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Comunicación de la ciencia

Conocimiento en islas

Las economías emergentes registran un exceso de autocitas nacionales y llaman la atención sobre los efectos del aislamiento

Larissa RibeiroSi alguien dijera que China, Brasil o Irán son islas, demostrará poca o ninguna familiaridad con los conceptos básicos de la geografía. Sin embargo, en el campo de la cienciometría –la rama que estudia elementos cuantitativos de la producción científica– esa afirmación o resulta extraña. Los tres países mencionados, entre otros, se han convertido en islas dentro de un mar de publicaciones y citas académicas. Al fenómeno se lo ha denominado scientific insularity (insularidad científica) y ocurre cuando el nivel de autocitas nacionales se ubica por encima del promedio en un país, esto es, cuando buena parte de las citas recibidas las realizan los investigadores del propio país. Las causas van desde una agenda científica enfocada en temas locales hasta una precaria enseñanza de las prácticas metodológicas en las universidades. Una investigación publicada el año pasado en la revista Scientometrics arroja una nueva mirada sobre el problema al sugerir que ciertas características políticas y geográficas, tales como la extensión territorial del país, ejercen una fuerte influencia en los índices autorreferenciales de una nación.

“Los países grandes cuentan con mayores posibilidades de desarrollar tradición científica y redes académicas independientes, fundamentalmente cuando existe una gran cantidad de grupos potencialmente ligados entre sí”, explica Richard Ladle, el autor principal del estudio e investigador sénior asociado de la Universidad de Oxford. En tanto, los científicos de países pequeños están obligados a colaborar y establecer diálogo con colegas de otros países, lo cual amplifica el número de citas extranjeras. Para corroborarlo, Ladle y su equipo, que incluye a su esposa brasileña Ana Malhado, del Instituto de Ciencias Biológicas y de la Salud de la Universidad Federal de Alagoas (Ufal), analizaron informes sobre el número de publicaciones y citas por países, disponibles entre 1996 y 2010 por el portal SCImago, que provee indicadores científicos, sustentado por el banco de datos Scopus.

La investigación reveló que el grupo de los campeones en autocita nacional congrega a países con gran extensión, tales como son los Brics (Brasil, Rusia, India y China), y aquéllos que construyeron, en el curso de su historia, sistemas políticos cerrados, destacándose Irán y Cuba, además de los ex integrantes del bloque soviético (Serbia, Ucrania y Polonia). Los países con menores niveles de autocitas son, en su mayoría, aquéllos con territorios pequeños, pero con una alta proporción de programas de posgrado impartidos en inglés, tales como Israel, Dinamarca, Singapur y Emiratos Árabes Unidos. Mientras que China registró, durante el período analizado, un 51% de autocitas, del total de citas que recibió el país, tan sólo un 15% correspondía a artículos de Israel realizados por autores de dicho país.

La influencia que ejerce la extensión territorial sobre las autocitas nacionales se relaciona con otros factores. Los elevados índices de autocitas nacionales son esperables en países grandes y desarrollados, tales como Estados Unidos, que ostenta una tasa de un 47%. El país produce el mayor volumen de investigaciones científicas del mundo, generalmente con artículos de alto impacto; por ende, es de esperarse que sus papers sean muy citados. Brasil, que presenta un índice de autocitas nacionales alto y creciente, también es un país grande, pero menos desarrollado, lo cual significa que las causas son distintas a las de Estados Unidos.

Para que se entienda mejor, Ladle compara a Inglaterra, su país de origen, con Brasil, donde ella trabaja desde 2009, como profesor visitante en el mismo departamento que su esposa, en la Ufal. “Una de las diferencias que noté es el bajo número de docentes y alumnos extranjeros aquí y el considerable número de instituciones académicas en Inglaterra”, comenta. En su época como profesor en Oxford, Ladle llegó a registrar un 70% de alumnos extranjeros en su carrera. Entre sus colegas de departamentos, un 50% correspondía académicos provenientes de varios sitios del mundo. “Los científicos ingleses escriben principalmente para revistas internacionales y por lo tanto se ven obligados a ‘vender’ sus trabajos a la comunidad internacional ni bien comienzan su carrera”, añade.

030-033_Insularidade_204-1Esta preferencia por los periódicos con prestigio internacional, a despecho de los nacionales, es una característica común en las naciones que optan por cortar el cordón umbilical que conecta un paper con la madre patria. Entre 2006 y 2011, los artículos de Suecia recibieron más de 6 millones de citas, de las cuales, tan sólo 1,06 millones son autocitas. La diferencia entre Suecia y China radica en lo que podríamos llamar “el milagro de la multiplicación” de los periódicos científicos. En el Scopus, China posee 537 publicaciones catalogadas, mientras que Suecia se conforma con tan sólo 49 publicaciones en ese banco de datos.

“Cuantas más revistas científicas posee un país, más autocitas recibe”, explica Rogério Meneghini, coordinador científico de la biblioteca virtual Scientific Electronic Library Online (SciELO), quien también repara en las diferencias entre los sistemas adoptados por los bancos de datos internacionales más reconocidos. El Web of Knowledge, de Thomson Reuters, es el más tradicional y cuenta con unos 12 mil periódicos indexados. Su competidor, Scopus, de Elsevier, alberga 23 mil publicaciones, revelando, por lo tanto, un sistema de selección menos exigente. La disputa por el mercado entre ambos origina condiciones favorables para que publicaciones con bajo prestigio internacional sean incorporadas rápidamente.

La eclosión de nuevos periódicos en algunos países oculta motivaciones políticas y de mercado. A contramano de la tendencia mundial, donde la cuestión nacional viene dejando de ser el principal elemento para calificar la calidad, los países en desarrollo han sido tratados como verdaderas “islas del tesoro” por parte de las grandes editoriales de publicaciones científicas. “Actualmente, quienes movilizan el mercado de revistas científicas son los publishers comerciales, tales como Elsevier y Springer, cuyo margen de utilidad llega al 45%”, dice Meneghini, destacando que los mayores objetivos de inversión han sido China y Brasil, entre otros. “Suecia considera más relevante contar con investigadores desempeñándose como jefes de editores en importantes publicaciones internacionales, estableciendo el derrotero de la ciencia a nivel mundial, antes que simplemente tener una gran cantidad de periódicos nacionales”, añade.

La internacionalización de periódicos
En Brasil, la razón de la elevada producción de periódicos es sencilla: hay que darle espacio a la producción científica que no encuentra lugar en las revistas internacionales. “Tenemos un número extremadamente alto de periódicos, que gira en torno de 5 mil publicaciones (no hay un recuento exacto de cuántos son), lo cual demanda siempre nuevos artículos”, dice Meneghini. El problema, según él, radica en que muchas instituciones nunca estuvieron preparadas para publicar artículos, pero como ansían inaugurar carreras de posgrado, la edición de un periódico puede sumar puntos para la evaluación por la Coordinadora de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes).

“Una publicación que aquí se considera referencial y contiene artículos de excelente calidad, en el exterior puede ver reducida su importancia cuando se toma en cuenta su índice de citas nacionales”, afirma Gilson Volpato, docente del Instituto de Biociencias de la Unesp de Botucatu y autor de libros sobre redacción científica. Un ejemplo que él recuerda es el de la Revista Brasileira de Zootecnia, editada por la Sociedad Brasileña de Zootecnia. Aunque todavía mantiene buena calificación según la evaluación Qualis de la Capes, la publicación fue prácticamente congelada en el  Journal Citation Reports  (JCR), ligado al Web of Knowledge, por presentar índices altísimos de autocita nacional. El conjunto de publicaciones brasileñas que fueron suprimidas durante 2011 del Journal Impact Factor, relacionado con el JCR, incluye también a las revistas Planta Daninha, Revista Brasileira de Farmacognosia y Revista Ciência Agronômica, porque desarrollaron patrones anómalos de citas, provocando distorsiones en sus factores de impacto.

030-033_Insularidade_204-2El índice de autocitas de la CA, A Cancer Journal of Clinicians, una de las principales publicaciones médicas, editada por la American Cancer Society, es del 0,029%, y su factor de impacto, según el JCR, es de 101. Las renombradas Nature y Science presentan autocita del 0,158% y del 0,136%, y factores de impacto 36 y 31 respectivamente.

Algunos ejemplos de mecanismos destinados a brindar mayor proyección a los trabajos realizados en su campus pueden encontrarse en las universidades de São Paulo (USP) y Estadual de Campinas (Unicamp). En los últimos tres años, ambas comenzaron a invertir en la realización de workshops para debatir sobre herramientas de escritura de tesis y papers, así como metodologías para la presentación de datos y resultados. “Reflexionamos sobre cómo perfeccionar la redacción en inglés y las prácticas de citas, y elaboramos estrategias para la internacionalización de nuestras publicaciones”, sostiene Sueli Mara Soares Pinto Ferreira, coordinadora del Sistema Integrado de Bibliotecas de la Universidad de São Paulo (SIBi-USP), que agrupa a 104 periódicos producidos en la USP.

La Unicamp cuenta desde 2008 con el Espacio de la Escritura, con el objetivo de promover la traducción de artículos científicos a otros idiomas. El primer workshop que organizó dicha universidad, en 2010, solamente contó con la participación de 57 personas. En 2012, la cifra había crecido hasta 800. Existe incluso, un proyecto en marcha para crear un repositorio para los 44 periódicos editados por la universidad. “Ese archivo comenzará a recibir las primeras publicaciones durante este primer semestre, y próximamente estará vinculado con un repositorio mayor hospedado en el sitio web del Consejo de Rectores de las Universidades Estaduales de São Paulo (Cruesp)”, explica Ronaldo Pilli, prorrector de Investigación de la Unicamp.

“Cuando realicé el doctorado en Oxford, mi proyecto inicial de describir patrones de morfología de hojas de la Amazonia fue completamente deconstruido”, relata Ana Malhado, coautora de la investigación. En su opinión, fue necesario desarrollar hipótesis y adoptar un nuevo abordaje mucho más acorde con la literatura mundial. Muchos estudiantes e investigadores parecen preferir redactar un artículo descriptivo para un periódico nacional que utilizar los mismos datos para desarrollar importantes temas en forma global, generalizada. La declaración de Malhado refuerza la percepción de cómo la insularidad puede dificultar la vida de muchos brasileños que pretendan estudiar en el exterior.

“Todos los países cuentan con un nivel de autocitas nacionales que se considera saludable, porque sus científicos deben tratar temas de interés para el país”, pondera la investigadora. Según ella, el principal punto que merece destacarse es que los desarrolladores de políticas públicas deben prestar mayor atención a la insularidad con el objetivo de refinar las agendas de investigación en todos los niveles.

En Brasil, las áreas agrícola y de salud pública constituyen buenos ejemplos de sectores que se enfocan en lo local, aunque a un mismo tiempo, producen artículos reconocidos internacionalmente. “Muchos países tiene interés en saber cómo es que Brasil solucionó una condición climática o del suelo para determinado cultivo. Se trata de utilizar los datos locales para luego generalizarlos”, sostiene Meneghini. Como ejemplo, Volpato menciona al educador Paulo Freire (1921-1997), quien estudió la alfabetización de adultos y fue conocido internacionalmente por desarrollar, con datos locales, conceptos globales. “Si no se hace eso es por una cuestión de fragilidad en la postura científica de nuestros investigadores”, concluye.

Otra disposición tendiente a evitar la insularidad radica en contratar profesores extranjeros, tal como es el caso de Ladle. La propia investigación del matrimonio es un ejemplo de cómo la cooperación entre investigadores de diferentes países puede aportar al trabajo el ansiado carácter global, y, en algunos casos, demostrar que la superación de las fronteras nacionales también puede rendir frutos más allá de los intereses científicos. Como padres primerizos, Ladle y Malhado concedieron la entrevista a la revista Pesquisa FAPESP en una semana complicada, e inmediatamente después vino el nacimiento de su hija, la pequeña Jasmine.

Artículo científico
LADLE, R. J. et al. Assessing insularity in global science. Scientometrics. 28 mar. 2012.

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