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Y un grano ha de germinar

La región nordeste de Brasil cuenta ahora con una nueva variedad de maní de piel clara y resistente a las sequías

embrapa La película del mismo color de la semilla favorece uso industrial del maníembrapa

Si preguntamos en cualquier parte de Brasil a quién le gusta el ‘pé-de-moleque’ o la ‘paçoca’, pocos, pero muy pocos realmente dirán “a mí no me gusta”. Son una especie de turrones de maní molido o con los granos enteros y tostados o cocidos, que forman parte de las preferencias nacionales, principalmente en la región nordeste, que ocupa el segundo lugar en consumo en el país, con 50 mil toneladas de vainas anuales, aunque solamente produzca 13 mil toneladas. Con tamaña popularidad y por sus altos índices de proteínas, el maní aparecerá en forma más visible en los campos de dicha región a partir del segundo semestre del próximo año, cuando una nueva variedad de semillas desarrollada por la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa, sigla en portugués) estará disponible para los agricultores.

Esta semilla, denominada BRS Havana, fue preparada especialmente para el semiárido nordestito, con características de resistencia a la sequía, rendimiento y buena productividad para las condiciones de la región. Otra ventaja importante de la nueva semilla es la película color crema que envuelve a los granos, y no roja, como la de la mayoría de las variedades existentes en el mercado.

Las películas del color de la semilla son sumamente importantes para que el agricultor venda su producción a la industria de golosinas y productos elaborados con maní. “Como la película color crema es del color de la semilla, la industria puede moler directamente los granos para elaborar las pastas para dulces y salados, sin importarse con las impurezas visuales dejadas por la película roja”, dice la agrónoma Roseane Cavalcanti dos Santos, responsable del desarrollo de las semillas BRS Havana en Embrapa Algodón, con sede en Campina Grande, estado de Paraíba. “Con la semilla parecida a la película se elimina una fase del proceso industrial, llamada despeliculado.”

La nueva variedad, desarrollada a lo largo de cuatro años, fue planeada para brindar otro beneficio a los agricultores. Las nuevas semillas resultan en plantas de porte mediano y erectas, el modo ideal para los pequeños y medianos productores que efectúan la cosecha en forma manual, sin maquinaria, tal como sucede con gran parte de los cultivos de la región sudeste, responsable del 80% de la producción nacional (alrededor de 300 mil toneladas anuales), que se realiza muchas veces en rotación con la caña de azúcar. Los grandes productores prefieren las variedades que crecen al ras del suelo, llamadas rastreras, pues éstas facilitan la cosecha mecánica. Roseane apunta también una ganancia nutricional en la nueva semilla. “La preservación de la película le asegura al consumidor un mayor aporte de vitaminas del complejo B, como la riboflavina y la tiamina. Asimismo, las nuevas semillas contienen un 27% de proteínas y bajo tenor de aceite: un 43%, factor exigido por el mercado, porque de esta manerael producto se vuelve menos indigesto y con mejor consistencia para la fabricación de ‘paçocas’.”

Para elaborar la nueva semilla, Roseane encabezó un equipo multidisciplinario de investigadores de Embrapa Algodón, de la Empresa Bahiana de Desarrollo Agropecuario (EBDA), de la Empresa Pernambucana de Investigación Agropecuaria (IPA), de Embrapa Llanuras Costeras de Sergipe y de la Universidad Federal Rural de Pernambuco. Los científicos utilizaron 250 tipos (también llamados accesos) de semillas de la misma especie comercial de maní: la Arachis hypogaea. La principal variedad utilizada para llegar a la BRS Havana fue un tipo denominado Película Havana, cedido por el Instituto Agronómico de Campinas (IAC) y poco utilizado por los agricultores de la región sudeste, donde también existen otras variedades específicas con película color beige. Actualmente, las semillas con este tipo de película han sido muy requeridas por los productores nacionales de maní, especialmente aquellos de las regiones sudeste y centro-oeste del país, que prefieren las variedades rastreras, como por ejemplo la IAC Caiapó.

“El problema es que las rastreras, más allá de adaptarse mejor al clima del sudeste, no se adecuan al pequeño y mediano agricultor, pues crecen muy al ras del suelo y han tenido un ciclo de 120 a 140 días desde la siembra hasta la cosecha. Los productores del nordeste prefieren ciclos de 90 días y semillas muy tolerantes a la sequía”, dice Roseane. La BRS Havana, al margen de tener estas características, tiene una productividad similar a la variedad Tatú, plantada en la región, y posee entre tres y cuatro semillas por vaina. “En la estación lluviosa (entre enero y marzo) del semiárido, la BRS Havana produce entre 1.800 y 2.500 kilos de vainas por hectárea (kg/ha), mientras que la Caiapó, que posee dos semillas en cada vaina, tiene una producción de entre 2.300 y 3.500 kg/ha, pero necesita bastante más agua para desarrollarse, con lo cual requiere inversiones en irrigación y equipos de cosecha mecanizada.”

Un híbrido antihongos
Los avances científicos en el cultivo del maní, una de las pocas especies comerciales de la familia de las leguminosas que da frutos debajo de la tierra (existen especies de maní forrajero – Arachis pintoiA. glabrata – que poseen esta característica), también existen en Brasilia, en Embrapa Recursos Genéticos y Biotecnología. Allí, un grupo de investigadores coordinados por el agrónomo José Francisco Valls, desarrolló plantas híbridas de maní resistentes a la mancha negra, a la mancha castaña y la roya, enfermedades provocadas por hongos que pueden diezmar hasta el 70% de la producción. “Los hongos atacan a las hojas, que luego caen, dejando a la planta sin fotosíntesis. De este modo, no hay crecimiento de los granos y la productividad se reduce”, explica la agrónoma Alessandra Pereira Fávero.

“Lo que hicimos fue trasladarle la resistencia natural contra los hongos de dos especies salvajes (no seleccionadas por el hombre) a la especie comercial, mediante cruzamiento”. Las dos especies son la Arachis ipaënsis y la A. duranensis, originarias de Bolivia y Argentina. También se encuentran en etapa pruebas los cruzamientos de A. hypogaea con A. hoehnei (de Mato Grosso do Sul), A. cardenasii (de Bolivia) y A. helodes (Mato Grosso), entre otras. La primera etapa del proyecto consistió en cruzar las dos especies silvestres, que generaron plantas híbridas estériles y con 20 cromosomas.

El problema es que la especie comercial posee 40 cromosomas, lo que imposibilita el cruzamiento. La salida fue entonces duplicar los cromosomas de los híbridos silvestres, mediante un proceso químico realizado en laboratorio, utilizando una sustancia llamada colchicina. De este modo, las plantas de maní silvestres pasaron a contar con 40 cromosomas y se volvieron fértiles. Así fue posible hacer el cruzamiento de los híbridos silvestres con la especie comercial de forma normal por polinización cruzada de las flores.

Los cruzamientos resultaron en plantas fértiles con un 50% del genoma de la especie cultivada y el 50% de la silvestre. Con relación a las semillas, las híbridas poseen uno o dos granos por chaucha o vaina, como sucede en las especies silvestres. Las comerciales tienen hasta cuatro granos. “Para lograr más semillas en una chaucha precisamos hacer más cruzamientos, para mejorar el híbrido”, evalúa Alessandra. Esta etapa de mejoramiento de la planta comenzará a partir del cultivo de las nuevas semillas en la Estación Experimental del IAC, en la ciudad de Pindorama, São Paulo, bajo responsabilidad de los investigadores Sérgio Almeida de Moraes y Ignácio José de Godoy, también del IAC. El trabajo de ambos ha resultado en el desarrollo de cinco variedades en los últimos ocho años, dos de las cuales ya han sido comercializadas.

Una colección estratégica
“El cultivo de los híbridos, que se iniciaría antes de fin de año, nos mostrará también si la resistencia a los hongos prevaleció en la semilla híbrida”, explica Alessandra. Si se comprueban los resultados en campo, el aprovechamiento genético de los maníes salvajes puede llegar a crecer. En la sede de Embrapa Recursos Genéticos están reunidas las semillas de 76 especies de maní de las 81 existentes en el mundo. “Una de las cinco que faltan es de la región de la ciudad de Campo Grande, Mato Grosso do Sul, y se extinguió”, dice Alessandra. En Brasil se encontraron 64 especies, 47 de ellas exclusivas del país.

La especie cultivada, por lo que se desprende de los últimos estudios, surgió en el área ubicada entre el sur de Bolivia y el noroeste de Argentina, aunque existen evidencias de centros de variación (hábitats secundarios, probablemente fruto del transporte y del cultivo humano) en la zona del río Xingú, Mato Grosso, y en Perú. “Los indios, que ya cultivaban el maní cuando los portugueses llegaron a Brasil, habrían esparcido las semillas por las Américas”, comenta Alessandra. Al margen del desarrollo de nuevas variedades de maní, más resistentes a enfermedades, más productivas y más adaptables a la sequía, las investigaciones realizadas en Embrapa podrán en un futuro ayudar en el repoblamiento de áreas desforestadas. Otra posibilidad consiste en ofertar genes que ejerzan alguna función importante y necesaria para experimentos en transgenia, con la transferencia de genes del maní a otras especies.

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