
©Diogo Vasconcellos / SGCOM-UFRJEl investigador durante una charla, en 2016: preocupación por la salud pública©Diogo Vasconcellos / SGCOM-UFRJ
De sombrero, anteojos y mascarilla, el virólogo Amílcar Tanuri miró hacia la cámara y levantó sus dedos con la V de la victoria y de la vacuna, cuando le aplicaron la primera dosis del inmunógeno contra el covid-19, el 21 de enero de 2021. Fue el primer vacunado entre el personal de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Desde el comienzo de la pandemia, el equipo del Laboratorio de Virología Molecular del Instituto de Biología de la UFRJ, con Tanuri a la cabeza, había concretado más de 300.000 diagnósticos del Sars-CoV-2, el agente causal de la enfermedad, contribuyendo así para alivianar la sobrecarga del Sistema Único de Salud (SUS, el sistema nacional de salud pública), en el marco de una red de cooperación que movilizó a distintas universidades de todo Brasil. Esa imagen también se convirtió en un símbolo de su trayectoria: un médico que dedicó su vida al estudio de los virus y se consolidó como uno de los principales expertos en el país, con su trabajo en la primera línea de todas las grandes epidemias que signaron las últimas décadas, desde la del VIH hasta la del virus del Zika, desde el dengue hasta el covid-19. El investigador falleció el día 26 de septiembre en Río de Janeiro, a los 67 años, como consecuencia de complicaciones derivadas de un proceso de diálisis.
Amílcar Tanuri era carioca, e ingresó a la carrera de medicina de la UFRJ en 1977, en donde culminó su maestría en biofísica (1985) y su doctorado en genética (1990) bajo la dirección de Darcy Fontoura de Almeida (1930-2014), uno de los pioneros en la genética de microorganismos en el país. Se especializó en genética molecular en la Universidad de Sussex (1985), en el Reino Unido, y trabajaba como investigador asociado de la Universidad Columbia, en Estados Unidos. También coordinaba el área de Ciencias Biológicas de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Río de Janeiro (Faperj).
Si bien se dedicó al estudio de cuantiosos virus en el transcurso de su trayectoria, adquirió notoriedad internacional con sus investigaciones sobre el VIH, causante del sida, orientadas a comprender su diversidad genética y su resistencia a los medicamentos (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 100). Desde el año 2000, era consultor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) para la red de investigación referente a la resistencia del VIH a los medicamentos (HIV ResNet). Sus estudios fueron fundamentales para que el país se convirtiese en referente mundial en el control y el monitoreo de este virus.
“Brasil fue uno de los primeros países que implementó la licencia compulsoria de las patentes de los antirretrovirales, y Amílcar tuvo una participación crucial en ese proceso”, recuerda el virólogo Renato Santana de Aguiar, del Instituto de Ciencias Biológicas de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), dirigido por Tanuri en su doctorado. En su laboratorio, el investigador ponía a prueba los lotes de los medicamentos fabricados en el país para comprobar su eficacia y la capacidad nacional de suministrarlos gratuitamente a través del SUS, lo que aportó al sostén de la decisión de suprimir las patentes en Brasil.
Tanuri compartió con otros países de habla portuguesa que afrontaban escenarios aún más graves de la epidemia de VIH, tales como como Mozambique y Angola, la capacidad adquirida en Brasil en lo concerniente a la implementación de sistemas de monitoreo y vigilancia. En Angola, coordinó el primer sondeo seroepidemiológico del país referente a la enfermedad, entre 2004 y 2009. También en África, trabajó en otras epidemias en 2005, como la de fiebre hemorrágica de Marburg (FHM), un virus de la misma familia que causa la fiebre hemorrágica del Ébola.
La viróloga Luciana Costa, directora del Instituto de Microbiología Paulo de Góes (IMPG-UFRJ), recuerda que a menudo los investigadores trabajaban con escasos recursos para manipular muestras altamente contagiosas. En esos momentos, Tanuri oficiaba como articulador, al activar contactos e instituciones para asegurarse de que hubiera la estructura necesaria con miras a dar prosecución a los trabajos. “Era una persona siempre lista para hallar soluciones y resolver problemas relacionados con la salud pública”, sostiene Costa.
Tanuri desarrolló también investigaciones relevantes sobre otras epidemias virales, como la provocada por el virus del Zika. En abril de 2016, un año después de la eclosión de los brotes en estados del nordeste brasileño, el investigador y su equipo publicaron en la revista Science un estudio en el cual se señalaba que el virus atacaba las células del sistema nervioso menguando su tamaño e induciendo su muerte. En junio del mismo año, el grupo publicó en la revista The Lancet el descubrimiento de que el virus del Zika podía transmitirse verticalmente, luego de secuenciar su genoma en muestras de líquido amniótico de mujeres embarazadas cuyos bebés nacieron con microcefalia (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 240).
“Siempre que surgía algo nuevo, él iba con presteza a intentar entenderlo, pero sin por ello dejarse llevar por las pasiones”, dice el virólogo Ricardo Soubhie Diaz, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), su colaborador desde la década de 1990. Según el investigador, muchos científicos se decepcionan cuando sus hipótesis no se confirman. “Pero Amílcar no era así: era curioso, no se amilanaba ante tareas que parecían imposibles”.
Carolina Voloch, docente de la UFRJ e integrante de su equipo en el Laboratorio de Virología Molecular, comenta que Tanuri se mantuvo en actividad hasta el final. “En el hospital, pedía que le disminuyesen la dosis de la medicación sedante para poder concentrarse mejor. Quería enterarse de las cosas del laboratorio, de la continuidad de las investigaciones, saber sobre los alumnos”, comenta. “No era solamente un científico idóneo, sino también alguien capaz de congregar a las personas, un político en el mejor sentido de la palabra: sabía sacar lo mejor de cada uno”.
En los últimos años, Tanuri se valió de su poder de articulación para ejercer la defensa de una nueva causa: la creación del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Brasil (CPCD-BR). Inspirado en el modelo de los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, el homólogo brasileño apuntaría a operar como una institución federal capaz de brindar respuestas rápidas, coordinadas y sostenidas ante emergencias de salud pública. El virólogo había realizado una pasantía posdoctoral en aquellos centros estadounidenses entre 1996 y 1998, en donde también se desempeñó como investigador visitante entre los años 2003 y 2006, aparte de llevar adelante otras actividades científicas en colaboración con dicho conglomerado en el Global Aids Program.
Durante la primera década del siglo XXI, brindó su apoyo a nueve países del África subsahariana para hacer frente a la epidemia de VIH. Por ese trabajo se hizo acreedor al Premio de Honor del Centro Nacional de Prevención del VIH, Enfermedades de Transmisión Sexual y Tuberculosis de Estados Unidos, otorgado por los CDC, en 2005. “Allí en donde había una epidemia, Amílcar se hacía presente. Tenía una enorme preocupación por conectar la investigación científica con el sistema público de salud”, recuerda la inmunóloga Ester Sabino, del Departamento de Patología de la Universidad de São Paulo (USP) y consultora del Instituto Todos pela Saúde, una entidad que lidera la propuesta del CPCD-BR. Miembro de la Academia Brasileña de Ciencias (ABC), Tanuri recibió la condecoración de la Orden Nacional al Mérito Científico del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de Brasil en 1998.
Entre sus pares y amigos, su ausencia ya se hace notar. “Solo puedo anhelar ser para mis dirigidos una directora como él lo fue para mí: alguien de un entusiasmo que contagiaba, enamorado de la ciencia y, fundamentalmente, extremadamente humano”, culmina diciendo Costa.
Tanuri deja a su mujer, Andrea Tavares, y a sus hijos Luiza y João.
Este artículo salió publicado con el título “En el epicentro de las epidemias” en la edición impresa n° 357 de Noviembre de 2025.
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