guia do novo coronavirus
Imprimir Republicar

Ingeniería de sistemas

Vigilancia en la frontera

El sistema Sisfron, cuya operación a pleno se concretará en el año 2035, monitoreará los casi 17 mil kilómetros de los límites terrestres brasileños con 10 países

Módulo que permite la transmisión de datos en campo, empotrado en un vehículo del Ejército

Robson Cesco/ Divulgación Embraer Defesa & Segurança

Dentro de aproximadamente seis meses, un tramo de 650 kilómetros (km) de la frontera brasileña con Paraguay contará con un sofisticado sistema de vigilancia. Ese es el plazo estimado por el Ejército Brasileño para que esté 100% operativa la primera fase del Sistema Integrado de Monitoreo de Fronteras (Sisfron), uno de los principales programas de las Fuerzas Armadas de Brasil que se encuentran en curso. El Sisfron utilizará de forma integrada un conjunto de radares, sensores y sistemas de comunicaciones para detectar e informar en tiempo real los movimientos físicos que ocurran en la frontera terrestre brasileña. El objetivo de este sistema, tenido por los expertos como un importante incentivo a la industria nacional, consiste en permitir que los organismos de defensa y seguridad federales y del ámbito de los estados del país cohíban actos ilícitos tales como el tráfico de armas y drogas, el contrabando, el robos de cargas y vehículos, los delitos ambientales y los conflictos fronterizos.

Este sistema de monitoreo se extenderá a lo largo de los 16.886 km que forman la línea limítrofe entre Brasil y 10 países vecinos. Cuando esté listo, vigilará un área de 2.553.000 km² –el 27% del territorio nacional–, abarcando 570 municipios de 11 estados brasileños, desde Amapá hasta Rio Grande do Sul. El mismo se concibió en 2011 y el compromiso inicial del gobierno federal era invertir 12 mil millones de reales en 10 años para concluir el proyecto en 2022. Actualmente se lo ejecuta según lo que permite el presupuesto y el plazo se ha extendido: se prevé que esté terminado hacia mediados de la década siguiente.

La dificultad de construir un sistema de vigilancia como este se debe a su complejidad. Una de las características de la frontera brasileña es  su diversidad geográfica. Existen desde tramos de bosque denso y ríos caudalosos hasta áreas urbanas –en las que una calle marca la frontera entre los países– y senderos inhóspitos fácilmente transformados en vías para el narcotráfico y el contrabando. Según el general de brigada Sérgio Luiz Goulart Duarte, gerente del Programa Sisfron, esta diversidad requiere que las soluciones tecnológicas para el monitoreo y la comunicación se adopten de acuerdo con las características de cada localidad y de la capacidad operativa de los distintos comandos militares.

Hasta el presente, la vigilancia de la frontera brasileña está a cargo la Policía Federal (PF) en los puestos legales, y junto a los respectivos comandos militares regionales del Ejército en las demás áreas. Eso no va a cambiar. Las misiones de vigilancia se realizan en salidas de rutina o motivadas por informaciones y evidencias recabadas de forma aleatoria. Con el Sisfron, una serie de recursos electrónicos recolectará y transmitirá datos de forma continua, permitiendo una respuesta inmediata.

Robson Cesco/ Embraer Defesa & Segurança Militares en una unidad móvil de Comando y Control del SisfronRobson Cesco/ Embraer Defesa & Segurança

La base del Sisfron, como idea y como sistema, remonta al Sistema de Vigilancia de la Amazonia (Sivam) y al Sistema de Protección de la Amazonia (Sipam), proyectos implementados en la primera década de este siglo y destinados al monitoreo de la región amazónica. La capacidad de las empresas e instituciones brasileñas para proyectar un sistema del porte del Sisfron, según los expertos, es el resultado, en buena medida, de la participación que tuvo el país en el desarrollo del Sivan junto con la fabricante Raytheon.

La nacionalización
La empresa Savis Tecnologia e Sistemas, del grupo Embraer Defesa & Segurança, es la integradora de la primera fase del programa, es decir, la encargada de concretar la convergencia tecnológica y la gestión de los múltiples proveedores. “Estamos aplicando toda la capacidad desarrollada por Embraer en ingeniería de sistemas aéreos para gestionar un sistema de defensa terrestre”, declara el CEO de Savis, Nilson Santin.

La arquitectura tecnológica del Sisfron es la misma que han adoptado países como Estados Unidos, Rusia, Israel y Alemania para proteger sus fronteras terrestres, con la diferencia de que el sistema brasileño es el único de gran porte en implementación actualmente. “Es un sistema avanzado, lo que abre posibilidades mercadológicas para Savis y para los proveedores involucrados en el proyecto”, sugiere Santin. El blanco en potencial de Savis y las empresas implicadas en el desarrollo del Sisfron son los países que no cuentan con una industria de defensa estructurada.

Una demanda del Ejército brasileño apunta a que se alcance el nivel máximo de nacionalización posible en los equipamientos del Sisfron; la participación de contenido local, por el momento, se ubica alrededor del 75% de los suministros. La propia Savis, juntamente con Embraer, se encarga del desarrollo de algunos de los principales equipos de monitoreo, como el hardware de los sensores Mage/Comint (Mediciones de Apoyo de Guerra Electrónica/ Communications Intelligence), que trabajan con software de la alemana Saab Medav. El Mage/ Comint es un sistema de captación de señales electromagnéticas que rastrea la comunicación vía radio, muy usado en la guerra electrónica. Otro desarrollo, totalmente nacional, es el del radar Sentir-M20, capaz de detectar a una persona cuerpo a tierra a una distancia de 2 km o caminando a 10 km y un vehículo blindado a 30 km. Tal como explica Fabio Caparica, director ejecutivo de Savis, la integración de sistemas permite una operación en la cual el radar Sentir-M20 detecta el blanco y acciona una cámara, que empieza entonces a seguirlo. La información transmitida en tiempo real al centro de mando hace posible la identificación del blanco y la toma de decisiones.

Ejército Brasileño Detalle de la pantalla con informaciones de radarEjército Brasileño

Subsidiaria de la israelita Elbit, la brasileña de Rio Grande do Sul AEL Sistemas, con sede en Porto Alegre, es la proveedora de equipamientos optrónicos para el Sisfron, tales como cámaras multisensores de visión nocturna y diurna, sensores termales y sistemas de visión nocturna. Sergio Horta, CEO de AEL, explica que los componentes y partes de los equipamientos se producen en Israel, mientras que los brasileños se encargan del ensamblado, integración y mantenimiento de los sistemas. “La idea es que, al final del ciclo de instalación, Brasil pueda mantener los sensores en actividad, independientemente de la provisión externa de asistencia técnica o incluso de componentes”, informa.

El sistema de criptografía (la transformación de texto en código) y la autentificación (la protección del mensaje transmitido) adoptados en el Sisfron son productos nacionales. El CommGuard es una plataforma desarrollada por la empresa Kryptus Segurança da Informação, de la ciudad de Campinas, con el apoyo de la FAPESP. Roberto Gallo, CEO de Kryptus, sostiene que resulta esencial que un sistema de defensa adopte una solución nacional de garantía de seguridad de las comunicaciones.

Gallo menciona que algunos de los sistemas vendidos por empresas de otros países cuentan, por determinación legal o por orientación de sus gobernantes, con mecanismos embutidos que permiten la interceptación de la comunicación y el acceso a los datos. Con ello, las autoridades extranjeras pueden tener acceso a información sensible. “Un sistema de monitoreo de defensa con su secreto violado pierde sentido estratégico, puede volverse inútil”, afirma.

Los profesores Héctor Luis Saint-Pierre y Samuel Alves Soares, miembros del Grupo de Estudios de Defensa y Seguridad Internacional (Gedes), son escépticos respecto a la efectividad del Sisfron en el combate a acciones ilícitas en la frontera. “Existe una fascinación por la tecnología que se sobrepone a la estrategia”, advierte Soares, que es además coordinador del Programa Interinstitucional de Posgrado en Relaciones Internacionales San Tiago Dantas.

Para el investigador, la inversión pública en tecnología de defensa es lenta, limitada por la disponibilidad presupuestaria. “La tecnología, empero, está disponible en el mercado para quienes tienen dinero, y quienes lo tienen son los traficantes, que pueden contratar sistemas que burlan las estructuras tecnológicas adoptadas y reclutar a personas entrenadas por el Ejército, exsoldados, para obtener informaciones y desarrollar rutas alternativas”, destaca Soares.

Según Saint-Pierre, el tráfico terrestre de armas, drogas y mercancías contrabandeadas se da sobre todo en puntos tradicionales de fronteras, en lo que existe una infraestructura y una logística establecidas, no en lugares inhóspitos. “Es un combate que se hace con inteligencia y cooperación internacional”, declara. Para él, más allá de las nuevas tecnologías, lo efectivo es saber con antelación por dónde pasará la mercancía ilícita, quiénes son los agentes públicos facilitadores y cómo se dan los movimientos de los recursos que financian la operación.

El general Duarte, gerente del Sisfron, afirma que el sistema no sustituye la necesidad del trabajo de inteligencia en los puntos tradicionales de frontera. Su función consiste en inhibir el uso de rutas alternativas a las convencionales, que ya son vigiladas por los órganos de seguridad pública. De acuerdo con el relato de este militar, en 2016, cuando aún operaba parcialmente, el Sisfron permitió que se incautaran 133 toneladas de drogas, cigarrillos, armamentos y munición por rutas alternativas en el estado de Mato Grosso do Sul. En 2018, fueron 204 toneladas. “Lo ideal sería extender lo más rápido posible el Sisfron a lo largo de toda la frontera nacional”, sostiene.

Ejército Brasileño Embarcación de reconocimiento y vigilancia del Ejército en misión en el Lago de Itaipú, en la frontera con ParaguayEjército Brasileño

Lenta implementación
La implantación del sistema avanza lentamente. Al momento de proyectarlo, el promedio de gastos anuales, solo para la implementación, se calculó en 1.200 millones de reales. Los recursos efectivamente invertidos desde el inicio del proyecto, en 2011, sin embargo, fueron en promedio de 204 millones al año. El 2019, el presupuesto previsto era de 310 millones de reales. Tras la política de contención de gastos, quedó en 220 millones. “Estamos ejecutando el proyecto de acuerdo con lo que libera el gobierno”, reconoce el general Duarte. El cronograma actual prevé la conclusión del Sisfron en 2035, para cuando el estado Amapá estará integrado al sistema.

La fase I empezó a implementarse en 2015 y está un 90% activa: solo falta la integración de áreas remotas que dependen de la comunicación vía satélite para la transmisión de los datos recolectados a los centros de control y comando en Dourados y Campo Grande, en Mato Grosso do Sul. Dicha dificultad, en opinión del general Duarte, se superará luego de la definición de una negociación en curso para el uso del Satélite Geoestacionario de Defensa y Comunicaciones Estratégicas (SGDC-1), controlado por Telebrás y por el Ministerio de Defensa.

Para Roberto Gallo, quien además preside la Asociación Brasileña de las Industrias de Materiales de Defensa y Seguridad (Abimde), la restricción presupuestaria no significa que el Sisfron será un sistema desfasado tecnológicamente cuando se implemente, una vez que, en cada fase, se compran las versiones más actualizadas de los equipamientos. Gallo destaca, además, que la tecnología de defensa se elabora de forma tal para que sea relevante durante décadas y normalmente se la dimensiona para que esté más de 10 años al frente de las soluciones disponibles en el mercado civil, para que no pueda ser fácilmente vulnerada por narcotraficantes, contrabandistas y otros delincuentes que actúen e áreas de fronteras.

Proyecto
Proyecto de módulo criptográfico de alto desempeño (HSM) (nº 04/02906-8); Modalidad Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe); Investigador responsable Roberto Alves Gallo Filho (Kryptus); Inversión R$ 16.584,46.

Republicar