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Buenas prácticas

Un límite contra el acoso sexual en los laboratorios

En EE.UU., los Institutos Nacionales de Salud refuerzan el compromiso de sancionar a los investigadores, mientras que el Congreso discute normas para las agencias científicas de fomento federales

Mariana Zanetti

En una sucesión de tuits, el genetista Francis Collins, director de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de Estados Unidos, anunció el 28 de febrero que se investigaron 24 casos de acoso sexual involucrando a coordinadores de proyectos financiados por estos durante el último año. Como resultado de dicha denuncia, 14 investigadores principales vinculados a varios laboratorios y universidades fueron destituidos de la coordinación de los proyectos y reemplazados por otras personas, mientras que 21 fueron sancionados o despedidos por las instituciones que los había empleado. Los institutos liderados por Collins constituyen la principal agencia de Estados Unidos que apoya la investigación biomédica y de salud pública. Su presupuesto en 2018 fue de 37 mil millones de dólares, invertidos en proyectos realizados en universidades y hospitales, y también en los 27 centros administrados por la agencia, que emplean 1200 investigadores. Del mismo modo, hubo registros de acoso sexual en el staff de los institutos. Según la declaración presentada, fueron abiertas 35 investigaciones administrativas en las que participaron miembros de los equipos de los NIH, que dieron lugar a 10 sanciones disciplinarias, incluyendo reprensiones y despidos.

Fue la primera vez que la dirección de la agencia reveló el espectro de casos de acoso y sus respectivas sanciones. Sin embargo, los nombres de los involucrados no fueron revelados. “El acoso sexual daña la carrera de sus víctimas y puede dejar cicatrices profundas y daños psicológicos que perduran a lo largo de la vida”, tuiteó Collins. “Para todos los que han sufrido estas experiencias, lamentamos haber tardado tanto en reconocer y enfrentar un ambiente y una cultura que causaron tanto daño. Nos preocupa que los NIH hayan formado parte del problema. Estamos decididos a formar parte de la solución.”

Collins reconoció públicamente la importancia del trabajo de la neuróloga Bethann McLaughlin de la Universidad Vanderbilt, en Nashville. Ella lideró una campaña contra el acoso, difundida en las redes sociales con el hashtag #MeTooSTEM, que instigó a estudiantes e investigadoras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática a denunciar episodios de acoso sexual. Mclaughlin creó una petición online pidiéndole a los NIH que les prohibieran a los científicos, responsables de investigaciones de acoso, recibir fondos de la agencia y llegó a criticar directamente a Collins. “Le agradezco especialmente a Bethann McLaughlin, cuyo liderazgo en el movimiento MeTooSTEM les dio voz a las víctimas del acoso. Su activismo tuvo un gran valor para calibrar la discusión de los NIH sobre cómo fortalecer nuestras acciones”, dijo el director de los NIH. En febrero, la investigadora fue escuchada por un grupo de trabajo de los institutos creados para discutir y analizar el tema del acoso sexual, que deberá revelar sus análisis y conclusiones en junio.

Nuevo vigor
El debate sobre el acoso sexual en el ámbito académico de Estados Unidos ha ganado espacio en los últimos dos años a raíz de una serie de escándalos, como el que involucró al paleoantropólogo Brian Richmond, quien renunció al cargo de curador de la sección Orígenes Humanos del Museo Americano de Historia Natural en Nueva York, acusado de haber acosado a una colega en un hotel y de haber tenido un comportamiento inapropiado con alumnas durante el trabajo de campo. Fueron realizados varios estudios para encarar el problema. El más reciente de ellos, publicado en marzo por una organización que reúne a investigadores del campo de la economía, American Economic Association, entrevistó a 9.000 miembros. Dentro de ese universo, 100 mujeres reportaron haber sufrido agresiones sexuales de colegas. Un estudio exhaustivo fue publicado el año pasado por las Academias Nacionales de Ciencia, Ingeniería y Medicina de Estados Unidos y mostró que coexisten tres tipos diferentes de acoso: comportamientos hostiles contra alumnas e investigadoras, oferta de tratamiento favorable a cambio de retribuciones sexuales, y acosos.

Durante los últimos meses, los NIH han enfrentado una presión cada vez mayor para combatir el acoso de una manera más asertiva. En septiembre, Collins había anunciado la creación de un canal para recibir quejas relacionadas a los empleados de los institutos, pero no modificó la política que involucraba a investigadores de universidades y hospitales, financiados por la agencia, alegando que no tenía apoyo legal para interferir en otras instituciones.

Esta aparente vacilación contrasta con la iniciativa de la National Science Foundation (NSF), la principal agencia de apoyo a la investigación básica en Estados Unidos. En octubre, la NSF comenzó a exigir que fuese obligatorio notificar cualquier caso comprobado de acoso relacionado con proyectos que ésta financiase. Aproximadamente 2.000 universidades e instituciones apoyadas por el órgano también fueron convocadas a informarle a la NSF qué tipo de sanciones recibieron los investigadores incriminados. Otras acciones están siendo estudiadas. “La NSF no considera cerrado su trabajo para hacerle frente al acoso sexual”, dijo en su época, la astrofísica France Córdova, directora de la fundación.

A comienzos de 2019, el Congreso de Estados Unidos empezó a discutir formas de fortalecer la lucha contra el acoso sexual en el ámbito científico. Eddie Bernice Johnson, diputada por el Partido Demócrata y presidenta del Comité Científico de la Cámara de Representantes presentó junto con el también diputado Frank Lucas, del Partido Republicano, un proyecto que prevé varias medidas para enfrentar el acoso. Una de las mismas propone que la Oficina de Ciencia y Tecnología del gobierno establezca reglas comunes que sean seguidas por todas las agencias federales financiadoras científicas.

Según Johnson, la política adoptada por NSF constituye uno de los orientadores del proyecto. “El acoso sexual está alejando de las carreras de investigación a algunas de nuestras mentes más brillantes, en el momento en que más las necesitamos”, explicó Johnson al presentar el proyecto. “Resulta inaceptable que los contribuyentes financien a los investigadores culpables de acosar a mujeres estudiantes o colegas”, dijo Frank Lucas. “Reducir la mala conducta sexual es una prioridad y estamos orgullosos de que este proyecto de ley sea uno de los primeros presentados en el actual período legislativo”, añadió.

Disparidades en la financiación

Entre los principales investigadores que recibieron por primera vez créditos para proyectos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) entre 2006 y 2017, las mujeres ganaron, en término medio, 39.100 dólares menos que los varones. Mientras que el valor promedio de las subvenciones de los investigadores de sexo masculino llegó a 165.700 dólares, el de las mujeres fue de 126.600. Estos datos fueron publicados en un artículo de la edición de marzo del Journal of the American Medical Association (Jama). No fueron encontradas diferencias de rendimiento que justificasen dicha discrepancia, tales como cantidad de artículos publicados o citaciones de autor, y el problema se observó incluso entre los investigadores de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, tales como Harvard, Cornell, Yale y Princeton. Esta tendencia no se observó únicamente en valores más significativos y concedidos durante un período de tres a cinco años, como las grants R01, consideradas más competitivas: en este caso, las mujeres recibieron 16.000 dólares más que los varones. En una declaración al New York Times, la dirección de los NIH dijo que está trabajando para lidiar con las disparidades de financiación y otras desigualdades de género en la investigación biomédica. “Apoyamos continuamente los esfuerzos destinados a comprender las barreras que deben enfrentar las científicas y para implementar intervenciones que sean capaces de superarlas”.

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