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Patrimonio

Con los pies sobre la historia

Investigadores acompañan las luchas de las comunidades descendientes de cimarrones de Vale do Ribeira en defensa de sus territorios y sus tradiciones

Una tradición que renace: la cosecha comunitaria de arroz. En la imagen, Leide Miranda Jorge

EDUARDO CESARUna tradición que renace: la cosecha comunitaria de arroz. En la imagen, Leide Miranda JorgeEDUARDO CESAR

“Acá hacemos dos cosas importantes. Salimos del yo para trabajar por el nosotros, y salimos de lo mío para trabajar por lo nuestro”, sintetizó Benedito Alves da Silva, más conocido por don Ditão, sentado sobre una mesa de madera baja y gruesa al frente del altar de la iglesia Nossa Senhora do Rosário dos Homens Pretos, en el corazón del barrio rural de Ivaporunduva, municipio de Eldorado, en medio de la mayor área continua de Bosque Atlántico de Brasil, en el sudoeste paulista. Su voz calma se propagaba por la iglesia de paredes pintadas de blanco, con puertas anchas de madera verde y vigas de madera reforzadas con placas de acero, construida por los esclavos e inaugurada en 1791. Adelante, al comenzar la tarde del día 11 de mayo de 2015, se encontraba un grupo de preadolescentes de una escuela de Uberaba, Minas Gerais, rodeados por profesores y preceptores de camiseta anaranjada. “¿Qué es lo mío? La casa, la ropa”, prosiguió el hombre alto de 60 años, canoso, de piel negra lisa como si tuviese 30 años menos. “¿Y qué es lo nuestro? La tierra”. Don Ditão divide su tiempo entre el cuidado de su plantación de bananas y hortalizas y el hablar de su pueblo y responder a las preguntas de los grupos escolares que llegan casi todos los días.

“¿Usted viene a ser como un alcalde acá?”, le preguntó uno de los chicos, fascinado ante las historias de sufrimiento, sacrificio y resistencia, seguidas por investigadores de la Universidad de São Paulo (USP) y de la Universidad de Campinas (Unicamp) desde 2003. Don Ditão, ahora con una amplia sonrisa, explicó que él era solamente uno de los líderes de la comunidad, pero que ya había sido presidente de la asociación de vecinos, y que administra la hostería donde se habían hospedado los visitantes para pasar aquel día y el siguiente. Tras media hora de charla, todos salieron, caminaron un rato y se detuvieron delante de una casa hecha de bajareque. Don Ditão explicó cómo se la construía –con madera y lianas para la estructura, barro para las paredes y paja para el techo– y luego los chicos se divirtieron amasando el barro con los pies para cubrir una de las paredes.

074-081__Quilombolas_232Al lado de la casa de bajareque, hoy en día poco usada, hay otra de mampostería, con tres antenas parabólicas de televisión satelital. Las señales de modernidad y confort son recientes. Hace sólo 10 años, los habitantes de Ivaporunduva, luego de constantes reivindicaciones, recibieron la luz eléctrica, se instaló la primera escuela –antes los niños debían levantarse a las tres de la mañana para ir en canoa a estudiar a la ciudad‒, acceso a internet y un puente de hormigón sobre el río Ribeira de Iguape. A otros barrios se sigue llegando en barco o en balsa, y a uno de ellos se accede únicamente a través de un sendero en el monte y con tres horas de caminata.

Lo que más ha cambiado, que aún genera conflictos y es lo que define las relaciones sociales y el modo de vivir en las 66 comunidades autodenominadas descendientes de palenques, o de quilombolas, en Vale do Ribeira, es la forma de apropiación y uso del territorio. Los quilombolas eran esclavos o exesclavos negros refugiados en locales llamados palenques o quilombos durante y después del período de la esclavitud en Brasil, abolida oficialmente en 1888. “En 200 años, pasamos de la completa ausencia de Estado sobre el territorio a un cuadro complejo, con la participación de muchos actores públicos y privados, con leyes cada vez más restrictivas en cuanto al uso de la tierra”, sostiene Célia Futemma, bióloga con posgrado en Antropología e investigadora de la Unicamp, quien visitó los barrios de palenques de Vale do Ribeira por primera vez en 2008. Con su trabajo, Futemma amplió los estudios iniciados cinco años antes en la zona por el antropólogo Rui Murrieta y por la ecóloga Cristina Adams, quienes entonces desarrollaban proyectos de posdoctorado en el área de Antropología Ecológica, una de las vertientes de trabajo del grupo coordinado por Walter Neves en el Instituto de Biociencias (IB) de la USP.

Chontaduro al pie del cerro, pegado al monte: un cultivo comercial, con incentivo del gobierno, que compite con los campos de maíz y caña de azúcar cerca de las viviendas

EDUARDO CESARChontaduro al pie del cerro, pegado al monte: un cultivo comercial, con incentivo del gobierno, que compite con los campos de maíz y caña de azúcar cerca de las viviendasEDUARDO CESAR

Cultivos de bajo impacto
Los estudios más recientes de ese grupo reforzaron la hipótesis de que el método de plantío adoptado por los descendientes de cimarrones ‒a primera vista aparentemente agresivo, pues implica la tala y la quema de áreas de vegetación nativa– tiene bajo impacto sobre el monte y sobre los animales que lo ocupan, tal como los propios agricultores decían desde hace tiempo. “¿El fuego destruye?”, indagó el biólogo Alexandre Ribeiro Filho durante la mañana del día 1º de abril en el Instituto de Energía y Ambiente (IEE) de la USP, al presentar los resultados de su investigación doctoral, en un debate organizado por Cristina Adams sobre las formas de uso del territorio de los antiguos palenques. “No siempre”, respondió. Mediante sensores enterrados en el piso, Ribeiro Filho verificó que el fuego empleado para abrir una área de cultivo hace que la temperatura del suelo suba en promedio 10 grados Celsius. Sus análisis indicaron que las llamas, pese al espectáculo impresionante, en general queman fundamentalmente las hojas y las ramas finas, de modo tal que el 85% de la vegetación resiste y los nutrientes permanecen en el suelo. “En general el fuego no altera la cantidad de materia orgánica”, concluyó.

Los campos abiertos para cultivar, antes criticados porque supuestamente perjudicaban la biodiversidad de la selva, pueden incluso servir de fuente de alimento para animales que en allí viven, de acuerdo con la investigación doctoral del biólogo Herbert Medeiros Prado, dirigido por Murrieta y concluido en 2012 en el IB-USP. En 60 áreas, empleando cámaras fotográficas nocturnas, Medeiros Prado detectó tapires, ocelotes, pecaríes (cerdos salvajes), osos meleros, pacas, corzuelas coloradas, zorros cangrejeros, zarigüeyas y un animal raro, el humayro blanco, un mamífero de cuerpo alargado, piernas cortas y cola peluda y larga. Los animales eran vistos tanto en los montes en regeneración o secundarios, utilizados para el plantío, como en las selvas preservadas.

El cotidiano en los palenques: Isabel da Costa Moraes hace harina de mandioca

EDUARDO CESAREl cotidiano en los palenques: Isabel da Costa Moraes hace harina de mandiocaEDUARDO CESAR

“A los monos, por ejemplo, les gusta el maíz”, sostuvo la gestora ambiental Daniela Ianovali durante sus estudios de campo para su investigación de maestría, realizada bajo la dirección de Cristina Adams y presentada a finales de mayo en la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq) de la USP. El bajo impacto de las plantaciones sobre la selva, sugerido por los nuevos argumentos, sumado a las crecientes limitaciones legales para el uso del fuego, ayuda a entender por qué la cobertura forestal representaba entre el 81,3% y el 94,3% del actual territorio de cuatro barrios remanentes de palenques examinados por los investigadores.

De todos modos, los investigadores sostienen que el método tradicional de cultivo agrícola adoptado por los descendientes de cimarrones podría perfeccionarse. “Si cambia el formato de las rozas de cuadrangulares por rectangulares, la recuperación del bosque será más rápida”, les dijo Eduardo Gomes, investigador del Instituto de Botánica, a los colegas investigadores reunidos en la USP. Luego de comparar la regeneración de bosques en 10 áreas de reposo –el período en que la tierra queda sin sembrados para recuperarse tras el cultivo– con edades variando entre 2 y 60 años y de formato cuadrado o rectangular, arribó a la conclusión de que el monte se rehace más rápido en las áreas rectangulares. “La regeneración del monte no empieza exactamente desde los bordes hacia el centro, sino a una distancia de entre 10 y 20 metros”, dijo. “Tiene su sentido”, coincidió Antonio Jorge, agricultor del barrio de Pedro Cubas, en Eldorado, al conocer la conclusión del trabajo.

Monte preservado en el barrio de Pedro Cubas: entre la sierra y la carretera

EDUARDO CESARMonte preservado en el barrio de Pedro Cubas: entre la sierra y la carreteraEDUARDO CESAR

Las carreteras y sus consecuencias
A mediados del siglo XIX, cuando empezaron a ocuparla los cimarrones o libertos o  abandonados por sus amos, la tierra era de quienes llegasen primero. Los primeros ocupantes explotaban oro y después cultivaban arroz y criaban cerdos que vendían en las ciudades. A partir de la década de 1950, sostuvo Futemma, las carreteras –primeramente el tramo de la BR-116 entre São Paulo y Curitiba, y después las ramificaciones– llevaron a otros interesados en tierras y en la explotación de palmito. Presionados, algunos habitantes antiguos se mudaron fundamentalmente a Curitiba, São Paulo y la zona de Baixada Santista, en ocasiones enviados por sus padres.

“Yo salí en 1965, a los 13 años, con un grupo de muchachas, para trabajar afuera”, comentó Edvina Maria Tie Braz da Silva a los 70 años, en el balcón de su casa, en el barrio de Pedro Cubas de Cima, durante una mañana de lluvia fina que anegaba el porche de entrada. “Me fui llorando, a pie. Yo no quería irme, pero había muchos hombres llegando para arrebatarnos nuestras tierras y las madres tenían miedo de lo que pudiera sucederles a sus hijas”. Doña Diva, como le dicen, trabajó como empleada doméstica y en hospitales municipales de São Paulo. En 2000 se jubiló, regresó y ayudó a crear la asociación vecinal de Pedro Cubas de Cima para intentar recuperar las tierras en manos de los hacendados que están en un territorio de seis mil hectáreas reconocido como área de palenque.

Maria Sueli Berlanga –o la hermana Sueli, dado que es monja de la Ordem das Pastorinhas– notó aquello que denomina como invisibilidad de los moradores de los entonces llamados barrios negros al llegar a Eldorado en 1986, con el propósito de mediar los conflictos de tierras. La situación empezó a cambiar con la Constitución de 1988, que reconoció el derecho de las comunidades descendientes de cimarrones a la tierra que ocupaban, y la hermana Sueli ayudó a los vecinos de los barrios negros en la difícil tarea de asumir el pasado, signado por el sufrimiento y el rechazo. “La identidad cimarrona o quilombola, que salió a la luz de la mano de la Iglesia Católica, ayudó a garantizar la posesión de la tierra”, aseveró Cristina Adams.

El cotidiano en los palenques: ; Ana Maria Galácio con su acolchado de retazos

EDUARDO CESAREl cotidiano en los palenques: ; Ana Maria Galácio con su acolchado de retazosEDUARDO CESAR

Con base en estudios históricos y cartográficos, los territorios de antiguos palenques empezaron a ser reconocidos a partir de 1997, como un primer paso para recibir el título de propiedad legal de la tierra. En todo Brasil, alrededor de 2.400 comunidades descendientes de cimarrones han obtenido el reconocimiento de sus tierras, pero menos de 100 han recibido sus títulos de propiedad. Ahora la propiedad de la tierra pertenece a la asociación de vecinos de cada barrio en cuestión, para evitar que sea vendida y sus dueños deban migrar a las ciudades, como era antes. Según la Fundación Instituto de Tierras del Estado de São Paulo (Itesp), que apoya a los agricultores en la regularización de las propiedades y en la mejora de los cultivos, el barrio remanente de palenque de Ivaporonduva, actualmente con 94 familias, es el único de la zona Vale do Ribeira con todo su territorio oficialmente registrado en nombre de la asociación de vecinos. En general los territorios quilombolas incluyen áreas ocupadas por pequeños o grandes propietarios particulares, en medio de sitios arqueológicos, cascadas, cavernas y áreas preservadas de Bosque Atlántico. Un territorio cercano a Eldorado, reconocido hace pocos años, alberga propiedades rurales particulares productoras de banana, una de las bases de la economía de la región. No todos los productores aceptan salir, aun ante propuestas de indemnización por parte de los organismos del gobierno, lo cual genera juicios que duran muchos años hasta su desenlace.

“La historia no se ha resuelto completamente: los prejuicios y las disputas por las tierras siguen”, dijo la hermana Sueli durante la tarde del día 12 de mayo en su despacho. La religiosa es también abogada y defiende los derechos de los descendientes de cimarrones, en los últimos años en colaboración con la Defensoría Pública del Estado y con su homóloga federal. Sobre uno de sus armarios de metal, ella mantiene un retrato de Carlos da Silva, habitante del barrio de São Pedro asesinado por pistoleros en 1982. En 2011, Laurindo Gomes, líder de Praia Grande, municipio de Iporanga, desapareció misteriosamente.

“La abundante legislación agraria brasileña no sólo ha servido como garantía del proceso de reconocimiento, regularización y titulación de tierras ocupadas por los descendientes de las comunidades de palenques, sino también como argumento jurídico para cuestionar la posesión de tierras ya tituladas, tal como es el caso de acciones judiciales populares que fueron presentadas y que se encuentran en curso en el estado de Pará”, escribió Joaquim Shiraishi Neto, docente de la Universidad Federal de Amazonas, en un artículo de la revista Cadernos UNDB. “Aún hay mucha incertidumbre”, dijo la hermana Sueli. Una de sus preocupaciones, que comparte con los líderes comunitarios, es una propuesta de enmienda constitucional que, de aprobársela, podría permitir la cesión de tierras ocupadas por indios y descendientes de cimarrones para la explotación económica por terceros. Don Ditão comentó que fue a Brasilia en 2011 y habló con varios senadores para evitar la pérdida de derechos adquiridos. “Debemos hacernos presentes e intervenir”, dijo. “Si nos mantenemos al margen es peor.”

El cotidiano en los palenques: Elvira da Silva Pedroso elabora artesanías con fibras de banano

EDUARDO CESAREl cotidiano en los palenques: Elvira da Silva Pedroso elabora artesanías con fibras de bananoEDUARDO CESAR

Cazar, nunca más
Los descendientes de cimarrones tuvieron que hacer concesiones, cambiar hábitos y aprender a convivir con reglas ambientales que prohíben la caza y el uso del fuego, con el propósito de preservar la fauna y la vegetación autóctona. “Cuando yo era chico, iba mucho al monte a cazar y cortar tacuaras”, relató don Ditão. “Me gusta la carne de paca, de venado, de armadillo, pero no podemos cazar más, ni tampoco necesitamos vivir de la carne de caza.”

Otra señal de transformación es la expansión del cultivo de chontaduro, una palmera de la cual se aprovecha el meollo de lo alto del tallo, como alternativa al palmito dulce, actualmente raro, tras décadas de intensa exploración. Daniela Ianovali comparó el cultivo comercial de chontaduro, inducido mediante financiaciones de organismos del gobierno, con el cultivo de subsistencia –los sembradíos o rozas– de arroz, fríjol, maíz y mandioca. “El cultivo de chontaduro puede ser más eficiente y rentable que un sembradío”, concluyó. Según la investigadora, las rozas son relevantes debido a la autonomía en la producción de alimentos básicos y también a causa del valor simbólico, por estar vinculadas a la tradición y a las fiestas.

“Algunos no tienen más rozas”, se lamentó Antonio Benedito Jorge, quien no desiste de su independencia. En Pedro Cubas, Jorge mantiene una plantación de chontaduro, pero no pretende dejar de plantar banana, caña de azúcar, arroz, fríjol, maíz, mandioca y frutas. “Si falta comida en el campo, también faltará en la ciudad”, comentó en el balcón de su casa de mampostería, concluida hace siete años, al lado de una de bajareque, que pretende rehacer aún durante este año. Según Antonio Jorge, los montes detrás de su casa albergan bananos de varios tipos. Su hijo, Carlos Jorge, fue hasta allí y al ratito apareció con una de las variedades de bananas, llamada costa –de más cuerpo, y más amarilla y dulce que la más común, llamada prata–, que les ofrece a los visitantes, dejando la duda sobre por qué estas bananas tan sabrosas no se ven en los mercados, hoteles y restaurantes de las ciudades aledañas.

El cotidiano en los palenques: Benedito Silva explica cómo se hace una casa de bajareque

EDUARDO CESAREl cotidiano en los palenques: Benedito Silva explica cómo se hace una casa de bajarequeEDUARDO CESAR

Ahora los descendientes de cimarrones necesitan la autorización de la Compañía Ambiental del Estado de São Paulo (Cetesb) para preparar sus áreas para cultivo. Como el uso del fuego en la agricultura está actualmente prohibido en São Paulo, se dejaron de emitir los permisos. En 2009, tras dos años sin habilitación para cultivar, los agricultores protestaron, argumentando que estaba faltándoles comida para sus familias. Uno de los líderes del barrio de São Pedro, con la mediación de investigadores de universidades y del Instituto Socioambiental (ISA), logró reunir en Iporanga a los técnicos de la Cetesb para negociar la emisión de los permisos. Los resultados preliminares del equipo de la USP, que indicaban que los cultivos realizados de ese modo tenían un impacto menor que el esperado sobre la selva, sirvieron de argumento para que la Cetesb emitiera los permisos finalmente en 2013.

“Aun con los permisos, al cabo de siete años sin autorización para cultivar, muchos no tenían más semillas, que se pierden cuando no se las planta”, comentó Raquel Pasinato, coordinadora del Programa Vale do Ribeira de ISA. El biólogo Nelson Novaes Pedroso Junior, durante su doctorado, dirigido por Murrieta y defendido en 2008, había entrevistado a 20 agricultores de 11 barrios remanentes de palenques y había verificado que la mitad de las 142 variedades de 53 especies agrícolas cultivadas mencionadas –22 de arroz, 19 de mandioca, 16 de banana, 13 de fríjol, 10 de ñame, 10 de zapallo y 6 de batata, entre otras– se había perdido.

Pasinato y el equipo del ISA movilizaron a los agricultores y organizaron una feria de intercambio de semillas. La primera, en 2008, en la plaza principal de Eldorado, reunió a 35 productores con 95 variedades de 34 plantas cultivadas en la región; la segunda creció y eran 84 productores y 199 variedades de 78 especies de fríjol, mandioca, caña de azúcar, arroz, banana, maíz, batata y otras de la región. Ahora el equipo del ISA está catalogando las áreas y la productividad de las variedades de cultivos que utilizan los agricultores. Simultáneamente, el agrónomo Samuel Ferrari, docente de la Universidade Estadual Paulista (Unesp) de Registro, comenzó a recolectar muestras de arroz criollo (silvestre) de la zona, con el propósito de dimensionar y preservar las variedades en cámaras frías y en canteros. Recolectó 16 muestras y espera llegar a 40. En mayo, los grupos del ISA y de la Unesp empezaron a conversar sobre los mecanismos legales de protección del patrimonio genético.

Las fiestas y las oraciones
Ya han reaparecido también antiguos hábitos. Al final de una reunión de planificación de la próxima feria de semillas, concertada para los días 21 y 22 de agosto, Hermes Modesto Pereira, agricultor de 73 años del barrio Morro Seco, en Iguape, expuso ante otros agricultores, investigadores y representantes de órganos públicos su plan de promover una cosecha colectiva en su plantación de arroz, el sábado 23 de mayo: “Están todos invitados”. Las mujeres empezaron el viernes a preparar la comida para las alrededor de 60 personas que participaron en la cosecha del arroz y a la noche festejaron bailando fandango y forró. “Hace 30 años que no hacemos una cosecha comunitaria completa”, dijo su Hermes. “Es una forma de mostrar cómo hacían antiguamente, y de reforzar la amistad entre los grupos.”

El Inventário cultural de quilombos do Vale do Ribeira y las conversaciones con los moradores indican que la cultura popular está aún viva entre los barrios rurales de la región. “Si se barrea en cuarto menguante, queda lisito; en cuarto creciente se rompe enseguida”, dijo don Ditão ante los estudiantes de Uberaba al explicarles cómo aplicar el barro en la pared de la casa de bajareque. “La luna influye en todo. El fríjol, si se lo cosecha en cuarto menguante, dura mucho; pero en cuarto creciente viene con gorgojos”. “¿Por qué es así?”, preguntó uno de los chicos. “La naturaleza es inexplicable”, respondió don Ditão. “Sé que así sale bien.”

“Les encanta bailar; les encantan las fiestas”, sostuvo la hermana Sueli. La próxima será el día 4 de julio en el barrio de São Pedro, con unos 150 vecinos que trabajarán arduamente para recibir a un público estimado en cinco mil personas. Cobrinha verde y mão esquerda son dos bailes que Antonio Jorge recuerda; el sólo tiene una queja: “La juventud no acompaña el ritmo de los mayores”. Antonio Jorge es el capellán de las oraciones para encomendar las almas, un ritual realizado durante la noche del Viernes Santo. Los participantes –entre 30 y 70, todos vestidos de blanco– se reúnen a las diez de la noche en Pedro Cubas, avanzan en silencio por la carretera y a medianoche empiezan a entonar antiguas oraciones en el cementerio de un barrio vecino. Al regresar, suena la matraca para avisar que están llegando a los hogares, y frente a cada casa rezan 15 padrenuestros hasta el amanecer. Antonio Jorge no pretende parar muy pronto: “Tengo 70 años, y hasta cuando pueda, lo voy a hacer”. Uno de sus nietos, Maicom dos Santos Jorge, de 20 años, que terminó la secundaria y ahora quiere seguir Derecho, dijo que ya los ha acompañado y le gustó. Raquel, del ISA, quien participó en una de esas caminatas, recuerda que antes de salir tuvo que tomar una bebida que tenía ajo: “El gusto era horrible, pero ellos dicen que hay que tomarla para mantener el cuerpo cerrado”.

Proyectos
1. Las poblaciones locales y la conservación del patrimonio natural (nº 2007/53308-1); Modalidad Joven Investigador; Investigadora responsable Célia Regina Tomiko Futemma (Unicamp); Inversión R$ 76.466,73 (FAPESP).
2. Impactos del sistema agrícola itinerante sobre los suelos de remanentes de Bosque Atlántico con uso y ocupación por comunidades de palenques en Vale do Ribeira (São Paulo, Brasil) (nº 2012/17651-1); Modalidad Ayuda a la Investigación – Regular; Investigadora responsable Cristina Adams (USP); Inversión R$ 262.594,02 (FAPESP).

Artículos científicos
ADAMS, C. et al. Diversifying incomes and losing landscape complexity in quilombola shifting cultivation communities of the Atlantic Rainforest (Brazil). Human Ecology. v. 40, p. 1-19. 2013.
GOMES, E.P. C. et al. A sucessão florestal em roças em pousio: a natureza está fora da lei? Scientia Florestalis. n. 41, n. 99, p. 343-52. 2013.
RIBEIRO FILHO, A. A. et al. The impacts of shifting cultivation on tropical forest soil: a review. Boletim do Museu Paraense Emílio Goeldi. Ciencias Humanas. v. 8, p. 693-727. 2013.
SHIRAISHI NETO, J. Os quilombos como novos sujeitos de direito: processo de reconhecimento e impases. Cadernos UNDB, v. 4, p. 203-23. 2014.
ANDRADE, A. M y TATTO, N. (eds.). Inventário cultural de quilombos do Vale do Ribeira. São Paulo: Instituto Socioambiental, 2013.

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