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Entrevista

Científica de Cabo Verde advierte sobre el peligro de las desigualdades en las redes de investigación

La socióloga y politóloga Eurídice Monteiro pone de relieve la voz de África en el diálogo global en ciencia

La investigadora en São Paulo: “La cooperación científica no ha sido de lo más justa”

Léo Ramos Chaves/Revista Pesquisa FAPESP

La ciencia abierta constituye un conjunto de prácticas que alienta la construcción del conocimiento en redes de colaboración y propugna el acceso libre a los resultados de las investigaciones, y no está exenta de efectos colaterales. Aunque apunta a democratizar los procesos y las aplicaciones de la ciencia, su dinámica colaborativa puede acentuar las desigualdades cuando los grandes consorcios internacionales captan a científicos de países en donde la inversión en investigación científica es escasa y que son altamente dependientes de la cooperación, como es el caso de muchas naciones del continente africano.

Para la socióloga y politóloga Eurídice Monteiro, de la Universidad de Cabo Verde, la ciencia abierta brinda oportunidades valiosas a aquellas naciones en donde el desarrollo científico es incipiente, al impulsar la internacionalización de su investigación, pero también entraña riesgos, como el de tratar a la contribución de sus investigadores de manera subalterna. “África debe ser reconocida como productora legítima de saberes e interpretaciones sobre el mundo”, afirmó Monteiro el 27 de junio, al abordar los desafíos de la ciencia abierta durante una conferencia dictada en el auditorio de la FAPESP, en la ciudad de São Paulo.

La investigadora habló del tema con la experiencia de quien ha recurrido al apoyo internacional para su formación ‒cursó su carrera de grado y su doctorado en la Universidad de Coímbra, en Portugal‒ y conoce muy bien la realidad de la ciencia en África. Entre mayo de 2021 y febrero de 2025, fue secretaria de Estado de Educación Superior del gobierno de Cabo Verde. Poco antes de partir desde Brasil hacia Lisboa, le concedió a Pesquisa FAPESP la siguiente entrevista.

En su conferencia usted afirmó que la ciencia abierta, si bien puede contribuir a democratizar el acceso al conocimiento, también puede acrecentar las desigualdades. ¿Cómo es que esto sucede?
La ciencia abierta tiene algunos aspectos importantes, entre ellos la libre disposición de la producción científica para todos y la compartición de las infraestructuras que contribuyen a que la comunidad académica mundial conozca los trabajos que produce cada comunidad regional. Pero es necesario cuestionar las condiciones en que se produce la ciencia para garantizar que todos los países sean reconocidos como productores legítimos de saberes e interpretaciones sobre el mundo. Si las prácticas de la ciencia abierta no son puestas en tela de juicio, corremos el riesgo de acentuar la hegemonía de países o comunidades que cuentan con mejores condiciones para posicionarse. Queremos acceder al conocimiento y no meramente importar el conocimiento que han producido otros.

¿Cómo ve el tema de que un investigador de un país central recabe datos de un lugar con la ayuda de colaboradores locales y se marche sin haber establecido colaboraciones respetuosas y a menudo privando a esos colaboradores de la coautoría en publicaciones y patentes?
No faltan los cuestionamientos en cuanto a prácticas de esta índole que, en contextos africanos, convierten a los colaboradores locales en meros informantes privilegiados. Observamos estas disparidades en la relación norte-sur, pero incluso dentro de África las comunidades académicas no son homogéneas. Si partiéramos de Sudáfrica en dirección a Cabo Verde o Guinea-Bisáu, notaríamos que existe una disparidad en las condiciones de producción y reparta del conocimiento. Lo que nos preocupa es esta relación con los polos hegemónicos de producción científica, y la cooperación científica no ha sido la más justa. Necesitamos que la cooperación contribuya a proporcionar dignidad al investigador local que participe en la dinámica global de producción de conocimientos.

¿Qué debería cambiar?
En África, debido a la dimensión que ha adquirido la internacionalización ‒que se ha convertido en un elemento fundamental en la evaluación de las instituciones y de los propios científicos‒, cualquier investigador siente la necesidad de producir conocimiento en colaboración. Lo que se plantea es la condición de la colaboración. Cuanto más confortable e integrador sea el ambiente en el que se produce el conocimiento, mejor serán para todos los resultados de la investigación y el proceso de producción y distribución.

Si no se cuestionan las prácticas de la ciencia abierta, corremos el riesgo de acentuar la hegemonía de ciertos países

¿Qué pierde la ciencia cuando las colaboraciones son asimétricas?
Supongamos que las comunidades científicas se cerraran sobre sí mismas como si fuesen islas. Esto significaría que solamente conocerían su propia producción. Reivindicamos nuestra condición de sujetos de producción de conocimiento, no de objetos de observación ajena.

¿Cómo se ha ampliado la producción científica africana?
Hemos constatado una transformación en las condiciones de investigación dentro del contexto africano, tanto a nivel tecnológico y científico como en la formación de nuevos investigadores, aunque en buena medida hayan salido del continente y permanecido en la diáspora, sobre todo en Europa y Estados Unidos. Cabo Verde, por ejemplo, es un pequeño país insular. Nuestra comunidad académica es pequeña, pero tenemos una comunidad científica más numerosa viviendo afuera. Nuestras universidades han sido creadas recientemente y se han dinamizado en torno a la enseñanza. Estamos atravesando una fase de creación de una dinámica interna de investigación, que ha quedado relegada a un plano secundario debido a la falta de financiación. La estrategia a la que hemos apelado consiste en promover las colaboraciones internacionales.

¿Cómo financia la ciencia Cabo Verde?
Estamos intentando estructurar un mecanismo nacional de financiación de la ciencia, pero lo que ahora mismo existe son formas fragmentadas. Hay mecanismos aislados que de alguna manera ayudan a la formación científica, a través de becas de estudios. La financiación actual en Cabo Verde está muy ligada a la cooperación científica. Tenemos casi 2.000 personas dedicadas a la investigación y a la enseñanza superior con grados de magíster o de doctor. Nuestra comunidad está muy abierta a las redes internacionales. Sin ellas, no podríamos hacer gran cosa.

¿Cómo fue que se involucró en cuestiones de política científica y tecnológica?
Mi formación hasta que terminé la secundaria fue en Cabo Verde. Después de eso obtuve una beca del gobierno portugués que me permitió estudiar en la Universidad de Coímbra. Allí pude continuar con mi formación, con la ayuda de becas de la Fundación para la Ciencia y la Tecnología de Portugal. Pude viajar a Estados Unidos y a otros países gracias a iniciativas de cooperación científica. Mi país no financia los desplazamientos de los investigadores ni dentro ni fuera de Cabo Verde. Mi interés por las políticas científicas surgió cuando participaba en eventos internacionales, veía mi situación y la comparaba con la de otros investigadores. Esto fue despertando en mí una preocupación con la necesidad de crear en África mecanismos que permitan mejorar la situación de los científicos.

¿Cómo fue posible abordar esas estrategias durante el tiempo que estuvo en el gobierno?
Hay mucho por hacer. En mi caso, no me dejaron hacer demasiado, porque los recursos son limitados y los conflictos de intereses, relacionados con la disputa por los recursos y las posturas díspares, son muchos. Seguiré contribuyendo al progreso científico de Cabo Verde por otras vías. Aporté a la administración pública mucho de la experiencia académica que poseía y de las redes en las que participaba y eso me ayudó a plantear cuestiones importantes. Durante casi cuatro años mantuve una agenda centrada en mejorar las condiciones de la producción científica y la calidad de la educación superior, y mis colegas académicos se mostraron solidarios.

¿Sus colaboraciones de investigación científica tienen alguna relación con Brasil?
Mantengo colaboraciones en el área de la educación, de la democracia y la participación política, en estudios sobre género y cuestiones raciales. Cabo Verde también fue colonizado por Portugal y tuvo en la dimensión de la esclavitud una base de su formación social. En Brasil hay un gran debate en materia de acciones afirmativas, inclusión social y lucha contra el racismo, que hoy en día son cuestiones globales. Esto es algo que nos convoca, porque somos producto de ese tránsito transatlántico de esclavizados que derivó en el racismo actualmente existente en el mundo.

Este artículo salió publicado con el título “Eurídice Monteiro: Nadie es una isla” en la edición impresa n° 354 de agosto de 2025.

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