocos están firmados. Pero todos los autores padecían trastornos mentales y fueron pacientes del hospital psiquiátrico de Juquery, uno de los mayores centros de atención en el área de Brasil. El actualmente denominado Complejo Hospitalario de Juquery llegó a su ocupación máxima en la década de 1970, con alrededor de 15 mil pacientes, que incluían a los detenidos por razones políticas.

Las obras, tácitamente, traen a la luz preguntas con respuestas inciertas –¿qué es arte? ¿quién es o quién puede ser artista?–, y expresan explícitamente el trabajo innovador del médico, crítico de arte y músico Osório Thaumaturgo Cesar (nacido en Paraíba, 1895-1979). A partir de la década de 1920, como responsable de la sección de artes y después como fundador y director de la Escuela Libre de Artes Plásticas de Juquery, valorizó la producción artística de las personas con trastornos mentales, paralelo al trabajo iniciado por la psiquiatra Nise da Silveira (nacida en Alagoas, 1905-1999) en el Centro Psiquiátrico Nacional, en Río de Janeiro.

Ambos convivieran con artistas, escritores y otros intelectuales, eran comunistas –estuvieron presos varias veces– y defendían la libre expresión artística como posibilidad de reequilibrio de las emociones de las personas con trastornos mentales, con base en los estudios sobre el inconsciente del médico neurólogo austríaco Sigmund Freud (1856-1939), creador del psicoanálisis, y del psiquiatra Carl Gustav Jung (1875-1961), creador de la psicología analítica. Este uso del arte despuntaba en Europa, en Estados Unidos y en otros países como Brasil, como una eventual alternativa a los tratamientos violentos que se emplearon a comienzos del siglo pasado, tales como la lobotomía, el electroshock y la inducción de fiebres para mitigar el descontrol mental. El uso de medicamentos para tratar los trastornos mentales sólo empezó en la década de 1950.

Museo Osório Cesar/ Colección Juquery/ Reproducción Eduardo Cesar Escultura de Maria Aparecida DiasMuseo Osório Cesar/ Colección Juquery/ Reproducción Eduardo Cesar

Aunque con las mismas motivaciones, Osório Cesar y Nise da Silveira siguieron abordajes distintos, tal como lo resalta la terapeuta ocupacional Elizabeth Araújo Lima, docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (FM-USP) y autora del libro Arte, clínica e loucura: Território en mutação (Summus Editorial/ FAPESP, 2009), producto de su doctorado en psicología clínica en la Pontificia Universidad Católica (PUC) de São Paulo. Adepto al psicoanálisis de Freud, Osório Cesar dirigió la Escuela Libre de Artes Plásticas con el propósito principal de enseñarles un oficio a los pacientes, para que pudiesen ejercerlo al dejar el hospital. Da Silveira adoptó la psicología analítica de Jung y se oponía a los traumáticos tratamientos de la época. En 1946, al asumir la sección de terapéutica ocupacional del hospital de Río de Janeiro, empezó a desarrollar su propio método de tratamiento, valiéndose de la producción de pinturas y esculturas para promover la reorganización mental de los pacientes.

El trabajo de Da Silveira se volvió más conocido que el de Osório Cesar por diversas razones, según Araújo Lima. Retratada en varias películas –la más reciente es Nise, o coração da loucura, de 2015, dirigida por Roberto Berliner–, la psiquiatra creó en 1952 una institución que se mantiene hasta los días actuales, el Museo de Imágenes del Inconsciente, en Río de Janeiro, y guardaba los trabajos con cuidado para documentar la eventual mejoría del estado mental de los pacientes.

Osório Cesar, por su parte, vendió algunas obras para ayudar a mantener su escuela y permaneció en el hospital hasta 1965, cuando se jubiló por razones políticas. Y la escuela quedó desactivada en la década de 1970. Los trabajos se dispersaron, hasta que los reunió en la década de 1980 la historiadora del arte Maria Heloisa Corrêa de Toledo Ferraz, actualmente docente jubilada de la Escuela de Comunicación y Artes de la USP, con la ayuda de otros investigadores. Autora del libro Arte e loucura: Limites do imprevisível (Lemos Editorial, 1998), Corrêa de Toledo Ferraz participó en el rescate de 2.258 trabajos y en la organización del Museo Osório Cesar, inaugurado en 1985 en uno de los antiguos pabellones del hospital.

Alice Brill/ Colección Instituto Moreira Salles Producción intensa: taller de artes en la década de 1950Alice Brill/ Colección Instituto Moreira Salles

“Con su mirada de crítico de arte”, dice la historiadora Josiane Oliveira, directora del Museo Emílio Ribas, “Osório Cesar puso de relieve la calidad de la producción artística de las personas con trastornos mentales a punto tal de organizar exposiciones en espacios públicos y museos de arte de las obras producidas en el Juquery”. La primera fue en 1933, integrando el Mes de los locos y los niños, organizado por el artista Flávio de Carvalho (1899-1973) en el Club de Artistas Modernos. El Museo de Arte de São Paulo (Masp) organizó tres exposiciones de obras del Juquery, la primera en 1948, otra en 1954 y, con la colección donada por Osório Cesar, la más reciente, en 2015.

Osório Cesar creció en medio de la música en João Pessoa, la capital del estado de Paraíba. Nieto de un director de bandas que incentivaba a los habitantes a escuchar óperas, sobrino de un guitarrista y compositor de vals e hijo de un director de coro y profesor de teoría musical, ganó dinero como violinista y profesor de violín para mantenerse mientras estudiaba odontología en São Paulo, de 1912 a 1916. Posteriormente cursó medicina en Río de Janeiro y empezó a trabajar en 1925 en el Juquery como médico asistente del laboratorio de anatomía patológica.

Violinista y anatomista
Osório Cesar era uno de los encargados de las autopsias, a través de las cuales se procuraba asociar eventuales alteraciones cerebrales al desequilibrio mental. Quedaron unos 200 cerebros y otras piezas anatómicas de pacientes de las décadas de 1920 y 1930, mantenidas en frascos con formol en estantes de madera en seis salas de uno los edificios del Juquery. Al atravesar la entrada de una de ellas, puede verse un cerebro de un paciente de 35 años con microcefalia, de fecha no registrada. En una sala situada más adelante se encuentra otro material poco explorado: los libros de autopsias de 1921 a 1979 y decenas de cajas apiladas con alrededor de cinco mil negativos fotográficos de vidrio.

Museo Osório Cesar/ Colección Juquery/ Reproducción Eduardo Cesar Ficha laboral de Osório Cesar, en 1937Museo Osório Cesar/ Colección Juquery/ Reproducción Eduardo Cesar

Tan pronto como llegó al Juquery, Osório Cesar observó que los pacientes dibujaban en el piso y en las paredes o hacían esculturas con miga de pan. “Le sorprendió la cercanía de los trabajos con respecto al arte moderno, valorando así el trabajo de los pacientes”, comenta Araújo Lima. En Alemania, el efecto fue inverso, acota la investigadora. Los nazis se valieron de la proximidad del entonces así llamado arte de locos con respecto al arte moderno para combatir al arte moderno, tenido como indeseable y perjudicial para el pueblo. Según Araújo Lima, el médico brasileño creía que la expresión artística de los denominados enajenados “era una necesidad indispensable a la vida de encierro a la que estaban sometidos, al permitirles refugiarse en un mundo de belleza”.

En 1929, Osório Cesar publicó su primero libro, A expressão artística nos alienados, en el cual analizaba dibujos, pinturas, esculturas y poesías de pacientes del Juquery a la luz de la psicoanálisis. “El loco no es un individuo despreciable que merezca el desinterés de la sociedad”, escribió. “Dentro de su mundo circundante y de su ‘yo’ interior, tiene su punto de vista anormal. Fuera de allí es un hombre tan perfecto como cualquier otro.”

Ese libro “fue una obra de referencia obligatoria, no sólo para aquéllos que se dedicaban a la psiquiatría, sino también para la intelectualidad de nuestro país”, comenta Corrêa de Toledo Ferraz en su libro. Psiquiatras de São Paulo y de Río de Janeiro lo incentivaron a proseguir sus estudios. João Fernando Marcolan, profesor de enfermería psiquiátrica de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), viene examinando las historias clínicas de los pacientes desde 2015. Y encontró registros de médicos que derivaban pacientes a las clases de arte, lo que indica que los beneficios de esas actividades ya se reconocían a finales de la década de 1920.

Museo Osório Cesar/ Colección Juquery/ Reproducción Eduardo Cesar Retrato de Freud realizado por un de los pacientes, Istvan CsibákMuseo Osório Cesar/ Colección Juquery/ Reproducción Eduardo Cesar

Con buena acogida entre intelectuales y artistas, Osório Cesar conoció a escritores como Mário de Andrade y artistas como Di Cavalcanti y Tarsila do Amaral, con quienes vivió y viajó a Europa. “Osório Cesar fue un difusor de la producción de los modernistas en Europa”, dijo Rodrigo Lopes de Barros Oliveira, profesor de literatura latinoamericana en la Universidad de Boston, en Estados Unidos, en una disertación realizada en la USP el 1º de septiembre. En julio de 1931, argumenta Lopes de Barros Oliveira, Osório Cesar le envió desde Leningrado, en Rusia, una carta a Mário de Andrade pidiéndole que el escritor le mandase con urgencia los libros suyos al crítico y traductor ruso David Vygodsky (1893-1943), quien estaba reuniendo la producción literaria de América del Sur y aún no tenía nada de Brasil.

En un desafío a los conceptos clásicos de la época sobre aquello que era arte y quién podría ser artista, Osório Cesar consideraba que eran artistas los pacientes internados en el Juquery que pintaban y esculpían. ¿Lo eran? “El hecho de denominárselos locos y de estar internados no les impedía ser artistas, pero tampoco garantizaba que lo fueran”, dice Araújo Lima. “Osório Cesar evaluaba las obras con base en su calidad estética, no del estado psíquico de las personas que las habían creado.”

Había controversias. En una conferencia de clausura de la exposición de trabajos del Centro Psiquiátrico Nacional, organizada por Nise da Silveira en Río de Janeiro en 1947, el crítico de arte Mário Pedrosa (nacido en Pernambuco, 1901-1981) adjudicó la extrañeza incluso de artistas de vanguardia a “un resto de prejuicio intelectualista” y a una “noción en cierto modo anacrónica del tema”. Según Araújo Lima, la interacción de Mário Pedrosa y Nise da Silveira facilitó la aceptación de los artistas que vivieron en hospitales psiquiátricos. Uno de los más conocidos es Arthur Bispo do Rosário (nacido en Sergipe, 1909-1989). Actualmente, una de sus obras integra la exposición The keeper, en cartelera hasta septiembre en el New Museum de Nueva York.

Museo Osório Cesar/ Colección Juquery El Hospital Central de Juquery a comienzos del siglo XXMuseo Osório Cesar/ Colección Juquery

La arteterapia fue sistematizada por la psicóloga estadounidense Margareth Naumburg (1890-1983) y por el artista inglés Adrian Hill (1895-1977) en la década de 1940. En Brasil, actualmente, las actividades artísticas se emplean fundamentalmente para promover la integración social y el enriquecimiento cultural de personas con trastornos mentales y de los profesionales de la salud que los asisten, según indica un estudio de un equipo de la FM-USP publicado en enero de este año en la revista História, Ciências, Saúde – Manguinhos.

La terapeuta ocupacional Ana Tereza Galvanese, responsable de ese estudio, realizó un seguimiento de 126 actividades de ese tipo organizadas por 21 Centros de Atención Psicosocial (CAPs) de la ciudad de São Paulo y verificó que los llamados talleres de arte y cultura abarcan no sólo la producción artística sino también visitas a museos, música, danza, cine, video, fotografía y juegos dramáticos, dentro y fuera de las unidades de atención.

En un artículo publicado en Psychology and Psycotherapy en junio de 2016, investigadores de la Universidad de Sheffield, Inglaterra, reconocen la utilidad de la producción artística como una estrategia de tratamiento en salud mental, destacan la importancia de que el propio paciente elija cómo quiere ser tratado (con medicamentos o con arteterapia), y advierten acerca de la necesidad de que los profesionales determinen las estrategias más adecuadas a cada paciente.

Eduardo Cesar Edificio de la dirección, aún sin restauración luego del incendio de 2005Eduardo Cesar

En transformación
Proyectado por el arquitecto Francisco Ramos de Azevedo y construido en 1898 en el actual municipio de Franco da Rocha, en el Gran São Paulo, el Juquery fue un lugar aterrador. Pese a iniciativas como la de Osório Cesar para crear espacios amigables, existen relatos de pacientes desnudos abandonados en los patios y de otros que se morían inmediatamente después de ser internados, en general por disentería, lo que constituye un reflejo de la desidia con que se los trataba.

Desde hace un año, Marcolan explora con deslumbramiento creciente el aún poco estudiado archivo de 80 mil historias clínicas de los pacientes internados desde 1895, organizadas en una sala ubicada adelante del museo. Examinando los registros, verificó de qué manera las internaciones reflejaban los hábitos y los valores de la sociedad de comienzos del siglo pasado.

“Era común la internación de mujeres con comportamientos considerados inaceptables, tales como querer ir a bailes solas, desear divertirse o haber perdido la virginidad sin estar casadas”, comenta. “A comienzos del siglo XX, buena parte de los internados eran negros, considerados vagos y degenerados, debido a la creencia en la eugenesia, de purificación de la raza. El mero hecho de ser negro y de no tener trabajo era de por sí motivo de internación por vagancia”. Marcolan encontró registros de los internados por razones políticas durante el gobierno de Getúlio Vargas (1930-1945), pero no localizó aún los prontuarios de la época de los gobiernos militares (1964-1985).

La situación empezó a cambiar a partir de la década de 1980, con la redefinición de las normas de tratamiento psiquiátrico que realzaron el valor de la desinstitucionalización, y la intervención de médicos apoyados por el gobernador André Franco Montoro (1983-1987), que abrieron las celdas y las alas más degradantes, de las cuales los internados sólo salían cuando se morían. Actualmente, más de la mitad del terreno está ocupada por el Parque Estadual de Juquery, como una forma de preservar los escasos montes nativos del Cerrado. Los equipos de servicios de la municipalidad y de la gobernación del estado ocupan nueve de los 60 edificios, en general cercados de árboles y césped. Un hospital de traumas ocupa un edificio nuevo, inaugurado en 2011, y un centro de atención integral de la salud mental, con camas para internación durante un máximo de 45 días, funciona en uno de los antiguos pabellones, con 1.500 metros cuadrados.

En seis pabellones aún viven 123 pacientes, la mayoría con esquizofrenia o discapacidad intelectual. Tienen en promedio 60 años de edad y 35 de internación. Sin familias ni espacios externos adecuados, son “remanentes del modelo de internación de larga duración”, afirma el farmacéutico Glalco Cyriaco, director del complejo hospitalario de Juquery desde 2010, cuando había 260 residentes. Cyriano cree que en algunos  años no habrá más pacientes que vivan en el Juquery.

La mayoría de los 60 edificios están cerrados y desocupados, algunos con paredes que exhiben rajaduras o grande manchas de moho ‒el edificio de la dirección sigue sin restauración tras haber sido destruido por un incendio en 2005–, a la espera de la definición de nuevos usos. Según el arquitecto Pier Paolo Bertuzzi Pizzolato, director del núcleo de la colección, el Plan Director prevé la ocupación de la mayor parte de los edificios actualmente vacíos por una universidad pública y la construcción de un hospital de rehabilitación física de pacientes que necesitan internación prolongada. El proyecto de renovación, aún sin financiación, prevé también la construcción de jardines con árboles frutales y canteros con flores en los antiguos patios con muros entre los pabellones del hospital psiquiátrico.

Artículos científicos
GALVANESE, A. T. C. et al. Arte, saúde mental e atenção pública: Traços de uma cultura de cuidado na história da cidade de São Paulo. História, Ciências, Saúde – Manguinhos. v. 23, n. 2, p. 431-52. 2016.
SCOPE, A. et al. A qualitative systematic review of service user and service provider perspectives on the acceptability, relative benefits, and potential harms of art therapy for people with non-psychotic mental health disorders. Psychology and Psycotherapy. On-line. 2016.

Libros
LIMA, E. A. Arte, clínica e loucura: Território em mutação. São Paulo: Summus Editorial/ FAPESP. 2009.
FERRAZ, M. H. C. de T. Arte e loucura: Limites do imprevisível. São Paulo: Lemos Editorial. 1998.

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