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Entrevista

Carlos Henrique de Brito Cruz: Un inductor de cambios

El director científico de la FAPESP relata cómo estimuló comportamientos que sirvieron para mejorar la investigación científica en São Paulo

Léo Ramos ChavesLa responsabilidad de la FAPESP no se limita a aplicar su presupuesto históricamente estable en forma legítima, algo reconocido por la comunidad científica y por la sociedad, aunque esa, por sí sola, ya es una tarea enorme. Su función es contribuir para que el sistema de investigación progrese como un todo, tal como lo aprecia Carlos Henrique de Brito Cruz, su director científico durante los últimos 15 años.

El mecanismo principal para lograr ese propósito, según sostiene De Brito Cruz, consiste en emplear el presupuesto en forma incisiva y eficaz para estimular y promover cambios de comportamiento en las instituciones y en los investigadores. Ejemplos de esta estrategia son el código de buenas prácticas científicas, publicado por la Fundación en 2011, y la exigencia de que las instituciones sedes de proyectos financiados por la FAPESP brinden apoyo institucional a los investigadores. En los últimos años, las universidades e instituciones paulistas han creado despachos que ayudan a sus investigadores a cumplir tareas burocráticas y posibilitan que ellos puedan abocarse a la labor específicamente científica. A su juicio, el exceso de tareas no científicas de los investigadores constituye un obstáculo a la mejora de la calidad de la ciencia en el país, y les cabe a las instituciones proporcionarles servicios de gestión de proyectos, tal como lo hacen las universidades extranjeras con las cuales se pretende competir.

Otro lineamiento en la misma dirección fue el estímulo a las colaboraciones, tanto con otras instituciones y agencias científicas brasileñas como internacionales. “La calidad de la ciencia se ve beneficiada cuando un investigador interactúa con los mejores científicos que logre contactar. Esta interacción promueve el intercambio de ideas y el conocimiento de métodos y de procedimientos, y genera oportunidades para los estudiantes”, afirma.

A pesar de la gravedad del momento actual, cuando el mundo afronta la pandemia del nuevo coronavirus, que en Brasil se suma a una crisis económica y política, De Brito Cruz pondera que la investigación científica en São Paulo y en el país ostenta actualmente una mayor vitalidad, más personal, mayor calidad e inserción internacional y mejor visibilidad pública, y se ha mostrado más conectada con los desafíos que le interesan a la sociedad. Por eso, argumenta, hoy en día resulta más efectiva la defensa de la ciencia que hace 15 ó 20 años.

De Brito Cruz es ingeniero y físico, presidió la FAPESP (1996-2002) y fue rector de la Universidad de Campinas (Unicamp) entre 2002 y 2005. A punto de dejar su cargo actual, finalizando el quinto mandato consecutivo de tres años en abril, el director científico de la Fundación le concedió a Pesquisa FAPESP la entrevista que puede leerse a continuación, que también se encuentra disponible en una versión ampliada en portugués en el sitio web de la revista.

Edad 61 años
Especialidad
Fenómenos ultrarrápidos, política científica, estudios en C&T
Instituciones
Instituto de Física Gleb Wataghin de la Universidad de Campinas (IFGW-Unicamp) y FAPESP
Estudios
Título de grado en ingeniería electrónica (Instituto Tecnológico de Aeronáutica), maestría y doctorado en ciencias en el IFGW-Unicamp
Producción
106 artículos científicos

En 2005, al asumir la Dirección Científica, usted calificó como optimista a su visión sobre el desarrollo científico brasileño. Quince años después, ¿mantiene ese optimismo?
Sigo siendo optimista. El momento actual es desfavorable, pero en São Paulo y en Brasil la actividad de investigación científica ha aumentado y ha mejorado mucho. Hoy en día tiene una mayor vitalidad, calidad, inserción internacional y visibilidad ante el público, y cuenta con más personal. En 2005 no me hubiera imaginado que en 2019 tendríamos un artículo defendiendo a la ciencia en el periódico O Globo firmado por políticos, incluyendo al presidente de la Cámara de Diputados. La investigación en ciencia y tecnología ha ganado espacio entre los valores de la sociedad brasileña y aparece más conectada con los retos que le interesan a la sociedad, ya sean emergencias o bien el avance intelectual puro.

Pese a los avances, la percepción indica que la ciencia viene siendo atacada.
Y es verdad. Eso forma parte de los aspectos desfavorables de la coyuntura, que no se limitan a la falta de financiación o a la crisis económica, sino que tienen que ver con una cuestión de credibilidad, con debates acerca del valor de la ciencia. Pero ese debate se está enfrentando bien. Las críticas y las agresiones a la ciencia hacen que la comunidad científica brasileña y del mundo se preocupe más por el efecto de los trabajos realizados y para tornar visibles sus resultados. Estamos transitando una curva ascendente de la ciencia en São Paulo y en todo Brasil. Incluso podría ser mejor si no hubiera algunos obstáculos. En estar en esa curva ascendente, actualmente resulta más efectivo defender a la ciencia que en 2005.

¿Qué relevancia tiene la FAPESP actualmente?
La Fundación sigue siendo enormemente relevante por dos razones. La primera a causa del presupuesto con que cuenta y de sus características: es estable, previsible y se aplica de una manera en la cual la comunidad científica le reconoce legitimidad. La segunda radica en que la Fundación pasó a trabajar en forma más eficaz, al establecer criterios para el acceso a sus recursos a los efectos de estimular e inducir comportamientos en las instituciones y entre los investigadores. Ambos aspectos se complementan.

No puede ser que un científico tenga que comunicarse con una agencia de viajes para comprarle el pasaje a un investigador visitante

¿Por ejemplo?
La FAPESP incide en los comportamientos cuando publica un código de buenas prácticas científicas, tal como lo hizo en 2011, y hace que el tema se torne visible de manera positiva y efectiva dentro de las instituciones. La adopción de buenas prácticas consiste en hacer prevención, capacitación y cálculos justos y rigurosos, promoviendo determinado comportamiento tanto a nivel institucional como individual. Antes nadie hablaba del tema y, cuando había un escándalo, todos prometían una sanción ejemplar. Ya no es así.

¿Hay otros ejemplos?
La tarea de la FAPESP exigiéndoles a las instituciones lo que nosotros denominamos apoyo institucional al investigador. El déficit en cuanto a ese sostén es uno de los obstáculos principales para poder mejorar la calidad y el impacto de la ciencia hecha en São Paulo. Si queremos que los científicos de São Paulo compitan con los de Stanford, la École Polytechnique o Cambridge, necesitan contar en sus instituciones con un apoyo similar al que poseen los investigadores de esas casas de estudio. Y no estamos ni cerca, si bien se ha progresado mucho. Hace unos tres años contábamos con 200 oficinas de apoyo institucional a la investigación científica en el estado, y eso no basta, serían necesarias 600. En 2005, si había 10 era mucho. Un científico no puede estar comunicándose con una agencia de viajes para comprarle el pasaje a un investigador visitante, ni encargarse de la rendición de cuentas de una ayuda que recibió, ni llamar al técnico que realiza el mantenimiento… Mientras tanto, sus colegas en Cambridge están redactando trabajos, dirigiendo alumnos, debatiendo con colegas y elaborando ideas. Con mayor apoyo institucional multiplicaremos el efecto del dinero concedido un 70% o acaso un 100%. Resulta esencial que una organización como la FAPESP les exija a las instituciones que cumplan ese rol.

¿Por qué esa tarea le cabe a la FAPESP?
Si una organización como la FAPESP no ejerce presión nadie lo incluirá en su agenda. La comunidad científica lo percibe, pero lo formula de un modo diferente, que “resulta necesario desburocratizar”. Eso no implica eliminar las reglas inherentes a una democracia para el uso de los recursos públicos. Significa aliviar la burocracia en manos y sobre las espaldas de los científicos. Durante décadas la FAPESP trabajó con el supuesto de que bastaría con proveerles recursos a los mejores científicos y que así la ciencia progresaría. Y lo hizo, pero cobró tal dimensión que sin el apoyo institucional ya no se logran avances significativos.

En cuanto a las estrategias que adoptó la Dirección Científica en estos últimos 15 años, ¿qué balance puede hacerse?
En gran medida, más allá de seleccionar proyectos de investigación, me dediqué a tratar de tratar de mejorar todo el sistema, como la marea que eleva a todas las embarcaciones al mismo tiempo, no solamente una o dos. Puede hacerse un programa exitoso en un área, pero el mismo puede formar parte de un sistema que empuja al resto hacia abajo. Desde mi primer día de trabajo, mi preocupación, descrita en el plan que le presenté al Consejo Superior de la FAPESP, consistió en decir: “El Proyecto Genoma fue algo sensacional, pero, ¿cuántas otras cosas no vislumbramos o no hicimos?”. Cuando se promueve un cierto comportamiento eso lo cambia todo, afecta a todas las áreas, a los jóvenes, a los viejos, a las instituciones afianzadas y a las emergentes.

¿La promoción de la cooperación internacional es un ejemplo de esa inducción?
Claro. Antes de 2005 la interacción internacional era debil. En la comunidad científica brasileña había –y aún hay– una especie de introversión. Cuando empezamos a instaurar ese estímulo, muchos investigadores se mostraron interesados y ocuparon puestos de liderazgo en colaboraciones internacionales. Hoy en día hay proyectos de gran relevancia concebidos en São Paulo, tales como el chip Sampa para el detector del CERN [Organización Europea para la Investigación Nuclear]; el líder del detector de neutrinos (Arapuca) del Fermilab, y los científicos de los programas de Bioenergía [Bioen], Cambios Climáticos y Biodiversidad [Biota] que son los líderes del informe mundial más importante sobre bioenergía sostenible. En Brasilia creían que la cooperación internacional consistía en exportar estudiantes. Para nosotros es concebir la investigación en conjunto, pelear codo a codo por la aprobación del proyecto aquí y en el exterior, y en caso de que se apruebe, trabajar en forma conjunta. Entonces ahí sí tiene sentido que los científicos y los estudiantes viajen. En la actualidad, casi el 15% de los proyectos temáticos se concretan en colaboración internacional desde el primer día. El porcentaje de artículos con coautores en São Paulo saltó de un 25% a un 45%.

Isabela Carrari/ Municipalidad de Santos Escollera construida en la playa de Santos (São Paulo) para atenuar el impacto de los cambios climáticosIsabela Carrari/ Municipalidad de Santos

¿Qué se hizo en aras de inducir la cooperación internacional?
Fuimos aprendiendo cómo trabajar con las principales agencias de financiación de la investigación científica del mundo. Las primeras que nos ayudaron fueron las del Reino Unido. Merced a una iniciativa del Consulado Británico, los Research Councils fueron receptivos y logramos montar nuestro primer acuerdo importante de cofinanciación, que incluyó proyectos de investigación completos en conjunto, pequeños, medianos y grandes. Nunca habíamos cofinanciado proyectos de gran envergadura con agencias del exterior. Esa experiencia nos permitió formalizar varios acuerdos internacionales con agencias importantes. Montamos una colaboración similar con la DFG, la agencia de investigación alemana, con la National Science Foundation [NSF], de Estados Unidos. Incorporamos aquí procedimientos de ellos, tales como el modo de organizar reuniones, tipos de formularios, cómo trabajar para obtener de nuestros asesores informes mejores y más detallados. Nuestro sistema mejoró por completo. Hoy en día la FAPESP es una de las agencias que ofrece más oportunidades de colaboración científica internacional de todo el mundo. Y esa es una de las razones por las cuales se transformó en protagonista de organizaciones internacionales, como es el caso del Global Research Council, que hizo aquí su reunión en 2019, y en la cual fui elegido como chair del goberning board [presidente del consejo directivo].

No solo hay interés en enviar brasileños al exterior, sino en traer extranjeros para acá. ¿Cuál fue el escollo principal para atraer a los buenos científicos del exterior?
De hecho, eso tuvo éxito solamente en forma parcial. En la estrategia de cooperación internacional de la FAPESP, uno de los valores que son importantísimos es el de la reciprocidad. Nos centramos en proyectos en colaboración en los cuales la contribución de los científicos de São Paulo sea comparable con la de los colegas de otros países. Eso es algo que eleva el nivel. Una parte de esa reciprocidad se transforma en acción cuando insistimos en traer gente de afuera. Eso es difícil de lograr, porque aunque la FAPESP trabaja bien, existen muchos otros problemas, como por ejemplo el “costo Brasil”. Pero incluso con eso en contra, la cantidad de gente que no es de São Paulo en la lista de becarios ha aumentado. Traemos investigadores de otros estados, algo que también es importante. Y ha aumentado la cantidad de científicos extranjeros, tan es así que el 20% de los becarios de posdoctorado provienen del exterior. Es gente de todos lados, de Francia, Canadá, India, Pakistán, Alemania… Hemos detectado una cierta cantidad de proyectos liderados por científicos que trajimos de Europa en algunas empresas que recibieron financiación del programa Pipe [Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas]. Ellos vinieron con becas posdoctorales, se quedaron aquí y ahora están liderando la investigación en empresas.

En esa estrategia había tres pilares: traer científicos del exterior, enviar investigadores afuera y realizar proyectos en colaboración. ¿Cada uno de ellos tiene una importancia específica?
Gastamos más dinero en las Bepe [Becas de Pasantía de Investigación en el Exterior] y en proyectos en colaboración que trayendo investigadores de afuera. Siempre que es posible tratamos de hacer que los destinos de los estudiantes de las Bepe o las invitaciones a investigadores extranjeros vayan aparejados con investigaciones conjuntas. La idea es que los tres instrumentos funcionen en forma articulada. Ese es el caso del Spec [São Paulo Excellence Chair], un programa que crea la oportunidad de que científicos destacados pasen una temporada aquí como líderes de proyectos, interactuando con estudiantes y trabajando en el sector durante cierta cantidad de semanas al año. El Spec genera muchas oportunidades. Uno de esos científicos, Emilio Moran, forma parte del National Science Board de Estados Unidos, que es el Consejo Superior de la NSF. Nuestra estrategia no está enfocada en la repatriación, sino en traer a trabajar en Brasil a científicos de excelencia, sean brasileños o no.

Entre 2005 y 2015, la FAPESP amplió su cooperación con otras instituciones brasileñas, tales como otras fundaciones de apoyo a la investigación científica de los estados (FAPs) e instituciones federales.
Cuando me postulé para el cargo, sostuve que la FAPESP debía profundizar las oportunidades de colaborar con otras entidades interesadas en C&T en Brasil: BNDES, Finep, CNPq y Capes. Nos dedicamos a buscar oportunidades. De 2005 a 2013, parte de la estrategia de las agencias federales consistió en lograr una buena interacción con las FAPs. En 2005 elevamos un proyecto a la Finep, y hoy en día el Pappe Subvenção sigue cofinanciando proyectos de la fase 3 del Pipe. La FAPESP colaboró en el montaje de un gran programa del CNPq que es el de los INCT [Institutos Nacionales de Ciencia y Tecnología], en el que es la segunda financiadora. Más adelante logramos un acuerdo excelente con la Capes para financiar los programas de becas, por un monto de 240 millones de reales, 167 de los cuales ya se desembolsaron. Y también conseguimos algo inusual, que el BNDES se asociara a una agencia de financiación para hacer investigación: construimos el laboratorio de estructuras leves del IPT en la localidad de São José dos Campos. Firmamos convenios con algunas FAPs –de Pernambuco, de Minas Gerais, de Río de Janeiro– y, recientemente, empezamos a entablar acuerdos más amplios con muchas otras. La colaboración ha avanzado mucho.

¿Cómo se insertó la FAPESP en el esfuerzo en pro de estimular la innovación y la interacción entre las universidades y las empresas?
La innovación puede incluir investigación o no, y la FAPESP solo trabaja con investigación científica. Si esa tarea conduce a la innovación, la FAPESP puede colaborar. He visto y también he participado en reuniones, debates y peleas en donde se le atribuye a la FAPESP la misión de apoyar la innovación lato sensu, algo que sería contrario a la ley. Nos abocamos a ampliar el perfil de la Fundación en la investigación para la innovación, con el propósito de que más allá de recibir proyectos de investigadores, se firmen acuerdos con empresas para cofinanciar proyectos del Pite [Programa de Apoyo a la Investigación en Asociación para la Innovación Tecnológica]. Emitimos convocatorias en colaboración con decenas de empresas, entre ellas, Oxiteno, Braskem, Intel, Microsoft, Vale y varias farmacéuticas. Así fue que pudimos elevar la cantidad de proyectos Pite y el monto destinado a los proyectos. En 2013 surgió la idea de los Centros de Investigaciones en Ingeniería [CPE, en portugués], un proyecto híbrido de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión [Cepid] y el Pite. Son centros cofinanciados por empresas por un lapso de 10 años. Ya contamos con 16 de ellos y próximamente habrá otros dos sobre inteligencia artificial, uno referido al agua y otro más, de la primera infancia. Incluso acordamos colaboraciones con empresas internacionales que nunca habían hecho investigación científica en Brasil. La otra forma de hacer investigación en empresas –el Pipe– demoró algo más porque tuvimos que aprender cosas nuevas. La reforma la hicimos en el transcurso.

Léo Ramos Chaves Con Jorge Tezon, del Conicet de Argentina, y Peter Strohschneider, de la German Research FoundationLéo Ramos Chaves

¿Cómo fue eso?
La primera parte de la reforma implicó aprender junto a la NSF cómo seleccionaban ellos los proyectos de pequeñas empresas. Hice un análisis del Pipe y viajé allá para charlarlo con ellos. Eso fue muy útil, porque introdujimos un nuevo procedimiento: traer expertos en lugar de evaluar en las coordinaciones mejoró mucho la calidad del análisis. Y después nos dedicamos a darle mayor visibilidad al programa. Comenzamos a promocionarlo y a promover reuniones orientativas para hacer proyectos de calidad. Creamos una ceremonia anual en la cual se anuncian las propuestas aprobadas. Como resultado de ello, en los últimos tres o cuatro años registramos una mayor cantidad de proyectos aprobados y el volumen de inversiones acordadas crece anualmente. Esos proyectos con empresas, a los cuales denomino investigación “en” y “con” empresas –Pipe y Pite, respectivamente–, utilizaron el año pasado alrededor del 10% del presupuesto de la Fundación, algo que nunca había ocurrido antes. Eso fue algo que prosperó.

¿Cuáles fueron los impactos de esas iniciativas en el ámbito académico y en la economía?
Lo primero que se identificó en una evaluación que finalizó en 2009 es que la intervención de la FAPESP torna viable que una empresa invierta en un proyecto otro monto bastante mayor de recursos propios. Otra forma de dar cuenta de ese impacto fue un gráfico que salió publicado en la revista Pesquisa FAPESP, que muestra cuántos empleados tenían las empresas antes de iniciar el proyecto Pipe y cuántos informaron después [lea el suplemento Pipe FAPESP – 20 años de innovación]. En el caso de la firma InVitro, por ejemplo, comenzó con 30 y pasó a tener 268 empleados; y Griaule, pasó de 5 a 45. En el Pite, la cantidad de empresas que nos consultan para instaurar esos centros de investigación en ingeniería aumentó mucho, de lo que se deduce que algún resultado da. Pero eso es algo que está implícito. El impacto más explícito fue que se disipó esa visión de que el proyecto en colaboración con empresas es mediocre, que era un escollo en la carrera del investigador y del estudiante.

Un prejuicio histórico…
Es un juicio. Prejuicio es cuando uno juzga sin saber. Pero los científicos veían lo que ocurría antes: la mayoría de los proyectos se reducían a una mera consultoría. Muchas organizaciones todavía confunden investigación colaborativa con consultoría subsidiada. El Pite ayudó a modificar esa visión y los CPE la disiparon por totalmente. Todas las empresas que se asociaron con nosotros en el marco de los CPE pretenden hacer investigación avanzada. No buscan hacer investigación incremental, quieren crear el futuro. Eso queda patente en los pliegos, que despertaron un alto interés en el seno de la comunidad científica, lo que coincide con la manera en que una agencia como la FAPESP debe implicarse. Tal como yo lo veo, solo tiene sentido destinar recursos públicos como ayuda a la investigación para la innovación si eso hace que una empresa produzca algo que no haría solamente con su propio capital. El objetivo debe ser lo suficientemente complicado, riesgoso o incierto como para poder percibir que la empresa no lo haría por sí sola. El dinero de los contribuyentes se utiliza para reducir el riesgo. De esa manera, estamos aportando algo al sistema. De no ser así, la empresa podría decir: “Ahora que tenemos el subsidio del gobierno, lo que invertiríamos en investigación lo asignamos al marketing, o a la distribución de dividendos…”

En las universidades hay un potencial que las empresas brasileñas no utilizan en forma suficiente

¿Eso fue lo que motivó su trabajo reciente indicando un aumento del 14% anual, entre 1980 y 2016, en la colaboración entre universidades y empresas?
En parte sí. Yo veía que aquí en la FAPESP había una cantidad de proyectos con empresas, las pequeñas que empleaban estudiantes y pasantes de posdoctorado, las grandes que hacían colaboraciones. Sin embargo, cuando uno asiste a alguna reunión para hablar de colaboración entre universidades y empresas, el punto de partida resulta ser que no existe, o es débil o incipiente. Eso me llevó a plantearme una duda. ¿Cómo es que observo tanta demanda y todos dicen lo contrario? Me puse a recabar datos y solo hallé evidencias anecdóticas. Se trata de un incordio basado en casos. Y también se basa en la creencia de que en Estados Unidos las que financian la investigación en las universidades son las empresas. Eso no es cierto, casi dos tercios de la financiación la aporta el gobierno federal, un tercio las gobernaciones de los respectivos estados y solamente un 6% las empresas. Comencé a buscar indicadores y descubrí dos cosas. Una es que la USP y la Unicamp reciben aportes económicos de empresas, en forma proporcional al dinero que reciben externamente, lo que las ubica al mismo nivel que las 10 mayores universidades de Estados Unidos. La segunda es lamentable: el resto de las universidades de Brasil no lo registran. No saben cuánto dinero recibieron de las empresas.

¿Ahí fue que surgió en Brasil la idea de hacer el recuento de los papers entre universidades y empresas?
Exacto. Yo asistía a una conferencia de un investigador de la Universidad de Leiden, aquí en la FAPESP, que versaba sobre cómo medir la colaboración de las universidades con las empresas por medio de la coautoría en artículos científicos. Él reveló los resultados de Brasil, basándose en datos de la Web of Science, que registraba unos 10 papers. Me pareció espectacular esa idea de un recuento de las coautorías, pero me percaté de que no lo estaban haciendo correctamente. Ellos no sabían que Apis Flora, InVitro o Griaule son empresas. Para ellos, una empresa es IBM, GSK, Novartis o Microsoft. Durante la charla, busqué en la base de datos artículos que incluyeran los términos *ltda.* y *corp.*. Aparecieron un montón. Entonces pensé: aquí hay algo. La empresa Clarivate Analytics se disponía a elaborar un informe y yo me quejé y afirmé que el porcentaje de coautoría con empresas era erróneo. Lo propio sucedió con Elsevier y los datos de la base Scopus. Busqué todos los artículos de Brasil, eliminé todo lo que correspondía a hospitales y universidades y fui marcando el resto. Cotejé una por una, porque algunas no figuraban ni como ltda., ni como corp., ni tampoco como sociedad anónima. Demandó tres o cuatro semanas chequear los más de 400 mil artículos. El informe de Clarivate demostró que no es cierto que sean tan pocos. Y para mí eso fue valioso: revela que es lo contrario de lo que todos creen.

¿Será quizá que resulta difícil vislumbrar en forma clara cuál es la riqueza que se genera en cada colaboración?
Así es, es difícil verlo en todas partes. El estudio demostró que gran parte de las interacciones, tal vez casi la mitad, es con empresas extranjeras. Ellas acuden aquí a buscar los conocimientos de los científicos que trabajan en las universidades, algo que las empresas de Brasil no buscan. En las universidades hay un potencial y un valor que las empresas de Brasil no están utilizando en forma suficiente.

Pasamos a invertir la mayor parte de los recursos en proyectos audaces y competitivos a nivel mundial

En los últimos años, los indicadores de innovación en las empresas se estancaron. ¿Por qué ellos parecen estar disociados de esos indicadores de la colaboración entre universidades y empresas?
Ese es otro de mis hallazgos mientras elaboraba los indicadores de la FAPESP. La disociación aparece en otro punto. En el estado de São Paulo, el 57% de los investigadores corresponde a personal de empresas. De los 25 mil millones de reales que se invierten en investigación científica en el estado, el 60% lo aportaron las empresas, que les pagan a 47 mil científicos. El punto es: ¿por qué gastan tanto dinero y no vemos resultados tan notables como los de las empresas de otros países? La sección Datos de Pesquisa FAPESP publicó hace unos años un gráfico educativo que muestra por qué los indicadores de innovación derrapan. Ese gráfico apunta, en los países seleccionados, la cantidad de patentes, la cifra de investigadores que trabajan en las empresas y cuántas patentes obtiene cada grupo de 10 mil investigadores. En Japón y en Corea del Sur, se registran 900 patentes por cada 10 mil científicos. En Brasil, se mantienen 10 mil investigadores y cada año se registran 29 ideas que devienen en patentes. Los 47 mil científicos que trabajan en las empresas locales lo hacen con una agenda de investigación pésima. No es que no se esfuerzan. Hace falta una agenda más audaz e impulsada por la búsqueda de oportunidades internacionales.

Hablemos de algunos de los programas de la FAPESP. El Bioen tuvo cinco vertientes: mejoramiento de la caña de azúcar, fabricación de biocombustibles, motores alimentados con etanol, biorrefinerías e impactos sociales y ambientales. ¿En cuáles de ellas se registraron mayores resultados?
Todas tuvieron resultados importantes, pero los de mayor impacto fueron los referentes a la sostenibilidad de los biocombustibles, en el trabajo cuyo resultado fue el informe Scope [Comité Científico sobre los Problemas del Medio Ambiente]. Bioenergy & Sustainability: Bridging the gaps se transformó en una obra obligatoria en ese aspecto y fue ilustrativo de esta estrategia tan nuestra en la cual todos colaboran internacionalmente con afán de protagonismo. En ese informe, tres brasileños lideraron a un equipo conformado por 137 investigadores de 80 instituciones de 24 países.

¿Cuál fue la contribución de ese informe?
Fue algo muy singular e importante para Brasil: definir en qué condiciones pueden elaborarse de manera sostenible los biocombustibles producidos a gran escala. El escollo principal para la expansión en el mundo de los biocombustibles ha sido la crítica de que eso generaría hambrunas y destruiría selvas. En general, esas objeciones surgen de estudios liderados por europeos. En ese informe participaron científicos alemanes, neerlandeses, franceses y estadounidenses, y se arribó a un resultado razonable, develando cuál es la manera errónea y cuál la acertada de hacer las cosas en esa área. En general, la forma errónea no es la manera en que se hacen las cosas aquí.

El programa de Investigaciones sobre Cambios Climáticos Globales fue lanzado con el objetivo de colaborar en la toma de decisiones sobre análisis de riesgo y estrategias de mitigación y adaptación. Ese tema no parece conmover a las áreas del Poder Ejecutivo ni del Congreso. ¿Por qué ocurre eso?
No sé si eso es tan así. Los informes sobre el aumento del nivel del mar están induciendo en los municipios del litoral la creación de leyes y reglamentaciones. Si se lo compara con el Biota, tal vez los resultados no sean tan visibles porque se trata de un tema más complicado. Las consecuencias son futuras: se trata de invertir ahora para no sufrir las consecuencias de aquí a 50 años. No son solo los políticos los que se oponen. Por eso existe ese debate a nivel mundial, que se profundizó un poco a causa de las reacciones necias de ciertos políticos. Eso derivó en una oleada a favor de la valoración de las investigaciones, de los resultados. Es cierto que hay partes del programa que podrían haberse hecho mejor. Pero así son las cosas. Con frecuencia, el reto al que se enfrentan esos programas consiste en lograr que los científicos ajusten un poco sus intereses para trabajar en conjunto y que eso eleve la calidad y la efectividad de los resultados. El rol que cumple una organización como la FAPESP consiste en liderar y estimular desde el convencimiento y la persuasión.

¿Algún otro programa aportó resultados destacados?
Los programas mencionados están orientados por temas. Otra parte de nuestras actividades tiene que ver con los programas tradicionales de la FAPESP, que afrontaron un gran cambio en cuanto a la distribución de las inversiones. Hace 13 ó 15 años invertíamos más dinero en proyectos de corta duración, las ayudas regulares; ahora estamos invirtiendo la mayor parte de los recursos en ayudas audaces y competitivas a nivel mundial, que son los proyectos temáticos, los Cepid y el programa Joven Investigador. La parte destinada a ayudas individuales disminuyó y la de los proyectos con equipos mayores aumentó. Esto se hizo en forma intencional y prudente, e implicó convencer a los asesores para disminuir las restricciones a las investigaciones con riesgo mayor. La investigación implica un riesgo. Hay que pensarlo así: no sé si saldrá bien, pero este equipo que lo propone, ¿ya hizo un proyecto complicado antes? Si así fuera, es una buena razón para apostar a eso. Lo que define a un proyecto audaz es la envergadura del problema que enfrenta y cómo pretende hacerlo; si se trata de afrontar un problema que nadie ha abordado antes, o al menos no de esa forma, y si el proyecto puede conducir a un grado de comprensión notoriamente mejor que el que se tiene en la actualidad.

¿Cómo ha podido lidiar la FAPESP con la demanda creciente de la comunidad, con muchos programas complejos e innumerables acuerdos internacionales?
Entre 2005 y 2013, aumentaron la demanda y los ingresos reales de la Fundación. Entre 2005 y 2014 logramos acumular recursos, recuperando parte de la reserva del fondo patrimonial que se perdió durante la crisis de 2001 a 2005. Aumentamos la cantidad de concesiones y dimos comienzo a una estrategia de desplazamiento de los proyectos cortos a los de mayor aliento y audaces. En 2013 empezamos a vislumbrar un horizonte de crisis, que hasta ahora ha venido empeorando. De ahí en adelante la demanda se aplanó sorprendentemente. No sabría explicar por qué. Ante la crisis de ingresos, debido a la evolución de la economía brasileña y paulista, hicimos más riguroso el proceso de concesión de becas y ayudas. La tasa de éxito, que estaba en un 55%, descendió al 40%, y vamos hacia un 38%, porque la crisis se mantiene. A partir de 2014 el Consejo Superior permitió que usemos parte del fondo para continuar con la ley cero de la FAPESP, que establece que todo lo que se contrató será pagado. En simultáneo, tuvimos que contratar menos proyectos para reducir los compromisos futuros. Antes de 2001, la tasa de éxito de aprobación de proyectos se ubicaba entre el 75% y el 80%; de 2001 a 2005 fue del 40% al 45%; de 2005 a 2009 aumentó al 55%; y en 2014 fue de un 40%. Nada mal si se lo compara con las principales agencias científicas del mundo. Y ese es el promedio de todo lo que evaluamos. Aprobamos el 60% de las solicitudes de becas de iniciación a la investigación científica y el 28% de los proyectos temáticos. Los NIH [Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos] aprueban el 11% cuando se trata de proyectos con un plazo de 5 años. La NSF, un 17%. Cuando se es más competitivo, el sistema mejora en cuanto a su calidad. Cada investigador debe esmerarse mucho más en su proyecto.

Fragmento del artículo publicado el 5/11/2019 en el periódico O Globo, firmado por el presidente de la Cámara de Diputados y líderes de los partidos

La FAPESP se ha venido abocando a producir indicadores de C&T. ¿Cuál es el balance que se hace en relación con la capacidad de producir información que ayuda a tomar decisiones?
Lo que cambió fue que conectamos los indicadores con el montaje de estrategias de la FAPESP. Mi manera de trabajar valora el acceso a los indicadores. Estimulé la producción de indicadores sobre el mundo exterior y sobre la FAPESP. Al analizar los indicadores podemos, por ejemplo, crear una coordinación de área nueva. Hoy en día, si alguien consulta la Biblioteca Virtual [bv.fapesp.br/], puede comprobar cuántas ayudas fueron aprobadas en cualquier área. Se facilita saber lo que sucede y es posible utilizarlo para tomar decisiones. Para los indicadores de C&T, luego de 2015, con la llegada del profesor [Carlos Américo] Pacheco, se estructuró un esfuerzo más sólido aún en el directorio de la presidencia del CTA [Consejo Técnico Administrativo].

De sus palabras se deduce que la FAPESP trabaja en pos de un impacto social, económico e intelectual científico. ¿Ese trípode debería ser equitativo o cada pata tendría que tener una importancia acorde al momento?
El impacto de la investigación científico debe ser visible en esas tres dimensiones. Pero nunca dije que cada proyecto deba abarcar las tres. El sistema en su totalidad debe incluir esa tríada. A una agencia como la FAPESP y al gobierno, les cabe hallar el equilibrio adecuado, que es un equilibrio dinámico. Hay épocas en las que apostamos por más o menos investigación aplicada, dependiendo de los problemas que se nos presentan.

¿Eso ha cambiado en los últimos 15 años?
No sé si hubo un cambio relativo. Logramos generar mayor impacto en las tres dimensiones. Notamos más efectos de la investigación en las empresas, hay más coautoría, más proyectos colaborativos. Conseguimos un mayor impacto de la ciencia, porque se registran más citas de los trabajos, una mayor presencia internacional. Y también logramos un mayor impacto social, que se hace visible en los decretos relativos al medio ambiente basados en los resultados del Biota o en el estudio sobre el efecto de la investigación en agricultura sobre la producción de alimentos. Hay otras cosas que son más difíciles de medir, pero no de identificar. Por ejemplo, el aumento en la calidad de atención en los hospitales en función de mejores protocolos, que son fruto de las investigaciones financiadas por la Fundación. Como ejemplo, basta recordar la secuenciación reciente del genoma del virus del covid-19 (lea el reportaje). Mejoramos en las tres dimensiones.

En este escenario de restricción, de bajo crecimiento, ¿cómo se financia la ciencia? ¿Se puede hacer algo?
Hasta cierto punto, se puede convivir con una coyuntura de restricción elevando las referencias para escoger qué financiar o no. Pero si se supera cierto límite, la selección puede derivar en una lotería indefendible. En la FAPESP no estamos cerca de ese punto. Pero cuando el caso es como lo que ocurre en el CNPq, en donde el recorte a las asignaciones de fomento llega al 80%, ya se está en esa situación. El principal efecto negativo de la crisis radica en que no estamos sentando las bases de un futuro con más y mejor ciencia. Ya hace bastante tiempo que no generamos nuevos espacios dedicados a la ciencia, ni más universidades o departamentos competitivos. Se hizo algo entre 2005 y 2012, siguiendo criterios con los cuales yo no estaría de acuerdo totalmente, pero se hizo. En lo concerniente a São Paulo, la UFABC se transformó en un polo importante de investigación científica en Brasil y en el mundo. La Federal de São Carlos ha incrementado su producción. Con mucho tesón, se logró hacer la fuente de luz sincrotrón Sirius, una realización respetable, pero Brasil necesita más. Tal vez el mejor camino consista en tener más organizaciones con una estructura más manejable y con buena calificación. Podrían ser universidades o institutos abocados a problemas que haya que resolver. O bien empresas de investigación y desarrollo intensivos.

¿Esa idea de contar con más instituciones no debería incluir a las privadas?
Por supuesto que sí. En São Paulo apareció algo nuevo que son las instituciones privadas dedicadas a la investigación. Cuando en 2005 elaborábamos los indicadores, ellas ni figuraban. Y ahora vemos que están el instituto del Hospital Sírio-Libanês, el del Hospital Albert Einstein, el Instituto Eldorado, CPqD, Fundecitrus y muchos otros. Con la ayuda de la FAPESP, la Universidade Mackenzie invirtió recursos considerables y construyó un importante centro de investigaciones en grafeno. Las nuevas instituciones de investigación y educación superior pueden ser privadas o públicas. Cuando comparo al estado de São Paulo con España, que son dos entidades con más de 40 millones de habitantes, veo que España cuenta con más de 40 universidades públicas, y São Paulo tiene seis. Esa cifra lo muestra mejor, ¿cierto?

¿Qué hará a partir del mes de mayo?
Aquí en la FAPESP tuve el gusto de trabajar con un equipo excepcional, de personal y miembros de las coordinaciones. La satisfacción de interactuar con los científicos de esas coordinaciones es enorme, algo difícil de expresar con palabras. Ellos valoran la buena investigación porque saben lo que significa investigar, aman la ciencia, la tecnología, y rebosan de ideas y de pasión por las mismas. Este tipo de ambiente no se encuentra en muchos lugares. La dirección y el consejo siempre fueron muy positivos e institucionales, tanto en las convergencias como en las divergencias. No sé qué haré después de abril. Ahora el mundo quedó cabeza abajo con este tema del virus, todo se hace más complejo. Creo que el grupo de investigación en el Instituto de Física de la Unicamp me aceptará nuevamente. Pero por si acaso, puede que sea bueno que lea los avisos clasificados.

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