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Energía

Cultivo sano

La cantidad carbono retenida en el suelo aumentará con la mecanización de la cosecha de caña

BioenEDUARDO CESARLa cosecha mecanizada de la caña de azúcar aumentará la cantidad de carbono en el suelo, debido a que dejará la tierra cubierta de rastrojos que al poco tiempo se descomponen, en comparación con el proceso enteramente manual, basado en la quema de las hojas para facilitar el corte. Del mismo modo, la conversión de las pasturas degradadas en cañaverales ampliará la cantidad de carbono en el suelo, considera Marcelo Galdos, investigador del Centro de energía Nuclear en la Agricultura (Cena) de la universidad de São Paulo (USP) quien se encargó de los análisis sobre el flujo de carbono en los cañaverales de Brasil, Australia y Sudáfrica. Los resultados se publicaron en mayo en dos revistas científicas, Soil Science Society of América Journal y Plant and Soil, siendo debatidos el 16 de junio en el Workshop Impactos Socioeconómicos, Ambientales y del Uso de la Tierra, realizado en la FAPESP como parte del Programa FAPESP de Investigación en Bioenergía (Bioen).

Lo que debemos hacer es utilizar la agricultura conservacionista, transfiriendo el CO2 (gas carbónico) del aire a la planta y al suelo, comentó Carlos Clemente Cerri, profesor del Cena que dirigió esos dos trabajos, de los cuales participaron investigadores de la Universidad del Estado de Colorado, Estados Unidos, y del Instituto de Investigaciones de la Caña de Azúcar de Sudáfrica. La caña cosechada con quema reduce las existencias de carbono en el suelo, pero la cosecha sin quema lo aumenta, afirmó Cerri. Según él, la cosecha mecánica puede hacer que el suelo retenga hasta 3 toneladas de carbono por hectárea en tres años, un importante resultado para deducir de las emisiones de gases de efecto invernadero generados por la producción de etanol.

Todavía no existe consenso acerca de esos valores. No hemos hallado gran beneficio en dejar la paja sobre el suelo, comentó Segundo Urquiaga, investigador de la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa Agrobiología). Urquiaga calculó mejoras más modestas, de apenas 300 kilogramos de carbono por hectárea durante los 16 años de estudio de los cañaverales de Pernambuco tratados con y sin quema. No podemos preocuparnos solamente por el carbono, debemos pensar en la dinámica de la materia orgánica y en el papel del nitrógeno, dijo. Si no fuese así, bastaría con enterrar el bagazo de caña para transferir carbono al suelo. En su opinión, la cantidad de carbono almacenado depende de los residuos, del grado de degradación (los suelos más degradados retienen más cantidad que los mejor conservados) y de la propia capacidad del suelo para acumular carbono. Al comienzo, el suelo acumula mucho, después, menos, observó.

Durante los debates del día, los investigadores concordaron que se necesitan establecer metodologías convergentes para obtener información más abundante y exacta al respecto de los impactos de la producción de etanol de caña de azúcar, como así también las posibles contribuciones a la reducción de los gases de efecto invernadero, tales como el gas carbónico, causantes del calentamiento global. Los cálculos de impacto y beneficios ambientales dependen de los conocimientos del impacto sobre el uso del suelo, que no son claros, reiteró Isaías de Carvalho Macedo, del Núcleo Interdisciplinario de Planificación Estratégica (Nipe) dependiente de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp).Carlos Henrique de Brito Cruz, director científico de la FAPESP, motivó a los investigadores brasileños para realizar estudios cuyos resultados sean presentados en revistas de circulación internacional. Generalmente, los resultados quedan confinados en publicaciones de lengua portuguesa, comentó. Debemos tener más presencia a nivel mundial en este tema. Para él, uno de los desafíos por venir radica en producir una ciencia de competencia mundial, aumentando la cantidad de científicos y la capacidad científica en ese rubro, para mantener el liderazgo tecnológico en la producción de etanol.

Brasil picó en punta y posee experiencia, pero el liderazgo no está asegurado, afirmó Marcos Jank, docente de la Facultad de Economía, Administración y Contabilidad (FEA) de la USP y presidente de la Unión de la Industria de la Caña de Azúcar (Unica). La próxima etapa depende de la inversión y el planeamiento. He notado mucha superposición, falta de integración y de coordinación, sostuvo, agregando que ha recibido a directores de empresas extranjeras con presupuestos cercanos a los 50 millones de dólares para el desarrollo de nuevos productos, tales como hidrocarburos, a base de caña. La inversión también es alta en instituciones de investigación. Solamente el Energy Biosciences Institute, un consorcio público-privado que agrupa dos universidades y una empresa de energía de Estados Unidos, anunció en mayo los primeros 49 proyectos de investigación que recibirán 20 millones de los 500 millones de dólares destinados a la investigación en ese rubro para los próximos diez años. Uno de los disertantes, Evan Delucia, de la Universidad de Illinois, una de las que participan del Energy Biosciences Institute, describió en la FAPESP las investigaciones en curso en Estados Unidos sobre el etanol producido con otras plantas, como por ejemplo el maíz.

Desmonte
En Brasil, el cultivo de caña de azúcar todavía se asocia con un problema que Jank intentó minimizar: el desmonte. Durante un encuentro sobre etanol realizado en São Paulo a comienzos de junio, Bill Clinton, ex presidente de Estados Unidos, alabó el alcohol brasileño producido a base de caña de azúcar, que podría evitar la emisión de gases causantes del calentamiento, aunque recordó que las emisiones producidas por el desmonte, principalmente en la Amazonia, siguen siendo altas. Dos semanas más tarde, Jank aseguró: La caña no origina deforestación, porque está avanzando sobre áreas de pastoreo.

En uno de los capítulos del libro Sugarcane ethanol: Contributions to climate change mitigation and the environment, editado por Peter Zuurbier y Jos van de Vooren, un equipo coordinado por André Meloni Nassar, director general del Instituto de Estudios del Comercio y Negociaciones (Icone) y uno de los coordinadores de proyectos  funcionando en el Bioen, verificó que los cañaverales no se expanden en dirección a las fronteras agrícolas del país ni presionan directamente sobre la vegetación natural. El problema es el desmonte indirecto, que todavía no está mensurado con precisión.

No sólo debe ser un buen combustible, comentó Heitor Cantarella, coordinador del grupo de trabajo de agronomía y uso de la tierra del Bioen e investigador del Instituto Agronómico de Campinas. El etanol debe aprobar la el examen de sostenibilidad y demostrar que es ambientalmente aceptable. Glaucia Mendes Souza, coordinadora del Bioen, dijo que uno de los objetivos del programa de investigaciones y de los encuentros con los especialistas es precisamente definir las áreas que requieran más atención e inversión. Lanzado en julio de 2008, el Bioen cuenta con inversiones iniciales por  valor de 73 millones de reales para apoyar investigaciones sobre variedades de caña, procesos de producción de etanol y otros derivados, así como impactos sociales, económicos y ambientales de la utilización y producción de biocombustibles.

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