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ANTROPOLOGÍA

De qué manera las religiones incorporan los debates sobre raza y género en Brasil

Grupos católicos y evangelistas articulan la espiritualidad con la agenda social, cuestionan tradiciones y proponen interpretaciones alternativas de la Biblia

Mayara Ferrão

Las tradiciones religiosas fueron empezando a incorporar de manera más intensa la agenda racial y de género en Brasil durante las últimas dos décadas. Las iglesias católicas y los templos evangelistas especialmente, les hacen lugar a grupos de fieles que articulan la espiritualidad con la afirmación identitaria, mediante el rescate de la presencia de figuras negras en la historia del cristianismo y la propuesta de efectuar relecturas de la Biblia. A su vez, las cuestiones de género comenzaron a abordarse desde diversas perspectivas: mientras que algunos colectivos religiosos abogan por el derecho al aborto, otros elaboran discursos que rechazan el feminismo, aunque cuestionan los modelos tradicionales de sometimiento de las mujeres. Como característica en común, estas iniciativas empiezan así a tomar parte en las disputas concernientes al cuerpo, la sexualidad y la autoridad interpretativa de los textos sagrados.

De acuerdo con el Censo Demográfico 2022 elaborado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE), Brasil sigue siendo un país mayoritariamente católico (en un 56,7 %), aunque este porcentaje disminuyó con respecto a 2010 (un 65 %). En idéntico recorte temporal, la proporción de personas que se autodeclaran evangélicas o evangelistas se incrementó de un 21,6 % a un 26,9 %, y quienes se declaran sin religión pasaron de un 7,9 % a un 9,3 %. En tanto, los seguidores de las religiones umbanda y candomblé se incrementaron del 0,3 % al 1,0 %, mientras que los adeptos al espiritismo menguaron del 2,1 % al 1,8 %.

Para la antropóloga Paula Montero, de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP), los debates sobre raza y género entre grupos religiosos cobraron aliento en el país luego de la promulgación de la Constitución de 1988. “Hasta ese entonces se pensaba a Brasil como una nación homogénea, católica y mayoritariamente blanca. Con la redemocratización, la nueva carta magna propuso una ruptura: la democracia brasileña debería constituirse en un carácter pluralista”, puntualiza la investigadora, quien coordina un proyecto temático sobre el pluralismo religioso que cuenta con financiación de la FAPESP. De acuerdo con Montero, este cambio, fruto de una amplia movilización de la sociedad civil, se erigió como un hito en la forma en que las religiones incorporan las discusiones sobre el racismo y la misoginia.

En el libro A cor da fé: “Identidade negra” e religião, publicado em 2024, el antropólogo Rosenilton Silva de Oliveira, de la USP, analiza de qué manera se pone en movimiento la noción de identidad desde los liderazgos de las religiones de matriz africana, católica y evangelista. Según el investigador, ya sea mediante nuevas interpretaciones de la Biblia en los cultos evangélicos o por la incorporación de elementos afrobrasileños a la misa católica, lo que incluye el uso de los tambores atabaques, distintos grupos religiosos vienen debatiendo la negritud y dando apoyo a la formulación de acciones afirmativas para la población negra.

La referida obra, publicada por editorial Elefante, es el resultado de un estudio que comprendió el recabado de datos censales, un trabajo de observación participante y más de 60 entrevistas con fieles y líderes espirituales, aparte de revisiones bibliográficas, una investigación documental y el seguimiento de redes sociales. “Si bien la cuestión racial es una directriz en común entre muchos grupos religiosos, cada uno adopta estrategias distintas para incorporar este debate en sus ritos y sus liturgias”, informa el antropólogo.

La Iglesia católica brasileña, según Silva de Oliveira, empezó a contemplar las reivindicaciones del movimiento negro a finales de la década de 1970, motivada por el proceso de reapertura política y en el marco de la preparación de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano realizada en Puebla (México), en el año 1979. Dicho evento reunió a los obispos de la región para debatir acciones de evangelización. Uno de los resultados de ese encuentro fue la creación de los Agentes de Pastoral Negros en 1983, y, posteriormente, de la Pastoral Afrobrasileña, en 1988. La pastoral es una acción organizada de la Iglesia con miras a cumplir su misión evangelizadora entre la gente.

En la década de 1990 surgieron grupos de estudios teológicos como Atabaque, en São Paulo, que empezaron a desarrollar nuevas liturgias, es decir, ritos, ceremonias y cultos que abarcaban cuestiones raciales. En este proceso, otro hito importante fue la Campaña de la Fraternidad de 1988, cuyo tema central lo constituyó la población negra. Estas campañas, realizadas anualmente y organizadas por la Iglesia católica, apuntan a despertar el espíritu de caridad, solidaridad y justicia mediante la reflexión al respecto de un tema social. “Esa edición de la campaña llevó a los católicos a reconocer la connivencia histórica de sectores de la institución con la esclavitud y a sostener la necesidad de efectuar reparaciones. En 1992, el papa Juan Pablo II [1920-2005] concretó distintos pedidos de perdón por la participación de la Iglesia en la trata de personas esclavizadas”, explica el antropólogo.

Mayara Ferrão

De acuerdo con el investigador, con ese panorama, la Iglesia católica brasileña ha ampliado el combate contra el racismo y ha adoptado símbolos de herencias africanas en sus liturgias. El objetivo es expandir su actuación y valorar la identidad negra de esos fieles y el diálogo con el candomblé y la umbanda. Así y todo, el investigador puntualiza que la forma en que cada parroquia o cada diócesis incorpora este debate no es homogénea. Por eso no todas ellas exhiben el mismo nivel de compromiso. Renovación Carismática Católica, por ejemplo, un movimiento surgido en Estados Unidos en 1967 que luego se esparció por el mundo, no discute abiertamente agendas antirracistas ni tampoco aboga por la implementación de políticas afirmativas hasta los días actuales.

En tal sentido, Silva de Oliveira recuerda que antes del Concilio Vaticano II, realizado entre 1962 y 1965 para debatir la renovación de la Iglesia, muchas órdenes religiosas no permitían el ingreso de personas negras. Y aun entre aquellas que las aceptaban, había distinciones entre negros y blancos. De este modo, los negros quedaban relegados a la función de oblatos, desempeñando trabajos manuales y de servicios. En tanto, los denominados coristas, grupos conformados por personas blancas, ejercían actividades educativas, de enfermería y litúrgicas.

El antropólogo aporta un ejemplo histórico para graficar esa exclusión. “El fraile negro San Martín de Porres [1579-1639], nacido en el territorio que actualmente es Perú, fue admitido en la orden dominicana como oblato y trabajó como cocinero y portero: nunca desempeñó la función de corista”, comenta. San Martín de Porres ingresó a la orden por voluntad propia y era reconocido por su humildad, su dedicación al trabajo y su espíritu de caridad. Cobró relieve al curar enfermos y realizar milagros. No obstante, su canonización se concretó recién en el año 1962, y estuvo a cargo de Juan XXIII (1881-1963), el mismo papa que convocó al Concilio Vaticano II.

La Congregación de las Hermanas Misioneras de Jesús Crucificado, creada en el año 1928 en Campinas, interior de São Paulo, es considerada una de las primeras cofradías católicas que permitieron el ingreso de mujeres negras en Brasil. Letícia Aparecida Ferreira Lopes Rocha, graduada y magíster en ciencias de la religión, lleva adelante actualmente una investigación doctoral en la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp) con financiación de la FAPESP, cuyo objetivo es rescatar la historia de esa organización religiosa. Ferreira Lopes Rocha fue monja durante 10 años antes de ingresar al universo académico. Uno de los motivos que la llevaron a la investigación científica fue una inquietud que la impulsó a comprender y analizar la experiencia de las mujeres negras en el catolicismo.

Mediante el análisis de documentos históricos y eclesiásticos, y en entrevistas con hermanas negras que forman parte de la congregación, Ferreira Lopes Rocha detectó que antes del Concilio Vaticano II existía una separación entre mujeres negras y blancas. Las primeras cumplían únicamente funciones domésticas. En tanto, las otras, las blancas, ocupaban roles destacados, como el de coordinación. “Esta distinción solamente se extinguió tras del Concilio Vaticano II, que forzó a la Iglesia a repensar su presencia en el mundo y a enfrentar las contradicciones de su pasado, fundamentalmente en el campo racial”, explica.

Posteriormente, en la década de 1980, las hermanas negras empezaron a rescatar su historia en la organización religiosa y a organizar encuentros en los cuales se reunían con mujeres de otras órdenes religiosas para debatir temas como el racismo y la homosexualidad. Esos eventos constituyeron el punto de partida para que la congregación estableciese misiones en Kenia, Angola y Mozambique, reforzando así el trabajo de evangelización de personas negras que se impulsaba en Brasil y aportando a la expansión de los dominios de la Iglesia en África.

Pese a reconocer los recientes avances de la Iglesia Católica en el combate contra el racismo y la misoginia, la socióloga Maria José Fontelas Rosado Nunes, de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo (PUC-SP), hace hincapié en que las estructuras excluyentes de género y de raza perduran en la institución. “En la actualidad tenemos obispos y cardenales negros, pero ninguna persona de origen africano llegó a ser papa, y las mujeres siguen teniendo prohibido ocupar tales cargos, como así también las funciones que ejercen en sus puestos los obispos, los curas y demás cargos de liderazgo”, remarca. De acuerdo con Fontelas Rosado Nunes, la única excepción, a la que se la trata como una leyenda en el seno de la Iglesia católica, sería la papisa Juana, una mujer que vivió en el siglo XI en la región donde actualmente es Alemania, que se habría travestido de hombre para poder estudiar y ascender en la jerarquía eclesiástica.

Antes de convertirse en investigadora, Fontelas Rosado Nunes también fue monja durante más de una década. Fue docente en colegios religiosos dirigidos por congregaciones femeninas y trabajó en comunidades empobrecidas del interior de los estados de Bahía y Acre. Abandonó la vida religiosa para ingresar en la universidad, empeñada en analizar de qué manera encara las cuestiones de género la Iglesia católica. Es una de las fundadoras de la organización Católicas por el Derecho a Decidir, creada en Brasil en la década de 1990 para abogar por la autonomía de las mujeres sin que ello represente una ruptura con la tradición cristiana. “Demostramos que es posible mantener la fe en la Iglesia y al mismo tiempo cuestionar las leyes eclesiásticas relacionadas con el aborto, con los derechos reproductivos y con la autonomía de las mujeres sobre las decisiones que conciernen a sus propios cuerpos”, sostiene. A juicio de la socióloga, el movimiento feminista brasileño ha ignorado históricamente la situación de las mujeres religiosas en sus reivindicaciones, incluso las de las monjas y las adeptas al catolicismo. “Nuestro trabajo consiste en rellenar esa laguna y tender puentes para que ellas puedan tomar decisiones sin dejar de lado su catolicismo”, afirma.

Mayara Ferrão

A diferencia de la Iglesia Católica, en donde los movimientos negros cobraron fuerza en Brasil a partir de finales de los años 1980, entre los evangélicos este fenómeno es más reciente, puesto que se fue intensificando a partir de la década de 2000. “Antes predominaba un discurso universalista, que abogaba por la igualdad de todos ante Dios y veía a la discriminación racial como cualquier otro pecado”, sostiene Silva de Oliveira, de la USP. Según el antropólogo, pequeñas comunidades autónomas fueron las primeras que se definieron como antirracistas e inclusivas. En 2003, crearon el Movimiento Negro Evangélico (MNE), que empezó a organizarse en comunidades online y a promover encuentros presenciales. Actualmente, el MNE congrega a organizaciones –aparte de líderes pastorales y eclesiásticos– en 10 estados de Brasil, que llevan a cabo acciones de enfrentamiento del racismo dentro y fuera de las iglesias.

Silva de Oliveira explica que ese movimiento es heterogéneo. Apunta tanto a recuperar las raíces africanas del cristianismo, al poner en evidencia la historia de personajes bíblicos negros y su importancia en la constitución de esa fe, como a enfrentar el racismo dentro y fuera de la Iglesia. En tal sentido, menciona la labor de Hernani da Silva, fundador de la Sociedade Cultural Missões Quilombo, en São Paulo, y de la plataforma virtual Afrokut. “Da Silva sostiene que la génesis del protestantismo brasileño se remonta al año 1841 y a los trabajos del predicador Agostinho José Pereira, conocido como Lutero Negro, en la ciudad de Recife”, comenta el antropólogo. Es una perspectiva que se contrapone a las narrativas tradicionales sobre la difusión del evangelismo en Brasil. De acuerdo con este punto de vista, la ascensión de las iglesias protestantes cobró impulso en el siglo XIX debido a la labor de misioneros europeos, especialmente alemanes.

Si se tiene en cuenta este panorama, los datos de los censos de las últimas décadas consignan la existencia de una cifra curiosa. Mientras que en las religiones de matriz africana las personas blancas marcan una presencia significativa, entre los evangelistas las personas autodeclaradas pardas constituyen la mayoría (véase el gráfico abajo). Con relación al Censo 2022, el sociólogo Reginaldo Prandi, de la USP, observa un cambio significativo en la composición racial del campo evangélico brasileño. Prandi señala que en los últimos 12 años la presencia de personas negras entre los evangelistas se incrementó un 7,2 %, un porcentaje superior al crecimiento de la población negra en todo el país. Desde la óptica del sociólogo, este dato refleja una transformación cultural amplia, vinculada a la forma en que la gente ha pasado a identificarse y a reconocerse en términos raciales.

Alexandre Affonso / Pesquisa FAPESP

Por otra parte, este crecimiento también se debe a la migración de fieles negros que dejaron el catolicismo para ingresar en iglesias evangélicas, especialmente en las líneas pentecostales y neopentecostales. “Nos encontramos ante un fenómeno que no es solamente demográfico, sino también simbólico: revela un desplazamiento en el modo en que las personas negras y pardas se ubican en el escenario religioso y en que las iglesias pasaron a absorber esta presencia”, plantea. Prandi pone de relieve también que durante décadas el catolicismo se fue encogiendo en la misma proporción que se expandían los evangélicos. “Sin embargo, durante el último lapso entre censos, esta dinámica cambió. La merma de fieles católicos disminuyó y la expansión evangelista perdió vigor, lo que pone en evidencia que Brasil no se convertirá en los próximos años en un país evangélico”, sostiene.

En los debates sobre las cuestiones de género en las iglesias evangelistas, se está gestando una resignificación de las agendas feministas, según constata la antropóloga Jacqueline Moraes Teixeira, de la Facultad de Salud Pública (FSP) de la USP. La investigadora explica que hay grupos de mujeres evangélicas que están creando iniciativas tendientes a combatir la violencia doméstica partiendo de la idea de lo “femenino”. Esta noción se plantea como una alternativa al feminismo y está asociada a valores tales como el cuidado, la sensibilidad y la responsabilidad de las mujeres al respecto de la familia. “Es una forma de resignificar temáticas históricamente relacionadas con el movimiento feminista, como la remuneración desigual o la necesidad de contar con guarderías para dejar a los hijos, pero con un sesgo conservador”, analiza. “Se trata de una política de género que afirma defender los derechos de las mujeres, pero en nombre de la preservación de un modelo específico de familia”.

Por su parte, Montero hace hincapié en que la mayor parte de la población que se declara religiosa en Brasil es femenina. De este modo, en todas las tradiciones, este grupo representa más del 50 % de los fieles (véase el gráfico abajo. Esta predominancia, sostiene la antropóloga, está directamente relacionada con la función que cumplen las instituciones religiosas en la vida cotidiana. “Esos espacios dan cuenta de muchas de las necesidades familiares, domésticas y sociales de las mujeres pobres en Brasil”, justifica. Según la investigadora, las instituciones católicas y evangélicas brindan asistencia en áreas donde el Estado no llega, tanto en lo que hace al apoyo material como en lo concerniente a la contención simbólica (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 286).

Alexandre Affonso / Pesquisa FAPESP

Esto sucede también en los cultos afrobrasileños como el candomblé y la umbanda, según sostiene Montero. Históricamente perseguidos por el Estado en el pasado, no se los consideraba como prácticas religiosas hasta mediados del siglo XX. “Hoy en día estas manifestaciones cuentan con el reconocimiento del poder público como guardianas de los símbolos de la herencia africana en Brasil”, detalla Silva de Oliveira. Según el antropólogo, incluso los terreiros cuyos líderes o los adeptos en su mayoría se declaran blancos pueden considerarse como espacios religiosos de legitimación de la cultura negra.

Asimismo, tal como lo explica Prandi, mientras que en las iglesias cristianas perduran las barreras relacionadas con el género y la sexualidad, el candomblé y la umbanda dan acogida a estas diversidades. De acuerdo con el credo de estas religiones, cada individuo nace vinculado a un orisha y a un odú, que contiene su destino. El odú se encarga de moldear su manera de ser. “De este modo, el éxito o el fracaso de una persona no dependen únicamente del mérito, sino también de una combinación entre lo que viene de nacimiento y la relación con el mundo, y se puede contar con la ayuda de los orishas para tener una vida equilibrada y feliz. Los terreiros existen para ayudar a equilibrar esta trayectoria, sea cual sea la condición de la persona”, enfatiza el sociólogo.

Esta apertura se refleja en la aceptación de distintas trayectorias de vida, según sostiene Prandi. “Los terreiros pueden acoger a personas marginadas, tales como ladrones y trabajadoras sexuales, por ejemplo”, aclara. El sociólogo afirma que esta característica ayuda a explicar por qué tantas personas de la comunidad LGBT+ frecuentan las también llamadas casas de santo. “En estos lugares, los individuos que no son aceptados en otras religiones encuentran las condiciones como para asumirse sin necesidad de dejar de ser quienes son. En los ritos afrobrasileños, todos los géneros están presentes. Hay innumerables terreiros a cargo de mujeres, homosexuales y personas transgénero”, culmina diciendo el investigador.

Este artículo salió publicado con el título “Fe e identidad” en la edición impresa n° 356 de Octubre de 2025.

Proyectos
1.
Pluralismo religioso y diversidades en el Brasil posterior a la Constituyente (nº 21/14038-6); Modalidad: Proyecto Temático; Investigadora responsable: Paula Montero (USP); Inversión R$ 4.213.149,06.
2. La mujeridad negra en la Congregación de las Hermanas Misioneras de Jesús Crucificado (1986-2004) (nº 24/01957-1); Modalidad: Beca doctoral; Investigadora responsable: Lilian Maria Pinto Sales (Unifesp); Becaria Letícia Aparecida Ferreira Lopes Rocha; Inversión R$ 388.584,00.
3. Violencia doméstica, pentecostalismo y nuevas pedagogías electorales (nº 20/14909-4); Modalidad: Beca posdoctoral. Investigador responsable Adrian Gurza Lavalle; Becaria Jacqueline Moraes Teixeira. Inversión: R$ 79.875,25.

Artículos científicos
CARRANZA, B. M. y ROSADO-NUNES, M. J. F. Fim de uma ordem: Natureza, lei divina, feminismo. Horizonte – Revista de Estudos de Teologia e Ciências da Religião. v. 17, n. 53. 2019.
ROSAS, N. y TEIXEIRA, J. M. Apresentação ao dossiê temático. Religião como marcador social: Nova chave analítica ou modismo intelectual? Debates do NER. v. 25, n. 46. 2025.
ROCHA, L. A. F. L. Mulheres negras na vida religiosa consagrada pós-Concílio Vaticano II. Anais do III Simpósio Internacional de Estudos do Catolicismo. Pontificia Universidad Católica de Goiás y Universidad Federal de Juiz de Fora. 2023.
TEIXEIRA, J. M. y REIS, L. Mulheres evangélicas para além do voto: Notas sobre processos de engajamento, política e cotidiano. Debates do NER. 2023.
TEIXEIRA, J. M. y BARBOSA, O. A. A mulher e a família: Agendas pentecostais na disputa pela gramática dos direitos humanos. (Syn)thesis. v. 15, n.1. 2022.

Libros
MONTERO, P. et al. (ed.) Religious Pluralism and Law in Contemporary Brazil. Law and Religion in a Global Context. v. 4. Springer. 2023.
OLIVEIRA, R. S. de. A cor da fé: “Identidade negra” e religião. São Paulo: Elefante. 2024.
PRANDI, R. Brasil africano: Orixás, sacerdotes, seguidores. Río de Janeiro: Pallas Editora. 2025.
TEIXEIRA, J. M. A mulher universal: Corpo, gênero e pedagogia da prosperidade. Colección Viramundo. Universidad de São Paulo. Facultad de Educación. 2021.

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