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SOCIEDAD

Brasil: la Nueva República cumple 40 años

Entre las marcas del período de la redemocratización pueden contarse los avances sociales y los planes económicos

Veridiana Scarpelli

Hace 40 años, el 21 de abril de 1985, fallecía Tancredo Neves (1910-1985). De no ser por una infección generalizada, el político oriundo de Minas Gerais habría sido el primer civil en asumir la Presidencia de la República en Brasil tras 21 años de dictadura militar. Tres meses antes había triunfado en la elección presidencial indirecta en el Congreso Nacional, encabezando una fórmula compartida con un antiguo partidario del régimen de facto, el político del estado de Maranhão José Sarney, quien acabó asumiendo el cargo. De esta manera tortuosa, el proceso de redemocratización mantuvo en el poder a políticos que habían dado su sostén a la dictadura. Conciliador y conservador, Tancredo Neves había apaciguado las inquietudes de los militares que, al salir del Palacio de Planalto, temían el ascenso al poder de la oposición. Durante su campaña presidencial fue acuñada la expresión Nova República, Nueva República, para designar a un sistema democrático que se caracterizaría por la conciliación, que dejaba de lado un ajuste de cuentas por los abusos dictatoriales.

“En un original juego de palabras proferido para señalar que no se iba a perseguir a las Fuerzas Armadas, [Neves] presentó su candidatura como ‘de cambio’ en lugar de ser ‘opositor’”. Este tramo emblemático de la redemocratización brasileña, signado por las rupturas y las continuidades con el pasado autoritario, se describe en el libro intitulado Democracia negociada: Política partidária no Brasil da Nova República (editorial FGV, 2024). En la obra, el historiador Leonardo Weller, docente de la Escuela de Economía de São Paulo de la Fundación Getulio Vargas de São Paulo (FGV EESP), y el politólogo Fernando Limongi, docente de la misma institución y también de la Universidad de São Paulo (USP), ofrecen una síntesis de la historia política brasileña de las últimas cuatro décadas. Entre otros puntos, muestran que la democracia brasileña de ese período se caracterizó por la resolución de conflictos mediante acuerdos consensuados entre la elite política, lo que aseguró dos décadas de estabilidad económica y política entre 1994 y 2013. Asimismo, tratan de explicar cómo un sistema basado en las negociaciones entre los representantes de intereses en conflicto fue capaz de producir cambios sociales significativos y sin precedentes en la historia del país.

Según Limongi, el propio éxito de las democracias en cuanto a promover soluciones negociadas puede generar insatisfacción ya que parece ser un amplio acuerdo entre elites que buscan preservar sus intereses. “Pero cuando observamos los datos, podemos comprobar que la democracia se mueve, produce cambios, aunque más lentamente de lo que nos gustaría”, sostiene el investigador. “Es poco lo que Brasil ha crecido desde la década de 1980, pero los indicadores sociales han mejorado mucho y, aunque imperfecto, comenzó a funcionar un estado de bienestar social”, añade Weller. Según datos del Banco Mundial, la pobreza extrema acuciaba al 25 % de la población brasileña en 1985. Treinta y siete años después de la redemocratización, en 2022, ese índice se situaba en el 3,5 %.

Para explicar la redemocratización, Weller y Limongi se remontan al gobierno del general Ernesto Geisel (1907-1996), que comenzó en 1974. Tras un período de represión violenta que se había iniciado en 1968, con detenciones arbitrarias, torturas y asesinatos de los opositores, el presidente y su núcleo de poder optaron por una reapertura política. Los investigadores señalan que Geisel era connivente con la brutalidad de la línea dura, pero veía que era necesaria una distensión para no perder el control de los cuarteles. La reapertura fue, al decir de los autores, “lenta, gradual y titubeante”, en un virtual juego de palabras con la frase de Geisel, sobre que la apertura sería “lenta, gradual y segura”. Pese a la presión popular, la enmienda que proponía elecciones directas para determinar quién sería el presidente sufrió una derrota en el Parlamento en 1984 y, al año siguiente, resultó electa la fórmula Tancredo Neves–José Sarney.

Veridiana Scarpelli

Con Sarney en la presidencia, en 1987 se conformó la Asamblea Nacional Constituyente. Según el politólogo Antônio Sergio Rocha, de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), en su campus de Guarulhos, el ala progresista del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) dominó el proceso al inicio, pero la mayoría conservadora se articuló y ofreció resistencia. El ejemplo más emblemático del callejón sin salida al que se llegó fue la incapacidad de los congresistas para ponerse de acuerdo al menos en el contenido del preámbulo del texto constitucional. La solución fue una negociación entre los líderes de las bancadas, que sellaron acuerdos puntuales, componiendo sus visiones del mundo y los intereses en conflicto. “A lo largo de 20 meses en el Congreso se vivió una batalla campal y la Constitución tuvo nueve versiones antes de que se consiguiera redactar el texto definitivo”, comenta Rocha, quien por estos días está dando los últimos detalles a cuatro tomos del proyecto “Memoria de la Constituyente”, coordinado por él en el Centro de Estudios de Cultura Contemporánea (Cedec). Los libros, cuyo lanzamiento está previsto para este mismo año, incluirán, entre otros temas, una cronología minuciosa de los acontecimientos ocurridos en la asamblea entre 1987 y 1988.

El resultado fue una carta magna que no promovió reformas en las estructuras de la propiedad, pero sentó las bases para la construcción de un estado de bienestar social. El texto preveía, por ejemplo, un cierto grado de asistencia sanitaria para los más pobres, pero mantuvo un sistema híbrido en el que los ricos podrían seguir pagando para recibir un tratamiento de alta calidad. Aun así, el Sistema Único de Salud (SUS) es uno de los frutos del documento. A juicio del historiador Fernando Perlatto, de la Universidad Federal de Juiz de Fora (UFJF), la Constitución, pese a estar plagada de contradicciones, avanzó mucho en la consolidación de los derechos civiles y sociales, como el ejercicio de la soberanía popular no tan solo a través del sistema representativo, sino también mediante plebiscitos y referéndums. “La presión de los movimientos sociales ayudó a la Constitución a consolidar elementos democráticos”, señala el investigador.

Los civiles heredaron de la dictadura una ingente deuda externa y una inflación galopante. Un sobrino de Tancredo Neves, Francisco Dornelles (1935-2023) fue el primer ministro de Hacienda de la Nueva República que intentó domar la inflación. Sin respaldo político, duró tan solo cinco meses en el cargo, siendo reemplazado por el empresario Dilson Funaro (1933-1989), quien propuso un ajuste en las cuentas del gobierno, la renegociación de la deuda externa y, fundamentalmente, el congelamiento de precios, salarios y tasas de interés. En un primer momento, su Plan Cruzado pudo controlar la inflación, pero en menos de un año no resistió al aumento de los precios y culminó en una moratoria de la deuda externa. El economista Luiz Carlos Bresser-Pereira relevó a Funaro en 1987. El Plan Bresser se centró en un nuevo ajuste de las cuentas públicas y el congelamiento de los precios, pero también naufragó en poco tiempo. En tanto, Maílson da Nóbrega, el último ministro de Hacienda de Sarney, propuso un programa de privatizaciones y ajuste fiscal que no surtió efecto y el alza de los precios alcanzó niveles de hiperinflación: más de un 50 % mensual a finales de 1989.

Estos personajes se analizan en el libro Os homens da moeda: O que pensavam os ministros da Fazenda da Nova República (1985-2018), compilado por el economista Ivan Salomão, de la Facultad de Economía, Administración, Contabilidad y Ciencia Actuarial (FEA) de la USP, publicado el año pasado por la editorial de la Unesp. Cada uno de los 15 capítulos que componen la obra, escritos por Salomão en colaboración con otros investigadores, está dedicado al pensamiento, la producción intelectual y la trayectoria política de quienes dirigieron la política económica del país durante la Nueva República, desde Dornelles hasta Henrique Meirelles (quien ejerció el cargo entre 2016 y 2018). A pesar del título, Os homens da moeda también analiza la gestión de Zélia Cardoso de Mello, la primera ‒y hasta ahora la única‒ mujer que ocupó el cargo.

Los civiles heredaron de la dictadura una ingente deuda externa y una inflación galopante

El libro relata cómo Cardoso de Mello intentó controlar la inflación, al comienzo del gobierno de Fernando Collor de Mello, en 1990, reduciendo la liquidez, el volumen de moneda circulante, mediante una medida drástica: la apropiación de activos financieros que incluían los depósitos en cajas de ahorro. El plan se volvió rápidamente impopular y no logró acabar con la inflación. La inestabilidad económica precipitó una crisis política que culminó en 1992 con el juicio político de Collor de Mello, un outsider de la política, de extracción conservadora que, para sorpresa de muchos, derrotó a los candidatos progresistas en las primeras elecciones presidenciales directas desde 1960.

Os homens da moeda muestra que la inflación solamente sería controlada con el Plan Real, implementado a partir de 1994 durante el gobierno de Itamar Franco (1930-2011), marcando el comienzo de dos décadas de estabilidad política y económica. En el mismo período también se consolidó el presidencialismo de coalición: en líneas generales, en este sistema el Ejecutivo negocia cargos en el gobierno a cambio de apoyo legislativo para plasmar su programa político.

La estabilización económica hizo posible la universalización de la educación básica y la implementación de programas de transferencia de ingresos como el Beca Escuela, durante los dos mandatos del presidente Fernando Henrique Cardoso (PSDB), entre 1995 y 2002. Los dos primeros gobiernos de Luiz Inácio Lula da Silva (PT), entre 2003 y 2010, también siguieron con la misma tónica de contención del gasto público, pero apostaron por el aumento real del salario mínimo y ampliaron los programas de transferencia de ingresos, incorporando el Bolsa Família, que generaron importantes transformaciones sociales en el país. A juicio de Salomão, esto demuestra la posibilidad de operar cambios en el contexto brasileño incluso disponiendo de una porción minúscula del presupuesto federal. “El aumento del salario mínimo fue un punto clave para promover el acceso de las familias de bajos ingresos al mercado de consumo y con ello, impulsar el crecimiento económico, que alcanzó un 7,5 % anual en 2010”, recuerda el economista.

Los cambios sociales que tuvieron lugar durante la Nueva República se produjeron en medio de un crecimiento económico medio inferior al registrado entre 1930 y 1980. Según el análisis de Salomão, la confluencia de factores favorables en el período anterior –la urbanización acelerada con abundancia de mano de obra que facilitó las inversiones en la producción industrial– no volvieron a repetirse a partir de la década de 1980. Una de las tesis centrales del libro de Weller y Limongi plantea que la democracia brasileña, pese a haber evolucionado lentamente, consiguió en dos décadas de estabilidad muchos progresos sociales sin precedentes en la historia del país: los sistemas de salud y educación se universalizaron y decenas de millones de personas salieron del hambre y la pobreza extrema.

Veridiana Scarpelli

Entre 2013 y 2016, una nueva crisis política y económica desembocó en el juicio político de la presidenta Dilma Rousseff (del Partido de los Trabajadores, el PT) y el encumbramiento de fuerzas políticas nostálgicas de la dictadura militar. En medio del deterioro institucional, el final de la Nueva República ha sido planteado por analistas que hacen hincapié en el agotamiento del sistema político de los últimos 40 años. “Desde 2013, los grupos políticos que propusieron retomar elementos de la dictadura militar dirigieron sus ataques principalmente contra los pilares democráticos de la Constitución Federal de 1988”, analiza Perlatto, uno de los coordinadores del libro A Nova República em crise (editorial Appris, 2020).

Según Salomão, el arreglo político del gobierno de Jair Bolsonaro (2018-2022), que otorgó al Poder Legislativo un amplio control sobre el presupuesto federal, redujo en forma drástica el poder de negociación del Ejecutivo, dando comienzo a lo que el economista denomina un “semipresidencialismo de facto”, siendo este uno de los motivos por los que considera que la Nueva República ha llegado a su fin. “La capacidad del gobierno para formular y aplica su política económica se ha reducido”, reflexiona.

Para Limongi, la proclama de la muerte de la Nueva República es una exageración. “La Constitución sigue vigente y el calendario electoral está abierto”, dice el investigador. Weller está de acuerdo en que el sistema está experimentando cambios, “pero no necesariamente estamos viviendo en otro tipo de régimen”, aunque hace la salvedad de que “si el intento de golpe de Estado de 2023 hubiera tenido éxito, sería diferente”. Por su parte, Perlatto considera que el embate entre sectores progresistas y reaccionarios aún debe considerarse como una disputa política en el marco de la Nueva República, pero llama la atención acerca de aspectos que esbozan cierta continuidad con el pasado autoritario. “El rol de los militares en el seno del orden político y la militarización del aparato de seguridad pública no deben normalizarse”, advierte el historiador.

Libros
LIMONGI, F. y WELLER, L. Democracia negociada: Política partidária no Brasil da Nova República. Río de Janeiro: FGV Editora, 2024.
PERLATTO, F. et al. (comp.). A Nova República em crise. Curitiba: Appris, 2020.
SALOMÃO, I. C. (comp.). Os homens da moeda: O que pensavam os ministros da Fazenda da Nova República (1985-2018). São Paulo: Editora Unesp, 2024.

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