Imprimir Republicar

HISTORIA DE LA CIENCIA

Diplomacia en el laboratorio

Un proyecto investiga el intercambio científico entre Brasil y la Alemania nazi

Científicos alemanes en el festejo de los 80 años de Bernhard-Nocht (en primer plano, al frente), fundador del Instituto de Enfermedades Marítimas y Tropicales de Hamburgo, en 1937. Rocha Lima tomó parte en el festejo (al fondo)

Archivo Histórico de Bernhard-Nocht Institut für Tropenmedizin Científicos alemanes en el festejo de los 80 años de Bernhard-Nocht (en primer plano, al frente), fundador del Instituto de Enfermedades Marítimas y Tropicales de Hamburgo, en 1937. Rocha Lima tomó parte en el festejo (al fondo)Archivo Histórico de Bernhard-Nocht Institut für Tropenmedizin

En las Olimpíadas de Berlín, en 1936, la ciudad alemana recibió algo más que delegaciones de atletas y turistas. También recalaron en la “nueva” Alemania los primeros estudiantes latinoamericanos atraídos por cursos, congresos y visitas a instituciones médicas del país. Las visitas aumentaron en los años posteriores, tornándose itinerantes. Provenientes de Brasil, jóvenes graduandos, funamentalmente de la Escuela Paulista de Medicina, visitaron hospitales, laboratorios y organismos oficiales, en misiones médico-diplomáticas organizadas por los ministerios de esa época controlados por el Partido Nazi. Algunas eran promovidas por la Academia Médica Germano-Iberoamericana, fundada en 1935. Su objetivo era fomentar las relaciones médicas entre Alemania y los países de Latinoamérica. “La medicina cumplió un rol importante en esas relaciones diplomáticas, pues gozaba de gran prestigio internacional, aunque no fuera una herramienta tan visible de propaganda cultural”, dice el historiador André Felipe Cândido da Silva, de la Casa de Oswaldo Cruz/ Fundación Oswaldo Cruz (COC/ Fiocruz). “Durante el apogeo del nacionalsocialismo, la corporación médica alemana constituyó uno de los segmentos que se alinearon más estrechamente con el nuevo régimen. Los médicos, como representantes del ámbito académico, eran portavoces inmersos en el intenso nacionalismo vigente. Y estaba la dinámica industria farmacéutica, interesada en afianzar sus lazos con clientes extranjeros”. Da Silva estudió el papel de la ciencia en la diplomacia cultural alemana entre 1919 y 1950, con énfasis en la década de 1930, durante su posdoctorado realizado en la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP). Por diplomacia cultural, entiéndase al esfuerzo germánico que congregó a diplomáticos y científicos, universidades, empresas y compañías de navegación, entre otros actores.

Más allá de las explicaciones científicas de estudiantes, enfermeros, docentes, investigadores e incluso pacientes, algunas estrategias articulaban médicos y diplomáticos entre Brasil y Alemania. Había periódicos especializados, tales como la Revista Médica de Hamburgo, fundada por Ludolph Brauer, se organizaban simposios científicos internacionales, campañas sanitarias, consolidación de productos de la industria farmacéutica alemana y construcciones de hospitales, en ocasiones, abocados a la asistencia a los inmigrantes.

Mientras que en Brasil, especialmente en el circuito Río-São Paulo, las facultades de medicina cobraban cuerpo, con una mayor especialización e interés tecnológico, sofisticación de las técnicas de intervención quirúrgica y avances en procedimientos de diagnóstico y profilaxis, Alemania ya se hallaba a la vanguardia del desarrollo científico. Allí se concibió el modelo médico que cimentó la capacitación contemporánea con el trípode enseñanza, atención clínica e investigación universitaria en Berlín, Göttingen, Heidelberg y Múnich. Los hallazgos clínicos e innovaciones quirúrgicas surgían de los laboratorios de universidades, industrias e instituciones teutonas, que contaban con personalidades tales como Robert Koch, Rudolf Virchow, Paul Ehrlich, Emil Kraepelin, Emil von Behring, August von Wassermann, entre otros.

El periódico Estado de Bahia anuncia la visita de Ludolph Brauer, de la Universidad de Hamburgo, a Salvador, en 1935

Archivo Político del Ministerio de Relaciones Exteriores en Berlín El periódico Estado de Bahia anuncia la visita de Ludolph Brauer, de la Universidad de Hamburgo, a Salvador, en 1935Archivo Político del Ministerio de Relaciones Exteriores en Berlín

Las ciencias tuvieron impacto en el contexto político, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial. “Se convirtieron en ingredientes importantes del prestigio nacional, y aún más en el ambiente de intenso nacionalismo”, dice Da Silva. Según analiza el historiador, la experiencia de la Primera Guerra había demostrado la importancia de instaurar complejos nacionales de investigación científica, aglutinando a instituciones académicas, industrias, militares y Estado. “Además, el discurso científico contribuyó para con la legitimación de las ambiciones territoriales y pretensiones de superioridad nacional y racial importantes para obtener la adhesión interna y la externa, de aliados”, señala.

Superioridad cultural
De acuerdo con Da Silva, los médicos alemanes se involucraron en la propaganda cultural, persuadidos de la superioridad de su cultura. Con todo, luego de la Primera Guerra Mundial, la ciencia alemana quedó relativamente aislada cuando parte de los científicos se manifestaron a favor del militarismo germánico. Además, físicos, médicos y químicos participaron en estudios tales como el desarrollo de gases letales. La instrumentalización del conocimiento con fines bélicos condujo a varios países a boicotear a la ciencia alemana hasta promediar la década de 1920. “Sin embargo, resulta importante distinguir los diferentes niveles de la cooperación científica transnacional para aclarar que muchos científicos siguieron manteniendo contacto informal con sus pares de países otrora enemigos. Si bien repercutió internacionalmente, para los países latinoamericanos no tuvo prácticamente ningún efecto una política de boicot llevada a cabo por organizaciones de las cuales muchos de ellos no formaban parte”, pondera.

El patólogo y microbiólogo carioca Henrique da Rocha Lima, por ejemplo, se convirtió en uno de los principales colaboradores de la diplomacia alemana durante las décadas de 1920 y 1930. Rocha Lima descubrió el origen del tifus exantemático en 1916, en el Instituto de Enfermedades Marítimas y Tropicales de Hamburgo. A su regreso definitivo a Brasil, en 1928, fue un líder sobresaliente del Instituto biológico de São Paulo. El patólogo Walter Büngeler, alemán de Danzig (la actual ciudad polaca de Gdansk), designado para la cátedra de la Escuela Paulista de Medicina, pretendía instaurar allí un núcleo alineado con la ciencia alemana, y coincidió con las expectativas de los oficiales de la cancillería y del Partido Nazi, transformando la a escuela en un semillero científico para las iniciativas de la Academia Médica Germano-Iberoamericana, especialmente con las visitas de estudiantes.

El intenso intercambio incluyó a figuras tales como el oftalmólogo Antônio de Abreu Fialho, el psiquiatra Antônio Pacheco e Silva, el dermatólogo Adolfo Lindenberg, que fueron invitados a visitar Alemania. Siguiendo el camino inverso, llegaron a Brasil médicos tales como Franz Volhard, Helmut Ulrici y Walter Unverritch, Heinrich Huebschmann y Karl Fahremkamp, entre otros. El director del Hospital Eppendorf, Ludolph Brauer, visitó Río de Janeiro, Salvador y São Paulo, donde incluso pasó por la distante colonia de Presidente Epitácio, donde existía una activa célula del Partido Nazi. El estallido de la Segunda Guerra Mundial, en 1939, debilitó el intercambio científico, que se detuvo a partir del ingreso de Brasil en el conflicto, del lado de los Aliados, en 1942.

Proyecto
Las relaciones científicas germanobrasileñas en el contexto de la medicina paulista (1919-1950) (nº 2011/ 51984-5); Modalidad Beca de Posdoctorado; Investigadora responsable Maria Amélia Mascarenhas Dantes (FFLCH-USP); Becario André Felipe Cândido da Silva; Financiación R$ 227.531,91 (FAPESP).

Republicar