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Indicadores

Cambio con estabilidad

Un informe resalta las inversiones de la FAPESP en investigación conjunta con empresas y para la inserción internacional de la ciencia paulista en 2018

En 2018, la FAPESP invirtió 1.216.750.480 reales en ayudas destinadas a 24.720 proyectos de investigación repartidos entre todas las áreas del conocimiento. El desembolso fue un 15% mayor que el que se había registrado en 2017 en valores nominales, y un 6% superior teniendo en cuenta la inflación, rompiendo con el curso de caída de la inversión iniciado a mediados de la última década como consecuencia de la desaceleración de la economía. El presupuesto de la Fundación está compuesto por el 1% de los ingresos tributarios del estado de São Paulo transferidos por el Tesoro del estado, tal como lo establece la Constitución paulista de 1989, y por recursos provenientes de convenios con instituciones y empresas para la financiación conjunta de investigaciones. El balance figura en el informe publicado con el nombre de Relatório de Atividades FAPESP 2018, divulgado en el mes de agosto y al que puede accederse desde internet en el siguiente enlace: fapesp.br/publicacoes. En esa dirección electrónica también pueden consultarse todos los balances anuales de la Fundación desde 1962, año en que inició sus actividades.

“El año 2018 trajo grandes cambios políticos en el país y expectativas en cuanto al futuro en lo concerniente a la educación superior, la ciencia y la tecnología”, dijo el presidente de la FAPESP, Marco Antonio Zago, durante la presentación del informe. “Ante ese panorama, la FAPESP mantuvo su fuerte presencia, marcada por la estabilidad, su actuación creciente junto al sistema paulista de ciencia y tecnología y el aumento de la visibilidad tanto en el país como en el exterior”. Entre las iniciativas que cobraron relieve, uno de los ejemplos fue el programa denominado Jóvenes Investigadores – Etapa II, dedicado a consolidar líneas de investigación de alto impacto generadas por los científicos beneficiarios del programa Jóvenes Investigadores en Centros Emergentes. Esta modalidad, instaurada en 1995, está orientada a la atracción de jóvenes doctores de Brasil y de otros países para congregar grupos de investigación. Hasta ahora han sido alrededor de 1.600 los investigadores beneficiarios del programa, con 227 proyectos en curso en la Etapa I y 36 en la Etapa II. El año pasado se invirtieron 59,6 millones de reales en el programa.

En 2018 se contrataron 77 Proyectos Temáticos. Esta modalidad financia investigaciones con metas osadas, desarrolladas por equipos científicos que en general proceden de varias instituciones, y por un plazo de hasta cinco años. El gasto anual en este tipo de proyectos fue de 247,4 millones de reales. Actualmente hay 418 Temáticos en curso.

También se produjo una renovación, luego de la evaluación llevada a cabo por un comité internacional, de los 17 Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid), redes de investigadores dedicados al estudio de temas en la frontera del conocimiento y de impacto en la sociedad, que se encuentran en condiciones de recibir ayuda por un plazo de hasta 11 años.

Una novedad del informe de 2018 fue la presentación de las inversiones efectuadas por la Fundación siguiendo seis estrategias de fomento diferentes. La categoría Investigación para el Avance del Conocimiento, que abarca desde proyectos de corta duración hasta los más ambiciosos, tales como los Temáticos y Cepid, concentró el 51% de las erogaciones, donde se contrataron más de 5 mil ayudas clasificadas dentro de esa categoría. Otro 24% se invirtió en la formación de recursos humanos para ciencia y tecnología: la FAPESP destinó 293 millones de reales para solventar 10.222 becas en el país y en el exterior, y concedió 4.386 becas nuevas. El 10% de los recursos se destinó al apoyo a la infraestructura de investigación por medio de la adquisición o reparación de dispositivos, entre otros apartados. La categoría Investigación Aplicada a la Innovación, que concentra a los proyectos en colaboración con empresas, acaparó el 9,5% de los gastos, donde sobresalió la aprobación de 270 nuevos proyectos en el marco del Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe). Finalmente, un 4,5% del gasto se destinó a la investigación en temas estratégicos, tales como los programas de cambios climáticos, bioenergía, biodiversidad, eScience, entre otros; mientras que un 1% se invirtió en la difusión, mapeo y evaluación de investigaciones.

En cuanto a la distribución de los recursos por campos del conocimiento, los datos de 2018 repiten los de años anteriores: las ciencias de la vida acapararon el 47% del gasto, las ciencias exactas y de la Tierra e ingenierías, el 33%, y las ciencias humanas y sociales, el 9%. El 11% restante se destinó a investigaciones interdisciplinarias. Cuando se analizan los vínculos institucionales de los científicos beneficiados, la Universidad de São Paulo (USP) figuró nuevamente en el primer puesto, con el 43,2% de los recursos, seguida por la Universidad de Campinas (Unicamp), con el 14,8%, las instituciones federales de investigación del estado de São Paulo, con el 12,5%, y la Universidade Estadual Paulista (Unesp) con el 11,2%.

En 2018 se constituyeron cinco nuevos Centros de Investigación en Ingeniería (CPE, en portugués) en cooperación con universidades y empresas, cuatro de ellos con la multinacional Shell, para el desarrollo de innovaciones en el campo de las nuevas energías, y uno con la estatal Embrapa (Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria), el Centro de Investigación en Genómica Aplicada a los Cambios Climáticos. En esos centros, cada real invertido por la FAPESP moviliza otro real de la empresa colaboradora y 2 reales de la universidad o instituto de investigación que alberga el centro en cuestión. “Los Centros de Investigación en Ingeniería elevan la osadía de la investigación realizada en colaboración entre universidades y empresas e incitan a los investigadores académicos y a los de las empresas en torno a retos mayores”, dice el director científico de la FAPESP, Carlos Henrique de Brito Cruz.

Los cuatro centros creados en colaboración con Shell recibirán de esa empresa hasta 34,7 millones de reales. La FAPESP reservó una inversión de 23,1 millones de la misma moneda, mientras que otros 53 millones los aportarán las universidades e institutos de investigación colaboradores, bajo la forma de sueldos de los investigadores y del personal asistente, infraestructura e instalaciones. Dos de los centros involucran cooperación con la Unicamp: el de portadores de energía densos, junto al Instituto de Química de la universidad, y el de acopio avanzado de energía con la facultad de Ingeniería Química. En tanto, el de ciencia computacional de los materiales tiene su sede en el Instituto de Química de São Carlos en la USP^, mientras que el Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares (Ipen) alberga al centro que se dedica al desarrollo de métodos sostenibles para la conversión de metano valiéndose de tecnologías electroquímicas. “La producción de energía renovable podría triplicarse para 2050”, explicó, en el acto de lanzamiento de los centros, el geólogo holandés Joep Huijsmans, líder de la división de investigación y tecnología de nuevas energías de Shell. “De cualquier manera, todavía necesitaremos de grandes volúmenes de petróleo y gas para abastecer toda la gama de productos energéticos que el mundo necesita”. La FAPESP y Shell ya mantenían desde 2015 un CPE para Innovación en Gas, cuya sede se encuentra en la Escuela Politécnica de la USP.

En el caso del centro de Embrapa y la Unicamp, el objetivo consiste en generar innovaciones que aumenten la resistencia de las plantas a la sequía y al calor, transfiriendo esas tecnologías al sector productivo, valiéndose de herramientas tales como ingeniería genética y edición de genomas. La inversión de Embrapa llegará a 32,9 millones de reales y tendrá como contrapartida 25,2 millones de reales que aportan la FAPESP y otros 44,7 millones de reales de la Unicamp. En 2018, la FAPESP destinó una suma de 12 millones de reales en carácter de soporte para los 10 centros. Aparte de Shell y de Embrapa, hay otros centros en colaboración con las empresas GlaxoSmithKline (GSK), Natura y Peugeot Citroën. Otros tres CPE estaban en etapa de negociación con las empresas Equinor, Koppert y Grupo São Martino, y se constituyeron en 2019.

La FAPESP destinó a su vez 216,6 millones de reales para investigaciones en colaboración. Para el estímulo a las cooperaciones internacionales, la Fundación invirtió 133,7 millones de reales, con énfasis en las modalidades de Becas de Pasantía de Investigación en el Exterior (Bepe, en portugués), que abarcan desde la iniciación científica hasta el posdoctorado, y Becas de Investigación en el Exterior (BPE, también en portugués), una modalidad a la que pueden acceder los científicos graduados, sénior inclusive.

Ciencias exactas y de la Tierra
En 2018 creció la cantidad de becas de posdoctorado en el país concedidas a extranjeros. Se computaron 131, el equivalente al 18,8% de las 694 becas de esa modalidad concedidas. Esa cifra es la mayor de los últimos cuatro años. La capacidad de atracción de científicos del exterior configura un indicador de la competitividad de los grupos de investigación. En ese punto, lo más destacado correspondió a las ciencias exactas y de la Tierra. De las 182 becas de posdoctorado en Brasil que fueron concedidas en esa área, 59, es decir, el 32% del total, se destinaron a investigadores graduados en el exterior. En 2007, ese índice era de un 16%. A continuación, figuran las ingenierías, con el 27% de las becas de posdoctorado concedidas a extranjeros; las áreas de ciencias humanas e interdisciplinarias, con el 21% cada una; las ciencias sociales aplicadas, con el 14%, ciencias de la salud y lingüística, letras y artes, con 13% cada una; ciencias biológicas con el 9%, y ciencias agrarias con el 7%.

Una de las estrategias de la FAPESP para atraer talentos del exterior es el programa Escuela São Paulo de Ciencia Avanzada (ESPCA), que fomenta la organización de cursos de corta duración en temas avanzados en instituciones paulistas. El público está integrado por alumnos de carreras de grado y del posgrado, además de jóvenes doctores, entre los cuales al menos la mitad deben ser reclutados en el exterior. Uno de los objetivos consiste en darles a conocer a los alumnos e investigadores del exterior las oportunidades con que cuentan para investigar en São Paulo y atraer a los mejores. En 2018 se realizaron 13 ESPCA, siete de ellas en la USP, tres en la Unicamp, una en la universidad Presbiteriana Mackenzie, una en el Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares (Ipen) y una en el Centro Brasileño de Análisis y Planificación (Cebrap).

Las actividades de la FAPESP en 2018 contaron con el apoyo de más de 9 mil revisores y asesores científicos, que evaluaron el mérito de 19.724 proyectos. Ese contingente emitió 22.162 dictámenes que se tradujeron en la decisión de contratar 10.946 proyectos ese año, que se sumaron a los 13.774 proyectos en curso iniciados con anterioridad. El plazo medio para la evaluación de cada propuesta fue de 70 días.

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