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Oceanografía

La destrucción progresiva de las playas brasileñas

La pérdida o la acumulación de arena y lodo transforman el 60% de las costas del país

El mar arrasa con las casas y árboles en Ilha Comprida, uno de los sitios que padece una intensa erosión en el litoral paulista

Luiz Carlos Murauskas/ Folhapress

El mar erosionó la costa donde está emplazado el faro de Ponta do Seixas, el punto más oriental de Brasil, localizado en João Pessoa, en el estado de Paraíba. En 2014, un tramo del camino que conducía hacia allí se desmoronó. Dos años después, la ruta cerrada inicialmente para los automóviles también quedó vedada para ciclistas y caminantes. Aquellos que llegan a Ponta do Seixas, ahora por un camino más largo, pueden ver de frente un hermoso panorama del Atlántico y, a la izquierda, la antigua carretera caída y un cartel advirtiendo sobre el riesgo de desmoronamientos. Las obras de restauración aún no habían comenzado hasta octubre de 2018.

Más allá de tragarse rutas costeras, los efectos de la erosión en el litoral brasileño se están manifestando en formas variadas. Barrancas y cráteres atraviesan las playas; surgen afloramientos rocosos anteriormente cubiertos por el mar. Hay casas que sufren derrumbes o quedan con los cimientos al descubierto. Caen palmeras y sus raíces quedan expuestas a causa de la pérdida de sostén. En el mes de noviembre, el Ministerio de Medio Ambiente (MMA) publicó la segunda edición de un estudio realizado por el Programa de Geología y Geofísica Marina –una red de instituciones científicas brasileñas– que indica que la erosión y la acumulación de sedimentos, lo que se denomina progradación, afectan a alrededor del 60% de los 7.500 kilómetros (km) de la costa marítima brasileña. Los datos de la primera versión del mapeo, realizado en 2003, apuntaban una erosión costera que afectaba aproximadamente al 40% del litoral brasileño, unos 3 mil km, y ahora la erosión se incrementó en un 50%, afectando a 4.500 km de costa.

El impacto es mayor en las regiones del norte y nordeste, con el 60% y el 65% de su litoral, respectivamente, afectado por la erosión, según consta en el informe Panorama da erosão costeira no Brasil. En ese estudio, cobra relevancia el estado de Pará, donde la erosión reconfigura el 60% y la progradación el 30% de sus 562 km de costa. En la isla de Marajó, mientras la línea costera –el límite hasta donde llega el mar, cuyo desplazamiento indica el estado de conservación o modificación de las playas– de algunas playas avanzó hasta 100 metros (m), a causa de la acumulación de sedimentos, en otras y por la razón contraria, retrocedió hasta 80 m. En el estado de Bahía, el 20% de sus 932 km de costas se encuentran afectados por la erosión. En Sergipe, la pérdida de sedimentos modificó el 38% de sus 163 km de playas.

Wikimedia Commons En la isla de Marajó, playas como esta pierden arena y árboles a causa del avance del marWikimedia Commons

En Espírito Santo, el problema es la progradación, que se verifica en un 35% de su litoral. En el delta del río Parnaíba, entre los estados de Maranhão y Piauí, la erosión dejó al descubierto manglares que antes estaban tapados por arena. En Rio Grande do Norte, el 60% de los 399 km de la costa también sufrieron los efectos de la erosión. En cuanto al estado de Ceará, con 572 km de costas, registra un 30% de erosión y un 10% de progradación.

En las regiones sudeste y sur del país, el impacto de la erosión y de la progradación se ubica en alrededor de un 15%, pero la perspectiva no es tranquilizadora, destaca el geógrafo Dieter Muehe, investigador de la Universidad Federal de Espírito Santo (Ufes) y coordinador de dos relevamientos. Los análisis de campo y las imágenes provistas por satélite indicaron que el 38% de las costas de Río de Janeiro, que equivalen a 242 km, y el 12% de las de São Paulo, o sea, 75 km, registran una tendencia erosiva, aunque sin retroceso de la línea de la costa. “El ancho de la playa se conserva, pero la erosión está afectando a las dunas, riscos y a las casas costeras en algunas regiones”, dice. “Son áreas muy vulnerables, y acaso este fenómeno se haga más evidente en los próximos años”.

Carlos Fioravanti La elevación donde está emplazado el faro de Ponta do Seixas, en João Pessoa, sufre una erosión permanenteCarlos Fioravanti

Un problema natural
La erosión, un fenómeno originalmente natural, hoy en día es un problema a nivel mundial. La región más afectada es la costa del mar Caspio, con un promedio de 600 m de pérdida de playa en algunos puntos y 700 m de ganancia en otros. Las costas de algunos países de Asia, América del Sur, del este de África y del oeste de Australia registran un promedio de erosión superior a los 50 m, según consta en un estudio que salió publicado en agosto de 2008 en la revista Scientific Reports. Al igual que en otros países, la variación del volumen de sedimentos en Brasil se mostró más intensa en las áreas más urbanizadas, con puertos, tuberías de cloacas avanzando hacia el mar o bien, con casas y hoteles edificados al borde de la playa. “Las obras interrumpen el flujo natural de los sedimentos y provocan que las playas avancen por un lado mientras que en otros sectores pierden arena”, dice Muehe.

En el capítulo que alude al estado de Ceará, el geólogo Jader Onofre de Morais, docente de la Universidad Estadual de Ceará (UFC), junto a su equipo, relata que el litoral de ese estado contaba con 100 obras de protección costera hasta enero de 2016, en su mayoría (un 75%) en la Región Metropolitana de Fortaleza. Con todo, los muros de contención y promontorios de piedras no resultaron suficientes para retener los sedimentos. En los municipios de Cascavel y Fortim, la línea de la costa retrocedió, en relación a la tierra, 150 y 300 m respectivamente, a causa del avance del mar, que destruyó casas, avenidas, rutas y embarcaderos de balsas. En la ciudad de Recife, la playa de Boa Viagem sufre una fuerte erosión provocada, en gran medida, por el rompeolas, construido para que el gran oleaje no llegue a las playas.

Las regiones del norte y nordeste también son las más afectadas del litoral brasileño a causa del escaso declive de las playas, que facilita el avance del mar, y de mareas más intensas, entre otros factores. En el nordeste, hubo un agravante: la sequía prolongada que padece el sertón en los últimos años. Al haber menos agua, los ríos transportan menos arena hacia el litoral, mientras que el mar continuó arrastrando el sedimento depositado en las playas.

Wikimedia Commons En 1921, la playa de Copacabana era estrecha y el mar invadía la avenidaWikimedia Commons

“Basta con que se produzca una merma en el caudal de un río para que la erosión aumente”, dice el geólogo José Maria Landim Dominguez, docente de la Universidad Federal de Bahía (UFBA), quien coordinó dos de los capítulos del libro, uno referido a Paraíba y otro sobre Alagoas, Sergipe y Bahía. La extracción de arena de las costas ribereñas para su utilización en la construcción civil y en la pavimentación, así como la existencia de represas, intensifican la merma en el volumen de sedimentos que se depositaría en las playas. En 1998, la erosión destruyó el poblado de Cabeço, en la desembocadura del río São Francisco, en el límite entre Alagoas y Sergipe.

El desplazamiento de los sedimentos puede agravarse con el aumento del nivel del mar previsto para las próximas décadas y el incremento de la frecuencia e intensidad de lluvias y ciclones, como resultado de los cambios climáticos, advierten los expertos que participaron en ese relevamiento. “Una parte significativa de los problemas de erosión en el litoral de São Paulo está asociada con la ocupación inadecuada de la línea de la costa, pero es mucho más fácil culpar al calentamiento global que a las empresas y municipios”, dice el geólogo Michel Mahiques, docente del Instituto Oceanográfico de la Universidad de São Paulo. “La responsabilidad y los costos de su atenuación deben repartirse entre los causantes del problema”.

Disposiciones y métodos
Hay tanta incertidumbre que ello dificulta la planificación y los emprendimientos para combatir la destrucción de las playas. Cada grupo de investigación adopta metodologías diferentes, con mayor o menor precisión, para medir las variaciones de la línea de la costa, algo esencial para poder calcular las eventuales pérdidas o ganancias de sedimentos en el litoral. Para hacer frente a este problema, el oceanógrafo Régis Pinto de Lima, coordinador general de administración costera del MMA, plantea convocar a expertos para definir con precisión los límites entre la playa y la tierra. Ese parámetro del litoral brasileño fue establecido en 1831 y debe actualizarse, según Lima.

Su equipo de trabajo editará este mismo mes un manual, dirigido principalmente a los representantes de los organismos públicos, para que se disponga una normativa en cuanto a la construcción de edificaciones a lo largo de la costa y se reduzca el movimiento de sedimentos. Según opina Mahiques, “es necesario que las alcaldías se involucren, por medio de la contratación de oceanógrafos, geógrafos, geólogos y otros profesionales capacitados y dedicados al análisis de estos problemas”. Dominguez, de la UFBA, agrega: “Los organismos públicos deberían disponer de reglamentaciones más rígidas para impedir la ocupación de las áreas más vulnerables, como son las desembocaduras de los ríos”. Hoy en día no se puede construir en una franja del litoral ubicada a menos de 50 metros de la línea de la costa.

Wikimedia Commons La ampliación de la playa, con el agregado de arena de áreas vecinas, resolvió ese problemaWikimedia Commons

Por ahora, lo que hay son obras aisladas para mitigar los daños. En el mes de abril, la municipalidad de Santos concluyó las obras para detener la erosión en la zona conocida como Ponta da Praia, mediante la instalación de 49 bolsas de arena que conformaron una barrera sumergida de 500 m de largo para detener la erosión; la playa perdió casi 80 mil metros cúbicos de arena entre 2013 y 2016. En mayo, el periódico A Gazeta, de la ciudad de Vitória, la capital del estado de Espírito Santo, informó sobre la extracción de 10 camiones de arena por día, en promedio, de la playa de Camburi para reponer aquella que se perdía en Curva da Jurema, otra playa de la capital capixaba (el gentilicio de ese estado brasileño). Entre 2017 y 2018, el Ministerio de la Integración Nacional aprobó 11 solicitudes de financiación para obras de emergencia contra la erosión costera, solicitados por organismos estaduales o municipales de Bahía, Ceará, Rio Grande do Norte, Pará y Santa Catarina, que suman alrededor de 500 millones de reales. Para la restauración de la playa de Ponta Negra, en la ciudad de Natal, en Rio Grande do Norte, se destinaron 17,6 millones de reales.

El MMA también propone evaluar lo que se denominan obras ligeras, de recomposición de playas mediante el agregado de arena, en lugar de obras rígidas, que retienen sedimentos y no impiden la erosión. Un ejemplo exitoso en ese sentido es la playa de Copacabana, en la ciudad de Río de Janeiro, ampliada con arena traída de áreas vecinas en la década de 1970. Cuando la playa y la avenida eran angostas, el mar golpeaba las puertas del hotel Copacabana Palace; hoy se encuentra a alrededor de 10 m de la vereda.

“Las obras de alimentación de una playa se asemejan más a lo que fue el ambiente en el pasado, porque reponen la arena perdida”, comenta el oceanógrafo Antonio Henrique Klein, docente de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC). “Los administradores aprueban la obra, pero a veces se olvidan que, de tanto en tanto, la misma necesita mantenimiento”, dice. “Se necesita colocar más sedimentos para reponer lo que se ha perdido y evitar la reiteración de los problemas, ya que un lugar en proceso de erosión natural va a seguir erosionándose”.

Libro
MUEHE, D. (org.) Panorama da erosão costeira no Brasil. Brasilia, DF: Ministerio de Medio Ambiente, 2018.

Artículo científico
MENTASCHI, L. et al. Global long-term observations of coastal erosion and accretion. Scientific Reports. v. 8, n. 12876, p. 1-11. 27 ago. 2018.

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