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UFRJ – 100 Años

Dos años después del incendio

El Museo Nacional de Brasil recuperó el 90% de las piezas que no fueron totalmente destruidas por las llamas y ya cuenta con casi un 45% del dinero para poner en marcha su reconstrucción en 2021

Se recuperó alrededor del 30% de los 700 objetos que integraban la colección Emperatriz Teresa Cristina

Diogo Vasconcellos

Desde el mes de marzo, a causa de la pandemia de covid-19, se encuentran suspendidas las tareas de búsqueda de los vestigios de las colecciones que todavía se encuentran entre los escombros del Museo Nacional (MN) de Brasil, que se incendió el 2 de septiembre de 2018. La reanudación de las labores de rescate en el Palacio Imperial de São Cristóvão, que alberga a la institución vinculada a la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), está prevista para el comienzo del año próximo, pero su autorización depende de la disminución del índice de contagios de la enfermedad. La dirección del museo estima que se ha recuperado el 90% del material con posibilidad de rescatarse y que harían falta otras seis semanas para dar por finalizada esa etapa. Según un dictamen publicado en abril del año pasado por la Policía Federal, el incendio se habría iniciado a causa de una sobrecarga eléctrica en un equipo de aire acondicionado.

Totalmente vallado, actualmente el palacio recibe pocas visitas, más allá de la presencia del personal de vigilancia e inspecciones periódicas de los miembros del directorio del MN. “La pandemia no interfirió demasiado en el trabajo de reconstrucción del museo porque estamos en la etapa de elaboración de proyectos”, explica el paleontólogo Alexander Kellner, director de la institución. La meta es reinaugurarlo en 2025, luego de modernizar el interior del palacio. Con motivo de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia y en función de la importancia histórica del edificio emplazado en la Quinta da Boa Vista, que antes de albergar el museo fue la residencia oficial de la familia imperial, en el siglo XIX, existe la posibilidad de una apertura parcial en 2022. También está prevista para el año del Bicentenario la inauguración de un minicentro educativo del Museo Nacional destinado al público escolar, fuera de las instalaciones del palacio. El mismo funcionará en el campus de Investigación y Educación del Museo Nacional/UFRJ, un área de 44 mil metros cuadrados aledaña al parque de la Quinta da Boa Vista, que dispondrá de un edificio administrativo, construcciones para el área académica y laboratorios de manejo de colecciones en medios líquidos, y otros edificios que albergarán laboratorios de investigación y mantenimiento de las colecciones. Hasta el momento en que se produjo el siniestro, gran parte de esas actividades, además de las muestras abiertas al público, se concentraban en el Palacio de São Cristóvão (lea los reportajes sobre los impactos del incendio en Pesquisa FAPESP, edición nº 272).

La búsqueda de fondos para financiar la reconstrucción del MN y la creación del nuevo campus sigue en marcha. De los 372 millones de reales previstos para ese fin, el museo ha recaudado hasta ahora menos de la mitad, unos 162 millones de reales. “Aún no disponemos siquiera del monto necesario como para realizar la primera parte de la reapertura”, dice Kellner. Para hacer factible la restauración y la reconstrucción física de su sede, la institución cuenta con el proyecto Museo Nacional Vive, una asociación conformada por la UFRJ, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) y la fundación Vale.

Los proyectos para la restauración de las fachadas y la reconstrucción del tejado están listos y aprobados por el Instituto del Patrimonio Histórico y Artístico Nacional (Iphan), un requisito legal. “El Palacio de São Cristóvão y la Quinta da Boa Vista fueron declarados patrimonio nacional y, como tales, puestos a resguardo, en 1938”, explica la arquitecta Maria Paula von Biene, de la Oficina Técnica del Museo Nacional, a cargo de las diversas etapas de reconstrucción del palacio, con el reto de velar por su historia. “La propuesta para las fachadas que, por cierto, resistieron el fuego y se mantienen sólidamente en pie, consiste en restaurarlas y conservar la identidad arquitectónica del palacio, así como su relación con la Quinta da Boa Vista”.

Con un presupuesto de unos 50 millones de reales, esa fase se financiará con recursos aportados por el sector privado, además de una erogación de 20 millones de la misma moneda que hará la Legislatura de Río de Janeiro (Alerj). De acuerdo con el cronograma que divulgó la dirección del MN, a finales de 2020 se iniciará el desarrollo de los proyectos de arquitectura, jardines y museografía, como así también las obras de restauración de los ornamentos y elementos decorativos del palacio y del Jardín de las Princesas. También está prevista una reforma y ampliación de la Biblioteca Central del museo, que está alojada en el Jardín Botánico, un edificio anexo al palacio que no fue afectado por el fuego.

El 2 de septiembre de este año, al cumplirse el segundo aniversario de la tragedia, un equipo de investigadores del museo divulgó una buena noticia: la recuperación, si bien con daños, de alrededor del 30% de la colección Emperatriz Teresa Cristina, compuesta por un total de 700 objetos y frescos que datan del siglo VII a. C. al III d. C. pertenecientes a las ciudades de Pompeya y Herculano, del sur de Italia. Entre las piezas que se salvaron figuran cuatro frescos del templo de Isis, en Pompeya. “La reserva técnica de arqueología albergaba seis armarios con la colección de la emperatriz, que se mantuvieron en pie y cerrados durante el incendio. Se pudo retirar estante por estante”, relata la arqueóloga Ângela Rabello, del MN. También se rescataron casi 300 piezas y fragmentos de la colección egipcia, que originalmente contaba con 700 objetos funerarios. Entre los restos del incendio, se recuperaron las esculturas de Bes, el dios protector de los niños, de la dama del cono (ahora sin el cono de incienso que tenía sobre su cabeza) y estatuillas mortuorias. “Las momias y los sarcófagos resultaron dañados, pero nuestra colección egipcia sigue siendo la mayor de América Latina”, comenta Rabello.

La labor de recuperación de las piezas de las colecciones requiere el montaje de un rompecabezas con sus fragmentos. La química Neuvânia Ghetti, coordinadora del Núcleo de Conservación de Rescate de Colecciones del MN, explica que los protocolos empleados constituyeron todo un reto a causa de las particularidades de dichas colecciones. “Cada pieza, cada caja o cada cajón recuperado era un nuevo problema, un nuevo desafío, dado el comportamiento extremadamente específico de cada material”, comenta Ghetti. Según ella, hay que entender los distintos tipos de interacción que hubo con el medio, debido a la alta temperatura, la luminosidad, el impacto de los escombros y el contacto con el agua. En uno de los frescos de Pompeya, con pinturas de un dragón y dos delfines, se produjo, por ejemplo, una alteración muy visible en su coloración: “Del negro pasó al blanco, se desvaneció el pigmento, prueba del impacto de una alta energía recibida, que ahora se está estabilizando en el fresco de otra manera”, dice la química.

El incendio obligó a una reubicación de las áreas académicas que funcionaban dentro del palacio hacia otras estructuras físicas del museo que no fueron alcanzadas por las llamas. El edificio del Jardín Botánico ahora alberga temporalmente a los empleados de los sectores directamente afectados por el siniestro. Originariamente, el Jardín incluía a los departamentos de Botánica y de Vertebrados, además de la Biblioteca Central. “Ahora, los departamentos de Entomología y de Geología y Paleontología están instalados prácticamente por completo en este edificio, y allí trabajan también de algunos investigadores de la sección de Invertebrados”, relata el zoólogo Ronaldo Fernandes, coordinador del Departamento de Vertebrados. Aparte de los docentes, también están alojados en el Jardín los alumnos de posgrado, que siguen trabajando en sus tesinas y tesis. Hasta el comienzo de la pandemia, era necesario que la gente se turnara para no congestionar tanto el sector. Ahora el trabajo a distancia se ha convertido en la norma debido a las medidas de aislamiento social.

El aumento de la ocupación de esas instalaciones generó problemas en el reparto del espacio y de los equipos. Pero la ayuda de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes) y de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Río de Janeiro (Faperj) financió la adquisición de instrumental científico y de computadoras para los investigadores que fueron desalojados. En los últimos dos años, el laboratorio molecular del Departamento de Vertebrados incluso fue ampliado para satisfacer la mayor demanda de análisis. Hoy en día se estudia la compra de un microtomógrafo, que permitiría la ampliación de los estudios de morfología no solo en el área de los vertebrados, sino también en otros sectores del museo, tales como paleontología y antropología biológica.

Como una parte significativa de los proyectos de investigación que ocupan a los equipos de los museos depende de expediciones de campo, ese tipo de investigación científica resultó menos afectada por el incendio. Junto a Kellner, la también paleontóloga Juliana Sayão coordina el proyecto Paleoantar, vinculado al Programa Antártico Brasileño (Proantar). “En noviembre de 2018, dos meses después del incendio, partimos hacia la Antártida. Volvimos de allí con más de una tonelada de fósiles y llegamos a inaugurar una exposición al comienzo mismo de 2019 en la Casa de la Moneda con el material recolectado”, recuerda Sayão. Desde 2015, un equipo integrado por ocho investigadores, entre docentes y alumnos de posgrado del MN y de otras instituciones, acampa cada verano, por espacio de 20 a 50 días en el continente helado, en busca de vestigios del pasado remoto de la Antártida. El año pasado, Kellner presentó los huesos de pterosaurios, reptiles alados que vivieron hace unos 85 millones de años que habían sido hallados en sendas expediciones a dos islas de la península antártica. Los fósiles se encontraban en el Palacio de São Cristóvão al momento del incendio, pero algunos de ellos pudieron ser rescatados y estudiados.

Fabio Motta/ Agencia Globo Una cobertura provisoria protege la fachada y el interior del institutoFabio Motta/ Agencia Globo

Este año se publicaron otros dos artículos fruto de las expediciones a la Antártida: uno de ellos describe una nueva especie de crustáceo (Hoploparia echinata); el otro pone de relieve el primer hallazgo de un tipo de coral fósil en la isla James Ross. En el próximo verano antártico, entre los meses de diciembre y marzo, la pandemia impedirá reanudar el trabajo de campo. Los paleontólogos del MN seguirán abocados a la producción de trabajos académicos con base en el material que ya ha sido recolectado. “Al dilucidar el pasado de la Antártida y todos los procesos que condujeron a su congelamiento, podemos entender la biodiversidad distribuida por todo nuestro planeta”, subraya Sayão.

Los trabajos de campo de otros de los equipos del MN tampoco se detuvieron a causa del desastre. Ahora mismo, en medio de la pandemia, la astrónoma Maria Elizabeth Zucolotto, del sector de meteoritos del museo, encabeza una expedición al interior del estado de Pernambuco. Hubo una lluvia de meteoritos sobre la pequeña localidad de Santa Filomena. Desde el mes de agosto, la investigadora está buscando muestras de esos fragmentos de cuerpos sólidos provenientes del espacio. El Departamento de Invertebrados, que perdió la totalidad de su colección de aracnología, ha intensificado su programa de recolecciones de ese grupo de artrópodos con el propósito de reponer el material consumido por las llamas. Mientras el Palacio de São Cristóvão aguarda por su reconstrucción, los investigadores no se han quedado de brazos cruzados.

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