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Entrevista

Fernando Reinach: Una revolución anunciada

Con sus 47 años, Fernando Reinach es una figura rara “al menos por ahora” tanto en el ambiente científico como en la escena empresarial brasileña. Es un científico respetado en el área de biología molecular. En 1997 fue uno de los mentores y posteriormente uno de los coordinadores del primer proyecto genoma brasileño: el de la Xylella fastidiosa, que contribuyó decisivamente para alterar los moldes la investigación científica en Brasil. Reinach es también en la actualidad un ejecutivo exitoso en el mundo de los negocios.

Es director ejecutivo de Votorantim Ventures, un fondo de capital de riesgo del mayor grupo privado nacional, destinado al fomento de empresas de base tecnológica, y vicepresidente ejecutivo de Alellyx Apllied Genomics, la primera de esas empresas que el fondo ayudó a crear. Abocado a la bioquímica de los músculos en su doctorado en Cornell, Estados Unidos, y luego en su posdoctorado en Cambridge, Inglaterra, Reinach regresó a Brasil en 1986 con un fuerte sentimiento de autonomía; lo suficiente como para presentarse a un concurso docente en el Departamento de Bioquímica de la Universidad de São Paulo (USP).

Lo hizo, por así decirlo, sin pedir permiso y si requerirle la bendición a cualquiera de los grandes maestros del área. Ingresó, avanzó y rápidamente alcanzó la cúspide de la carrera, es decir, se convirtió en profesor titular a los 35 años — cargo del cual se encuentra al momento bajo licencia.

Al mismo tiempo, Reinach regresaba contaminado por el espíritu emprendedor que impulsaba el desarrollo de la biotecnología en Estados Unidos, y por tal razón creó Genomics, la primera empresa brasileña en realizar tests de paternidad, de la que salió en 2003. A comienzos de 2004, Reinach fue escogido por la revista Scientific American (edición norteamericana) como uno de los 50 Líderes de Negocios de 2003, junto a Steve Jobs, fundador de Apple, por ejemplo, entre otros emprendedores destacados a nivel mundial — sin lugar a dudas un reconocimiento importante.

Por lo tanto, se puede observar que Fernando Reinach es una personalidad ejemplar, de síntesis, una especie de metáfora concreta de un proceso fundamental de la economía contemporánea, lato sensu, que va del descubrimiento científico “facilitada por una profesionalización intensiva del métier del investigador” a la producción de riqueza por la vía de la apropiación y la transformación del conocimiento, es decir, la innovación tecnológica en productos y servicios, a cargo de las empresas. Con ese capital, Reinach tiene una visión privilegiada del proceso de cambio que atraviesa la investigación científica en el país, de sus facilidades y sus grandes obstáculos. Y de esto brinda una clara muestra en la entrevista que sigue:

¿Se podría considerarque el proyecto de secuenciamiento del genoma de la Xylella fastidiosa, entre 1998 y 2000, fue el hito de una nueva forma de hacer ciencia en Brasil?
Yo pienso que sí. Pero antes de la Xylella hubo algunas cosas en ese sentido. La investigación científica en Brasil atravesó varias fases. La primera, hasta la década de 1970, era la de los “caudillos”, digamos, la de los catedráticos. La comunidad científica era pequeña, pero había grandes investigadores. Ese panorama evoluciona hacia otra situación, más profesional, que coincide con la profesionalización de la propia FAPESP, no solamente la de la gente, sino también la del propio proceso de financiación. Cualquier persona con las acreditaciones correctas podía presentarse ante la Fundación y solicitar apoyo. Durante ese período yo empecé a trabajar en la Fundación, más precisamente en 1994, con Perez (José Fernando Perez, director científico). Y fue durante esa fase que se dio un movimiento interesante impulsado por Rogério Meneghini y Hugo Armelim, cuya premisa era la siguiente: los que investigan deben publicar. Se tornó inaceptable no publicar. El paso siguiente fue publicar en revistas calificadas, para producir impacto. Fue un cambio cultural que se dio primero en São Paulo y recién después se propagó por el resto del país. Y creo que eso está ocurriendo ahora en el CNPq (el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico).

Es decir: se forjó una noción clara entre los científicos de que, más allá de investigar, los resultados de sus estudios debían tener proyección en el mundo.
A mí me parece que esa noción ya existía. Entre los docentes tradicionales la publicación de artículos era valorada, pero, si no se publicase, no había problemas. Este proceso de cambio “la profesionalización y la formalización del apoyo, el estímulo a la publicación” comenzó a dar lugar a que los jóvenes investigadores hicieran lo que querían, independientemente del profesor titular. No era ya necesaria su bendición para presentar un proyecto ante la FAPESP. Empezó así a desmontarse un aparato jerárquico muy rígido. Los institutos de investigación empezaron a contratar científicos porque eran competentes, y el resultado de ello fue una mayor diversidad de temas y una mayor libertad para investigar. Surgió así un grupo de gente relativamente joven e independiente de los mayores, una especie de clase media de la ciencia. Yo soy de esa generación. Fui contratado en Bioquímica y no era cría de nadie. No me había doctorado ahí, ni nadie me conocía ahí. Hubo por lo tanto una especie de modernización de la ciencia y se forjó de una generación independiente. Al trabajar en la FAPESP como coordinador de bioquímica, reparé que existía una masa crítica de gente que empezaba a trabajar en biología molecular y que no estaba necesariamente alineada a un gran profesor. Y esto fue central para el éxito metodológico de la Xylella, que no requirió la bendición de los grandes nombres.

A esa altura, los grandes nombres se encontraban lejos de las nuevas cuestiones que la biología molecular planteaba.
Contábamos con la genética clásica, pero entonces surgió la biología molecular. El cambio fue tan rápido que una parte de los investigadores más antiguos no logró seguirlo. Ellos no entendían esa nueva tecnología, que los más jóvenes comprendían muy bien. Pero existe también otro fenómeno que se registró en la biología a nivel global, y que ya se había dado en la física algunos años antes, que contribuyó para la concepción del proyecto de la Xylella. Hasta la Segunda Guerra Mundial, la física avanzaba mediante grandes contribuciones individuales. Hasta que comenzaron a despuntar los grandes proyectos, como el de la bomba atómica o el de los grandes aceleradores, por ejemplo, y los problemas tomaron tal magnitud que una persona sola no daba cuenta de ellos. Por eso empezó a nacer ese concepto de que ciertos problemas eran demasiado grandes para una sola persona. Pese a existir una excelente ciencia hecha individualmente, empezó a surgir la ciencia hecha por grandes equipos. En la biología eso demoró mucho más tiempo. Quizás se haya iniciado justamente con los proyectos genoma.

Pero en São Paulo los grandes proyectos temáticos que congregaban a grupos de investigadores existían desde 1990.
Sí, pero era distinto. La colaboración científica siempre existió. Los proyectos temáticos eran precisamente eso: cada uno hacía un pedazo y así era posible avanzar. Pero, si no se contase con colaboración, era posible hacerlo solo. No había una indispensable necesidad de trabajar en conjunto, tal como fue el caso de la Xylella. Simultáneamente a la necesidad de atacar los problemas mediante el trabajo conjunto de mucha gente, sin lo cual nada funcionaría, también viví en la FAPESP el proceso que llevó a que las máquinas se volviesen más sofisticadas, y muy caras también. Ya no se podía tener una para cada uno; era necesario contar con instalaciones colectivas, tal como ocurriera mucho antes en el campo de la física con los aceleradores. En ese momento empezaron a surgir los primeros proyectos genomas y constatamos que nuestra biología molecular estaba quedándose atrás. Entonces Perez sugirió: necesitamos un gran programa para que la biología molecular avance. Yo tenía la sensación muy palpable de que contábamos con masa crítica, los proyectos genoma en el mundo se habían llevado adelante colaboración mediante. Pues bien, para dar un salto cuántico de calidad en nuestra biología molecular, ¿por qué no estructurar un proyecto de ese tipo?, nos indagamos. Existía por lo tanto una serie de factores favorablesal proyecto de la Xylella que estaban muy cerca de nuestras narices y los veíamos. Así, cuando planteamos ejecutar el proyecto genoma, eso fue revolucionario. Y encontró una resistencia muy grande entre los más veteranos, pero éstos ya no tenían más poder sobre los jóvenes.

¿Cuál era el argumento para tal resistencia?
Se decía que aquello era un trabajo de simios, que no era ciencia. Se afirmaba que era más importante que cada laboratorio ganase más dinero, y no trabajar en colaboración. Era, en resumen, la resistencia al cambio. Y solamente logramos hacer el proyecto porque los jóvenes que habían logrado ingresar en el sistema no estaban más bajo el dominio de la gente mayor. Cuando lanzamos el pliego para la selección de los laboratorios, la gente mas joven dijo: “nosotros lo haremos”. Mientras, los mayores dijeron “nosotros no vamos a entrar”; eso fue muy sintomático de lo que estaba sucediendo.

¿Ustedes estaban con la expectativa de que los investigadores mayores brindasen su adhesión?
Yo le jugué una apuesta a Perez, cuyos términos no recuerdo claramente, pero en ella que preveía el número de propuestas que se presentarían. Nuestro miedo era que nadie se inscribiese para el proyecto. Yo le dije que serían como máximo 50 laboratorios, y él, que serían más de 50. Y Perez me ganó. Es gratificante constatar que de pronto aparece una generación que lleva adelante uno de los más importantes proyectos de investigación científica hechos en Brasil sin autorización. Y se dio un salto hacia adelante. En general en ciencia los mayores se van muriendo y los más jóvenes se van haciendo cargo; luego viene la generación siguiente y así sucesivamente. Pero en estecaso no: una nueva generación que asumió y dio un salto. Ese aspecto fue revolucionario. Mire: yo tenía 41 años y probablemente era el mayor de todos. Andrew Simpson, coordinador de ADN del proyecto, Paulo Arruda y yo éramos los mayores. La mayoría tenía entre 25 y 30 años. En la estructura antigua de la cienciabrasileña ellos no tendrían ningún espacio.

¿Cómo establecieron las bases del proyecto y posteriormente el organismo biológico que se secuenciaría?
Luego de observar las tasas de penetración de la ciencia nacional, verificamos que el porcentaje de papers brasileños estaba incrementándose en todas las áreas, menos en la biología molecular, que evolucionaba más lentamente. No tanto porque creciese despacio en Brasil, sino porque estaba creciendo muy rápido fuera del país. Entonces Perez afirmó que debíamos hacer algo. Primero surgió la idea de hacer un proyecto de infraestructura, comprar equipos, etc. Había salido entonces el primer paper de Craig Venter sobre el genoma. Un cierto fin de semana, para el 1º de mayo de 1997, yo estaba en una quinta en Piracaia, y pensé: pero, en vez de hacer un proyecto de infraestructura, ¿por qué diablos no hacemos un proyecto de genoma, juntando a todos en pos de un mismo objetivo?. En lugar de darles equipos a todos, vamos a armar un proyecto con base en un tema. Era una idea muy extraña para mí. Lo llamé a Perez, que estaba en Santos, y entonces él se llegó hasta la quinta. Charlamos y la idea se cristalizó.

¿Por qué la idea le parecía extraña?
Porque siempre ha existido una polémica en Brasil “y todavía existe hoy en día” entre lo que es hacer ciencia espontánea y ciencia inducida. Cuando un gobierno dice que hay que poner dinero en determinado tema, en general la ciencia que sale de allí no es muy buena. Esto sucede cuando alguien que no es científico resuelve decidir lo que los científicos deben investigar. Lo contrario de eso es cuando se sostiene: hagan lo que quieran que nosotros les damos el dinero. Un ejemplo importante de ciencia inducida: luego de que el presidente Kennedy pusiera al hombre en la Luna, Nixon decidió curar el cáncer. Eso es algo medio prepotente de parte de los administradores. En Brasil, el gobierno nacional siempre tendió a hacer ciencia inducida. Yo siempre fui contrario a eso. La experiencia me mostraba que eso no terminaba bien. Y la idea que tuve era precisamente de ese tipo. Sentí una resistencia personal contra mi propia idea. Sin embargo, Perez consideró que la cosa no era tan así: “Nosotros no estamos diciendo cómo será el genoma”, argumentó. “Eso saldrá de la propia gente que trabaje”. Pero debíamos afrontar varios problemas, tales como elegir el genoma, organizar el proyecto, etc.

¿Entonces, al momento en que el profesor Perez fue a su quinta en Piracaia, ustedes no tenían claro todavía cuál sería el organismo que secuenciarían?
No. Sabíamos que iba a ser una bacteria. El genoma debía ser lo suficientemente grande como para implicar a un gran número de personas, y lo suficientemente pequeño como para que lo pudiéramos hacer con la tecnología que dispondríamos, Debería representar un gran reto, pero de tal modo que no fuese inviable. A la época yo trabajaba tres meses por año en Estados Unidos, y allá escribí el primer documento del proyecto, a pedido de Perez. Yo había trabajado en Inglaterra con Bob Watterston y con John Sulston, que hicieron el genoma humano. Conversé con ambos antes de elaborar el documento, y ellos consideraron que se podía para hacer.

Enese momentoseguían sin tener idea acerca de qué bacteria sería secuenciada
Exactamente, no teníamos ni noción de la bacteria. En el primer documento aparecía ya la idea de que el proyecto sería descentralizado y desarrollado en varios laboratorios: cada uno secuenciaría un pedazo, más o menos en el sistema de la Saccharomyces cerevisiae. También estaba decidido que la estrategia consistiría en trabajar con cósmidos y que el microorganismo sería del área agrícola. Algunos años antes había tenido lugar una discusión en el seno de la Sociedad Brasileña de Bioquímica acerca del futuro de la bioquímica donde se decía que el camino era la agricultura, ya que nosotros no podíamos competir en el área del cáncer. Mientras tanto, en São Paulo la gente del Fundecitrus (el Fondo de Defensa de la Citricultura) se presentaba ante la FAPESP, preocupado con la Xylella. Nadie sabía todavía si la X. fastidiosa era efectivamente la causa de la CVC (la Clorosis Variegada de los Cítricos) o no. En septiembre, Joseph Bové, de la Universidad Bordeaux II, confirmó que el patógeno de la CVC era efectivamente ése.

Y aún persistía la duda acerca de si la bioinformática del proyecto se haría acá.
?Para mí eso estaba muy claro. Cuando regresé a Brasil, en 1986, enseguida después volvieron João Meidanis y João Setúbal, provenientes de Estados Unidos. Ellos fueron a mi laboratorio, que todavía estaba en el Instituto de Química, y me dijeron que debíamos hacer algo juntos. A la época, Sueli Gomes, del Instituto de Química de la USP, Francisco Gorgônio Nóbrega, de la Univap (Universidad del Valle do Paraíba), y yo éramos los únicos que secuenciábamos ADN en Brasil. Yo les dije que necesitaba un lector de ADN y ellos hicieron un lector de películas de rayos X, donde a su vez se hacía la secuencia de ADN. A la máquina le decíamos “el trasto”. Era un teclado de teléfono con un chirimbolo de plástico que permitía observar la película.

Se apretaban las teclas y el chirimbolo registraba A, C, T ó G (las letras relativas a adenina, citosina, timina y guanina, las bases del código genético). El aparato iba con un cable conectado a la computadora. Y mire que antes de contar con ese aparato, leíamos la película e íbamos diciendo, en voz alta: A, C etc., y un alumno iba marcando. Eso fue hace solamente diez años. Cuando surgió la necesidad de la bioinformática para el proyecto genoma, yo sabía que existía capacidad acá. Después trajimos a Paulo Arruda, que por su parte trajo a André Gouffeau (el científico francés que coordinó el secuenciamiento de la Saccharomyces), cuando pensamos que era necesario tener un steering comittee de afuera.

Al fin y al cabo, se trataba de un montón de jóvenes, y debía existir alguien, gente con probada experiencia, que mediase entre los investigadores y la FAPESP. En el steering comitee había un investigador experimentado en bioinformática, que era Gouffeau, y dos ingleses: Steve Oliver, también coordinador de la Saccharomyces, y John Sgouros. Oliver vino a Brasil e hicimos una reunión en la FAPESP para ajustar los detalles: era preciso contar con dos laboratorios centrales, con la bioinformática y con un coordinador general. A la época, Simpson estaba empezando a meterse en el proyecto.

Perez también observó que el proyecto implicaba una cuantiosa suma de dinero y esgrimió la misma idea que tenía Oliver, con el agregado de que los dos laboratorios debían secuenciar en grandes cantidades. Entonces pensamos: vamos a definir los cargos y luegola gente que se postule: no elegiremos a nadie. Y en el pliego salió así: una vacante para coordinador, dos de secuenciador, un grupo para bioinformática y 30 laboratorios. Consideramos que el coordinador no debería ser alguien ligado a la FAPESP, debido a aquella cosa, el problema de que el proyecto fuera inducido. Por otra parte, yo quería ser secuenciador, porque probablemente mi laboratorio era uno de los que más sabían de eso y dicha área podría ocasionar los mayores problemas. Simpson decidió quedarse a cargo de la coordinación.

A decir verdad, él era el coordinador de ADN, tenía que garantizar la existencia de clones. Como había dos laboratorios centrales para secuenciar “el de Paulo Arruda y el mío” y la bioinformática, en verdad, eran cuatro coordinadores generales del proyecto. Hicimos el proceso de selección y luego llamamos al steering comittee para hacer la selección. Hubo aún una cierta resistencia: “Bueno, pero no hay proyecto de investigación. Se van a postular para secuenciar un pedazo de ADN”. Ya empezaban a aparecer las críticas. Quedó decidido así: de los 30 laboratorios, diez debían de ser de gente que sabía algo de secuenciamiento. Otros diez de investigadores que venían de la agricultura, que no sabían nada de secuenciamiento pero tenían una idea acerca de qué era esa bacteria, la Xylella. Y diez debían ser de gente que no era del área de agricultura y que no sabían secuenciar, pero era gente científicamente capaz y que quería aprender. Ése era el perfil de José Eduardo Krieger, por ejemplo.

En ese momento, a comienzos de 1998, ustedes estaban listos para dar inicio al trabajo.
Sí. Y sucedieron varias cosas divertidas. A la época todavía no se había cumplido el postulado de Koch de la Xylella (que demuestra la causalidad de una enfermedad). O mejor dicho, no había se había cumplido para los aislados brasileños. Joseph Bové había llevado aislados a Francia y había cumplido con el postulado de Koch allá. Entonces me surgió la duda: ¿vamos a secuenciar algo recolectado recientemente en Brasil, pese a que nadie ha probado que la bacteria cumplió con el postulado, o vamos a traer una bacteria importada de Francia “¡una vergüenza nacional!” en la cual se cumplió el postulado? Resolvimos hacerlo con la francesa. Mi miedo era que estos tipos hubieran mezclado las bacterias y que nosotros estuviésemos con una bacteria equivocada. Al mismo tiempo que empezamos a secuenciar, empezamos a rehacer el postulado para tener la certeza de que todo estaba bien. Goffeau encontró gente que enseñase a hacer cósmidos y nuestra gente fue al exterior a aprender.

¿Esa tecnología sigue usándose? En Alellyx se utilizan esos procedimientos?
La Xylella se hizo por cósmidos. Hoy en día generalmente trabajamos con shot-gun. La primera que se hizo con shot-gun fue la Xanthomonas, a partir de 1999. Pues bien, ambos laboratorios, el mío y el de Paulo Arruda, secuenciaban bastante, y por eso ocurrieron cosas interesantes. Paulo Arruda asumió el rol de educador: organizó los cursos, trajo a la gente de los laboratorios para enseñar a secuenciar. Con mi laboratorio era distinto: decidimos que íbamos a formar a nuestra gente en el exterior y a traer a Brasil la tecnología más avanzada. Meidanis fue el único que dijo “voy a visitar todos los laboratorios”. Eso fue muy interesante: las cosas se dieron debido a la vocación de la gente. Otra cosa cómica fue el envío de los secuenciadores el día de Navidad o de Año Nuevo, no me acuerdo muy bien. La gente del exterior quería esperar para enviarlos después, pero yo les dije: “pueden embarcar que nosotros nos las arreglamos acá”. Corríamos contrael tiempo… Un montón de jóvenes, que habían mostrado una cierta irreverencia al pasarle por arriba al establishment: necesitaban demostrar que eran capaces. Sufríamos una gran presión para que lográsemos hacerlo, y los veteranos esperaban sentados, esperando un tropezón.

¿Esa nueva manera de hacer ciencia influyó en otras áreas o se ciñó a la genómica?
Cuando logramos publicar en Nature, esto tuvo mucha influencia en la autoestima de las personas de todas las áreas de la ciencia.

El grado de ambición de la investigación científica brasileña cambió de nivel a partir del resultado de laXylella .
Exactamente. Dejamos de ser parias, de ser los hambrientos de la periferia. Pusimos los pies dentro del plato. Hicimos la Xylella y enseguida después hicimos las dos Xanthomonas. Eran dos bacterias, cada una de un tamaño del doble que el de la Xylella, y se hicieron con una cuarta parte de personal, una cuarta parte de presupuesto y en la mitad de tiempo.

Y luego se dio inició al proyecto de la caña .
Sí, pero el proyecto Xanthomonas fue el último genoma específicamente. Siempre critiqué el hecho de que denominásemos proyecto genoma a aquello que no es precisamente un proyecto genoma; me refiero a los proyectos de la caña, de la vaca, etc.

Por favor, explique esta distinción desde el punto de vista científico.
Se hace un genoma cuando se secuencia el ADN total de un organismo, todos sus genes. Los otros son proyectos de secuenciamiento de ARN mensajero, solamente de la parte expresada del genoma. Por eso no son proyectos genomas.

¿Pero no está todo bajo el paraguas de la genómica?
Sí claro, de la genómica sí, por supuesto. Pero no son proyectos genomas. En el exterior nunca se usa ese nombre. Son proyectos de EST (Expressed Sequence Tags o Etiquetas de Secuencias Expresadas). Eso no quiere decir que son mejores o peores, sino que son diferentes. El primero que portó ese nombre y que no era un genoma fue el proyecto del cáncer, una especie de locura, porque el cáncer no tiene genoma, quien tiene un genoma es el ser humano. La caña y el eucalipto son proyectos de EST. Claro que eran cosas muy grandes, realmente no se podía hacer el genoma. Pero creo que entonces, cuando se decidió hacerlos, se perdió un poco el ímpetu inicial, los desafíos se volvieron menores. Pese a ser proyectos difíciles, eran de máxima tan difíciles como el de la Xylella — pero, probablemente más fáciles, porque ya se sabía cómo hacerlos. Pasamos a repetir un poco, lo que nos tornó blanco fácil de las críticas. Pero en eso llegaron otros proyectos grandes e importantes, como el Biota.

¿Cuál fue el legado a la ciencia del proyecto?
Que se elevó el nivel. La idea de que la ciencia es un terreno de colaboración cobró aceptación. Y enseguida después había otro desafío: una semana antes de que publicáramos el proyecto, escribí un artículo en el diario Folha de S. Paulo que se intitulaba No estamos preparados para el éxito, en el que indagaba cuál sería elpróximo paso. Era necesario cerrar el ciclo: de la misma manera que el genoma humano estaba transformando a la industria farmacéutica estadounidense, nosotros, que secuenciamos la Xylella, debíamos resolver el problema de la Xylella transformando ciencia en riqueza. Para mí, ése era el reto: el próximo paso había que darlo fuera de la academia, mientras que en la academia había que seguir siendo audaces. Pero entonces perdimos el ritmo, el ímpetu, y los críticos nos atacaron.

¿La investigación en el área del proteoma no representó el paso siguiente en la academia?
Los proyectos genomas son absolutamente mensurables. El producto final es finito, mensurable y conocido. Los proyectos de EST no tienen eso: llegado un determinado momento hay que parar. La gran cuestión de la Xylella era: uno termina o no termina. Y eso es absolutamente obvio. Otros proyectos “los proteomas, la cristalografía”, si usted me pregunta cuál es el mojón absoluto, incuestionable, dónde se concluye el proyecto, no hay respuesta para eso. Es así más o menos como en la investigación científica clásica: no hay una respuesta, es comprender cómo funciona el mundo. Y eso es natural, es el proceso de la ciencia. Nosotros teníamos que hacer el genoma de la caña y del eucalipto y la única manera de hacerlo era con EST. Podríamos haber optado por hacer un genoma un poco mayor. En síntesis, los grandes proyectos colaborativos funcionan bien cuando el objetivo está bien claro. Todos los que entran lo saben: o llegan a aquel punto o no llegan. La analogía que hago es la siguiente: existe un abismo entre dos rocas, y vengo corriendo para saltar. Entonces sucede que, o llego del otro lado, o me caigo en el agujero. No hay término medio. La ciencia normal no es así: va progresando, publica un paper, otro paper… no termina nunca. Son raras las ocasiones en que hay proyectos científicos en el mundo en los cuales el objetivo final esté tan claro.

¿Cuál es su visión de la investigación científica brasileña en el área de biología molecular y en general hoy en día? ¿Y con respecto al futuro?
No estoy tan al tanto de lo que se está haciendo actualmente, pero creo que la investigación ha vuelto a ser clásica. Creo que falta en Brasil un proyecto de esos, con objetivos absolutamente claros. Pero no sé si la biología molecular puede tener un proyecto de esos en este momento, ésa no es la manera normal de operar en ciencia, no siempre se logra encontrar proyectos así. Y eso no lo digo en desmedro de lo que se hace: el conocimiento tiene diferentes fases.

Pero en Brasil existen algunos grandes proyectos colaborativos en marcha en el área de salud. El de la hipertensión por ejemplo .
Efectivamente, existe cooperación, pero en el sentido anterior, en el de los temáticos, por ejemplo. No se puede en esos casos ajustar un objetivo y decir: vamos todos hacia allí.

¿Esos objetivos pueden aparecer espontáneamente o son siempre inducidos?
Mire, en el caso de la Xylella considero que es difícil decir que se trata de un proyecto totalmente inducido, pues fue planteado por la comunidad científica. Sucede que en la FAPESP la comunidad científica está adentro; es distinto a lo ocurre en el CNPq. Por eso la FAPESP captó las voces de la comunidad y catalizó el proceso. La investigación fue dirigida en el sentido de que tuvo un órgano que dijo: “vamos a hacerlo”, pero, deigual modo, no lo fue, pues no nació afuera de la comunidad científica.

Pasemos un poco al campo privado. Nos parece que uno de los cambios en el modelo brasileño de producción científica puede observarse en que, pasada la segunda mitad de los años 1990, han crecido las posibilidades de hacer investigación en el ambiente empresarial .
Sí, ya hay varias razones para eso. Durante la dictadura, la universidad fue un centro de resistencia y por eso quería mantener distancia del sector privado. A medida que llegó la democratización, eso empezó a cambiar. Otra cosa es que está cambiando la percepción sobre de la ciencia. En todo el mundo se dice la ciencia genera riquezas; y en Estados Unidos, por ejemplo, eso es verdad. Es el desarrollo científico que genera nuevas tecnologías, genera nuevas empresas, genera impuestos, genera empleo y riquezas para el país, y esas riquezas retornan a la universidad. Un ciclo virtuoso de inversión en C£T. En Brasil ese círculo está empezando a cerrarse. No se cerraba antes por una conjunción de factores. Al principio no había científicos. Hasta los años 1970 no había masa crítica. Luego empezó a haber masa crítica, pero los científicos no querían saber nada con el sector privado. Con el retorno de la democracia, había masa crítica, pero había una reserva de mercado y no existíademanda de parte de las empresas. Brasil estaba cerrado. Pero luego el país se abrió. Ahora hay masa crítica y las cosas han empezando a fluir. Para cerrar el ciclo, hacía falta capital, y el capital empezó a aparecer hace unos cinco o seis años.

Al margen de su significación en el ámbito de la biología molecular, ¿el proyecto de la Xylella apunta un momento de cambio también en otros sectores de la sociedad?
El sector privado no sabe lo que pasa en la universidad. La Xylella, como tuvo proyección internacional, apuntó que la ciencia brasileña tenía capacidad. Muchas cosas estaban ocurriendo, pero no eran obvias. A la hora que sale en Nature y en The Economist el primer genoma de planta, entonces se constata que la cosa funciona. Que debe tener visibilidad y llamar la atención. No fue la primera evidencia de que la ciencia era competente. Al contrario: fue porque la ciencia era competente que surgió la Xylella. Para el sector privado esto significó que era posible invertir en la universidad y que ésta podría utilizarse para desarrollar tecnología para las empresas.

Pero cuando salió el resultado de la Xylella, acá en São Paulo ya existían programas de innovación tecnológica, como el PITE o el PIPE, que fueron formulados en 1995…
Por supuesto, en la academia ya había un reconocimiento de la necesidad de integración con el sector privado. ¿Pero cuántas veces la Fiesp o la CNI fueron a la FAPESP para decir: necesitamos hacer ciencia como ustedes la hacen? Eso no existía y no existe muy bien todavía. La demanda debe provenir del sector privado. Y eso solamente sucederá cuando el sector privado nacional mire hacia la universidad de la misma manera que lo hace el sector privado estadounidense hacia la universidad de su país.

¿Y eso está empezando a suceder, no?
Sí, está empezando a verse. No es un movimiento lo suficientemente fuerte como para resultar en un viraje. Pero el problema es el siguiente: cuánto riesgo el sector privado está dispuesto a asumir. Si yo vivo en Suiza, un país tranquilo, y salto en paracaídas, hago algo sumamente arriesgado.Tengounavida de bajo riesgo, y mi riesgo pasa por el deporte radical. Pero, si yo vivo en Brasil, el hecho de salir de casa por la mañana y que pueda ser asaltado o atropellado es un riesgo. ¿Por qué voy también a correr el riesgo de saltar en paracaídas? El problema es que con la industria nacional sucede lo mismo. Brasil no tiene estabilidad política, no tiene un marco regulatorio y tiene inestabilidades de tantas naturalezas que las empresas, que de por sí asumen un montón de riesgos, temen asumir el riesgo de desarrollar nuevas tecnologías. Es demasiado riesgo. Los empresarios “a no ser cuando se ven muy presionados” prefieren no invertir. Cuando se sostiene que los empresarios brasileños no quieren correr riesgos, eso no es justo. Quizás no corren todos los riesgos que los científicos querríamos que corrieran, que incluirían el hecho de invertir en nuevas tecnologías.

¿Y el hecho de que usted esté ligado al mayor grupo privado brasileño y que sea el presidente de una empresa de base tecnológica no indica lo opuesto de lo que está diciendo?
Este proceso está recién empezando, y es natural que comience con el grupo que puede darse el lujo de correr esos riesgos. En Estados Unidos, grupos menos sólidos corren ese riesgo tecnológico. Pero uno no ve grupos brasileños desarrollando nuevos medicamentos. Esto se debe a los riesgos. En un país donde el ambiente de riesgo es bajo, para progresar se necesita correr el riesgo de desarrollar un nuevo remedio, por ejemplo. Acá en Brasil el mismo negocio tiene otros riesgos ?el gobierno puede congelar el precio del medicamento, etc. Entonces el emprendedor piensa: voy a hacer lobby para que no congelen el precio. Y la preocupación con la innovación es secundaria.

Dentro de esos riesgos que en el ambiente brasileño parecen ser mayores, ¿cómo se ubica la cuestión de las patentes?
La biología molecular de plantas, por ejemplo, lleva automáticamente a los transgénicos. Piense en tres empresas que deseen hacer transgénicos: una está en Europa, una en Estados Unidos y otra en Brasil. Europa no acepta los transgénicos, sus reglas son conocidas y todo el mundo sabe que allá no se puede. En Estados Unidos, las reglas son conocidas y se permite la producción y la comercialización de transgénicos. En Brasil no si sabe si se puede o no se puede. Las reglas no están definidas, está todo parado en la Justicia, el proyecto de ley de bioseguridad está en el gobierno y nadie sabe si será aprobado.

Pero eso no tiene que ver con el desarrollo tecnológico, sino con el ambiente económico.
Pero son esas cosas las que determinan el desarrollo científico. El sistema jurídico brasileño es complicado, el sistema de patentes no funciona. No se sabe se el Poder Judicial va a hacer valer mi patente. En Brasil, todo lleva mucho tiempo. El Inpi de por sí no funciona bien, y el Poder Judicial tampoco…

¿Pero no existe una ley de patentes en Brasil? ¿Eso no está regulado?
Una cosa es que tengamos la reglamentación legal y otra muy distinta es cumplirla en la práctica. Fíjese el caso de Monsanto, con la soja transgénica en Argentina, país que tiene una ley de patentes. Los agricultores plantan la soja y no le pagan royalties. La empresa va a la Justicia para multar al infractor. La Justicia no lo multa y el tipo no paga. Una cosa es contar con la ley y otra es cumplirla. Es lo mismo que comprar una propiedad rural en Pontal do Paranapanema. La tierra está barata, pero es arriesgado: los Sin Tierra pueden invadírsela. No solamente debe existir la ley: hay que tener también un aparato que asegure que ésta se cumplirá.

¿Cuáles son sus apuestas en el marco del desarrollo de la biotecnología en el terreno empresarial?
Lo ideal es apostar a cosas que, si no pueden venderse en Brasil, uno las pueda vender afuera, como es el caso de la biotecnología humana y agrícola. Cuando uno tiene algo de frontera, muy avanzado, el mercado es global.

Pero lo que ustedes están haciendo actualmente es más factible de cualquier manera para el mercado nacional…
Es factible para cualquier mercado. Un buen ejemplo es la tecnología de Embraer, que es global. Si cierra la fábrica brasileña, podrá producirse un avión en Venezuela. La gente intenta invertir en cosas que minimizan el riesgo del país donde está. Si Embraer fabrica un avión que solamente se pueda fabricar acá en Brasil, eso es muy arriesgado.

Pero cuando se estudia el agente causal de la muerte súbita de los cítricos, se está pensando en un problema brasileño…
Precisamente, ése es uno de los problemas de Alellyx.

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