Gláucia RodriguesEl químico y físico José Israel Vargas, fallecido el 15 de mayo a los 97 años, en Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais, de donde era oriundo, solía decir cuando lo entrevistaban que se consideraba a sí mismo “yeta” o “mufa” [individuo que trae mala suerte]”o etariose consideraba unollecido porque solo lo invitaban a asumir cargos públicos en momentos de crisis. Así fue cuando trocó la carrera académica por la ejecutiva, en 1963, al asumir la dirección de la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN) durante el gobierno de João Goulart. Finalmente fue destituido tras el golpe militar de 1964 y, aunque consiguió recuperar su cargo docente en la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), su sueldo sufrió una reducción, lo que lo obligó, a los 36 años, a volver a vivir transitoriamente en la casa de su madre.
También fue en otro momento de debacle institucional que Vargas fue convocado en 1992 para reactivar y dirigir el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT, el actual MCTI: Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación), por invitación de su coterráneo Itamar Franco (1930-2011), quien asumiera la Presidencia de la República tras el proceso que condujo al juicio político de Fernando Collor de Mello. Si bien ambas experiencias acontecieron en momentos de crisis, el balance de su paso por el ministerio desmiente su reputación como “pájaro de mal agüero”. La cartera, que cumplió 40 años de existencia, ha tenido 25 titulares diferentes, 15 de los cuales permanecieron un año o menos en el cargo (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 350). Vargas, el más duradero de todos, fue el artífice de un período de estabilidad y consolidación del ministerio. Se mantuvo en el cargo hasta 1998, durante todo el primer mandato de Fernando Henrique Cardoso, sucesor de Itamar Franco.
“En ese período cumplió un rol importante para la consolidación de la ciencia, la tecnología y la innovación. Más allá de ser un científico de alto nivel, Vargas veía a la ciencia brasileña como un elemento estratégico”, recuerda el ecólogo José Galizia Tundisi, quien entre 1995 y 1999 presidió el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), la principal agencia de promoción de la ciencia del ministerio. Según Tundisi, Vargas consideraba que el sistema de fomento de la investigación científica estaba excesivamente orientado a satisfacer las demandas individuales de los científicos y escasamente preocupado por el desarrollo de proyectos estratégicos para el país, por lo que estableció que el 60 % del presupuesto del CNPq se reservase para grandes proyectos. Una de las iniciativas que coordinó a partir de 1995 fue el Programa de Apoyo a Núcleos de Excelencia (Pronex), formado por redes de investigadores de alto nivel. Durante su gestión también se creó la Agencia Espacial Brasileña (AEB), y el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) construyó y puso en órbita los dos primeros satélites de observación terrestre CBERS, en el marco de un programa conjunto con China. “No me hice cargo del ministerio para inventar la rueda, y partí del principio de que mis antecesores no eran tontos ni malintencionados, sino personas que sopesaron lo oportuno o no de realizar ciertos proyectos y dar impulso a otros tantos. Por lo que me dediqué a terminar las obras que ya estaban en curso”, rememoraba Vargas en una entrevista concedida a Pesquisa FAPESP en 2011.
Durante su mandato, se le dio el envión final a la construcción del Laboratorio Nacional de Luz Sincrotrón, en Campinas, al que se destinaron fondos provenientes de privatizaciones. El embrión de lo que más tarde se convertiría en los Fondos Sectoriales de Ciencia y Tecnología, hasta la actualidad el principal mecanismo de financiación de la cartera, también surgió durante su gestión, mediante la creación de un fondo de regalías procedentes de los ingresos de las concesiones petroleras destinado a la ciencia y la tecnología.
“José Israel Vargas también desempeñó un rol importante en la diplomacia de la ciencia, que es el uso de la ciencia y la tecnología como herramientas de política exterior”, dice el excanciller Celso Lafer, colega suyo en el gabinete del gobierno de Fernando Henrique Cardoso, en referencia a su labor como presidente de la Academia Mundial de Ciencias (TWAS), entre 1996 y 2000; en el debate y las negociaciones en torno del Protocolo de Kioto, para la reducción de los gases de efecto invernadero, firmado en 1997, y como embajador de Brasil ante la Unesco, en París, entre 2000 y 2003, cuando participó en iniciativas como la Comisión para la Restauración de la Biblioteca de Alejandría. “Fue una figura prominente del país”, añade Lafer.
El exministro nació en Paracatu, en el noroeste de Minas Gerais, en el seno de una familia de comerciantes: su abuelo había sido viajante de comercio. Pasó su adolescencia en Belo Horizonte y en 1946 ingresó a la carrera de química en la Facultad de Filosofía de Minas Gerais (Fafi-MG), precursora de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas de la UFMG. Se trasladó a la Universidad de São Paulo (USP) por dos años para estudiar física, pero regresó a la capital de Minas Gerais y completó el profesorado en química egresando en 1952.
Empezó a dar clases en una escuela de enseñanza media y, todavía en 1952, resultó seleccionado para un curso de perfeccionamiento docente en física ofrecido por el Instituto Tecnológico de Aeronáutica (ITA), en São José dos Campos (São Paulo). En 1956 hizo una especialización en radioquímica y química nuclear en la Universidad de Concepción, en Chile, en la que participaban docentes de la Universidad de Cambridge, en el Reino Unido. Allí conoció al químico inglés Alfred Gavin Maddock (1917-2009), quien había trabajado para el proyecto Manhattan, responsable del desarrollo de la bomba atómica en Estados Unidos. Maddock invitó a Vargas a hacer su doctorado en Cambridge y se convirtió en su director de tesis.
En 1960, de regreso en Brasil, dirigió la División de Física Nuclear del Instituto de Investigaciones Radiactivas de la Escuela de Ingeniería de la UFMG, y en 1963 se convirtió en uno de los cuatro directores de la CNEN. Por entonces, fue el representante brasileño en comisiones de la Agencia Internacional de Energía Atómica (Aiea), en Viena, Austria. Todo el grupo fue desplazado de la CNEN tras el golpe militar de 1964. Como la UFMG rechazó su solicitud para volver a asumir como docente con dedicación exclusiva, imponiéndole una importante reducción salarial, acabó aceptando la invitación de un colega de la Aiea para trabajar en el Centro de Estudios Nucleares de Grenoble, en Francia. Permaneció allá seis años y medio y dirigió a estudiantes de doctorado en temas relacionados con técnicas nucleares aplicadas a problemas de química.
En 1971, el entonces presidente de la Financiadora de Estudios y Proyectos, José Pelúcio Ferreira (1928-2002) lo contrató como consultor del organismo y en 1974 pasó a trabajar con el gobernador de Minas Gerais, Aureliano Chaves (1929-2003), como presidente de la Fundación João Pinheiro. También fue el impulsor de la creación de la Secretaría de Ciencia y Tecnología del estado, de la que fue director. Durante la presidencia del general João Figueiredo (1918-1999), se convirtió en secretario de Tecnología Industrial del Ministerio de Industria y Comercio de Brasil. En 1981 asumió la vicepresidencia de la Academia Brasileña de Ciencias (ABC) y entre 1991 y 1993 fue presidente de la entidad.
Jubilado de la UFMG, se mantuvo vinculado a la universidad. El químico Luiz Cláudio Almeida Barbosa, docente de la UFMG, amigo personal de Vargas y coautor de un artículo sobre su trayectoria publicado recientemente en la revista Química Nova, relató al sitio web de la UFMG que hasta hace poco y pese a sus problemas de visión ‒llegó a contratar a una persona para que le leyera‒, el exministro orientaba a estudiantes de iniciación a la investigación científica. “Era incansable”, dijo.
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