Imprimir Republish

Buenas prácticas

Trampas que generan casos de mala conducta

Henrique CampeãEn un artículo de opinión que salió publicado en la revista Nature, la abogada C. K. Gunsalus, directora del Centro Nacional de Ética Profesional y de Investigación de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, Estados Unidos, enumeró tramas que, con frecuencia, inducen a estudiantes e investigadores a tomar decisiones erróneas e involucrarse en episodios de mala conducta científica, y exhortó a los líderes académicos a idear soluciones para mantener la situación bajo control.

Parte de los problemas están relacionados con malas costumbres que practican quienes ejercen el poder. Una de las trampas a las que alude Gunsalus, que ella bautizó como “coacción del grupo o de la autoridad”, consiste en hacer la vista gorda ante las irregularidades cometidas por los líderes científicos –tales como, por ejemplo, impartir instrucciones diferentes a las aprobadas en los protocolos clínicos–, suponiendo que, al fin y al cabo, el jefe del laboratorio tiene experiencia y sabe lo que está haciendo. Otra de las tretas señaladas es la “tentación”, es decir, el afán por participar en arreglos atractivos pero corruptos, como ser, aceptar incluir el nombre en un artículo sin haber contribuido en forma significativa en la investigación. La abogada menciona un caso real, en el que un alumno de posgrado que sólo había chequeado los datos de un manuscrito terminado vio su nombre incluido como autor por el jefe del laboratorio y se sintió halagado, sin saber que se trataba de una maniobra del autor para reenviar un artículo rechazado porque la revista a la que se lo había remitido le había parecido raro que hubiera tan sólo una firma en un trabajo complejo.

La lista de las artimañas también incluye comportamientos antiéticos que, al involucrar aspectos secundarios de una investigación, terminan pasando como algo tolerable. Uno de ellos consiste en excluir un único dato desfavorable de un conjunto de resultados, y no más que eso. Otro es la manipulación, por ejemplo, de imágenes a sabiendas de que eso no genera ningún impacto en las conclusiones del experimento. La lista continúa con ciertos hábitos que están relacionados con la inexperiencia, tales como cometer errores por sentirse obligado a admitir desconocimiento sobre prácticas habituales; o aceptar en forma temeraria un resultado solamente porque se trabajó arduamente para obtenerlo; o incluso considerar que un experimento dio resultado negativo porque el investigador necesariamente cometió un error en su ejecución.

El repertorio de trampas se completa con dos comportamientos que son bastante conocidos: incurrir en exageraciones en la divulgación de hallazgos de investigación o retacear los resultados de un experimento para generar varios artículos. Según Gunsalus, los directivos de las universidades pueden controlar esos problemas adoptando dos estrategias. Una consiste en evaluar en forma práctica hasta qué punto su cultura de investigación realmente valora la integridad. “La segunda apunta al desarrollo de una educación en ética de investigación estricta e integrada a la forma en que los estudiantes aprenden a hacer ciencia”, recomendó.

Republicar