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EVALUACIÓN

Trayectorias reconstruidas

Un grupo analiza los programas de la FAPESP y revela de dónde vinieron y hacia dónde fueron los ex becarios subsidiados por la Fundación

038-042_PesquisaFapesp_210-1Una investigación inédita, que analizó el perfil y la trayectoria de ex becarios de iniciación científica, maestría y doctorado en universidades e instituciones paulistas financiados por la FAPESP y por otros organismos de fomento entre 1995 y 2009, identificó cuatro grupos distintos de estudiantes, según sus ingresos, familia y formación. El primero de ellos se encuentra compuesto predominantemente por individuos de las clases D y E, provenientes de escuelas públicas y familias con tamaño mediano, que realizaron iniciación científica. En tanto, el segundo agrupa a personas de las clases A y B, que asistieron a escuelas privadas en el estado de São Paulo y también hicieron iniciación científica. El tercero está integrado por alumnos de clase A, provenientes del norte y del nordeste y con iniciación académica en la maestría. Y el cuarto, por individuos de las clases C y D, también con iniciación académica en su maestría y padres con baja escolaridad.

Lo encontrado constituye uno de los resultados de un proyecto de investigación financiado por la FAPESP, concluido recientemente, que analizó en profundidad tres programas de la Fundación: el de becas de iniciación científica, maestría y doctorado; el programa Biota-FAPESP, de caracterización de la biodiversidad paulista, y el programa Equipamientos Multiusuarios (EMU), que promueve la adquisición de equipamientos de alto costo para que puedan utilizarlos investigadores de varias instituciones. Los ex becarios de la FAPESP provienen predominantemente de los grupos 1, 2 y 3, explica Sergio Salles-Filho, responsable de la evaluación y coordinador del Grupo de Estudios sobre Organización de la Investigación y de la Innovación (Geopi), vinculado al Departamento de Política Científica y Tecnológica (DPCT) del Instituto de Geociencias de la Universidad de Campinas (Unicamp).

Ana Paula CamposEl análisis del programa de becas se basó en la comparación entre un grupo que recibió becas de la FAPESP entre 1995 y 2009 y un grupo de control integrado por individuos que fueron beneficiados por otras agencias. Utilizando las bases de información de la FAPESP y de la Coordinadora de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), los investigadores de la Unicamp enviaron e-mails a 39.765 ex becarios de iniciación científica, maestría y doctorado. Se los invitó a responder un cuestionario que, para facilitarlo, ya estaba parcialmente completo con informaciones recabadas de la plataforma Lattes y también de las bases utilizadas. La cantidad de respuestas llegó a 12.343. “Es cierto que la muestra presenta un sesgo, dado por la dificultad para tener acceso a becarios que en su trayectoria académica no fueron más allá de la iniciación científica y no poseen un registro actualizado en las bases de datos consultadas”, afirma Salles-Filho, quien también es coordinador adjunto de programas especiales de la Dirección Científica de la FAPESP. La evaluación trazó un panorama sobre el origen y destino de los ex becarios, revelando, por ejemplo, que provienen de estratos diversos ‒se hallaron cantidades significativas de estudiantes de todas las clases sociales‒ y, aunque la mayoría de ellos se concentra en el estado de São Paulo, luego de graduarse o titularse con el máster y doctorado, hay un contingente razonable que se marcha a trabajar en otros estados. En 2011, un 32% de los recursos erogados por la FAPESP financiaron becas, siendo las de iniciación científica, maestría y doctorado responsables por el 87% de la cantidad de becas contratadas en el país.

Los perfiles característicos de los becarios surgieron de los cuestionarios como el que respondió Carlos Alberto Moreno Chavez, de 30 años, doctorando en Geofísica por el Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas (IAG) de la Universidad de São Paulo (USP). Hijo de un obrero, siempre estudió en escuelas públicas. Desde 2006, cuando cursaba su carrera en el IAG, es becario de la FAPESP, en primera instancia, de iniciación científica, después de maestría y ahora de doctorado, bajo supervisión de la profesora Naomi Ussami. “Como siempre estudié a tiempo completo, me mantuve gracias a las becas de la FAPESP. Incluso hace poco me casé”, afirma él, quien llegó a trabajar en montaje de muebles cuando se preparaba para rendir el ingreso, e ingresó en la USP al segundo intento.

Ana Paula CamposEn tanto, la capixaba [natural del estado de Espírito Santo] Bárbara Medeiros Fonseca, con 36 años, vino a hacer directamente el doctorado en ecología de ecosistemas terrestres y acuáticos en la USP, también mediante una beca otorgada por la FAPESP. Nacida en Conceição da Barra, en Espírito Santo, estudió en un colegio de una ciudad vecina en el estado de Bahía. “Debía recorrer 80 kilómetros todos los días”, afirma. Se mudó a la capital federal para estudiar la carrera de biología en la Universidad de Brasilia, cuando recibió una beca de iniciación científica del CNPq. Entre 2001 y 2006 se doctoró en la USP bajo la dirección de Carlos Eduardo de Mattos Bicudo. Actualmente es docente de la Universidad Católica de Brasilia.

La gran mayoría de los ex becarios de la FAPESP se graduó en el estado de São Paulo, pero cuando se analiza el origen a partir de la escuela secundaria la región nordeste cobra importancia, una señal del flujo de estudiantes nordestinos hacia las universidades paulistas. La mayoría de los ex becarios de la FAPESP se quedaron trabajando en el estado de São Paulo luego del término de la beca. “Pero el porcentaje de radicación en el estado descendió a medida que sus títulos aumentaban, registrándose un aumento en la radicación, principalmente en los casos de doctores, en otros estados del sudeste y también del nordeste y norte del país”, dice Adriana Bin, docente de la Facultad de Ciencias Aplicadas (FCA) de la Unicamp, miembro del equipo y responsable del análisis del programa de becas de la FAPESP. Mientras el empleo actual del 89% de los ex becarios de iniciación científica tiene domicilio en São Paulo, entre los doctores esa proporción cae al 69%. “Una hipótesis refiere que eso refleja el crecimiento de la demanda de docentes en otros estados de la federación. La FAPESP puede estar ejerciendo un rol de formadora de cuadros incluso para otros estados”. Más de la mitad de los ex becarios de doctorado se desempeñan como docente en universidades públicas, mientras que los graduados y másteres trabajan en otros sectores del mercado. En las tres categorías de ex becarios se observó un porcentaje homogéneo, de alrededor del 8% del total, de individuos que se dedican a la investigación disociada de la enseñanza, tanto en empresas como en institutos de investigación, o bien, como autónomos.

Ana Paula CamposSegún los resultados del estudio, la cantidad de investigadores que hacen posdoctorado es un 60% mayor entre los ex becarios de la FAPESP que en los de otras agencias. Los estudiantes subsidiados por la Fundación también sellaron más colaboraciones internacionales con intercambio de datos (un 38,9% en el caso de los doctores) que el grupo de control (un 28%). Otro dato significativo es el de los trabajos publicados en coautoría con investigadores extranjeros: un 43,3% de los ex becarios de doctorado de la FAPESP publicó junto a coautores de otros países, en comparación con el 31,1% de los costeados por otras agencias. Los estudiantes financiados por la FAPESP publicaron más en revistas con mayor impacto, solicitaron mayor cantidad de registros de propiedad intelectual y generaron más innovaciones mediante sus investigaciones que el resto de los becarios, aunque deben considerarse llamativas diferencias entre las distintas áreas del conocimiento.

Emprendedores
Los becarios de la FAPESP se destacan en cuanto a su actividad emprendedora. Aquéllos que interrumpieron su carrera académica ni bien concluyeron su iniciación científica se desempeñan más como empresarios y autónomos que los ex becarios de otras agencias. Pero luego de doctorarse, cuando la mayoría de los investigadores comienza trabajar como docente en las universidades públicas, esa tendencia se invierte, con mayoría de emprendedores en el grupo de control. El sueldo inicial de los ex becarios de la agencia paulista superó al de los demás ex becarios en la maestría. En tanto, la evolución del salario en la trayectoria favoreció a los de la FAPESP, tanto en la maestría como en el doctorado (vea el cuadro).

Los ex becarios de la Fundación siguieron una trayectoria académica regular, desde la iniciación científica hasta el doctorado, pasando por la maestría, con una frecuencia casi un 50% mayor que los demás. Puede parecer paradójico, pero la proporción de becarios de la FAPESP que se quedó en la iniciación científica, discontinuando su carrera académica, también fue casi tres veces mayor que la de los otros. “Como ya hemos visto, buena parte de los que hacen iniciación salen directamente hacia el mercado laboral, incluso como emprendedores”, dice Adriana Bin. “En tanto, quienes hacen maestría becados por la Fundación generalmente siguen hacia el doctorado”. El informe de evaluación comprende una lista de recomendaciones destinadas a ampliar la eficiencia del programa de becas, tales como la creación de mecanismos para atraer becarios de otros estados y aumentar la inserción de doctores en actividades de investigación y desarrollo en las empresas, más allá de reforzar las colaboraciones internacionales, que ya distinguen a los becarios de la FAPESP.

La meta del proyecto del Geopi fue el desarrollo y la aplicación de metodologías de análisis de resultados e impacto de los programas científicos, tecnológicos y de innovación. Más allá de estudiar los programas de becas, el Biota y EMU, también apuntó a crear normas y criterios de evaluación permanente para otros cuatro programas de la FAPESP evaluados previamente: Pipe, Pite, Joven Investigador y Políticas Públicas (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 147). Este frente, bajo la responsabilidad de Ana Maria Carneiro, investigadora del Núcleo de Estudios de Políticas Públicas (NEPP), también de la Unicamp, complementa el trabajo de evaluación realizado, ya que permite el monitoreo continuo de los programas. Se espera que en el futuro ocurra lo mismo con los programas de becas, Biota y EMU.

Ana Paula CamposLa metodología desarrollada por el grupo cuenta con un contenido innovador y derivó en un artículo remitido a una revista del campo de la cienciometría, la disciplina que apunta a generar información para impulsar la superación de los desafíos de la ciencia. Hay otros artículos en proceso de elaboración. Uno de los desafíos de los investigadores de la Unicamp consistió en establecer grupos de control que sirvan para cotejar con los datos recabados en los programas de la FAPESP. Para el caso del programa de becas, la comparación se realizó con un grupo de estudiantes de iniciación científica, maestría y doctorado que habían solicitado becas a la FAPESP, les fueron denegadas, pero obtuvieron la ayuda de otras agencias de fomento. “La premisa se basa en que, si la FAPESP llegó a analizar su solicitud y luego recibieron una beca, son comparables con los ex becarios de la FAPESP”, explica Fernando Colugnati, investigador del Geopi y encargado del diseño de muestreo de la investigación y de los análisis estadísticos. Del mismo modo, los proyectos del Programa Biota-FAPESP fueron comparados con un grupo de proyectos sobre biodiversidad costeados por la Fundación que, por diversas razones, no habían formado parte del programa. Hubo que calibrar los datos de ese grupo de control para superar un sesgo importante: mientras el Biota congrega a una expresiva cantidad de proyectos temáticos, que abarcan mayores recursos humanos y financieros, los proyectos del grupo de control eran, en su mayoría, ayudas a la investigación, con más corto aliento. Se buscó utilizar, entonces, una metodología capaz de disociar estadísticamente los efectos de los proyectos temáticos del Biota.

Biota-FAPESP
En cuanto al Programa Biota-FAPESP, un esfuerzo tendiente a identificar la biodiversidad paulista que comenzó en 1999, el saldo del análisis fue bastante positivo, tanto en cuanto a productividad científica como en su capacidad para aportar una base para nuevas políticas públicas, aunque se obtuvieron tímidos resultados en cuanto a la prospección de compuestos químicos con potencial de desarrollo de productos en segmentos tales como el farmacéutico y el de los cosméticos. Entre los aportes, se constató que el Biota logró buenos resultados en el campo de la taxonomía: sus productos identificaron a 524 taxones por proyecto, tres veces más que en el grupo de control. El programa también implicó el arraigo de más profesionales en el área de la biodiversidad. “También se notó que los investigadores del programa publican casi dos veces más artículos, incluso descontando los que presentan un carácter temático”, dijo Paula Drummond de Castro, también investigadora del grupo y encargada de la evaluación del Biota y del EMU. Otro aspecto destacado fue el desempeño relacionado con la publicación de artículos científicos, que exhibe un salto luego de transcurrido aproximadamente un año desde el comienzo de los proyectos. Los artículos generados por el Biota involucran dos veces más coautores internacionales que los proyectos del grupo de control. La difusión de los resultados del programa fuera del ámbito académico resultó significativa: el 66% de los proyectos del programa informó actos de difusión frente a un 44% del grupo de control.

El Biota-FAPESP, según revela el análisis, logró un desempeño menor al esperado en su ambición por desarrollar nuevas sustancias derivadas de la biodiversidad con potencial de mercado. Varios proyectos hallaron sustancias potencialmente activas, pero la inserción del programa en etapas más avanzadas de desarrollo tecnológico, tales como investigaciones preclínicas, clínicas y comercialización, se reveló como algo prácticamente inexistente. “La crítica procede y se aplica a todo el campo de la bioprospección en el país”, afirma Carlos Joly, coordinador del Biota-FAPESP. “Esto sucede, en parte, por la rigidez del área debido al famoso Decreto Provisorio 2.186-16, que regula el acceso a los recursos genéticos y/ o a los conocimientos tradicionales asociados”. Según Joly, pocos grupos de investigación lograron regularizar sus colecciones de sustancias bioactivas identificadas a partir de la biota nativa. “Por ende, el sector productivo no contaba con la seguridad jurídica como para utilizar estas moléculas”.
Ana Paula Campos

Equipamientos multiusuarios
La modalidad de financiación denominada Equipamientos Multiusuarios forma parte, desde 1996, del Programa de Apoyo a la Infraestructura de Investigación y tiene como objetivo la compra de instrumental caro para que puedan utilizarlo investigadores de varias instituciones. En un comienzo, los proyectos eran analizados a medida que se los presentaba, en un sistema de flujo continuo. Eso cambió en 2004, cuando se emitió el primer pliego del EMU. El análisis realizado por el Geopi no llegó a contemplar los proyectos aprobados en el segundo pliego, de 2009, que incorporó varias modificaciones para asegurar que las instituciones cumplieran los propósitos del programa. Se comparó a investigadores responsables y asociados contemplados en proyectos del EMU con otros a los que la FAPESP les denegó sus pedidos, pero que lograron adquirir equipamientos similares por medio de otras fuentes.

Los proyectos del programa EMU generaron más artículos, tesis doctorales y tesinas de maestría en números absolutos que los del grupo de control. En ambos grupos se observó un crecimiento en el promedio de artículos publicados transcurridos alrededor de cuatro años luego de la instalación del equipamiento, seguido de un pronunciado declive pasados seis años. “Existen indicios que apuntan a creer que el programa EMU fortalece a los grupos más próximos que utilizan el equipamiento, puesto que los convenios logrados fueron con colaboradores del propio proyecto”, dijo Salles-Filho. El uso del equipamiento en un plazo de cinco años tuvo al propio grupo o laboratorio del investigador responsable como principal usuario. “Este reconocimiento alienta un debate acerca del carácter multiusuario de los equipamientos”, sostiene el profesor. “Quizá sea éste el aspecto más desafiante, y posiblemente el más relevante y controversial. Relevante, porque cuestiona los objetivos que justifican la existencia del programa. Controvertido, porque los equipamientos concedidos por la FAPESP son extremadamente heterogéneos, tornando dificultoso un análisis certero de su impacto diferencial”.

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