Un estudio que monitoreó el desplazamiento de 54 jaguares o yaguaretés (Panthera onca) a través de selvas, áreas de cultivos, carreteras y cursos de agua en distintas regiones de América del Sur indicó que estos felinos salen de la espesura de los montes y regresan a menudo a las zonas boscosas linderas a las áreas agrícolas. “Los yaguaretés probablemente sigan este comportamiento mientras cazan, pero prefieren deambular por fragmentos de selva más amplios, que es donde pasan la mayor parte del tiempo”, dice la bióloga boliviana Vanesa Bejarano Alegre, quien llevó a cabo el trabajo durante su doctorado, culminado en 2023 en la Universidade Estadual Paulista (Unesp), en su campus de la localidad de Rio Claro.
La investigadora es la autora principal de un artículo científico publicado en diciembre en la revista Perspectives in Ecology and Conservation. “El jaguar desempeña un papel importante para el equilibrio del ecosistema, y su presencia ayuda a controlar la reproducción de algunas especies”, explica Bejarano Alegre. “Si hay jaguares, significa que hay agua limpia, plantas, insectos y una cadena ecológica funcional”.
Los ejemplares fueron rastreados mediante collares equipados con GPS, con registros de datos cada cuatro horas, en 12 áreas de estudio, donde Bejarano Alegre marcó el tiempo que pasaban los animales en un radio de 250 metros de cada lugar predeterminado, la frecuencia con que volvían a visitar estos sitios, la velocidad de desplazamiento y el horario de la última visita. Para asegurar su bienestar, los collares no superan el 3 % del peso del animal (en el Pantanal −bioma que constituye el humedal más grande del mundo y en Brasil se extiende por los estados de Mato Grosso do Sul y, en menor medida, Mato Grosso− un yaguareté adulto puede llegar a pesar 140 kilogramos). “El problema radica en la captura de estos animales, porque sus territorios son amplios: incluso los más pequeños pueden abarcar 40 kilómetros cuadrados”, explica el veterinario Ronaldo Morato, director de la organización no gubernamental Panthera, dedicado a la conservación de felinos y coautor del artículo.
Para instalar los collares en los animales se utiliza una trampa de lazo. “Cuando el animal la pisa, le atrapa la pata y activa una alarma”, explica Morato. “Inmediatamente lo dormimos con un anestésico, instalamos el collar y le extraemos sangre o tomamos algún otro dato, según el estudio”. Una vez instalado, el dispositivo envía información vía satélite en la frecuencia fijada por los investigadores. Se pueden recabar datos y calcular la velocidad, la aceleración y la dirección, lo que permite entender diversas conductas de estos animales. Para evitar tener que volver a capturarlos, los collares están programados para soltarse al cabo de un tiempo.
Morato coordinó el Centro Nacional de Investigación y Conservación de Mamíferos Carnívoros (Cenap), del Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), durante 18 años hasta 2023, y en 2018 publicó un artículo en la revista Ecology en donde presentaba una base de datos pública con 134.690 localizaciones de 117 yaguaretés monitoreados por GPS en cinco países de Sudamérica. Bejarano Alegre seleccionó 54 ejemplares de esta base de datos cuyos desplazamientos permitieron efectuar un seguimiento con mayor regularidad.
Correrías vigiladas
El tiempo que pasan en cada zona boscosa demuestra que, ya sea para alimentarse o bien para guarecerse ellos mismos o sus presas, los montes son fundamentales para la conservación de los jaguares. “Hemos constatado que estos animales se encuentran cada vez más acorralados debido a la pérdida de vegetación producto de la expansión urbana y agropecuaria”, señala el biólogo Rogério Cunha de Paula, actual coordinador del Cenap. “De ahí la importancia de estos estudios, que combinan datos de imágenes satelitales con los suministrados por GPS y demuestran la gran dependencia de los yaguaretés en lo que respecta a un hábitat de mayor calidad”.
Brasil alberga la mayor población mundial de jaguares, que antes estaban presentes en todos los demás biomas brasileños: ahora no se los ve más en la Pampa. Un artículo científico publicado en 2018 en la revista PLOS ONE, que sigue siendo una referencia en los estudios sobre la distribución geográfica de esta especie en el país, muestra que su población se concentra, sobre todo, en el Pantanal y en la Amazonia. En el resto de los biomas, solamente hay pequeños grupos aislados.
Uno de los problemas de estas regiones donde solo quedan fragmentos reducidos de selva consiste en que los mismos pueden no ser suficientes como para albergar machos escindidos de sus grupos de origen, que en algunos casos acaban viviendo en forma solitaria en áreas distantes y muy reducidas. “Salen en busca de un nuevo territorio y acaban viviendo allí hasta su muerte, porque no logran reproducirse”, advierte Cunha de Paula. “Corren grave riesgo, porque tenemos pocas zonas adecuadas y ya hace algunas décadas que las poblaciones están disminuyendo y se encaminan a la extinción en el plano local”.
Para evitar que este panorama se multiplique, es necesario crear corredores ecológicos que conecten los fragmentos forestales, incluso aquellos que se encuentran dentro de propiedades rurales, así como definir estrategias de mitigación de conflictos. Según Bejarano Alegre, al delimitar las áreas de conservación prioritarias, hay que pensar en zonas de amortiguación basadas en recursos sostenibles, como los sistemas agroforestales, y en la adopción de una gestión cuidadosa de las carreteras, incluso las de tierra, en el interior de las haciendas. “Lo que noto en este estudio y en otros que llevamos a cabo es que uno de los mayores impactos para los jaguares son las carreteras y caminos, porque estos animales suelen transitarlos, ya sea para desplazarse mejor o porque pueden encontrar presas muertas por atropellamiento”.
Los corredores ecológicos evitarían incluso que los propios jaguares fueran atropellados. Aunque la cantidad de muertes es difícil de calcular, el Cenap ha recibido más reportes en los últimos años. “Cada vez son más los registros de atropellamiento de yaguaretés, fundamentalmente en el llamado arco de la deforestación, en la Amazonia”, subraya Rogério Cunha de Paula, en alusión a los bordes sur y sudeste de la selva amazónica brasileña. “Estos lugares eran el hábitat de estos animales y, de repente, se convirtieron en vías de acceso, con carreteras asfaltadas u otras secundarias que se están abriendo para el transporte de la producción agrícola.
El estudio dirigido por Bejarano Alegre revela que los jaguares se desplazan más rápidamente en las inmediaciones de las carreteras y caminos, evitando permanencias prolongadas en esas zonas. “Esto sugiere que adaptaron su comportamiento para evitar riesgos”, explica la investigadora. En cambio, su desplazamiento es más lento cuando se hallan cerca de un curso de agua, adonde los yaguaretés acuden con frecuencia.
Para el biólogo Ricardo Boulhosa, este hallazgo confirma una máxima común para la conservación del hábitat y la planificación ambiental. “Siempre hemos sostenido que se necesitan agua y bosques para que haya jaguares, y este estudio lo corrobora. Es un trabajo minucioso sobre la ecología de estos animales y proporciona orientación para el manejo de las áreas agroganaderas”. Boulhosa trabaja como investigador en el Instituto Pro-carnívoros, una organización sin fines de lucro que desde hace 30 años promueve la conservación de los mamíferos carnívoros neotropicales y sus hábitats. Al igual que Rogério Cunha de Paula, no participó en el estudio.
Este artículo salió publicado con el título “Por dónde se mueven los yaguaretés” en la edición impresa n° 348 de febrero de 2025.
Proyectos
1. La ecología del movimiento de un depredador neotropical de la cima de su cadena alimentaria a través de diferentes hábitats y su interacción con sus presas (n° 18/13037-3); Modalidad Beca doctoral; Investigador responsable Milton Cezar Ribeiro (Unesp); BecariaVanesa Fabiola Bejarano Alegre; Inversión R$ 356.059,18.
2. La biodiversidad y los servicios asociados: PELD Corredor Cantareira Mantiqueira (nº 21/08534-0); Modalidad Ayuda de investigación – Regular; Investigador responsable Milton Cezar Ribeiro (Unesp); Inversión R$ 309.404,64.
3. La biodiversidad en el Antropoceno: el efecto de los agroecosistemas sobre la conservación de la biodiversidad y el mantenimiento de las funciones ecosistémicas (nº 20/01779-5); Modalidad Ayuda de investigación – Regular; Investigador responsable Milton Cezar Ribeiro (Unesp); Inversión R$ 188.626,99.
4. Las contribuciones del pago de servicios ambientales en las múltiples dimensiones del Bosque Atlántico (nº 21/10195-0); Modalidad Proyecto Temático; Investigador responsable Milton Cezar Ribeiro (Unesp); InversiónR$ 3.054.695,07.
Artículos científicos
ALEGRE, V. B. et al. Jaguar at the Edge: Movement patterns in human-altered landscapes. Perspectives in Ecology and Conservation. v. 22, n. 4, p. 358-66. oct.-dic. 2024.
ALEGRE, V. B. et al. The effect of anthropogenic features on the habitat selection of a large carnivore is conditional on sex and circadian period, suggesting a landscape of coexistence. Journal for Nature Conservation. v. 73, 126412. jun. 2023.
JĘDRZEJEWSKI, W. et al. Estimating large carnivore populations at global scale based on spatial predictions of density and distribution – Application to the jaguar (Panthera onca). PLOS ONE. v. 13, n. 3, e0194719. 26 mar. 2018.
MORATO, R. G. et al. Jaguar movement database: A GPS-based movement dataset of an apex predator in the Neotropics. Ecology. v. 99, n. 7, p. 1691. jul. 2018.
