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Historia de la FAPESP IX

Tierra en trance

Las metrópolis han cambiado, así como los paradigmas de investigación referentes a las problemáticas urbanas

Leo RamosEl contraste de la favela Real Parque ante los edificios de la región de la Nova Faria Lima, en la zona sur de São PauloLeo Ramos

Los problemas urbanos de Brasil se tornaron más complejos durante el transcurso de las últimas décadas, y la FAPESP, a lo largo de sus 50 años, ha financiado el trabajo de investigadores que revelaron esa transformación. Así como en la década de 1970 los estudios diagnosticaban a la periferia de las metrópolis como un territorio fuertemente afectado por olas migratorias, y uniformemente apartado debido a la ausencia del Estado, el paradigma actual de la investigación revela que ellas se han tornado heterogéneas, son asistidas con servicios de salud pública y educación, si bien que con desigual calidad, pero se compromete la vida de sus habitantes con deficiencias en el transporte y con violencia, sólo por citar dos ejemplos. Otro cambio de paradigma está relacionado con la capacidad para recabar datos sobre las ciudades y utilizarlos, mediante la ayuda de recursos informáticos, para generar conocimiento nuevo y aplicaciones para la sociedad. “La masa de datos disponible actualmente es gigantesca y permite realizar estudios de gran alcance. Hasta hace poco, los investigadores estaban obligados a restringir el objetivo de la investigación debido a  la dificultad para recabar datos”, explica Marta Arretche, docente del Departamento de Ciencia Política de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas (FFLCH) de la Universidad de São Paulo (USP) y directora del Centro de Estudios de la Metrópolis (CEM), uno de los 11 Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) sustentados por la FAPESP entre 2000 y 2011.

Una de las proposiciones del CEM apunta producir y difundir datos georreferenciales sobre las principales metrópolis brasileñas. “Cuando comenzamos, el geoprocesamiento se hallaba poco desarrollado en el país y las bases cartográficas eran escasas”, dice Eduardo Marques, profesor del mismo departamento en la USP y director del centro entre 2004 y 2009. “Los organismos públicos producían datos, que no se utilizaban. Nosotros compramos bases de datos, las digitalizamos y las integramos con otras, las utilizamos para nuestras investigaciones y las dejamos disponibles en forma gratuita en nuestro sitio web”. El centro también desarrolla estudios y proyectos a pedido. Cuando algún ámbito del gobierno necesita algún trabajo específico, el CEM realiza el geoprocesamiento con los datos disponibles, que son analizados y cruzados por los investigadores del centro.

El CEM tiene su sede en el Centro Brasileño de Análisis y Planificación (Cebrap), que fue la institución responsable, durante la década de 1970, por la realización de estudios fundamentales de sociología urbana. Uno de ellos fue São Paulo 1975: crescimento e pobreza, patrocinado por la Fundación Ford y la Arquidiócesis de São Paulo. La tesis del libro, según la cual, el crecimiento económico no era incompatible con el aumento de las desigualdades sociales, sino que más bien era capaz de amplificarlas, convirtió a la obra en una referencia de los tiempos de la dictadura. El tipo de investigación que hace actualmente el CEM es diferente al de aquella época, sostiene Eduardo Marquez. “En los años 1970, la metrópolis era el ámbito de la discusión de los grandes temas de la agenda de investigación, tales como democracia, capitalismo y dependencia, aunque no era un objeto en sí mismo. Ahora es el punto central de la investigación”, afirma.

En el pasado, los estudios de sociología urbana tendían a ser más ensayísticos que empíricos. El libro Pesquisa & desenvolvimento, de 1973, que narra las actividades de la FAPESP durante su primera década, registra la primera financiación de la Fundación para estudios en ese campo. Entre 1962 y 1963, los profesores Azis Simão y Douglas Monteiro, de la FFLCH/ USP, recibieron ayuda para la investigación Sociabilidad espontánea y organizada en un barrio de la capital. La investigación se realizó en la Vila Diva, en la zona este de São Paulo, y en ella se aplicaron cuestionarios en 178 domicilios, aunque no llegó a ser publicada. “Fue importante, ya que casi no se hacía investigación de campo en aquella época”, recuerda Eva Alterman Blay, profesora jubilada del Departamento de Sociología de la FFLHC, quien se desempeñó como voluntaria y ayudó a realizar las entrevistas. “Era un lugar alejado y de difícil acceso”.

Vivir en riesgo
Naturalmente, la masa crítica formada durante los años 1960 resultó importante para establecer las bases de los actuales estudios. Lúcio Kowarick, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la FFLHC y uno de los autores de São Paulo 1975: crescimento e pobreza, recuerda el primer aporte que recibió de la FAPESP, en 1966. Se había exiliado en 1964, temiendo la persecución política de la dictadura, y se trasladó a Francia, donde realizó una maestría, becado por el gobierno francés. Luego de dos años, la beca se hizo insuficiente y entonces se comunicó con el director científico de la FAPESP en la época, William Saad Hossne. “Le expliqué la situación y él me pidió que escribiera una carta relatando que me hallaba en Francia por motivos políticos. Me concedió una beca para los dos años restantes y pude terminar mi maestría”, evoca. Kowarick menciona que la FAPESP también resultó importante para poder participar en seminarios en el exterior. Al comienzo de los años 2000, obtuvo de la FAPESP un apoyo a la investigación que resultó en el estudio Vivir en riesgo: vivienda, desempleo y violencia urbana en el Gran São Paulo. Con base en relatos de habitantes de favelas, conventillos y asentamientos clandestinos, el estudio reveló, entre otras evidencias, que la violencia se convirtió en una contingencia con fuerza como para estructurar la vida de los habitantes de las periferias. El temor a la violencia marca el horario en que la gente sale a la calle e impone un código de silencio. La investigación involucró a becarios de iniciación científica y maestría y se tradujo en un libro que obtuvo el Premio Jabuti en 2009, en la categoría Ciencias Humanas.

50 anos_01 Favela Parque RealLéo RamosUna iniciativa de la FAPESP de finales de los años 1990, el Programa de Investigación en Políticas Públicas, ayudó a impulsar la cooperación entre investigadores de los problemas urbanos y los gestores de los municipios. Raquel Rolnik, docente en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la USP, tuvo dos proyectos aprobados en el marco del programa y destaca sus efectos. “Uno de ellos implicó la preparación de un material de capacitación para los municipios, para comprender el Estatuto de las Ciudades, creado en 2001”, afirma. “Fue conocido con el nombre de Kit del Estatuto, e incluía un juego, un manual, un video y otros materiales distribuidos entre los gestores municipales”, agrega. El contenido se basó en una investigación sobre realidades socioterritoriales y municipales paulistas. El grupo coordinado por Rolnik también logró financiación por parte de la FAPESP para una serie de estudios, iniciados en los años 1990, y en fase de actualización, para mapear la evolución de los municipios paulistas desde el punto de vista de sus condiciones de urbanización. El análisis de los datos recabados en el Censo 2010, comparando con los de 1980, 1991 y 2000, revela una situación compleja. “Las peores condiciones de urbanización no afectan necesariamente a los municipios más pobres. La precariedad afecta mayoritariamente a los sectores metropolitanos, en la periferia de los sitios donde se concentra la riqueza y ocurre la mayor disputa por los terrenos urbanos, en un proceso de ocupación sin regulación que se mantuvo durante las últimas décadas”, afirma, citando ciudades de la costa norte de São Paulo y de la llamada Baixada Santista, y, en el caso de la Región Metropolitana de São Paulo, en sus municipios de ocupación más reciente, como son los casos de Ferraz de Vasconcelos y Francisco Morato. “Lo que hoy en día intentamos entender es de qé modo la riqueza producida por el municipio se transforma o no en mejores condiciones de urbanización”, dice Rolnik.

Con todo, la mayor y más articulada inversión de la FAPESP fue el Centro de Estudios de la Metrópolis, solventado durante 11 años. “En el transcurso de su trayectoria, el CEM maduró, reforzó sus lazos con colaboradores internacionales y con la sociedad, ajustando también el objetivo de sus investigaciones, convirtiéndose en una institución internacionalmente relevante”, dice Hernan Chaimovich, coordinador del programa de los Cepids, con el cual se encontraba relacionado el CEM. Marta Arretche, directora del centro, explica que la institución dejó de lado su ambición por lograr una gran solución al problema de las metrópolis, ante la imposibilidad de realizar esa tarea, y, en su lugar, comenzó a seleccionar temas específicos en los cuales pudiese contribuir. Entre los estudios con mayor importancia del CEM, se destaca el Mapa de la vulnerabilidad social, que utilizó los datos del Censo y técnicas de geoprocesamiento para mapear la pobreza en el municipio de São Paulo. El mapa cartográfico, divulgado en 2004, utilizó como fuente principal el Censo 2000 y produjo un mosaico de la situación en cada uno de los 13 mil sectores de la ciudad establecidos por el IBGE, logrando captar situaciones específicas de vulnerabilidad en grupos de 300 a 400 familias agregadas en cada sector censado. “El mapa resultó de importancia para revelar que los ingresos constituyen una variable limitada para definir la pobreza”, dice Marta Arretche. “Quedó en evidencia que el acceso a servicios y equipamientos públicos, entre varios factores, puede colocar en situaciones de vulnerabilidad muy diferentes a dos familias que posean el mismo nivel de ingresos”, asegura. Otro estudio relevante fue coordinado por la politóloga Argelina Figueiredo, primera directora del CEM. Se realizaron sondeos en São Paulo, Salvador y Río de Janeiro, con muestreos del 40% de la población más pobre. “Éstos revelaron que los pobres cuentan con acceso universal a la salud y a la educación, independientemente de sus ingresos. El acceso a los servicios no se encuentra relacionado con criterios clientelares”, dice Marta Arretche.

Redes personales
Estudios liderados por Eduardo Marques y Nadya Araújo Guimarães revelaron el rol de las redes personales para el acceso al empleo y los ingresos. Las redes son definidas como el conjunto de gente conocida, como ser amigos, familiares, compañeros de trabajo o de estudios, a quienes un individuo puede recurrir cuando está buscando empleo, con dificultades económicas o intentando llevar a cabo un negocio. La variedad de los tipos de redes, incluso entre la población más pobre, muestra distintas situaciones. La vulnerabilidad es mayor cuando el individuo solamente puede recurrir a un grupo acotado de contactos, generalmente familiares y vecinos, en situación muy similar a la suya. Uno de los datos más importantes de esa línea investigativa fue la comparación entre los tipos de redes de la gente pobre y los de la clase media. En promedio, las redes de los individuos en situación de pobreza son menores, menos variadas, más locales y centradas en el barrio. Cuanto más pobre es el individuo, más próximas a esas características son sus redes. Pero las redes también varían en el interior de cada grupo. Ése es el caso de las redes de los adolescentes pobres y de clase media, ambas compuestas por familiares, amigos de la familia y, sobre todo, compañeros de escuela. Los procesos de diferenciación entre ellas ayudan a poner de manifiesto el efecto de las redes sobre la trayectoria de los individuos y sobre la reproducción de las desigualdades sociales. “En ambos grupos, éstas son grandes, heterogéneas y compuestas por personas parecidas”, dice Eduardo Marques. Cuando el individuo ingresa en la adultez, un abismo pasa a separar a los pobres con respecto a la clase media. “La explicación reside en el acceso a la universidad. Quien ingresa en la universidad cuenta con cuatro, cinco o seis años para construir una red conformada por individuos con su misma profesión. Si la persona en cuestión fuera un médico, se tratará de una red de médicos, a quienes podrá recurrir en caso de quedar desempleado o necesitar un socio para negocios”. Quienes no cuentan con acceso a la universidad, acaba manteniendo la red que tenía, y encuentra dificultades para mantenerla. “Imaginemos al cocinero de una panadería. Su red está compuesta por uno o dos compañeros de trabajo. Si queda desempleado, aceptará cualquier empleo que aparezca. Si éste fuera en otra área, perderá aquella red y construirá otra. Los pobres siempre están perdiendo partes de su red”, dice.

Un estudio reciente liderado por Marta Arretche revela una característica poco explorada de la universalización de los servicios de educación y salud, cuyos principales proveedores son los gobiernos municipales. “Ese fenómeno está fuertemente marcado por la acción del gobierno federal. Hay reglas constitucionales que obligan a los estados y a los municipios a invertir un 25% de sus recursos en educación y un 15% en salud, así como contar con consejos municipales en ambas áreas. Además, la reglamentación federal afecta al tipo de política implementada por los gobiernos subnacionales. Si no cuentan con programas de salud para la familia y agentes comunitarios, no reciben los recursos federales. El margen de maniobra de los alcaldes se halla restringido, ya que, como mucho, pueden decidir si invertirán mayormente en la periferia o en el centro”, afirma.

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